Necrológicas
JUAN GERMAN CARRO
Pesar y tristeza ha provocado la noticia del fallecimiento de Juan Germán Carro, un querido y respetado hombre radicado en esta ciudad, quien es recordado así por sus seres queridos:
“Germán Carro, “Coco” para sus amigos, nació en Darragueira 75 años atrás. Su infancia no fue fácil, al igual que la de muchos. Su madre, que no era una de muchas, tuvo la valentía de torcer su destino buscando un mejor futuro para su hijo, la familia Pavlich los acogió y así empezó a escribir su historia en esta ciudad de Tandil.
Tuvo una juventud donde el denominador común fue la amistad. Son interminables las anécdotas en su querido club Independiente, su barra de amigos del club Quilmes, la época de la colimba… eran tiempos que recordaba con alegría y cariño.
Trabajo toda su vida en Kaffka, hasta el cierre de la empresa, pero sus reales vocaciones eran otras.
Era un apasionado por arreglar cosas. El auto, los electrodomésticos, los sanitarios, todo pasaba por sus manos. Lamentablemente la naturaleza no lo había provisto del don necesario para desarrollar tales menesteres, pero él nunca bajo los brazos, para alegría de los técnicos que debían reparar sus intervenciones.
Era un dotado para los deportes, fue un excelente jugador de futbol, de casín y de tute. Le encantaba ver deportes y era un fanático radical de Maradona y de Messi. Sabía mucho de futbol y boxeo y llegó a ejercer el periodismo deportivo en el desaparecido diario El País y el Mundo de nuestra ciudad. Era muy bueno en eso, lo hacía con mucha pasión
Cuando tenía 25 años, conoció en una fiesta en la casa de los Pizzorno, a quien sería su esposa y madre de sus tres hijos, y ahí empezó a tejer otra historia, la de padre.
A sus hijos les enseño a ser buena gente. El lo era.
Luchó todo lo que pudo con su enfermedad, pero su corazón ya no resistía, dejó esta tierra el pasado martes 6.
Fanático de la cazuela de mariscos y del cafecito de la mañana en algún barcito… Seguramente ahora estará despuntando el vicio con su querida Vieja.
Nosotros, los que quedamos, te recordamos todos los días y te extrañamos”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailEsther había nacido el 4 de noviembre de 1932 en Río Colorado (provincia de Río Negro); siendo muy joven se casó con Anselmo Bolla y se vinieron a vivir a esta ciudad, junto a sus hijos Daniel y Alicia conformaron una linda familia.
En 1979 sufriría el dolor más grande su vida, la pérdida de su amado esposo en un terrible e injusto accidente. Ya nada fue lo mismo, hasta que logró sobreponerse con el correr de los años, gracias a las llegadas de sus nietos: Alejandro, Eduardo, Lorena, Simón, Julián y Valentina, que llenaron de felicidad su vida, siendo con ellos una abuela cariñosa, alegre y predispuesta a dar por ellos todo lo que tenía. Adoraba agasajarlos con sus ricas comidas y disfrutaba momentos de diversión, principalmente jugando a las cartas.
En sus pasatiempos le gustaba mucho tejer a mano y sus trabajos eran valorados por todos aquellos que lo pudieron apreciar. Pero comenzó a tener problemas de salud, quedó impedida de hacerlo y se dedicó a tejer al crochet.
Su simpatía, alegría y fidelidad permitió que durante su vida estuviese acompañada no sólo de sus familiares, sino también de un grupo de amistades con las cuales tuvo el placer de compartir largas charlas, momentos de café y principalmente de felicidad.
Sus exequias, previo velatorio, se efectuaron en el cementerio parque Pradera de Paz.
“Mamá será difícil transitar el camino sin vos a mi lado. Vivirás por siempre en el corazón de todos los que te amamos”. (Alicia).
“Abuelita, sos nuestro ángel más bello que ahora nos cuida desde el Cielo. Siempre te tendremos presente en nuestro corazón porque es imposible dejar de extrañarte y en pensar en todos los momentos que viviste junto a nosotros.
El amor que nos brindaste todos estos años va a seguir latente aunque ya no estés aquí. Te amamos Nonita del alma y protégenos desde arriba”.
(Tus nietos Ale, Edu, Lore, Juli, Simón y Vale).
El pasado sábado 17 del corriente falleció Francisca Petra González de Agüera, que contaba con 93 años de edad, dejando un profundo dolor y tristeza entre quienes la conocieron y supieron ganarse su cariño.
“Porota” -como la llamaban familiares y amigos-, nació en esta ciudad el 11 de abril de 1918; en plena juventud contrajo matrimonio con Juan Agüera, aunque la vida le jugó una mala pasada ya que quedó viuda muy pronto. Desde hace 60 años vivía en su querida barriada de Villa Aguirre.
Su actividad laboral la desempeñó como modista y llegó a confeccionar los trajes de novias de sus hijas políticas y nietas, al tiempo que también llegó a preparar el ajuar de sus nietas y bisnietas.
Le gustaba mucho la música, leer y siempre se le veía trabajando ya que durante toda su vida fue una mujer muy activa.
Se destacó como madre ejemplar de sus hijos: Hugo Osvaldo, José Miguel y Julio Néstor, que más tarde fueron sumando a la familia a sus nueras: Nélida Mabel Retes, Angélica Ester Montes y Palmina Cristina Pancotti; y luego fueron llegando sus nietos: Karina, Sergio, Rosana, Marita, Griselda, Gustavo, Noelia y Emanuel; quienes junto a sus hermanas: María y Carmen; sus hermanos políticos: Agustín González y Nelly Palavecino, nietos políticos, bisnietos y sobrinos, elevan una plegaria por el eterno descanso de su alma.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
Una hermosa familia unida en el amor y respeto, ese era tu lema. Formaste una familia fruto del amor y de buenos valores, eras un ejemplo de vida junto a tus hijos, y luego con la llegada de tus nietos y bisnietos pudiste disfrutar de los placeres y caricias de todos ellos.
Mamá linda te soltamos los brazos porque entendimos que llegó la hora de partir y estar nuevamente al lado de quien fue tu gran amor, Juan.
Dejaste una familia con amargura, pero seguiremos todos juntos, te lo prometemos que así va a hacer y nadie nos va a separar, a pesar que es muy duro seguir sin tu presencia. Vos siempre atenta a las fechas importantes, sin olvidarte de nadie ¿Si hubieras visto cómo te rodearon tus seres queridos en esta corta enfermedad? Sus caras tristes y ojos humedecidos por las lágrimas, fuiste una gran patriarca.
Te recordamos con todo el amor, como vos te lo mereces, que estés en Paz volando hacia la eternidad con el cariño de tu familia y todos lo que te conocieron”. (Tus hijos, nietos y bisnietos).
Luis nació el 19 de marzo de 1963 en Federal (Entre Ríos), desde los 17 años se vino a vivir a esta ciudad. Era hijo de Ercilia Romero y Eulogio Leiva (f).
A los veinte años conoció a quien sería su compañera, María Angélica Arias, que lo acompañó incondicionalmente y del fruto de ese amor nacieron sus “cuatro pimpollos” -como él decía-, Silvina Angélica, Valeria Luján, Soledad y Agustina Magalí, quienes no encuentran consuelo con su partida de este mundo.
Incansable, trabajador, solidario, excelente compañero, desempeñando sus últimos veinte años laborales en la industria ladrillera Loimar.
“Conformó una gran familia, siempre presente marcándonos el buen camino del amor, el respeto, la honestidad y solidaridad, hoy no encontramos consuelo, con tu partida tan pronta… fuiste el mejor. ¡Te amamos y te recordaremos por siempre!”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
Dedicó parte de su vida a los servicios de la Municipalidad de Tandil desde 1947, como maquinista en los caminos rurales, hasta alcanzar su merecida jubilación como jefe de división.
En plena juventud conformó su familia junto a su esposa María Ester Baiza y sus seis hijos: Pedro, María Elena, Marcos, Juan Carlos, Miguel y Cecilia, que más tarde sumaron a sus hijas políticas: Alicia, Susana y Patricia; y después fueron llegando sus queridos nietos: Carolina, Carina, Paula, Teresa, Eduardo y Carlos; Juan, Roberto y Yanina; Laura, Lucrecia y Matías; Cristian, Nahuel y Fabián; quienes junto a sus bisnietos, extrañan su presencia, pero queda en ellos la imagen de su figura, sabiendo que descansa en paz junto a Dios.
“Tu vida fue constante, querías estar en todo, hasta en lo más mínimo hasta tus últimos días en los que luchaste hasta no más poder.
Nos dejaste mucho amor, enseñanzas y sabiduría, siempre tendremos los mejores recuerdos de vos y jamás los olvidaremos.
Sabemos que ahora estás en Paz, lo sentimos así y no podemos ser egoístas y solo podemos decirte ¡gracias por todo!
Las palabras justas están en nuestro corazón. Te amamos siempre. (Rubén y Hugo).
Mary había nacido el 29 de mayo de 1960 en esta ciudad. A los 23 años formó una hermosa familia junto a su esposo Juan Carlos Mendoza y sus hijos: Roberto Carlos, Cristian Maximiliano, Lucrecia, Sebastián Alejandro, Leandro Germán y Diego Luciano; que con el transcurrir del tiempo fueron sumando a sus nietos: Marisol, Lautaro, Tomás, Priscila, Ramiro, Sebastián, Malena. Ian, Ludmila Tatiana y Juanita, que endulzaron su vida con ruidos, besos y alegrías
“Esposa, madre y abuela tierna, protectora, preocupada por los suyos, atenta a todas sus necesidades, no dudó en luchar siempre por los que más quería.
A los amigos, supo enseñarnos con su vida diaria el valor de la familia, la humildad, la alegría pese a los infortunios, la abnegación, la renuncia personal, el sacrificio y el continuo agradecimiento a Dios y al prójimo, el respeto, la amabilidad y el cariño de todos los días.
Con ella tuvimos la oportunidad de ser mejores personas. ¡Gracias Señor por haber tenido la dicha de contarla entre nosotros!”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal
María Inés nació en 21 de enero de 1945 en La Cumbre (Córdoba), donde vivió gran parte de su existencia; en su juventud contrajo matrimonio con Eneri Miranda (f) y luego de años de viudez se casó en segundas nupcias con Arcadio Bullone.
Fue buena madre de seis hijos: Enrique, Gloria Inés, Leonardo Héctor, María Rosa, Marcelo y Juan Cruz.
Desde 1963 estaba radicada en esta ciudad, trabajando en su hogar para felicidad de sus seres queridos, quien hoy lamentan profundamente su partida y elevan una plegaria por el eterno descanso de su alma.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
Miguel nació en esta ciudad el 4 de febrero de 1938 y se crió en un campo cercano a San Manuel; desde muy joven trabajó en tareas rurales y luego como camionero, hasta alcanzar su merecida jubilación.
En su juventud contrajo matrimonio con Nélida Sofía Vasileff, y tuvieron dos hijas: Patricia y María de los Angeles, que más tarde sumaron a la familia a sus hijos políticos Carlos Cattáneo y Julio Almada y a sus nietos: Matías y Martina Cattáneo, Franco, Lucía y Juan Almada.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
Kay nació en Benito Juárez el 11 de noviembre de 1921; era hijo de Anna Nielsen y Christian Lützhoft, concurrió a la escuela primaria y luego hizo el servicio militar, del cual guardó innumerables anécdotas, como la de la “sopa de alpargatas” o “la mordida en una oreja por una rata”.
En el casamiento de un amigo conoció a Ernesta, que lo eligió porque él era el único que no bailaba, aunque tenía y tuvo siempre un gran sentido del humor. Años más tarde, el 5 de marzo de 1949, se casaron en Benito Juárez, él con 27 años y ella con 22. Su matrimonio duró 62 años y la muerte fue lo único que los separó.
Vinieron a vivir a Tandil, donde construyeron una casa, cuando Pellegrini era una calle casi despoblada, con un par de edificaciones por cuadra. En 1953 tuvieron su primera hija: Ana María y en 1956 a María Elena.
Kay se ocupó de varios trabajos, entre ellos vendedor de bombones en la calle (que le duró muy poco, ya que se comía la mercadería), en Metalúrgica Tandil y como conserje en el Hotel Libertador.
Con el correr de la años, recibió la luz de sus nietos: María Luján, Alejandra, Miguel Angel (de Ana), Gabriela, Daiana, Martín y Virginia (de Elena).
Era un hombre que le gustaba ir a pescar, hacer asados, mirar películas y podía dar buenas cátedras de biología, geografía e historia. Sabía de plomería, carpintería, herrería y se animaba a arreglar cualquier desperfecto. Leía, paseaba por el Parque con Ernesta, y tomaban un helado. Pero su gran pasión era la quinta que siguió manteniendo a los 90 años, de donde cosechaba verduras y frutas.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
“Pichona” Barbas había nacido el 7 de noviembre de 1937 en San Manuel y repartió su vida entre dicha localidad y nuestra ciudad.
Si bien nunca se casó, supo ganarse el cariño de todos sus familiares y de sus sobrinos, que, muchos de ellos, la adoptaron como una segunda madre.
Dedicó su vida a la solidaridad, a tal punto que gran parte la pasó trabajando en el cuidado de enfermos.
Pasó momentos inolvidables junto a sus siete hermanos y a sus amigas Mirta y Victoria; quienes hoy lamentan profundamente su partida y ruegan una oración en su memoria.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios