Necrológicas
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MARIA JOSEFA LIZASO
El pasado sábado 10 de diciembre dejó de existir en esta ciudad, a los 90 años, doña María Josefa Lizaso.
Nacida en Lobos, llegó a los 5 años al campo San Lorenzo de la mano de sus padres Ignacio Lizaso y Catalina Urdiain, y junto a sus hermanos Belén, Abel, Clorinda y José (Pepe).
Allí aprendió sus primeras letras de la maestra Juana Martens, a quien siempre recordó con mucho afecto como era su costumbre.
En el año 1934, y por los vaivenes de las crisis por las que pasó nuestro país, la familia Lizaso debió trasladarse a la ciudad y con ellos la niña Josefa, llegando a la zona de Mitre y Alsina, donde transcurrió el resto de su vida.
De este modo, pudo continuar con sus estudios primarios en la Escuela 1 y hacer amistades, que frecuentó hasta sus últimos días. Luego, prosiguió sus estudios en la Universidad Popular Manuel Belgrano.
Ya en su juventud, comenzó a trabajar en el conocido almacén La Previa, ubicado en la esquina de Sarmiento y 9 de Julio, lugar al que siempre recordó con mucho cariño, al igual que a sus compañeros de trabajo, a quienes consideraba como parte de su familia.
En 1952, dejó su trabajo para dedicarse a las tareas del hogar luego de contraer enlace. Posteriormente se abocó a la crianza de su hijo Gustavo Horacio Hermida, quien nació dos años más tarde.
En 1960, y junto a su hermana Belén, iniciaron un emprendimiento: Una peluquería para damas en su barrio, la que permaneció por más de 20 años y que aún hoy es recordada por las jovencitas de aquellos tiempos por el buen trato y la prolijidad que allí imperaba.
Al acogerse a la jubilación, continuó con las tareas de su hogar, y se dedicó a la contención y a brindar siempre la palabra de aliento para todo aquel que necesitara algún tipo de ayuda.
La partida de este mundo, la sorprendió en su casa, rodeada del cariño de su hijo y de su nuera Eva Sanabraia, quienes piden a todos aquellos que la conocieron una oración por el eterno descanso de su alma.
HECTOR CARESIA
El 24 de diciembre pasado, a los 86 años, falleció Héctor Caresia, causando un gran dolor entre sus familiares y amigos.
Nació en esta ciudad el l de julio de 1925, y era hijo de Margarita Piloni y Emilio Caresia, quien trabajaba como jefe de maquinistas de la Estación de Ferrocarril
Héctor fue el menor de seis hermanos: Emilio (f), Tito (f), Alfredo (f), Titín (f) y Luis. Cursó sus estudios primarios en la Escuela 80 y en el colegio San José hizo la secundaria, donde se recibió de perito mercantil. Allí se destacó por participar en las competencias deportivas e integró el cuerpo de gimnastas, logrando medallas en vallas paralelas y clavas.
Entre sus actividades preferidas, disfrutó junto a sus hermanos de la mecánica en el taller familiar.
A los 19 años conoció a Celia, “Chela”, quien sería hasta sus últimas horas su esposa, compañera de vida durante 64 años y madre de sus tres hijos: Araceli, Daniel y Luis.
Se preocupó, disfrutó y se ocupó de sus nietos Silvina, Claudina, Jorgelina, Evelyn, Verónica, Paula, Dante, Héctor y Pau; de sus bisnietos: Jonatan, Nicole, Kevin, Emmanuel, Lucas y Federico; y de sus sobrinos, entre otros familiares.
Ejemplo de trabajador, fue encargado de la empresa “El Rápido” en Balcarce, luego en Tandil; durante 37 años se desempeñó en el recordado Entel, hoy Telefónica de Argentina y en el Juzgado de Paz, como secretario. En paralelo, por las noches manejó su taxi.
Pasaba horas en su galpón entre herramientas, maderas y tornillos fabricando banquetas o arreglando algún artefacto
Lo caracterizó su personalidad reservada, pero con palabras acertadas en el momento oportuno.
Abuelo: “El amor no desaparece nunca, la muerte no es nada,
Simplemente te adelantaste, te fuiste a la pieza de al lado…
Intentaré reírme de lo que más nos hacía reír juntos,
Estás hoy fuera de mi vista pero jamás de mi pensamiento
Dejaste tu marca en mi corazón, siempre serás ejemplo…”.
ELVIRA FELISA SOSA DE MURUZABAL (FELA)
A la edad de 91 años dejó de existir Elvira Felisa Sosa de Muruzabal, una apreciada vecina de esta ciudad.
Había nacido en Ayacucho el 1 de agosto de 1920 y era la menor de cinco hermanos: Juan, Teresa, Nélida y Valentín, hoy todos fallecidos. Sus padres eran Antonio Sosa, nacido en Argentina, y María Sánchez, inmigrante española.
Pasados varios años, la familia se radicó en Tandil y “Fela” aprendió el oficio de pantalonera, en el cual trabajó muchísimos años hasta que se jubiló.
Contrajo matrimonio con Braulio Muruzabal, y juntos disfrutaron de muchos viajes de jubilados, recorriendo todo el país, hasta que su esposo se le adelantó en la partida.
“Fela” no tuvo hijos, pero sí diez sobrinos que la acompañaron: Rosa Marta, Carlos y Ricardo Collová, Rosa, Teresa (f), Guillermo (f), María, Dora y Norberto Duringer Sosa y Javier, su sobrino nieto del corazón.
También contaba con el amor de sus vecinas y amigas Ana, Susana, Rosita y María.
Uno de sus placeres era pasar los domingos en las casas de sus sobrinos, pero el 23 de diciembre pasado su corazón dijo basta y una rápida indisposición se la llevó de este mundo.
Sus restos descansan en el Cementerio Municipal.
VICENTE GONZALEZ
El 22 de diciembre pasado, a los 55 años partió de este mundo Vicente González, un querido vecino que se había afincado en la zona del Hipódromo.
Vicente nació el 11 de agosto de 1956 en la provincia de Entre Ríos y era hijo de Hilario González y Rosa Ramona Alvarez, quienes tuvieron otros siete niños.
La muerte de los padres hizo que los seis niños más pequeños vinieran a vivir a Tandil con Nicanor (f), su hermano mayor. En ese momento, Vicente tenía sólo 13 años.
Terminó sus estudios de noche, en la Escuela 47, y era oficial moldeador, dedicado a confeccionar objetos en bronce. En la década del 70 trabajó el Talleres Comahue y cuando dejó, realizó diversas actividades.
Vicente vivía con sus otros dos hermanos solteros en Cuba y Darragueira. La muerte de ellos le causó una profunda depresión y su vida ya no fue igual.
Disfrutaba de jugar a las cartas y del fútbol, y tenía muchos amigos y vecinos que lo querían.
“Te quería mucho y te extraño. Nos criamos juntos y siempre te voy a recordar”, tu hermana Lidia.
Además de Lidia, lo van a extrañar sus cuatro hermanos, tres mujeres y un varón, y muchos sobrinos.
Sus restos descansan en el Cementerio Municipal.
ALFREDO QUERO
A los 77 años, el 20 de diciembre pasado, partió hacia su última morada Alfredo Quero, un vecino con una rica historia para recordar.
Alfredo había nacido en Tandil, era separado y no tenía hijos. Durante sus últimos años vivió en la Residencia Suyai Geriátrico, ubicada en Edison 1090 de esta ciudad.
Fue un reconocido domador de caballos y adoraba contar anécdotas, en las que solían estar presentes sus amigos de los potreros y las destrezas, como el reconocido organizador de La Pastora, Mayo Gogorza. A veces, salía a visitarlos y regresaba renovado.
En la residencia, el personal y sus compañeros lo querían mucho. Disfrutaba mucho de mirar las domas y jineteadas por televisión, tenía muy buena conversación y era ameno.
De carácter serio, Alfredo era muy buena persona. Hace un tiempo, sufrió un ACV y su salud fue empeorando hasta que falleció.
Sus restos descansan en el Cementerio Municipal.
CLAUDIO ARIEL MENDEZ
El 16 de diciembre pasado, a los 47 años, falleció Claudio Ariel Méndez, quien había nacido el 24 de noviembre de 1963.
Hoy, tras la tristeza que dejó su partida, lo recuerdan así: “Alguien preguntó quién eras. Con orgullo y los ojos humedecidos respondimos todas a la par: uno de nuestros bellos ángeles que, a pesar de que tu enfermedad te quitó el habla, no hacía falta hablar pues tus ojos nos decían todos’.
Por eso nuestro ángel te queremos decir sigue sonriendo de la manera que lo hacías, que cada vez que lo hagas en algún lugar lo sentiremos. Sabes que hoy te escribimos para agradecerte que nos enseñaste que lo único que importa es el amor; que nos diste días de total felicidad; que nos mostraste que lo más importante es amar. Es por eso que hoy te damos tu libertad para que vueles alto y desde allá podremos verte soñar…
No creas que no duele esta decisión, pero después de todo de eso se trata el amor.
Aunque sea éste el último adiós que nos des, te prometemos volvernos a ver aunque sólo sea en nuestros sueños. Un día te dijimos hola; hoy te diremos adiós, ya desplegó sus alas, ya partió hacia Dios.
Bendito sea el destino que te puso en nuestro caminar, porque ayer tanto te amábamos y ahora te vamos a extrañar. Gracias Ari por todo”, tus mamás y hermanos del corazón del Hogar Nuevo Arcobaleno, donde pasaste tus últimos seis años. ¡Siempre en nuestros corazones!
ALICIA MALISIA VDA. DE LOPEZ
El 24 de diciembre pasado falleció Alicia Malisia, causando un gran dolor entre su familia y sus amistades. Sus restos recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
Alicia había nacido el 4 de julio d e1921 y era hija de los inmigrantes italianos Herminia Caresia y Faustino Malisia. Compartió su niñez, en el barrio de la Estación, con ocho hermanos: Daniel, Enrique, Juan, Alberto, Celestino, Arnaldo, Catalina y Orlinda (todos han fallecido).
Se casó con Héctor Salustiano López el 15 de noviembre de 1950. Ambos, de corazón y de profesión, trabajaron como enfermeros. De esa unión nacieron tres hijos: Arnaldo, Stella y José, quienes trajeron a la familia a Felipe Costa y Emilia Croci (f), a quienes cobijó como a sus hijos.
Alicia desarrolló su profesión en el Hospital Municipal “Ramón Santamarina” allá por los años 50. Luego, durante 23 años, estuvo en su querida salita de primeros auxilios en Villa Aguirre, donde aún la recuerdan con amor y gratitud. Pasó después por el Centro de Vacunación y la sala de primeros auxilios del barrio General Belgrano, y pasado un tiempo se jubiló.
Puso en cada uno de estos lugares pasión, entrega, profesionalismo, siempre teniendo en sus manos a quien la necesitó.
Vio crecer a su familia en sus largos 90 años fue una maravillosa abuela para sus siete nietos: Gastón, Facundo (f), Valeria, María Eugenia, Guadalupe, Nieves y Maniel, y la vida le permitió conocer y disfrutar de ocho bisnietos: Milagros, Francisco, Felipe, Albertina, Sebastiana, Gregorio, Lorenzo y León.
El pasado 4 de julio celebró sus 90 años con la alegría que la caracterizaba y este 24 de diciembre, el Señor decidió llevarla a su casa celestial a encontrarse con quienes allá la esperaban, con seres que amó y la amaron profundamente, entre ellos su hija política Emilia, que partió hace un mes, y su sobrino Ricardo, que lo hizo hace 20 meses.
“Nos dejó su legado de infinito amor y enseñanzas que guardaremos como un tesoro. Adiós, ¡madrecita hermosa! Hasta que volvamos a encontrarnos”.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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