Necrológicas
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Pesar y tristeza ha provocado el fallecimiento de Alfredo Cipriano Vázquez, un querido y respetado hombre, que contaba con 81 años de edad.
Alfredo nació en Azul el 12 de mayo de 1929 y hacía cuarenta años que vivía en esta ciudad. El 17 de diciembre de 1955 contrajo matrimonio con Dolly Parodi y tuvieron cuatro hijos: Miriam, Alfredo, Liliana y Gladys, a quienes les infundió su visión positiva de la vida, al igual que disfrutó del afecto de sus hijos políticos y del cariño de sus nietos y bisnietos.
Desde muy joven trabajó simultáneamente en la Escuela Granja y como engrasador en la estación de servicio ?Soler?, en la avenida Juan B. Justo, hasta que alcanzó su merecida jubilación.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
OBDULIO PABLO LORA
Cuando contaba con 82 años de edad, el pasado martes 24 de agosto se produjo el fallecimiento de Obdulio Pablo Lora, y sus seres queridos lo recuerdan así:
?La vida de nuestro padre refiere a la historia de una virtud: la honestidad y la humildad; y también a las grandes pasiones: la familia, el trabajo; a los ingentes renunciamientos, a los silenciosos sacrificios y a las profundas entregas.
Su transito por la existencia estuvo autoprogramado en función de la más alta espiritualidad.
Afincado en esta ciudad desde 1968, se dedicó con una comprometida contracción a su trabajo por el que sintió una manifiesta adoración. Participó de sus propias elecciones de modo permanentemente inquieto, aportando esfuerzos e iniciativas a las asociaciones de bien público, como Rotary Club Tandil Oeste, del que fue uno de sus miembros fundadores; el Museo del Ferrocarril, entre otros.
Un militante fervoroso de la vida en estrecha concomitancia con su ideología política y su constante necesidad de solidarizarse con sus coetáneos invirtiendo generoso capital humanitario dentro de esa amplia avenida ética en la que eligió desenvolverse.
Los valores morales, las actitudes no beligerantes y la ausencia de ambiciones de dudosa extracción, lo aproximaron en forma lineal al centro de una ética que sólo ocupan los grandes seres humanos.
Al final, creó un espacio de amor y de encuentro, de mimos prodigados y recibidos, a medida que partía hacia esos otros dominios de Dios y seguramente a reunirse con nuestra madre, con la que había compartido casi cincuenta años de amor, de familia.
A papá no lo despedimos, porque dejó su vida en este mundo, sin estridencias, tal como vivió, pero con una callada heroicidad, aquélla que sólo pueden acometer los que llevan en sus entrañas importantes caudales ejemplificadores que han puesto en práctica en todo momento, sin altisonancias, sin alardes. Valores de integridad y plenitud que invirtió en su propio modelo identificatorio.
En suma, nuestro padre fue un hombre de bien, que nos entregó lo mejor de la vida en coparticipación con nuestra madre, alentándonos a usar la libertad pero dentro de un plano de coherentes e inquebrantables convicciones
Silvia y Adriana.
ANTONIO FRANCISCO PORTA
A la edad de 83 años, el pasado miércoles 25 de agosto falleció Antonio Francisco Porta, causando dolor y tristeza entre familiares y amistades.
Antonio nació el 3 de diciembre de 1926 en María Ignacia (Vela); en plena juventud, en 1955 contrajo matrimonio con María Esther Díaz, de cuya unión nacieron sus hijas Liliana y Silvia. Su felicidad se completó con el advenimiento de sus nietos: Juan Pablo, Fernando, Iñaki y Thiago.
Se destacó por ser un trabajador incansable, un luchador, un ejemplo de vida. Desde pequeño realizó tareas rurales y de albañilería, trabajando posteriormente en la construcción del edificio del ex Policlínico Ferroviario, quedando como empleado hasta alcanzar su merecida jubilación
Parte de su vida fue mantener la casa paterna en la zona de la Movediza, donde cosechó grandes amistades.
Fue un padre ejemplar, solidario, sin rencores ni odios. Humilde, optimista, bondadoso, amaba la libertad y ser independiente.
Nunca soñó grandes cosas, sino cosas posibles. Valoró cada logro y no se rindió ante los fracasos. Vivió feliz con lo que la vida le dio.
?!Gracias Papá! por enseñarnos a tener proyectos, a luchar por lo que queremos, a no bajar los brazos a pesar de los fracasos. A ser honrados, a tener dignidad y valores. A querer la vida como vos la quisiste siempre. Papá te queremos y siempre estarás con nosotros?.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
NORMA CRISTINA PEDERSEN de GUGLIELMINOTTI
El pasado jueves 26 de agosto dejó de existir Norma Cristina Pedersen de Guglielminotti.
Norma nació en esta ciudad el 15 de febrero de 1950, del matrimonio conformado por Federico Pedersen y María L. Ruggeri, junto a tres hermanos: Delia, Rubén y Raúl.
Siendo muy joven contrajo matrimonio con Guillermo Guglielminotti, siendo madre de cinco hijas: María (f), Guillermo, Silvia, Andrea y Ariel. Con el paso del tiempo se fueron sumando sus hijos políticos: Jacquelín, Alberto, Juan Manuel y Marina; luego sus siete nietos: Federico, Valentina, Juan Ignacio, Chiara, Julieta, Bautista y Joaquina.
A partir de 2003 comenzó su lucha contra una terrible enfermedad, dejando un gran ejemplo de valor y entereza, que servirá de guía para su familia.
?Mamita, querida Ponce, nunca jamás te olvidaremos, y siempre estarás en nuestros corazones. Descansa en paz. ¡Te amamos!?.
Dedicatoria
Norma: qué dolor, te fuiste pronto, pasó tan rápido como los 23 años de vecinas.
Compartíamos mates, charlas, tus alegrías, y tus furias, cuando te arrancaban una planta de tus canteros.
Compartimos la llegada de tus nietos junto con la llegada de mi hija, me dabas tus palabras de aliento, fuerzas, que yo necesitaba.
De joven viviste de tu amado esposo Mito, tus hijos y sus familias.
Yo te recordaré tomando mate junto a mi hija Andrea, como siempre te decíamos y te reías, vos sabés cómo te recordaremos, así…
Fuiste esposa, madre, abuela. Pero nunca dejaste de ser ?la eterna novia?. ¡No te olvidaremos!
Nancy C. de López y familia.
ESTHER MARIA RODRIGUEZ de SUAREZ
A los 95 años de edad, el pasado miércoles 25 de agosto, nos dejó Esther María Rodríguez de Suárez, causando mucho dolor y tristeza entre sus seres queridos.
Esther Maria, ?la abuela?, nació el 15 de octubre de 1914, en Mar del Plata, partido de Gral. Pueyrredón; era hija de Ramona Presa y Jesús Rodríguez, se crió en el campo junto a sus 11 hermanos, donde vivió las que serían sus incansables y graciosas anécdotas que oportunamente mencionaba para el agrado de quien quisiera oírlas.
A los 27 años de edad, formó una familia junto a Juan Aristóbulo Suárez, con quien tuvo 3 hijos, Héctor, Nilda y Mirta a quienes crió con mucho esfuerzo para que no les faltara nada e inculcándoles buenos valores en su educación.
Los años pasaron, la familia se hizo más grande, llegaron nietos y bisnietos. Ya en la etapa final de su vida se dedicó al disfrute familiar, estando siempre lista para jugar un partido de barajas con las visitas, o pasar horas tejiendo al crochet, pasatiempo que disfrutaba mucho realizar.
Su partida dejó un gran pesar en sus hijos políticos, Luis Ángel, Alberto y Matilde, en sus nietos Luis, Walter, Javier, Diego, Sebastián, Ma. Fernanda, Leandro, Lorena y Claudia, bisnietos, Mariano, Florencia, Evelina, Lautaro, Iván, Nuria, Evangelina, Lucila y Juan Segundo, bisnietos del corazón, Guido y Nadir, sus hermanos, Alfredo, Delia y Ana María, en sus sobrinos, vecinos y amigos.
Y así se fue una persona sencilla, humilde que siempre valoró lo que le dio la vida, sin ambiciones y brindando en todo momento, amor y felicidad a sus familiares, con quienes compartió hermosos momentos hasta el final de sus días. Su recuerdo permanecerá por siempre vivo en nuestra memoria y en nuestro corazón.
OSVALDO LUIS CAMARA
El pasado martes 24 de agosto se produjo el fallecimiento de Osvaldo Luis Cámara, un querido y respetado hombre que contaba con 57 años de edad.
?El Gordo? como lo llamaban sus seres queridos, nació el 22 de mayo de 1953 en Tandil; era hijo de Hispana Mañas y Carlos Cámara, conformando una familia junto a sus hermanos: Marta, Norma y Patricia; se crió en el almacén El Empalme, distante 33 kilómetros de la ciudad.
A los 20 años formó su hogar con Virginia Cheves con quien tuvo cuatro hijos: Ivone, Andrea, Gabriela y Carlos, a quienes guió con rectitud y honestidad y por los cuales, en pos de su educación se trasladó definitivamente a Tandil, desempeñándose en diferentes actividades, hasta que en la actualidad trabajaba con la familia Salvi, a quienes consideraba su familia.
Fue un buen abuelo de sus nietos Rosario, Mora, Gerónimo, Victoria, Joaquín, Agustín y Malena.
Fue un buen consejero de sus yernos Martín, Alejandro, Mauricio y de su nuera Andrea.
Le gustaba compartir sus domingos entre asados con sus sobrinos, Marcela, Marcelo, Franco y Julieta y su inseparable y amigo Jorge Lorden.
?Tu señora Virginia y tus hijos se quedan con lo mejor de vos, fuiste un leal amigo y un ser verdadero, hombre de bien y por ello todos sienten tu partida?.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
OTILIA JOSEFINA NOVELLI de ELISSAMBURU
MAMA:
Desde esta orilla de la vida, te vimos partir.
Con esta fe que nos inculcaste, vamos contigo, mamá, hacia ese camino misterioso.
Nos entregamos a tu amor, tan pleno de ternura, caricia, consejo, perdón, sonrisa,? siempre sonrisa.
Tu mano tendida hacia nosotros, desde pequeños?
Ese amor inmenso que ofrendaste, hace que vivas en cada uno de nosotros, protegiéndonos como un ángel, con la esperanza de una nueva primavera
María del Carmen y Marta Liliana Elissamburu
– – – – –
Abue solo quiero decirte ?Gracias?, por haber sido tan buena conmigo y por la inmensa paz que me dabas día a día. Sin duda alguna fuiste y serás mi otra mamá.
Hoy recuerdo los días en que me mirabas con la profundidad de tus preciosos ojos verdes, y eso bastaba para hacerme sentir feliz.
Hoy tengo muy presente todos los momentos felices que vivimos juntas abue!
Recurrí infinidad de veces a vos como refugio de mis penas, fuiste mi ?cómplice? en tantas cosas abue, que solo nosotras sabemos.
Hasta tus últimos días me diste todo tu amor y recuerdo haber buscado tus caricias apoyada en tus hombros que me hacían sentir chiquita, sos muy especial abuela y tenías una espiritualidad tan grande.
Hiciste una huella muy grande en mi vida que no se podrá reemplazar con nada ni con nadie; tus consejos y sabiduría me acompañarán siempre. Nunca olvidaré tu ?mi muñequita? o ?pupita? como me llamabas.
La certeza que tengo en mi corazón de que estás con Dios (a quien nunca dejaste de rezar todas las noches) me da mucha paz, pero igual sufro en silencio nuestra separación.
Siempre te sentiré tan cerca, como cuando mirábamos las fotos juntas en el sillón, o como cuando nos sentábamos a tomar mates dulces… voy a extrañar esos momentos
Solo puedo dedicarte estas líneas, que ya me hicieron llorar. Abuelita querida !!!
Elevo mi vista al cielo, y pienso en vos, hacia allí va este beso que te envío hasta donde el viento lo eleve.
Te quiero mucho abuelita y siempre te voy a querer, solo quería decírtelo.
Liliana Leguizamón (Pupy), ?tu muñequita?
– – – – –
?Para una bella abuela?:
El cielo me dio un regalo
Eso si que es obra del Señor,
una vez mandó un pimpollo,
ahora me mandó una flor.
La mandó de aquel lugar
donde dicen que hay jardín
y ella siempre está conmigo
para hacer sonreír.
Sos un rayito de luz
que asoma por la ventana
con tu hermoso despertar
para alegrar la mañana.
Estas letras que te dejo
van en forma de versito
para vos abuela querida
con mucho amor tu nietito
Matías Leguizamón. ¡Abu te quiero mucho!
– – – – –
El 28 de agosto cerraste tus ojos pícaros y te quedaste dormidita, emprendiendo el viaje a tu nueva vida. Damos gracias por haber podido disfrutarte hasta el último momento y más damos gracias por haber podido despedirnos como querías. Hoy te nos vas físicamente pero los bellos recuerdos, esos nadie se los llevara de nuestra memoria y nuestro corazón. Pronto te alcanzaremos y te volveremos a abrazar, porque fuiste ¨La Oti¨, ¨Otilia¨, ¨La Mami¨, ¨La Mama¨, ¨Abuela¨, ¨Abu¨, pero para mí ¨la Nona Mami¨. Y me despido como siempre diciéndote? Pórtate bien?. Te quiero mucho Nona?!!!!
Tu nieta Sonia Canal y tu yerno José Eduardo Canal (Pepe).
– – – – –
Querida abuela Oti: Siempre estarás en nuestros corazones. Tu sonrisa y tu mirada tierna nos acompañan en todo los momentos de nuestras vidas.
Juan Carlos Elizondo. Tu nieto Juan Marcelo Elizondo y María José. Tu bisnieta Mía Celeste Elizondo.
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Las personas que viven, no se mueren nunca, se duermen de a ratos y el sueño infinito escuda una excusa. Cuando yo me vaya, extiende tu mano y estarás conmigo en contacto, y aunque no me veas, ni aunque no me palpes, sabrás por siempre que estaré a tu lado.
Tu nieta Verónica Elizondo, nieto político Edgardo y tus bisnietas Micaela y Nahir Brondo.
ELDA MIRIAM TRINIDAD PEREZ de CHEVES
El pasado jueves 26 de agosto, inesperadamente partió a la Casa del Padre, Elda Miriam Trinidad Pérez de Cheves, una querida mujer que contaba con 76 años de edad.
?Dita? nació en esta ciudad el 11 de junio de 1934. De su padre Pedro Hipólito Pérez aprendió el amor a la verdad y la honestidad, como bienes supremos; de su madre Susana Alonso, la bondad y la paz. Junto a ella emprendió el camino a la fe cristiana en la Iglesia Evangélica. Era única mujer con cinco hermanos varones.
Vivió una vida tranquila, supo hacer valer su derecho a trabajar fuera del hogar y así ingresó como empleada del Ministerio de Trabajo, hasta alcanzar su merecida jubilación. Allí conoció a Raúl Cheves, correspondió a su amor y supo defenderlo hasta su concreción, viviendo felices durante varios años.
Al enviudar, su corazón le impidió llevar adelante su casa, por lo que se internó en el Hogar San Lucas, donde su dueña: Delia Ibáñez y sus colaboradoras la hicieron muy feliz.
Era la tía Dita, no solo para sus once sobrinos, sus cónyuges y sus sobrinos nietos sino para todos la ?querida tía Dita?, la siempre amable y sonriente, siempre bien dispuesta, lo mismo para su nieta adoptiva, para su hermano Nelio, sus cuatro cuñadas y todos los que la conocieron, conocerla era quererla.
Partió como había vivido: tranquila y en paz consigo misma y con todos, a encontrarse con Papá y mamá y los cuatro hermanos que la precedieron. ¡Gracias, querida Dita, por tu paz, tu bondad y el amor que nos diste!
Sus exequias, previo velatorio, se efectuaron en el Cementerio Municipal.
MARIA ELENA MUÑIRGO de RODRIGUEZ
El pasado miércoles 18 de agosto, falleció María Elena Muñirgo de Rodríguez , una querida y estimada mujer que contaba con 70 años de edad.
María Elena había nacido en nuestra ciudad el 15 de julio de 1940. Hija de Andrés Muñirgo y Elena Rodríguez, siendo la mayor de siete hermanos.
El 22 de junio de 1961 contrajo matrimonio con Osmar Huber Rodríguez; de cuya unión nacieron 6 hijos, María Cristina, Alba María Patricia, Héctor Osmar, Elena Margarita, Blanca Liliana y Nancy Ester, que fueron criados con esfuerzo y mucho amor.
Momentos difíciles vividos a partir del 30 de diciembre de 2007, cuando pierde la vida trágicamente su nieto mayor Juan O. Rodríguez, cuatro meses después su compañero y esposo y a pesar de estos fuertes golpes ella deseaba vivir, pero apareció una cruel enfermedad que dejaba truncas tantas cosas programadas para disfrutar y nos dejó sin su presencia.
Te hemos de recordar con alegría porque a pesar de tanto dolor el último tiempo compartido fue el mejor.
Tus hijos, hijos políticos, nietos, bisnietos, hermanos y demás familiares te recordaremos por siempre a la gran madre y persona que fuiste. ¡Descansa en paz!
Sus restos, previo velatorio, descansan en el cementerio parque El Paraíso.
CLOTILDE LOPEZ de BROTTI
El pasado domingo 29 de agosto dejó este mundo Clotilde López de Brotti, cuando contaba con 86 años de edad, rodeada del amor de quienes más la quisieron y la extrañan.
Clotilde nació en Gardey el 12 de diciembre de 1923; allí transcurrió su infancia y adolescencia. Trabajó en la estancia La Rosaura desde los 16 años y fue allí donde conoció a quien fuera su esposo: Benvenuto Brotti, Se casaron en 1945 cuando ella tenía 22 años y juntos fueron a trabajar a la estancia, donde nacieron sus tres hijos: Delia, Juan y Haydeé.
Después de mucho sacrificio y lucha compraron un campo, donde trabajaron con alegrías y tristezas. En 1981 murió su compañero de toda la vida, sumiendo a la familia en una profunda tristeza. En 1989 perdió a su nieto Julio en un lamentable accidente.
A partir de entonces se radicó en la ciudad, viviendo con sus seres más queridos. Fue allí donde pasó su vejez, rodeada del cariño de sus hijos, nietos, bisnietos y recientemente su tataranieta.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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