Necrológicas
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MARIA LEORATO de DAL CERO
Con la paz de haber sido y la esperanza de una vida eterna, el pasado viernes 25 de noviembre partió de este mundo María Leorato de Dal Cero, una querida mujer que contaba con 87 años de edad.
María nació el 5 de marzo de 1924, en Montecchia de Crosara, Verona (Italia). Allí creció junto a una numerosa familia, trabajó muy duro en la campiña y en una fábrica de seda.
Conoció el amor, Giovanni, la crueldad de la guerra y emigró. Se estableció en este valle que le recordaba su lejana tierra. Primero con su pequeño grupo familiar se desempeñó en el campo, luego en Tandil, donde se dedicó con tesón y coraje a la hotelería.
Esa actividad la desarrolló por espacio de cincuenta años. Fiel esposa, contenedora madre y una abuela fuerte de vivencias relatadas como cuentos, mareó valores y vivió profundamente su fe. Dejó su estela de servicio y generosidad como ejemplo.
Su familia, colaboradores y amistades la llevan consigo como claro referente de humildad, sencillez y entrega.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
Dedicatoria:
“A nuestra Nona:
“El corazón de Dios, las manos del trabajo”
Rosal en tela, cual vestido
primaveral (fragancia dulce);
más dos hijos, ¡vaya lustre!
que has sabido arrebatar del olvido.
Y el nogal que fue (el que ha sido)
escaparate del recuerdo;
porque en Italia también
se asfaltaron cerros
y porque de tarde confesaste haber vivido.
Vuelo nupcial, historia abierta
al futuro de hoy, donde no hay tiempo:
Vení vecchieto (a rezar),
dejé la puerta abierta!
Tu familia, Nonita”.
ANA MARIA GOMEZ de XODO
Tras soportar los procesos de una prolongada dolencia, el pasado jueves 1 del corriente, falleció Ana María Gómez de Xodo, una querida y estimada mujer, que contaba con 66 años de edad.
Ana María era nativa de esta ciudad; cursó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio Sagrada Familia, egresando con el título de maestra. Posteriormente ingresó a la Universidad de Tandil, graduándose como Licenciada y Profesora de Ciencias de la Educación, Asistente en Psicopedagogía y Asistente Educacional y Social.
Desempeñó la docencia a nivel primario trabajando como maestra de grado en escuelas rurales y urbanas, y principalmente como miembro de gabinete psicopedagógico en las escuelas Nº 14 y 42. Fue docente en la Facultad de Humanidades durante varios años; también desarrolló la gestión pública, desempeñándose en el Consejo Escolar.
Conformó su hogar, junto a su esposo y cuatro hijos, donde la vida familiar fue un constante esfuerzo de su vida.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
DARDO RUBEN ECHEVERRIA
A los 76 años de edad, el pasado viernes 2 del corriente dejó de existir Dardo Rubén Echeverría, causando dolor y tristeza entre sus familiares y amistades.
Dardo nació en esta ciudad el 13 de noviembre de 1935, desde muy joven desempeñó su actividad laboral en el oficio de mecánico.
Supo ganarse el cariño de sus amigos y de las personas que lo cuidaban, para las que sólo tenía palabras de agradecimiento.
Sus seres queridos lo recordarán eternamente con inmenso cariño.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
PURA GLADYS SERRADILLA de NARANJO
En la ciudad de Tres Arroyos, víctima de una prolongada enfermedad, falleció Pura Gladys Serradilla de Naranjo, una querida mujer que contaba con 86 años de edad.
Pura Gladys vio la luz en Bahía Blanca, más tarde su familia se trasladó a Zapala (Neuquén) donde nacieron sus tres hijos. Abrazó sus lugares de residencia como si fueran propios y lo mismo sucedió cuando se radicó definitivamente en esta ciudad en 1957.
Ello se vio reflejado en su extensa producción literaria donde pintó paisajes, costumbres y situaciones a través de su poesía clara y profunda.
También volcó su bagaje cultural en la música, integrando el Coro Municipal, que dirigió el maestro Orbe y en su tarea como profesora de guitarra y regente del Conservatorio de Música “Isaías A. Orbe”.
Sus hijos Manuel, Gladis y Pehuén, sus nietos David, Marcos y Martín, hijos políticos, amigos y allegados acompañan con su memoria, el cariño y la calidez que recibieron de Pura Gladys a través de los años de compartir su ternura ¡Descansa en paz!
CATALINA MARIA ANTONINI de PEREYRA
El pasado miércoles 30 de noviembre falleció Catalina María Antonini de Pereyra, cuando contaba con 92 años de edad. Sus seres queridos la recuerdan así:
¡Abuela! Vamos a extrañar tus cuentos… Tus relatos en Villa Laza, en la Escuela Nº 22, al lado de tu casa hasta que la hicieron nueva.
Las visitas de los domingos a la tarde a la casa de las tías. Los chocolates a escondidas para que mamá no nos rete. Tu sillón y esa hermosa expresión, ¡estoy hecha una reina! Eso es lo que merecías por ser tan buena.
Por ello el Señor te llamó en su sueño. Sabemos que estás a la derecha y desde allí nos enviarás rayitos de luz para que seamos felices. Igual ahí, acordate que te queremos mucho”.
Nietos y bisnietos.
ROSA POFFER de DOVAL
A los 77 años de edad, el pasado viernes 2 del mes corriente, se apagó la vida de Rosa Poffer de Doval, causando un inmenso dolor entre sus familiares y amigos.
Muy joven conoció a su compañero Pío Antonio Dobal, con quien compartió 55 años de su vida. De ese matrimonio nacieron sus dos hijos: Walter Horacio y Carlos Alberto, quienes luego le dieron cinco nietos: Karina, Melisa, Emiliano, Rocío y Carla, todos la recuerdan con mucho amor y la seguirán llevando en su corazón.
Además, será recordada como una mujer trabajadora y muy coqueta. La enfermedad que contrajo se la llevó en tan solo dos meses, pero les permitió a sus seres queridos cuidarla, atenderla y mimarla sin descanso.
Como Testigo de Jehová tenía fe firme en la esperanza que da la Biblia de la resurrección, confiaba plenamente en la palabra de Jesús que registró el evangelio de Juan 5:28, 29… vendrá la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán mi voz y saldrán…”.
Toda su familia agradece a la doctora Cecilia Martens, al doctor Copola y a todas las enfermeras y mucamas de la sala 5ta. del Hospital Municipal Ramón Santamarina, por su calidez, atención, amabilidad y humanidad con la que la trataron a Rosa durante sus 45 días de internación. Asimismo, a la empresa Alessi y Manna por su trato cordial, respetuoso y humano. A todos, muchas gracias.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
CARLOS ALBERTO RODRIGUEZ
Con pesar y tristeza fue recibida la noticia del fallecimiento de Carlos Alberto Rodríguez, un querido y respetado hombre que contaba con 59 años de edad.
Carlos Alberto había nacido en Balcarce y se crió en San Martín de las Sierras; pasando sus últimos treinta años trabajando en la estancia Miramur, de Napaleofú.
“Fue un amigo entrañable, un esposo sin igual, un padre ejemplar que sabía prodigar cuotas de aliento y perdón a todos sus hijos, de los cuales fue el mejor y más fiel amigo.
Abuelo cariñoso y consentidor, suegro comprensivo y sabio, supo ganarse a sus yernos, a los que quiso como hijos de su sangre, y todos lo adoptaban como un padre, un amigo ideal. Como esposo fue un hombre fiel a su palabra, que llevaba la bandera de la verdad bien alta y nunca se le conoció maldad”.
Hoy su esposa Isabel, sus cuatro hijos: Irene, Juan, Manuela y Carla, lo extrañan profundamente como sus yernos Leo y Gonzalo y sus nietos: Leo, Romina, Dogo y sus amigos del alma.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
MARIA ELENA DAOUD de VICENTE
El pasado martes 22 de noviembre, en el “ Día de la Música”, a las 7,15 de la mañana, a la hora que habitualmente comenzaba su día, se fue de esta vida que conocemos, María Elena Daoud de Vicente, "Kita" para sus amigos y familiares, a iniciar una nueva vida, en la Casa del Padre, donde no hay llanto, fatigas ni dolor, en la certeza de reencontrarse con su querido esposo que se adelantara en el camino a fines del siglo anterior, y con su querida familia y amigos que allá la esperaban, como así nos estará esperando a quienes en la fe compartida, creemos en la Resurrección y la Vida Eterna.
María Elena nacó en Tandil en los albores del Centenario de la ciudad, en junio 1922, se fue con ella un retazo de la historia tandilense y familiar. Hija de Nasib Daoud (don Pedro) y María Silvia Valdés.
Fue testigo en su juventud de la ciudad que ya no existe, de calles polvorientas y abiertas, con solo empedrado en las calles céntricas, espacios abiertos que permitían ver desde cualquier lugar las sierras en su estado virginal, y adonde era habitual que fuera primero en familia con su padre y madre y sus hermanos menores a disfrutar de un picnic campestre a la vera de un arroyo rumoroso.
Desde su niñez conoció el Evangelio transmitido por sus mayores que la iniciaron en el camino de la fe, ya que su abuelo estuvo entre los primeros miembros de la Iglesia Evangélica de la Unión de calle Mitre 647, participando activamente en las actividades de la congregación, ya fuere en la Escuela Dominical, en la Sociedad de Jóvenes o en llevar la Palabra de Vida a las entonces humildes barriadas de la incipiente Villa Italia adonde, en las Horas Felices, trabajó con los niños.
Varios años trabajó de modista con su taller anexo a la peluquería de su padre, don Nasib Daoud, más conocido como don Pedro, ubicada en la cuadra de Sarmiento entre Rodríguez e Irigoyen, hasta que contrajo matrimonio con Elías Vicente, con quien se conoció a través de las actividades que desarrollaba la iglesia evangélica con las congregaciones de otros lugares de la provincia y del país.
Trabajadora incansable, crió junto a su esposo a cuatro hijos que fueron llegando con los años (Silvia, Guillermo, David y Sarita), transmitiendo ambos el gusto por la música por lo que hoy varios de ellos y también sus nietos cultivan este don.
Le gustaba cocinar, y hoy vamos a extrañar esas empanadas de antología que rememoraban las que hacia la Chacha para el indio Patoruzú, y también sus dulces, de los cuales el de higos era una ambrosía.
Consecuentemente, queremos destacar otra de sus pasiones, que fue el amor y el cuidado hacia a sus plantas; sus flores y su huerta que compartió junto a su esposo. Devoción que alegraba su vida y perduró hasta el final de sus días.
Cultivó amistades que perduraron desde la niñez a través de los años, dejando hoy el recuerdo entre ellas de los sábados cuando disfrutaba visitándolas y pasando horas conversando de temas actuales o rememorando años idos.
Fue una mujer adelantada en el pensamiento a su época y su entorno, que no pudo encontrar los canales adecuados donde desarrollar la potencialidad que expresaba, lo cual la llevó en muchas oportunidades a rebelarse contra el orden establecido, sintiendo de alguna manera la frustración de no poder llegar donde sus condiciones le hubieran permitido. A pesar de ello, nunca se dejó vencer por las dificultades, y con tesón y voluntad, a pesar de las limitaciones que traen aparejados los años y la edad, persistió con empeño para continuar activa hasta el final.
“Partió en paz, dejando en nuestros corazones el cálido recuerdo de su vida, con sus luchas, sus contradicciones y el cariño que sentía por cada uno de sus queridos, aunque muchas veces no lo supiera expresar y no lo entendiéramos en su momento. Sigue viviendo en nuestros recuerdos, en cada cosa que hacemos que ella nos transmitió, en la huella que dejó en nosotros sus hijos; hijos políticos que amó como propios y en los 10 nietos que disfrutó y amó entrañablemente.
Tenemos la esperanza que nos reencontraremos cuando el buen Dios así lo disponga. ¡Hasta pronto mamá!”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
ESTEBAN LUIS GOMEZ
En Benito Juárez, falleció Esteban Luis Gómez, un querido y respetado vecino tandilense que pasó los últimos años de su vida en aquella localidad para poder estar al lado del único hijo que le quedaba.
“Luisito”, como lo llamaban sus seres queridos y quienes lo conocieron, nació en esta ciudad y desde entonces fue dejando su impronta por los distintos barrios en donde vivió. Primero, fue en el barrio la Estación, en donde pasó los primero años de su vida ya que su padre era ferroviario. En ese lugar, conoció a sus amistades de la infancia y cursó sus estudios en la escuela del barrio.
Más tarde, falleció su padre y junto a su madre y a su única hermana, se trasladaron a la zona de Villa Cordobita, ahí continuó creciendo, hizo nuevos amigos y con mucho esfuerzo pudo terminar sus estudios secundarios en la Escuela Nacional Técnica Nº 1 “Ingeniero Felipe Senillosa”, de donde egresó con el título de Técnico Electromecánico.
A partir de allí desempeñó su actividad laboral en distintos establecimientos industriales en donde siguió haciendo amigos y recogiendo afecto.
Cuando tenía 26 años conoció a quien fue su compañera de toda la vida: Ernestina, con quien se casó y tuvo dos hijos: María Elena y José Luis. Lamentablemente la vida le jugó una mala pasada y María Elena, cuando apenas tenía dos añitos, falleció a causa de una terrible enfermedad. Esta situación le causó un fuerte golpe que lo llevó a proteger aún más a su familia.
Luego, la vida le dio una caricia cuando nacieron sus nietos quienes si bien no pudieron tapar el dolor inicial, trajeron amor y mucha felicidad para una persona que realmente se lo merecía.
Por cuestiones de la vida, nuevamente le tocó sufrir al perder a su compañera. Sin embargo, esta partida la tomó como parte de las reglas de la vida y siguió adelante para estar al lado de su hijo y sus nietos.
En los últimos años, su salud le jugó una mala pasada y ya no pudo estar más solo. Fue así que se mudó a Benito Juárez en donde sin querer reconocerlo, los mimos de sus nietos hicieron que los últimos años de su vida transcurrieran con mucha alegría.
Dedicatoria:
“Hoy abuelo ya no estás, por eso la mejor manera que tenemos de recordarte es honrando tu memoria y predicar en el futuro todas tus enseñanzas.
También, en cada lugar que nos mencionan tu nombre inflamos el pecho por el orgullo de llevar tu sangre. Por eso, no somos egoístas porque sabemos que las reglas de la vida son así.
Simplemente esperamos que te hayas podido reunir con tus seres queridos y que seguramente en el asadito de los domingos que seguirás preparando que no te olvides de nosotros porque algún día de estos nuevamente vamos a estar todos juntos”.
Tus nietos, hijo y seres queridos.
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