Necrológicas
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EDGARDO NELSON PECHIA
El pasado jueves 29 de septiembre dejó de estar entre nosotros una persona muy querida: Edgardo Nelson Pechia, un excelente padre y abuelo que no pudo encontrar la paz acá y emprendió un viaje al Cielo. Desde allí nos estará cuidando como siempre.
Sus restos descansan en el Cementerio Municipal.
Dedicatoria
“Querido Papi: la verdad que no encontramos palabras en este momento para expresar la gran confusión que tenemos.
Es algo muy raro el seguir esperando tu mensajito, llamada de cada día o simplemente que pases por la puerta de casa en el auto y toques bocina.
Fuiste, sos y serás siempre una persona re querida por todo el mundo. ¿Quién no te conocía?
Siempre nos enseñaste a ser fuertes, enfrentar la vida, pelear por lo que más queremos y siempre tener los brazos en alto, por más derrotados que estuviéramos.
Este es un momento muy difícil, no hay palabras que consuelen nuestro corazón. Ahora vamos a tener que afrontar la piedra más grande que Dios nos puso en el camino. Y pensar que si no pudiste ser feliz, acá con tus hijas y nietos, lo vas a estar en el Cielo, al reencontrarte con tu papá después de tantos años y él te va a cuidar.
Gracias por los momentos compartidos, por estar siempre que te necesitamos, por malcriar a tus nietos. Por ser un excelente padre, un padre con todas las letras, que daba su vida por los hijos. La verdad que gracias por darnos tantas alegrías y por darnos la vida.
Siempre te recordaremos. Tus hijas y nietos.
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“A pesar de que no te podamos ver, para mí y mi hermanito nos vas a estar mirando siempre desde el Cielo.
Gracias por ser como fuiste con nosotros, te vamos a llevar en nuestro corazoncito eternamente.
Tu chiquita de papá y tu chiquino de papi ¡Te amamos!”.
EMMA CELINA ONZALAVERRY de RISSO
A los 88 años de edad, el pasado jueves 20 del corriente falleció Emma Celina Onzalaverry de Risso, causando tristeza entre sus familiares y amistades.
Emma nació en esta ciudad el 4 de mayo de 1923; su partida ha dejado en sus hijos: Daniel, Liliana y Marisa, un profundo dolor y vacío, junto a sus hijos políticos: Rubén Verón y Gastón Camino; sus nietos: Nazareno y Edgardo Marimón, Betiana, Tamara y Mayra Viera, Senel, Uriel, Simón, Camila y Marilyn Risso; al igual que sus bisnietos: Uma, Martina y Jerónimo.
Sus restos recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
Dedicatoria:
“Querida Mamá: fuiste querida y respetada por todos los que te rodeaban. A pesar de quedarte viuda muy joven, supiste cuidarnos, guiarnos y acompañarnos en todo momento, tanto a tus hijos como así también a tus nietos.
Cada segundo de tu vida fue dedicada a todos nosotros. Querida Mamá, te vamos a extrañar mucho y nunca te vamos a olvidar mamita querida. Todos sabemos que por tu vocación cristiana estás junto a Dios velando por todos nosotros. ¡Mamá, descansa en paz!
Estarás en nuestro corazón por siempre. Te fuiste en nuestros brazos, Madre, dejándonos llenos de dolor, pero sabemos que ya no sufres más y estás bien allá”.
MARIA O. GOROSTIZU de ECHEGARAY
En su vieja casa de avenida Estrada 117 y tal como era su deseo, el pasado viernes 21 del corriente se apagó la vida de María O. Gorostizú de Echegaray, de 84 años de edad. La casa donde se criaron sus hijos y que con tanto esfuerzo lograron comprar con su compañero de toda la vida, a papá: Pedro Omar Echegaray, que nos dejó en 1997.
“Lola” Echegaray había nacido en San Francisco de Bellocq, un pueblito del partido de Tres Arroyos; era hija de una familia humilde y de trabajo. Perdió tres hermanos en plena juventud, pero el espíritu de lucha de la abuela y hermanas, les permitió seguir afrontando la vida con valentía y sacrificio.
A mediados de la década del ´40 la familia se radicó en Tandil y aquí conoció a papá. Trabajó en sus años de soltería en una zapatería de la avenida Colón, fue costurera y modista, y exhibía con orgullo su título de modista enmarcado en un modesto cuadro que nos acompañó desde siempre. Luego de casarse con papá, vinieron los años difíciles; llegaron los tres hijos: Alberto “Memo”, Jorge y Raúl, y ella con su oficio de costurera le ponía el pecho a las necesidades básicas de la familia, colaborando con papá que se ganaba la vida como camionero. Así fue pagando la casa de la avenida Estrada.
Nunca faltó lo esencial para sus hijos: cariño, educación y buenos ejemplos. Ella cosía frente a la ventana de la casa que daba al descampado de la avenida y desde allí vigilaba nuestras correrías, mientras papá se sometía a los rigores y a los riesgos de la ruta.
Pasaron los años y vinieron los nietos que alegraron sus vidas. Todo para los hijos, todo para los nietos. Después del fallecimiento de papá, sufrió distintos avatares de salud que desembocaron inevitablemente en la amputación de una pierna, pero ella siguió en su casa, en su cama, como un árbol, arraigada al pedazo de suelo, a las cuatro paredes que habían logrado con tanta lucha y sacrificio.
Allí presintió el final con valentía y nos hizo saber, junto con el compromiso de trasladar los restos de papá al lugar donde podrán descansar juntos para siempre.
Miraba los partidos de fútbol en la cama; era hincha de Boca Juniors y de Santamarina; era querida por todos los vecinos y solo cabe decir que se fue la vecina más vieja de Estrada al 100, el barrio, su barrio, nuestro barrio, donde amó, disfrutó, luchó y sufrió, pero sin darle tregua a la lucha por los suyos.
¡Gracias Mamá, Que en paz descanses! Tus hijos.
Sus exequias, previo velatorio, se efectuaron en el cementerio parque Pradera de Paz.
PAULINA LUISA MENDEZ de GIMENEZ
Con pesar y tristeza fue recibida la noticia del fallecimiento de Paulina Luisa Méndez de Giménez; sus seres queridos la recuerdan así:
“Cuando nada lo hacía suponer, decidiste partir dejándonos un enorme vacío que sólo se va a llenar el día que puedas explicarnos los motivos de la decisión que tomaste.
Solo vos sabes qué te llevó a tomar tan drástica determinación, sin embargo hoy tu familia no quiere reprocharte nada, solo queremos que sepas, en donde quieras que estés, que el día que nos volvamos a encontrar estará todo bien y nos seguiremos riendo como lo hacíamos cuando estabas con nosotros.
Fuiste una persona que marcó nuestras vidas. De pocas palabras pero siempre la justa, fue una de las características más importantes que te marcó durante tu pasó por esta vida. Tan justa era esa palabra que siempre que teníamos un problema o pasaba algo, sabíamos que vos ibas a tener la frase exacta que nos iba a servir para salir adelante.
Realmente no sabemos qué pasó, pero por lo que fuese, estamos seguros que te superó y por eso fue el camino que elegiste seguir. Por eso, ya no hay tiempo para reproches y por eso queremos que sepas "lo mucho que te extrañamos".
"Pauli”, gracias por todo lo que hiciste por nosotros, hoy creemos que el mejor homenaje que te podemos hacer es seguir predicando tus enseñanzas. Gracias por estar siempre con nosotros. Gracias por tus enseñanzas. Gracias por acompañarnos. Pero fundamentalmente, gracias por haber sido nuestra, nuestra gran hermana la que siempre estuvo para guiarnos".
Luisina, Celeste y Tamara.
MARISA HAYDEE LABARONI de MONACO
El pasado martes 18 del corriente partió a los cielos el alma de Marisa Haydeé Labaroni de Mónaco, a quien desde hace algunos meses, la salud comenzó a jugarle una mala pasada y, finalmente, luego de mucho sufrir
-pero también de mucho pelear con fortaleza- el Señor decidió llevarla junto a su lado, para que la eterna sonrisa de Marisa nos acompañara, ahora desde el Cielo. Según su sacerdote y amigo Arcadio llegó a la sabiduría espiritual.
Con tan solo 41 años, logró ser una madre ejemplar y encaminar en la educación a sus hijos para afrontar con gran valentía esta situación.
Nació en Tandil el 20 de noviembre de 1969, cursó sus estudios primarios en la Escuela N° 22, los secundarios y terciarios en la Escuela Normal, recibiéndose como docente, desempeñando sus labores últimamente en la Escuela N° 2.
En la vida religiosa, se desempeñaba ayudando en la parroquia Nuestra Señora del Carmen, en el área de Coordinación de Catequesis, dando charlas de matrimonio, bautismos y catequista de niños.
Llevó adelante una intensa tarea pastoral con el grupo Jumica -Juventud Misionera Carmelita- con la que visitaba las familias para transmitirle la palabra del Señor.
También desde el Grupo Mariano Nuestra Señora del Rosario, que años más tarde vería consagrar el sueño de la capilla, allí arriba, cerca de las sierras… más cerca de Dios; donde se desempeñaba como secretaria, misionera, catequista de confirmación, Caritas y realizando charlas de matrimonio y bautismo; siempre con una sonrisa y con gran amor, pasando desapercibida en esa labor tan querida por ella.
Era muy querida por toda la comunidad, la cual se comprometió a orar mucho por su salud, hasta organizar un rosario cada hora, anotándose y rezando durante la madrugada.
¿En su vida? Supo ser el orgullo de su padre Rubén, su amiga y compañera, quería mucho a su madre Irma, hermano Roberto y su hermano del alma Marcelo. Se casó muy joven pasando más de la mitad de su vida con su esposo, donde aprendieron a convivir, compartir, respetarse, ser padres, amarse y acompañarse tanto, logrando sentir que eran una sola persona.
Su familia agradece el apoyo y colaboración de todos los que los acompañaron, tanto con su amor y oración. Agradecen también al grupo del Sanatorio Tandil y Hospital Italiano, y especialmente a la doctora Silvina por su dedicación y disponibilidad de tiempo durante el tratamiento.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
MARCELO RAUL PINI
Con hondas muestras de pesar y dolor fue recibida la noticia de la desaparición física de Marcelo Raúl Pini, una querida y respetada persona que contaba con 46 años de edad.
Marcelo nació en esta ciudad el 7 de octubre de 1965; era hijo de Raúl Pini y Alcira Trujillo, ambos ya fallecidos, conformando una hermosa familia con su hermana Natalia en el barrio de calle Las Heras al 700, donde transcurrió su vida.
Cursó estudios primarios en la Escuela Nº 11 y muy joven comenzó a desarrollar su actividad laboral.
A los 26 años contrajo matrimonio y de esa unión tuvo a su hijo Martín.
“Sabe que sigue latiendo en quienes lo amamos y lo recordaremos con su chispa de humor, de sencilla sabiduría para seguir riendo y alegrarnos con su recuerdo… pasó acompañado de Marta los últimos años de su vida.
Sus restos, previo velatorio, descansan en el Cementerio Municipal.
MARIA ESTHER SANCHEZ
El pasado mes de agosto, dejó de existir María Esther Sánchez, dejando un profundo dolor entre sus familiares, amigos y seres queridos.
"Mari", como le decían sus seres queridos, nació en Juan N. Fernández pero ya desde muy chica se trasladó hacia nuestra ciudad ya que sus papás realizaban tareas en distintos establecimiento rurales.
Fue la menor de cuatro hermanos: José Luis, María Laura y Mariano Segundo. Todos ellos conformaron junto a sus papis un hogar modelo en donde "el amor, la educación, la honestidad y el espíritu de trabajo" era el común denominador.
Debido a que su familia estaba fincada en la zona rural, le costaba mucho estudiar ya que debía recorrer muchos kilómetros para hacerlo. Por tal motivo, en tercer año del secundario debió abandonar para dedicarse a las tareas domésticas y ayudar a sus papás.
Durante su vida tuvo que atravesar difíciles momentos, como cuando falleció su hermano José Luis, situación que derivó en que su madre posteriormente contraiga una enfermedad que también derivó en su partida al lado de Dios.
A partir de ese momento se estableció bien al lado de su papá, ya que sus dos hermanas se habían casado y tenían sus hogares por su cuenta. Esta situación causó que recién pasado los 30 pudiera conocer a quien fue el "amor de su vida": Ernesto. Junto a él formó una familia que si bien no llegó a tener el calor que le dan los hijos, si tuvo el acompañamiento de sus sobrinos quienes la quisieron a ella como a una segunda madre.
Su vida transcurrió en establecimientos rurales acompañando primero a su familia y luego a su marido. Lamentablemente, siendo aun muy joven, 66 años, le tocó partir para hacerle compañía a su hermano y madre, que seguramente la recibieron con enorme alegría en el cielo. Hoy, quienes se quedaron acá la recuerdan "como una mujer que siempre dio todo por los demás, a tal punto que sacrificó parte de su vida para que el resto sea feliz. Esto hace que hoy Mari te extrañemos con toda nuestra alma y donde quieras que estés seguramente seguirás guiando nuestro camino".
DELMIRA PALAVECINO de LESCAR
A los 77 años de edad, el pasado miércoles 26 del corriente se apagó la vida de Delmira Palavecino de Lescar, causando mucho dolor entre familiares y amigos.
“La Negra” Delmira nació en Ayacucho el 7 de noviembre 1933, conformando una familia de diez hermanos. Muy joven conoció a su gran compañero: Felipe Lescar, con quien estuvo 54 años, y se radicaron en Tandil.
De ese matrimonio nacieron sus tres hijos: Felipe, Luis, Juan José casados con Laura, Mariela, Andrea quienes le dieron sus seis nietos: Gabriela y Gustavo, Federico y Daiana, Franco y Emilio. Todos le recuerdan con mucho amor y la llevarán en su corazón. Además, la recordaremos también como una mujer muy trabajadora, responsable, chistosa, alegre y solidaria, muy querida por todos sus vecinos, amigos y todos sus familiares.
Esta enfermedad que tuvo que padecer, apagó su vida en tan solo dos meses y medio, pero nos permitió a todos unidos mimarla, cuidarla y despedirla con mucho amor.
Seguro vamos a extrañarte mucho pero nos queda el ejemplo de tu lindo humor y fortaleza hasta el final (cuando decías "quiero votar").
Agradecemos a Dios el haberte conocido y sabemos que descansas en sus brazos.
Sus restos previo velatorio, fueron inhumados cerquita de su compañero de toda la vida, en el Cementerio Municipal
VICENTA VIDELA DE ROLÓN
A la edad de 86 años, el pasado 23 del corriente, falleció en Barker, Vicenta Videla de Rolón, quien fue querida y amada por todos aquellos que la conocieron.
Vicenta nació el 23 de diciembre de 1924 en Juan N. Fernández (partido de Necochea), y era hija del matrimonio conformado por Francisco Videla y Catalina Peratz; siendo la mayor de cinco hermanos: Guillermo, Francisco (f), Poroto (f) y Ester.
Pasó su infancia en Estación La Negra (Necochea), aunque desde muy chiquita comenzó a trabajar en la estancia Las Calaveras donde se desempeñó como niñera.
Poco tiempo después conoció a Cornelio Edilio Rolón, con quien se casó el 6 de abril de 1946 y de quien estuvo acompañada por espacio de 65 años.
Años más tarde nacieron sus hijos: Oscar Ernesto y Nilda Margarita (f), quienes con el paso del tiempo le dieron seis nietos: Verónica, Marcelo, Jorgelina, Natalia, Pedro y Jimena; y posteriormente llegó su bisnieto León.
Su vida transcurrió en establecimientos rurales de la zona, aunque en 1965 debió trasladarse por razones laborales a Barker en donde pasó el resto de su vida.
Lamentablemente le tocó partir para hacerle compañía a su hija Nilda, a la que siempre recordaba.
Estará siempre en el recuerdo de su nuera Angélica Barrientos de Rolón, su yerno Rodolfo Goñi, sobrinos, amigos y quienes la conocieron.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
JUAN CARLOS BLANCO
El pasado lunes 10 del corriente falleció Juan Carlos Blanco, un querido y respetado hombre que contaba con 63 años de edad.
Su partida es lamentada profundamente por su esposa Susana, sus hijos Daniel, Nancy, Claudia y Silvio, junto a sus nietos y bisnietos, quienes lo recuerdan así:
“Miraste a este mundo con ojos llenos de bondad, llenos de esperanza, de buenos valores, valores de familia, valores de amistad… y eso nos dejaste: esas ganas de tener cada domingo la mesa llena, niños corriendo y charlas y debates de sobremesa.
Eras una persona de brazos abiertos, dispuesto a dar, a escuchar, a cuidar, a proteger y defender como una fiera a tu familia, tus amigos, y a quien recién conocías. Estabas para quien lo necesitara, siempre fue así: la palabra justa en el momento justo.
Tu gran pasión fue el trabajo: fuiste policía desde que naciste. Venía dentro tuyo y por esa pasión que demostrabas, te ganaste el cariño y el respeto de los compañeros y superiores. Al igual que en el fútbol agrario, donde te desempeñaste como director técnico y árbitro.
Muchos al nombrarte recordarán esos viajes en colectivo tratando de llegar a los partidos o a esos inolvidables bailes de campo, colectivo lleno de amigos, de sonrisas (la mejor hinchada, se decía por ahí) con vos como capitán.
Junto con la vejez la quinta “El rancho de mi abuelo”, la bautizamos: plantas, huerta, lechones y caballos, lugar que serviría de excusa para unir aún más a la familia y tener donde descansar. Ofició de taller mecánico y de refugio de todos esos cachivaches que levantabas por ahí, fierrero viejo que tanto hacía enojar a la abuela. ¿Te acordás? Ahora será nuestro deber cuidarla por vos.
Sólo Dios sabe cuánto te vamos a extrañar. Estarás presente entre nosotros, cada día, cada instante, en todo lo que nos enseñaste. Fuiste un gran esposo, un excelente padre, un abuelo maravilloso, y una persona única ¡Te amaremos siempre!”.
Sus exequias, previo velatorio, se efectuaron en el cementerio parque El Paraíso.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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