Necrológicas
Participaciones de los recientes fallecidos en la ciudad
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“Allá por el año ‘28, el 29 de mayo nació Martín Gogorza, el primer hijo del matrimonio de José M. Gogorza y Clara Echeverría (ambos fallecidos). Con el tiempo llegaron sus hermanos Tomás y Pedro (f), una vida de trabajo en la playa Ramón Primero, cumpliendo con los estudios primarios en su casa y con su maestra Ana Bichi (f), aunque el tiempo haya transcurrido las anécdotas de aquella época brillan en la familia.
Pasaba el tiempo, cambiaban los gobiernos, sin embargo aquel vasco duro, trabajador, pudo comprar el campo El Rincón, y así fue que la familia se trasladó a La Pastora.
Martín, con 16 años, y sus hermanos menores, comenzaron a trabajar el campo y en el tambo llegó la fábrica de quesos Gastaederra. Cumplió en Neuquén con el servicio militar y formaron una sociedad con sus hermanos que perduró por cincuenta años.
Muchos amigos, reuniones de domingos, fiestas criollas armonizaban la vida de Martín. En esos años conoció a Eugenia Mateo (f), la que después fue su esposa, y madre de Susana y Mirta.
Ahí nomás comenzaba la primera fiesta criolla de La Pastora, hoy una historia a la que él fue uno de sus protagonistas, su trabajo de apadrinador, fue jurado durante muchos años.
Llegaron sus hijos políticos Isidro y Guillermo, sus nietas Patricia, Julieta, Soledad y Andrea, sus nietos políticos Martín y Santiago… y fue bisabuelo de Malena, Martiniano, Renata, Emma y Camila.
Una mente privilegiada, un amor a su familia envidiable, tranquilo, respetuoso, siempre con una sonrisa a flor de labios, y fue ese Nano, que todos quisieran tener.
Entre el silencio de los árboles de Pradera de Paz, se escuchó un fuerte aplauso de su familia y amigos porque así se despide a un grande, no alcanzó el eco de ese aplauso para expresar lo que fue Martincho…”.
“Fue un domingo la partida
pero esta vez sin volver
no es muy difícil de entender
pero es la ley de la vida.
Para mí no es despedida
sólo saliste en tu overo
y siguiendo el ovejero
las ovejas no vas a juntar
y se siente relinchar
el gatiau en el potrero”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
EDUARDO ENRIQUE IRURETA
El pasado sábado 3 del corriente se apagó la vida de Eduardo Enrique Irureta a los 64 años de edad, dejando inmenso un dolor en sus familiares y amistades.
¡Que orgullo el saber que su paso por esta vida no fue en vano!
Dedicatoria:
“Amor: cuánto dolor hay en mi alma, no encuentro consuelo, sólo sé que estás libre de toda dolencia y sufrimiento. En cada rincón de nuestro hogar estarás presente, en cada minuto de mi vida.
Cuántos sueños quedaron truncados, tus ganas de vivir, tus proyectos nos desesperaban, nos decías ¡esta batalla la tengo ganada! Y sabíamos que no era así. Te fuiste despacito, tu cara reflejaba una gran paz, parecía que nos decías ¡no lloren, yo estoy bien! Te extraño cosita linda mía, ¡hasta pronto!”.
Tu esposa Mirta
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“Papi, te acompañamos hasta tu último suspiro, apretándote la mano para que te sientas protegido, mimado, como lo hicimos cada día que compartimos juntos. Gracias papito por dejarnos tantos lindos recuerdos, serás la estrella más hermosa en el Cielo y algún día nos encontraremos de nuevo. ¡Te amamos viejito lindo”.
Nati
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Papá, han pasado ya unos días de tu partida y no encuentro consuelo ni alivio para mi alma herida.
Fuiste un excelente padre y amigo. De ti guardo los mejores recuerdos y siempre estarás presente en lo más profundo de mi corazón, tú me enseñaste a andar por el buen camino y sé que desde el Cielo estarás guiando mis pasos como lo hiciste siempre. Te amaré eternamente”.
Mauro
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“Tripa, como te decíamos cariñosamente, ya hace casi dos semanas que te fuiste de vacaciones para no volver, es difícil despertar a la mañana y no tenerte para decirte ¡buen día! A medida que pasa el tiempo se hace cada vez más inimaginable saber que no te vamos a ver más.
Sólo me queda la tranquilidad de que te fuiste en paz y que te despedimos en familia y con los mejores recuerdos.
Papi, nunca voy a olvidar nuestras peleas, tus calenturas propias de un vasco puro. A partir de ahora vas a ser mi ángel guardián en cada problema o momentos malos que me toque pasar.
Te voy a necesitar mucho pero sé que de algún modo vas a estar a mi lado siempre. Gracias por haberme criado a tu manera, fuiste, sos y serás ¡el mejor papá del universo!
Hasta pronto Viejito ¡Te amo!”.
Fede
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“¡Cuando un amigo se va!, siendo el único amigo que nos quedaba… gran persona, ya que hace años se nos fueron dos grandes amigos.
Esa maldita enfermedad te llevó tan rápido que parece un sueño. Siempre vas a estar con nosotros. Queda un gran dolor en tu familia, esa familia hermosa junto a tu esposa. Que descanses en paz”.
Tus amigos Marita y Miguel
JORGE MARIO ZARRABEITIA
“Un vasco que nos dejó algunas enseñanzas de vida, simples, llena de valores. La amistad como un ejercicio docente, al transmitir con su conducta modestos y coherentes comportamientos de ética pueblerina.
Su mayor virtud se asocia a la persona que no se contamina con las vanalidades sociales, marginal y auténtico. Su academia médico profesional ejercida al alcance de los pacientes que más lo necesitan, silencioso aporte solidario que nunca necesitó de fotos ni colegio profesional alguno. Doctor Jorge Mario Zarrabeitía, un noble amigo”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
MARIA PAULINA HARGUINDEGUY DE ARANO
“El pasado domingo 5 del corriente falleció María Paulina Harguindeguy de Arano, una querida mujer que contaba con 92 años de edad.
“Tita”, como todos lo conocían, nació en esta ciudad el 29 de junio de 1922; hija de padres inmigrantes vascos, heredó de ellos la firmeza, el tesón y el amor por la tierra.
Vivió junto a sus padres y hermanos en la estancia La Magdalena, en la zona de La Pastora, hasta su adolescencia, que fue cuando la familia se trasladó a la ciudad.
En 1957 contrajo enlace con Ramón Alfredo Arano, donde consiguió la explotación agropecuaria con sus hermanos. Años después se radicó en su campo Don Raimundo, en Fulton, donde trabajó incansablemente hasta logar tenerlo como deseaba.
Tita fue una persona de bien, amiga de sus amigos, fiel, noble, colaboradora, generosa.
Fue una tía muy querida por sus sobrinos y sobrinos nietos. Siempre presente, en momentos alegres o tristes, recibiendo a cambio el cariño de grandes y chicos.
Luchó hasta el final y del Domingo de Pascua se durmió tranquila y en paz”.
DOLORES CLEMENTE
Cuanto contaba con 86 años de edad, el pasado lunes 13 del corriente falleció Dolores Clemente, causando dolor y tristeza entre sus compañeros del Hogar y también a sus familiares y amistades.
“¡Te extrañaremos mucho! Que descanses en paz”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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