Necrológicas
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IRASILIA PEREZ de GRANERO
Inesperadamente, el pasado viernes 8 del corriente dejó de existir Irasilia Pérez de Granero, una querida y estimada mujer que contaba con 96 años de edad.
Irasilia nació en Balcarce el 27 de septiembre de 1914; muy joven contrajo matrimonio con Diego Granero (f), dedicando su vida a su hogar, además de la crianza y educación de sus cuatro hijos. Además, le ayudaba a su esposo en la atención del negocio que tenían, dedicado a la comercialización de productos de granja.
Cuidó a sus padres y suegra hasta el final de sus días. Luego sufrió la pérdida de sus dos hijos mayores y dos nietos de 30 años, pero con voluntad y sacrificio salió adelante.
Era una persona que le gustaba leer, cultivarse, tejer y acompañar a su esposo. Fue también buena tía, con sus sobrinos, nietos y bisnietos, quienes escribieron “nunca la vamos a olvidar”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
Inesperadamente, el pasado viernes 8 del corriente dejó de existir Irasilia Pérez de Granero, una querida y estimada mujer que contaba con 96 años de edad.
Irasilia nació en Balcarce el 27 de septiembre de 1914; muy joven contrajo matrimonio con Diego Granero (f), dedicando su vida a su hogar, además de la crianza y educación de sus cuatro hijos. Además, le ayudaba a su esposo en la atención del negocio que tenían, dedicado a la comercialización de productos de granja.
Cuidó a sus padres y suegra hasta el final de sus días. Luego sufrió la pérdida de sus dos hijos mayores y dos nietos de 30 años, pero con voluntad y sacrificio salió adelante.
Era una persona que le gustaba leer, cultivarse, tejer y acompañar a su esposo. Fue también buena tía, con sus sobrinos, nietos y bisnietos, quienes escribieron “nunca la vamos a olvidar”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
SUSANA BARANDIARAN de GIMENEZ
En la ciudad de Punta Alta, el pasado miércoles 13 del corriente se durmió en los brazos del Señor, nuestra querida convecina Susana Barandiarán de Giménez, de 54 años de edad.
Susana había nacido en esta ciudad el 22 de diciembre de 1956; era hija de Raúl Barandiarán (f) y Carmen Castiñeira. En el paraje Los Mimbres vivió los momentos más lindos de su infancia y su adolescencia, cursando sus estudios primarios en la Escuela Nº 12, junto a sus hermanos Oscar (f), Carlos y Cristina.
Más tarde, la vida le obsequió a quien fuera el amor de su vida: el cordobés Jorge Juan Giménez. Fruto de su matrimonio llegaron sus hijos: Vanesa, Carla y José Luis “Buba”, con los que compartió el cariño y el amor que sólo una madre puede sentir.
Con el transcurrir del tiempo, fue recibiendo el regalo de sus hijos políticos: Guillermo, Nicolás y Samanta.
Desde hacía 32 años que estaba viviendo en Punta Alta, donde cosechó una gran familia de amigos. Cursó el ciclo secundario, realizó diversos cursos de manualidades y amaba ir al gimnasio a realizar su rutina diaria.
Hija, esposa, tía, cuñada, compañera y amiga ejemplar, fue sobre todas las cosas una gran madre: no solo siguió acompañándolos en todo momento desde el día que enviudó, sino que soportó la cruel enfermedad que sufría desde hacía un año, pidiendo vida solo para estar con sus hijos.
Su partida deja un gran dolor en todos sus seres queridos “todos la vamos
a extrañar mucho y la vamos a recordar por el resto de nuestras vidas; sus ganas de vivir y los buenos momentos que vivimos juntos”.
Sus restos descansan en el cementerio de Punta Alta.
En la ciudad de Punta Alta, el pasado miércoles 13 del corriente se durmió en los brazos del Señor, nuestra querida convecina Susana Barandiarán de Giménez, de 54 años de edad.
Susana había nacido en esta ciudad el 22 de diciembre de 1956; era hija de Raúl Barandiarán (f) y Carmen Castiñeira. En el paraje Los Mimbres vivió los momentos más lindos de su infancia y su adolescencia, cursando sus estudios primarios en la Escuela Nº 12, junto a sus hermanos Oscar (f), Carlos y Cristina.
Más tarde, la vida le obsequió a quien fuera el amor de su vida: el cordobés Jorge Juan Giménez. Fruto de su matrimonio llegaron sus hijos: Vanesa, Carla y José Luis “Buba”, con los que compartió el cariño y el amor que sólo una madre puede sentir.
Con el transcurrir del tiempo, fue recibiendo el regalo de sus hijos políticos: Guillermo, Nicolás y Samanta.
Desde hacía 32 años que estaba viviendo en Punta Alta, donde cosechó una gran familia de amigos. Cursó el ciclo secundario, realizó diversos cursos de manualidades y amaba ir al gimnasio a realizar su rutina diaria.
Hija, esposa, tía, cuñada, compañera y amiga ejemplar, fue sobre todas las cosas una gran madre: no solo siguió acompañándolos en todo momento desde el día que enviudó, sino que soportó la cruel enfermedad que sufría desde hacía un año, pidiendo vida solo para estar con sus hijos.
Su partida deja un gran dolor en todos sus seres queridos “todos la vamos
a extrañar mucho y la vamos a recordar por el resto de nuestras vidas; sus ganas de vivir y los buenos momentos que vivimos juntos”.
Sus restos descansan en el cementerio de Punta Alta.
Dedicatoria
El Señor te ha llamado
ha premiar tu vida hoy
hasta pronto te decimos
no te decimos adiós.
Con tu partida se agranda
la familia celestial
hasta que en el cielo todos
nos volvamos a encontrar.
Por eso adiós no decimos
hasta pronto nomás
y por los que aquí vivimos
tu en el cielo rogarás.
Entretanto que nos llega
nuestra hora de partir
vimos de tal manera
que al cielo podamos ir.
Amén.
ha premiar tu vida hoy
hasta pronto te decimos
no te decimos adiós.
Con tu partida se agranda
la familia celestial
hasta que en el cielo todos
nos volvamos a encontrar.
Por eso adiós no decimos
hasta pronto nomás
y por los que aquí vivimos
tu en el cielo rogarás.
Entretanto que nos llega
nuestra hora de partir
vimos de tal manera
que al cielo podamos ir.
Amén.
MARIA JORGELINA SOLEDAD ALMARAZ
El pasado martes 19 del corriente, con tan solo 20 años de edad, se apagó la vida de María Jorgelina Soledad Almaraz, dejando a sus seres queridos con un gran dolor.
“Solcito” Almaraz nació en esta ciudad el 6 de diciembre de 1990; sus primeros pasitos los dio en el Jardín de Infantes 902; mientras que la primaria la realizó en la Escuela Nº 5 y terminando sus estudios secundarios en la Escuela Media Nº 11 (ex Polivalente). Al año siguiente comenzó a estudiar artes visuales en el Ipat, teniendo que abandonar por una grave enfermedad.
Nunca se dio por vencida y siempre tuvo esa fuerza que nunca la dejó caer. Y así se recibió como Asistente Farmacéutica.
Ahora es recordada por las personas que más la amaban: su mamá Angie, su hermanita Jessi, su papá Cachín, sus tíos Robén, Ro, Fabi y Carlitos, su padrino Luis, sus primitos Agus, Beto, Juli, Ale, Bianca, Delfi, Sofi, Palo y Tomi, sus abuelos del corazón Cacho y Marta, sus tíos del corazón, su gran amor Mati y sus grandes amigos. Dejó un gran dolor en cada uno de sus corazones que jamás van a sanar, pero nunca se van a olvidar de su hermosa persona.
Sus restos, previo velatorio, descansan en el cementerio parque Pradera de Paz.
Dedicatoria:
“Solcito… que gran dolor sintieron nuestras vidas al cerrarse tus ojitos. Sabemos que querías partir, que ya tu destino y misión era otro, era ser un hermoso ángel que nos cuidara y guiara a nosotras.
Estar en casa, mirar cada rincón y no encontrarte se siente un enorme vacío. Porque ya no te tenemos, porque no se escuchan tus rezongos, el retarnos y nosotras contestarte: -bueno mamita no te enojes-, porque vos eras la gran mujercita de la casa.
Extrañamos tus comidas, por cierto riquísimas, tus tortas para acompañar el mate, esa música a todo volumen, esa respuesta justa que tenías para cada ocasión, y bueno, en fin, todo lo que concluía en tu persona que era maravilloso.
Gracias por enseñarnos esa gran lección en la vida “nunca hay que darse por vencido, sin antes haber sido derrotado”, porque vos así lo hiciste.
Fuiste, sos y serás nuestra gran guerrera, que jamás le vimos caer una lágrima. Al verte callada, te preguntábamos que te pasaba y vos nos respondías: ¡nada, estoy bien!
Cada noche miramos al Cielo y sabemos que desde ahí arriba nos estás mirando sonriente y nos envías fuerzas para seguir.
Jamás olvidaremos a esa Solcito radiante que recordamos cada minuto de nuestras vidas ¡Te amamos nuestro pequeño angelito!”.
Mamá y Jessi.
“Solcito… que gran dolor sintieron nuestras vidas al cerrarse tus ojitos. Sabemos que querías partir, que ya tu destino y misión era otro, era ser un hermoso ángel que nos cuidara y guiara a nosotras.
Estar en casa, mirar cada rincón y no encontrarte se siente un enorme vacío. Porque ya no te tenemos, porque no se escuchan tus rezongos, el retarnos y nosotras contestarte: -bueno mamita no te enojes-, porque vos eras la gran mujercita de la casa.
Extrañamos tus comidas, por cierto riquísimas, tus tortas para acompañar el mate, esa música a todo volumen, esa respuesta justa que tenías para cada ocasión, y bueno, en fin, todo lo que concluía en tu persona que era maravilloso.
Gracias por enseñarnos esa gran lección en la vida “nunca hay que darse por vencido, sin antes haber sido derrotado”, porque vos así lo hiciste.
Fuiste, sos y serás nuestra gran guerrera, que jamás le vimos caer una lágrima. Al verte callada, te preguntábamos que te pasaba y vos nos respondías: ¡nada, estoy bien!
Cada noche miramos al Cielo y sabemos que desde ahí arriba nos estás mirando sonriente y nos envías fuerzas para seguir.
Jamás olvidaremos a esa Solcito radiante que recordamos cada minuto de nuestras vidas ¡Te amamos nuestro pequeño angelito!”.
Mamá y Jessi.
– – – –
“Sole: nuestra vida ya no será lo mismo sin ti, eras un ángel, tan buena, amable y dulce, en mi desesperación consulté a amigos, conocidos y clientes: por qué elegirte Dios a ti, a tan corta edad, alguien me dio esta respuesta: Dios elige a los mejores para que lo acompañen en el paraíso y desde una estrella nos guíen.
Esa respuesta es que hoy me tiene en pie y por ti voy a seguir luchando hasta el final, como me viste siempre. Te veré en el Cielo nieta querida”.
Abuela Angélica.
Esa respuesta es que hoy me tiene en pie y por ti voy a seguir luchando hasta el final, como me viste siempre. Te veré en el Cielo nieta querida”.
Abuela Angélica.
LEONOR HERMINIA UNAMUNO de BUSTAMANTE
A los 76 años de edad, el pasado domingo 17 del corriente falleció Leonor Herminia Unamuno de Bustamante, causando dolor y tristeza entre sus familiares y amistades.
Leonor nació en esta ciudad el 29 de marzo de 1935; desde muy chica y hasta los 48 años vivió en la estancia San Lorenzo, donde conoció a Héctor Raúl Bustamante, con quien se casó el 17 de julio de 1952. Tuvieron cinco hijos: Ana María, Elida Noemí, Jorge Raúl, José Luis y Rubén Esteban.
Sus últimos 22 años estuvo en el establecimiento El Rondín, y su descendencia está compuesta, además, por 13 nietos y 6 bisnietos.
A los 76 años de edad, el pasado domingo 17 del corriente falleció Leonor Herminia Unamuno de Bustamante, causando dolor y tristeza entre sus familiares y amistades.
Leonor nació en esta ciudad el 29 de marzo de 1935; desde muy chica y hasta los 48 años vivió en la estancia San Lorenzo, donde conoció a Héctor Raúl Bustamante, con quien se casó el 17 de julio de 1952. Tuvieron cinco hijos: Ana María, Elida Noemí, Jorge Raúl, José Luis y Rubén Esteban.
Sus últimos 22 años estuvo en el establecimiento El Rondín, y su descendencia está compuesta, además, por 13 nietos y 6 bisnietos.
Dedicatoria:
“Abuela: nos es difícil expresar con palabras el dolor que sentimos en este momento. Te fuiste de repente y nos pone muy tristes saber que no vamos a tenerte más con nosotros.
Pero sabemos que ahora tenemos otra luz que nos guía, acompaña e ilumina desde el Cielo.
Siempre guardaremos en nuestro corazón tus risas, historias, picardías y consejos. Y te recordaremos con la alegría y fortaleza que te caracterizaban. Te queremos mucho y te vamos a extrañar…”.
Tus nietos.
“Abuela: nos es difícil expresar con palabras el dolor que sentimos en este momento. Te fuiste de repente y nos pone muy tristes saber que no vamos a tenerte más con nosotros.
Pero sabemos que ahora tenemos otra luz que nos guía, acompaña e ilumina desde el Cielo.
Siempre guardaremos en nuestro corazón tus risas, historias, picardías y consejos. Y te recordaremos con la alegría y fortaleza que te caracterizaban. Te queremos mucho y te vamos a extrañar…”.
Tus nietos.
ANGEL PEDRO BALZA
Profunda consternación y hondo pesar, causó en una amplia zona del sudeste bonaerense y en ámbitos capitalinos, la sorpresiva desaparición física –a los 65 años de edad-, de Angel Pedro Balza, en un luctuoso acontecimiento ocurrido el pasado miércoles 13 del corriente, cuando disfrutaba de un período de vacaciones en Cuba.
Angel nació en esta ciudad el 20 de diciembre de 1945; al momento de su muerte era el titular de la empresa Cantabria S. A., con instalaciones centrales de acopio de cereales, ubicada en la localidad de Licenciado Matienzo, partido de Lobería.
El origen y las bases fundamentales de Cantabria S.A. provienen de las antiguas “Almacenes de Ramos Generales”, las cuales –por necesidad de incrementar su actividad económica- adicionaron el negocio de cereales.
El puntapié inicial de Balza y Cía., lo que luego sería Cantabria S.A., lo dio don Manuel Balza, vasco inmigrante de Santander (España), llegado a la Argentina, allá por 1927. El negocio comienza a desempeñarse en el rubro del almacén en tres equinas tradicionales de Capital Federal: Venezuela y Tacuarí (barrio de Monserrat); Cabildo y Olazábal (barrio de Belgrano) y Talcahuano y Santa Fe (Barrio Norte). Luego de un tiempo, don Manuel decide emigrar al interior del país, estableciéndose en 1939 en la localidad de Napaleofú.
Por último, en 1954, la empresa, la familia Balza y sus empleados se trasladan a Licenciado Matienzo, donde hoy opera bajo el nombre de Cantabria S.A.
El matrimonio compuesto por don Manuel y Adelaida Francisca Renis tuvo seis hijos. El mayor de ellos, Angel Balza, impulsó la actividad cerealera de la firma liderando su costado comercial, encontrando apoyo también en el resto de la familia, principalmente en Luis y Manuel.
Cursdó sus estudios primarios en el Colegio San José de esta ciudad y luego primero y segundo año Comercial.
Fue una persona que representó a la empresa en la comisión directiva del Centro de Acopiadores de Cereales Zona Puerto Quequén, convirtiéndose en socio activo y visionario, ocupando a lo largo de los años, la titularidad de la Secretaría de la institución, la prosecretaría y otros lugares en la nómina de la entidad fundada en 1938.
Casado con Isabel María Cayuela, tuvieron tres hijos: María Mercedes (37), Mariano Angel (35) y Matías Leonardo (30).
“Angelito” –como cariñosamente lo llamaban sus seres queridos y colegas- era actualmente titular del Centro de Acopiadores de Necochea; prosecretario de la Federación de Centros y Entidades Gremiales de Acopiadores de Cereales; director titular de la comisión directiva de la Cámara Arbitral de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, actividades que fueron cultivando las distintas facetas del desaparecido empresario granario, cosechando por ello un sinnúmero de relaciones, siempre rodeado de valiosos amigos.
También fue un hombre que se distinguió por ser un vecino solidario, colaborando –entre otras tantas- con la Sala de Primeros Auxilios de Licenciado Matienzo, estando siempre a disposición de quienes necesitaron de su ayuda y contención.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
JOSE INORRETA
A la edad de 79 años, el pasado lunes 18 del corriente dejó de existir José Inorreta, causando dolor y angustia entre sus familiares y amistades.
José, conocido como “Toto” o “Vasco” había nacido el 20 de septiembre de 1931; era hijo de Manuel Inorreta y Carmen Pena, ambos ya fallecidos, y hermano de Nelly Ester y Dionisio.
“Querido tío: te vamos a extrañar los domingos a la mañana que venías a visitar a tu hermana Negra, después de haber ido al cementerio a ponerle una flor a tus padres y a tu hija Ethel.
Los asados de los domingos, que venías a casa a charlar con Saúl, mientras cocinabas tomaban un vaso de vino. Los recuerdos de cuando eran jóvenes con tu cuñado Quico.
¡Cómo nos hacías enojar, cuando no querías ir al médico, y tu sobrina Lidia te sacaba los turnos y te acompañaba a hacerte todos los estudios.
Después de tanto sufrimiento podrás descansar en paz junto a tus padres. Siempre estarás en un rincón de nuestro corazón”.
(Tu hermana Negra, tu cuñado Quico; tus sobrinas Lidia y Stella; tus sobrinos políticos Armando y Saúl y tus sobrinos nietos Gastón, Mariana, Esteban y Nicolás).
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
A la edad de 79 años, el pasado lunes 18 del corriente dejó de existir José Inorreta, causando dolor y angustia entre sus familiares y amistades.
José, conocido como “Toto” o “Vasco” había nacido el 20 de septiembre de 1931; era hijo de Manuel Inorreta y Carmen Pena, ambos ya fallecidos, y hermano de Nelly Ester y Dionisio.
“Querido tío: te vamos a extrañar los domingos a la mañana que venías a visitar a tu hermana Negra, después de haber ido al cementerio a ponerle una flor a tus padres y a tu hija Ethel.
Los asados de los domingos, que venías a casa a charlar con Saúl, mientras cocinabas tomaban un vaso de vino. Los recuerdos de cuando eran jóvenes con tu cuñado Quico.
¡Cómo nos hacías enojar, cuando no querías ir al médico, y tu sobrina Lidia te sacaba los turnos y te acompañaba a hacerte todos los estudios.
Después de tanto sufrimiento podrás descansar en paz junto a tus padres. Siempre estarás en un rincón de nuestro corazón”.
(Tu hermana Negra, tu cuñado Quico; tus sobrinas Lidia y Stella; tus sobrinos políticos Armando y Saúl y tus sobrinos nietos Gastón, Mariana, Esteban y Nicolás).
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
JORGE FEDERICO CHRISTENSEN
Pesar y tristeza ha provocado la noticia del fallecimiento del doctor Jorge Federico Christensen, un querido y conocido hombre con una activa participación social en distintas instituciones y empresas tandilenses, quien contaba con 89 años de edad.
“Colo” Christensen nació en esta ciudad el 5 de junio de 1922; se crió en la estancia La Danesa, que perteneció a sus abuelos y que explotaban su padre y un tío. Según recordó en una entrevista, “ahí tuve una maestra durante dos o tres años, y aprendí mis primeras letras. Fue una maestra excepcional que me permitió incorporar conocimientos elementales de la vida que me sirvieron mucho”.
Mas tarde ingresó al Colegio San José, donde cursó sus estudios hasta el segundo año nacional y luego se recibió de bachiller en el Colegio Nacional de Azul.
Después se fue a estudiar a La Plata, donde en la universidad de esa ciudad recibió el título de abogado.
En el año 1953, ingresó como director del Banco Comercial del Tandil, con poco más de 30 años de edad, desde donde encabezó un proceso de importantes ayudas y colaboraciones solidarias a distintas instituciones de la ciudad, como el Museo o el Hogar de Niños y Niñas.
En la década del ´60 fue uno de los fundadores del Banco Federal, una entidad que unificaba a todos los bancos pequeños del interior en uno central en Buenos Aires, y que todo ese flujo de depósitos o de ingresos, pasara por esa entidad bancaria, de la cual fue su presidente durante treinta años.
Según contaba “nosotros en una época hicimos algo muy importante, silenciosamente, sin gran organización ni oficinas grandes y pomposas. Un plan de 2.500 viviendas nuevas. Remodelamos casi 1.800 con recursos propios y sin ninguna ayuda. Pavimentamos una enorme cantidad de cuadras con una ordenanza tipo que hicimos con la Municipalidad, el Banco y la GOP, aquella famosa empresa que pavimentó Tandil. Así logramos sacar a la gente del barro”.
En su extensa trayectoria social, presidió instituciones tan dispares como el Tandil Golf Club y la Asociación de Abogados local, de la que también fue el primer titular.
En nuestra ciudad estuvo en el Rotary Club, Biblioteca Rivadavia, Museo Municipal de Bellas Artes, entre otras; fue síndico de Tandilco S.A. y de Uzandizaga y Cía, además de síndico y abogado de Ciao y Cía.; mientras que en Capital Federal, ocupó cargos como vicepresidente de la Compañía de Seguros La Tandilense S.A., director de Visa International, presidente de la Asociación de Bancos del Interior de la República Argentina y presidente de la Asociación de Bancos Argentinos.
Su partida es lamentada por sus hijos Alejo y María José Areco, Gerardo y Emilse Vulcano, Mauricio y María Julia Elissondo y Sonia, junto a sus nietos: Alejo, Federico, María José y Sofía Christensen Areco, Belén, Paula e Iván Christensen Vulcano, Julia, Mora y Marina Christensen Elissondo, que elevan una plegaria por el eterno descanso de su alma.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
JOSEFINA HERMINIA SERITTI
El pasado lunes 18 del corriente falleció Josefina Herminia Seritti, una querida y conocida artista plástica tandilense, que contaba con 93 años de edad.
Josefina había nacido en esta ciudad el 29 de abril de 1918; era hija de Vicente Seritti y de Magdalena Lunghi y tenía una hermana: María Elena.
Cursó su primer año escolar en casa de una maestra particular: Marcelina Alessi. El padre pretendió que siguiera con esa enseñanza domiciliaria, pero viviendo a media cuadra de la Escuela Nº 1, la directora exigió la presencia de Josefina como alumna regular junto a otros niños.
Tanto afecto y compañía, el cultivo de la plástica y la música clásica, los relatos de su madre y las narraciones del libro Corazón, del italiano Edmundo D´Amicis, fueron modelando un refinado y recatado espíritu que fue volcando en sus pinturas.
Tras finalizar sus estudios en la Academia de Bellas Artes, enseñó dibujo y pintura en todos los niveles con gran dedicación. Al mismo tiempo presentaba sus obras en muestras locales y regionales, con retratos, flores y bodegones, que siempre gozaron de gran aceptación pública.
Asimismo, Josefina pudo elaborar otra vía espiritual de carácter religioso. Asistía a retiros con cierta frecuencia y se fue sintiendo atraída, como a Frá Angelico, el arte la conducía a Dios.
Asimismo, efectuó los cursos de la Escuela de Enfermería y trabajó veintisiete años en el quirófano de la Clínica Chacabuco; siguió pintando sus flores y acuarelas con la misma pasión y el color que la acompañó durante toda su existencia.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
BLANCA NOEMI DE VINCENTI de CARCIOCHI
El pasado lunes 11 del corriente, a la edad de 63 años, se apagó la vida Blanca Noemí De Vincenti de Carciochi, tras luchar por largos siete años con una cruel enfermedad.
“Blanquita” era una mujer de buen humor, positiva, de buena honda, en la sala de oncología del Hospital “eras muy querida por ser simpática y buena, siempre fuiste amiga, madre y compañera de todos.
Mamá: te recordamos tu marido Juan, tu hermana Chela, tus hijos Iván, Yanina y Nancy, tu nuera Andrea, tus yernos Walter y Miguel, con mucho cariño tus nietos Ivana, Nicolás y Benjamín y en mi pancita los “meyi” de siete meses Javier y Facundo, a los que les habría gustado conocerte, pero al igual que yo preferimos que partas con el Señor y la Virgen, sin dolor, sin sufrimientos para que puedas descansar en paz.
Sé que vas a ser un ángel para cuidarnos y guiarnos a todos nosotros. Te extrañamos mucho y danos fuerzas para seguir adelante. Te queremos y siempre te vamos a recordar”.
Sus seres queridos agradecen al Hospital y a las personas que la atendieron con tanto amor, cariño y respeto.
Sus restos, previo velatorio, fueron inhumados en el cementerio parque Pradera de Paz.
JOSE MOLINARIS
A los 83 años de edad, el pasado viernes 15 del corriente falleció José Molinaris, dejando un profundo dolor entre sus familiares y amigos.
“Pino” Molinaris nació el 28 de noviembre de 1927 en San Martín de las Escobas, provincia de Santa Fe.
Llevó una vida intensa de trabajo y se dedicó a lo que era su pasión: la construcción, ya que fue maestro mayor de obra. Trabajó en Capital Federal hasta los 40 años cuando se casó con Rosa Ballerini, en María Ignacia (Vela). A partir de entonces se radicó en dicha localidad en donde siguió con una ardua vida laboral en el campo, como agricultor.
“Tus hermanos, sobrinos y sobrinos nietos te recordaran siempre y vivirás en nuestros corazones”.
“Pino” Molinaris nació el 28 de noviembre de 1927 en San Martín de las Escobas, provincia de Santa Fe.
Llevó una vida intensa de trabajo y se dedicó a lo que era su pasión: la construcción, ya que fue maestro mayor de obra. Trabajó en Capital Federal hasta los 40 años cuando se casó con Rosa Ballerini, en María Ignacia (Vela). A partir de entonces se radicó en dicha localidad en donde siguió con una ardua vida laboral en el campo, como agricultor.
“Tus hermanos, sobrinos y sobrinos nietos te recordaran siempre y vivirás en nuestros corazones”.
CARLOS ALBERTO DIAZ
El pasado martes 12 del corriente, tras luchar tenazmente con una cruel enfermedad, Carlos Alberto Díaz, se durmió en la Paz del Señor, a la edad de 66 años.
“Cacho” Díaz nació en Temperley el 1 de enero de 1945; era hijo de María R. Barbosa y Antonio Díaz; conformando una familia junto a sus hermanos: María Elida Díaz de Miguens y Antonia Díaz de Rivas.
Cuando él tenía seis años, la familia se radicó en esta ciudad y se crió entre nuestras sierras en donde cosechó numerosos amigos que hoy lloran su partida. Cursó sus estudios en la Escuela Nº 1 y luego de cumplir con el servicio militar comenzó a trabajar en la industria del vidrio, hasta que se incorporó al Cuerpo de Bomberos, que fue el sueño de su vida.
Se aferró a su profesión con alma y vida, ya que dejó horas de sueño para armar autobombas, repararlas en tiempos donde todo era escaso y mantener las unidades era una prioridad para cumplir con los ciudadanos.
Pasó agotadoras horas combatiendo el fuego en las sierras, con poca tecnología y material, pero con mucho corazón.
Conformó su familia con Norma Freire, con quien tuvo cuatro hijos: Graciela, Viviana, Cristian y Celeste. Siempre luchó por la unidad de su familia a la que trasmitió sus valores.
Luego de su retiro continuó trabajando en la agencia de Germán Fernández, en donde siguió cultivando amigos. Hoy todos lloran su partida junto a su esposa, hijos, sus dos yernos Marcelo Digiovanni y Sergio Andraca y sus amados nietos Eloy, Esteban, Florencia, Catalina, Manuel, Luz, Felipe, Thiago y Valentina. “Tu recuerdo siempre estará en nuestro corazón”.
Sus restos fueron inhumados en el cementerio parque Pradera de Paz.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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