Necrológicas
VICENTE SCALI
“A los 97 años de edad se nos fue sin avisar Vicente Scali, un ejemplo de vida, de esos que ya no quedan, una historia de vida extraordinaria, que era maravilloso oírselas contar.
Nacido en su amada Mammola, provincia de Reggio, en Calabria, estuvo en la guerra, prisionero quedó en Francia, donde aprendió el idioma y aún hoy cantaba en francés.
Luego de la guerra vino a la Argentina, a la que llegó a amar como a su patria; con su mujer y sus dos hijas lucharon como todo inmigrante, hasta tener su casa, en la que empezó a disfrutar de sus numerosos nietos y bisnietos, que lo recordarán con todo el amor que él le transmitió. Fue durante muchos años el quintero del Hospital Municipal Ramón Santamarina, donde alcanzó su merecida jubilación.
Don Vicente era uno de esos personajes inolvidables que quisiéramos tener siempre a nuestro lado, pero la ley de la vida y de Dios hizo que tuviera que partir para encontrarse con su compañera. Allá, seguramente, estos dos calabreses infatigables estarán haciendo nuevos proyectos.
Sólo decimos ¡Hasta pronto don Vicente! Ya nos encontraremos”.
YUHAD MAHMUD ALI
Pesar y tristeza ha provocado la noticia del fallecimiento de Yuhad Mahmud Alí, un querido y respetado hombre que contaba con los 76 años de edad.
“José” –como lo llamaban sus seres queridos- nació en Benito Juárez el 21 de septiembre de 1935; sus padres fallecieron cuando era muy pequeño, quedando con sus cuatro hermanas: Sara (f), Nora, Yolanda y Carmen.
El 27 de marzo de 1963 se casó con Amelia Veloz, de cuya unión nacieron sus dos hijos: Gustavo José y Marcos Fabián; la vida le regaló siete nietos: Betsabé, Eileén, Yamile, Emir, Samira, Amin y Zahir, quienes lo llevarán por siempre en su corazón a su abuelo “Coco”. ¡Te vamos a extrañar mucho!
Sus familiares agradecen profundamente a los doctores Abitante, Barillaro, Vito Mezzina, Mariel Louge, Paula Martínez y a todo el personal de la Clínica Chacabuco: enfermeros, técnicos, mucamas, etcétera. ¡Muchas gracias por su profesionalismo y dedicación para con los enfermos. Que Dios los bendiga!
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
Dedicatoria:
“Coco: ¡Abuelito mío! Te quiero volver a decir que te amo con todo mi corazón, que aunque ya no estés acá, sabés que siempre te voy a llevar conmigo.
Toda tu vida fuiste un gran hombre, ¡me enseñaste muchísimas cosas! Estoy orgullosa de haber tenido el abuelo que tuve.
Fuiste, sos y vas a ser siempre el único y el mejor. Yo de acá y vos de allá ¡a cuidar a la Abu! que te extraña mucho ¡Todos te extrañamos!. Es raro estar sin vos, ya que eras una personita que siempre se veía. Pero bueno, las cosas se dieron así, por ahí medio rápido, pero siempre disfrutaste todo.
Me duele saber que ya no te tengo, pero sé que ya no sufrís y descansás en paz.
Esto no es un hasta nunca, sino hasta luego, porque algún día nos vamos a volver a encontrar.
Coco, me voy despidiendo ¡te extraño y te amo mucho! Cuídanos a todos. Un beso.
Por siempre, tu nieta Eileén”.
– – – – – – – –
“Coco: Abuelito: hoy en día ya no caminas a mi lado, acompañándome como lo hiciste en estos 18 años, y no te imaginas el inmenso dolor que se siente, es inmenso el vacío que hay en la casa, sin tu presencia…
Quiero que sepas que te extraño muchísimo, y me hubiese gustado que estés con nosotros muchos años más.
Te agradezco por todo lo que me brindaste, gracias a vos crecí… También tengo que pedirte perdón por todas las veces que te hacía renegar, pero al ratito hacías como si nada hubiera pasado.
Sé que vamos a estar juntos y me vas acompañar por el resto de mi vida, aunque no te vea. Yo sé que me vas alentar y quiero que sepas algo… en mi corazón siempre te voy a llevar y nunca te voy a dejar de amar.
Tu nieta: Betsabé Amira.
GENARO NESTOR SANTILLAN
El pasado 8 del corriente falleció en nuestra ciudad Genaro Néstor Santillán (Chiquito), dejando un profundo dolor entre sus familiares, amigos y seres queridos.
“Carta: “Chiquito” después de mucho tiempo dejó de sufrir, él ahora está en el cielo en el lugar que se ganó después de haber vivido entre nosotros, mostrándonos y demostrándonos con su ejemplo cómo era la construcción de una buena persona.
Yo lo conocí, cuando él estaba bien, cuando recién empezábamos a caminar por la vida de adultos, él fue quien me transmitió a mí y a los que estábamos a su alrededor el amor por la naturaleza, por las cosas simples, por sentarnos a la orilla de un arroyo y ver pasar tranquilamente el agua, y sentir la sensación de bienestar que produce sentir el olor del pasto recién cortado y la tierra mojada después de la lluvia. A sentir el cantar de los pájaros y con eso ser inmensamente feliz.
En esas excursiones de pesca, él decía que Dios era eso: la mansedumbre del agua. Lo feliz que se sentía al ver la inmensidad del mar y sentirse parte de la creación. Y que el hombre iba a ser totalmente feliz, cuando solo se preocupa por amar a alguien, pero principalmente a todo lo que lo rodeaba, sus hijos, hermanos y su familia.
Creo que más allá de todo lo que sufriste en estos últimos años, te has ido feliz porque te llevaste el amor y el cuidado de Gabriela, tu hija. Que estuvo junto a vos en la enfermedad.
Hubo algo que llegó muy profundamente en tu despedida y fue cuando Luisito, tu hijo, te dijo: “Que bien la pasé con este loco”. “Cómo nos divertíamos”. “Cuánto lo quise”.
Diste amor y compañía a los tuyos cuando el sufrimiento y la enfermedad se hizo presente, pero tus hermanas Graciela y Pirucha, junto a Chiche tu hermano, también estuvieron junto a vos durante todos estos años de dolor.
Espero que todo lo que aquí sembraste, tenga su beneficio allá donde estés. Quiero que estés seguro que nunca te vamos a olvidar, que te llevaremos por siempre en nuestros recuerdos y en nuestros corazones.
Gracias le doy a la vida por haberte conocido, fuiste y serás aquel al que recordaré, porque siempre me decías. “Luisito, no hay nada más lindo que estar sentado en el pasto haciendo nada y sentir la grandeza de Dios tan cerca”.
Chau Chiqui.
LETICIA AIDA NERI de ALVAREZ
El pasado miércoles 20 del corriente, falleció Leticia Aída Neri de Alvarez, una querida mujer que contaba con 89 años de edad.
Aída vivió su infancia en la zona de El Centinela, hasta que se casó con Delfino Alvarez (f). Fruto de ese matrimonio nacieron sus hijos Rubén y Graciela. Lamentablemente con sus chicos muy chicos quedó viuda, trasladándose a la ciudad.
Poco después instaló un kiosco, que atendió por espacio de 45 años. El emblemático negocio estaba ubicado en avenida Del Valle (al lado de la compra de hierros de Salvi). Los días viernes y sábado contaba con la compañía de su sobrina Teresita, quien atendía su peluquería en el lugar, siendo Aída la primera clienta del día.
Con el paso de los años cosechó la amistad de los vecinos del barrio, compartiendo con sus amigas muchas tardes de té. Sus sobrinos Pura, Quique y Juan Carlos venían siempre desde lejos a visitarla.
También la vida le dio seis nietos: Carolina, Gabriela, Martín y Santiago Alvarez, Luciana y Nicolás Sansalone; además de dos bisnietos: Delfina Canale Alvarez y Agustín Juárez; quienes junto a sus hijos políticos Franco Sansalone y Liliana De la Canal, primos y sobrinos lo llevarán eternamente en su corazón
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
MARCELO EDUARDO DOMINGUEZ
Como consecuencias de las graves heridas recibidas en un cruento accidente rutero, acaecido cerca de Blanca Grande, el pasado viernes 15 del corriente falleció Marcelo Eduardo Domínguez, que contaba con 36 años de edad.
Marcelo había nacido en esta ciudad el 21 de octubre de 1974; transcurrió su infancia en la estancia Acelain, donde trabajaban sus padres, siendo el menor de cinco hermanos. Cursó sus estudios primarios en la Escuela Nº 13, de María Ignacia (Vela) y los secundarios en la Escuela Media Nº 3 “República del Ecuador”, de Tandil. También conoció el dolor profundo a los 18 años, con la muerte de su padre Carlos.
Amante de nuestro folclore, participó en numerosas peñas. Comenzó su actividad laboral trabajando en la herrería familiar El Progreso; posteriormente ingresó en la firma Martínez Goya, y luego, ya como profesional transportista en Tripodi Chapas y en la empresa Forestal Pico, donde se desempeñaba actualmente.
Sus exequias, previo velatorio, se efectuaron en el Cementerio Municipal.
RUBEN RUEDA
El pasado sábado 16 del corriente, en la ciudad de Palma de Mallorca (España) falleció Rubén Rueda, un conocido hombre tandilense que contaba con 75 años de edad.
Rubén había nacido en Tandil el 3 de febrero de 1936, había conformado su hogar junto a su esposa Isolina Pilar Mercado; sus hijos Marcela y Martín, su hijo político Guillermo, sus nietos Ramiro y Lisandro
Sus restos han sido cremados y permanecerán en España país de residencia de la familia.
CARLOS SCOLZ
Profunda tristeza produjo la desaparición de Carlos Scolz, entre todos los seres que lo amaban, como su esposa Norma y sus hijos Carlitos, Walter y Andrea; fue cariñoso abuelo de su nieta Indira y quiso mucho a sus hijos políticos Maxi, Fátima y Alejandra, además de su nieta del corazón Monserrat.
Carlos nació el 21 de septiembre de 1931; desde muy joven trabajó en la herrería de Marega, estudió en la Escuela Técnica “Felipe Senillosa y luego, a los 20 años, se dedicó al arreglo de radios y combinados en la calle Chacabuco al 1300, soportando la inundación que lo dejó sin nada, pero como siempre siguió luchando y abrió un local tipo bazar en calle General Rodríguez al 1000. Ya casado tuvieron dos hijos, de los que se hizo cargo al enviudar muy joven.
Para ese entonces ya estaba trabajando en la Usina Popular y Municipal del Tandil, su segundo hogar, donde se desempeñó como jefe de Laboratorio y después como jefe de Explotación.
Se casó en segundas nupcias con Norma, con quien tuvo a su única hija mujer: Andrea.
Después de 34 años de servicio en la empresa a la que dedicó gran parte de su vida, se jubiló.
Y como es la vida, que Dios decidió llevárselo en Semana Santa, su momento más esperado ya que durante más de cuarenta años, en forma desinteresada, se dedicó a la iluminación de las Escenas de la Redención.
Ya jubilado, acompañó en los emprendimientos de la familia, estando a disposición de todos los que le pidieran ayuda.
Fue un gran luchador con su salud toda su vida, pero estaba cansado de tanto sufrir, acompañado por Norma, el sostén en su vida y en su enfermedad.
Ahora, sus restos ya descansan en paz en el cementerio parque El Paraíso.
JUAN CESAR LEEGSTRA
Tras soportar los procesos de una cruel enfermedad, el pasado jueves 14 del corriente, falleció Juan César Leegstra, un querido y respetado hombre que contaba con 74 años..
Juan había nacido en Salto (República Oriental del Uruguay) el 30 de agosto de 1936, pero desde niño llegó a Tandil con sus padres Jacobo Leegstra y María Teresa Travers, y sus dos hermanas Teresita y Ruth. Aquí cursó sus estudios primarios y secundarios recibiéndose de Técnico Mecánico con la primera promoción de la Escuela Industrial de la Nación en 1955, que funcionaba en Las Heras y 9 de Julio.
Había conformado su familia con Waltraud Hellmund y con su hijo Roberto, y su vida personal siempre estuvo volcada al cuidado de su querida familia.
En la actividad laboral ingresó a la empresa IKA Renault, agencia Centromotor, donde se destacó por su responsabilidad y eficiencia con que se desempeñó en la sección electricidad y aire acondicionado del automóvil, logrando tras 30 años de trabajo, su jubilación. Aficionado a la mecánica, electricidad y a las motocicletas, disfrutaba de su hobby cada día, actividad que fue transmitida y compartida con su hijo.
Sus restos, previo velatorio en la Iglesia Luterana Danesa fueron inhumados en el Cementerio Municipal, sector Danés.
IDELFONSO MACHAIN
El pasado sábado 23 del corriente y cuando contaba con 66 años edad dejó de existir Idelfonso Machain, causando dolor y pesar entre sus familiares y amistades.
“Gordo” Machain había nacido en esta ciudad el 8 de junio de 1944; era hijo de Francesca Inza e Idelfonso Machain.
Su temple y fuerte carácter no ocultaban su generosidad, bondad y afecto… así lo recuerdan sus hermanos, sobrinos y sobrinos nietos.
Se educó en un hogar donde el valor de ser familia fue fundamento de su forma de ser.
Inició sus estudios en el Colegio Sagrada Familia, continuando luego hasta su culminación en el Colegio San José.
Se desempeñó en tareas rurales destacándose por su laboriosidad y por ser un vecino solidario.
“Tus familiares siempre te llevaremos en el recuerdo y en el corazón; no pasará un día de nuestras vidas en que no apliquemos los valores que compartiste con nosotros. Que el Señor de los Cielos ilumine tu camino para hallar el lugar que te mereces”.
Su familia agradece en su extensión, a todas aquellas personas que se acercaron para despedirlo y apoyarnos en este momento de inmenso dolor”.
Sus restos descansan en el Cementerio Municipal.
JOSE ALBERTO SOBOL
En las trágicas circunstancias que diéramos a conocer oportunamente, el pasado martes 26 del corriente, nos dejó José Alberto Sobol, un conocido hombre que contaba con tan solo 30 años de edad.
José nació el 11 de noviembre de 1972. Se caracterizó por ser un tipo simple, humilde y siempre de buen humor. Fue un trabajador que luchó día a día. Conformó la familia con su esposa María Maza y tuvo dos hermosos hijos, Karen y Kevin.
El fútbol lo acompañó toda su vida, jugando en Tandil, Ayacucho, el fútbol Agrario y el Senior para Deportivo Tandil. En su último paso por las canchas conformó un gran grupo de amigos, con los que se rió e hizo reír hasta sus últimas horas. Es un espacio que no podrá ser ocupado por nadie.
Su familia, compañeros y todos los que lo conocieron “comenzamos a extrañar sus gestos, miradas y salidas alegres. Siempre estará en el corazón de quienes compartieron parte de su vida junto a él. No hemos perdido a nadie, solo se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además, lo mejor de él, el amor, sigue en el corazón de los que lo conocimos”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
VICTOR ANDRES RIVERO
Con tan solo 36 años de edad, el pasado sábado 16 del corriente se apagó la vida de Víctor Andrés Rivero, tras sufrir un accidente de tránsito.
Víctor nació en esta ciudad el 2 de diciembre de 1976 y era hijo del matrimonio conformado por Angélica Graciela Mañas y Eulogio Rivero; integrando una familia junto a sus hermanos Raúl, Ariel y Milagros.
Creció en Villa Italia, cursó estudios en la Escuela Nº 21, terminando en la Escuela Nº 28 de Azucena; había formado su familia junto a su esposa Lucrecia Prezioso y sus hijas Renata y Martina.
Era una persona muy querida por familiares y amistades; trabajaba junto a sus hermanos en la construcción: Era amante de la caza, la pesca y el folclore y disfrutaba de las fiestas tradicionales.
Era simpático y cariñoso con sus seres queridos, que siempre lo recordarán con toda su alegría y su sonrisa. “Te recordaremos como una gran persona, de gran corazón y de los buenos momentos que nos regalaste por esas tres cosas tan valiosas. ¡te vamos a extrañar y recordar siempre! Descansa en paz”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque El Paraíso.
JORGE FEDERICO CHRISTENSEN
“La biblioteca popular Bernardino Rivadavia halló en el doctor Jorge Federico Christensen, uno de los apoyos económicos e institucionales más significativos desde que en 1988, un nuevo grupo de asociados encaró la empresa de actualizarla, modernizarla y prepararla para ingresar en el siglo XXI.
El doctor Christensen puso toda su influencia en el recordado Banco Comercial que presidía, en sus estructuras técnicas y en el prestigio mismo que ello involucraba, para asociarse a la gesta de la Casa de Libros y de Educación Popular.
Su sólo respaldo valió muchas otras adhesiones y muy pronto fue palpable que los antiguos bríos de la Biblioteca estaban tan frescos como los de su etapa fundacional.
El mismo y a través de su hijo Alejo –que aceptó integrar la comisión directiva en los primeros años de la nueva gestión- abrió paso a la Informática con la aparatología del momento.
Retirado ya de la actividad financiera, siguió de cerca la evolución y el crecimiento de la Biblioteca y en más de una oportunidad hizo llegar su apoyo, sus palabras de aliento y sus silenciosas contribuciones, en la certidumbre –como él mismo lo expresara más de una vez- de que era su forma de apoyar al engrandecimiento de la ciudad.
Biblioteca Rivadavia.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios