Necrológicas
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu email
ROSA NILDA OSQUIGUIL de VESCIUNAS
El pasado miércoles 4 del corriente se apagó la vida de Rosa Nilda Osquiguil de Vesciunas y sus compañeros de la Unicén la recuerdan así:
“Bienvenida, Rosita: por tercera vez en lo que va de este año la vida había demostrado, con una dura despedida, que es eso que pasa a la vuelta de la esquina cuando estamos distraídos haciendo otras cosas. De nuevo, con otra realidad cruel, la madurez institucional nos invitaba a aceptar lo inaceptable.
Azuleña de origen y tandilense desde hace muchísimo había llegado a nuestra Universidad cuando aún destellaba el colosal sol de la nacionalización. Trabajó como no docente en la Tesorería general y, enseguida, su personalidad ganó el diminutivo Rosita. Su apellido sólo figuraba en la foja. No era necesario, tal era la inconfundible transparencia que inspiraban su forma de ser condensada en el apodo.
Trabajo apasionado, fidelidad inconmovible y contagioso sentido de pertenencia. Nunca de brazos caídos. Con fuerza. Invitando a dar más y más. A que se podía, pese a todos los obstáculos.
En el `87 su vida cambió de rumbo, pero en el 2000 regresó, esta vez a la facultad de Ciencias Económicas. Lo hizo, desafiante, como diciéndole al siglo nuevo que nunca se va quien siempre está volviendo.
Llamada hace dos años a ejercer la tamaña responsabilidad de coordinar en el Campus el Comedor Estudiantil autogestionado, incluidos los de Azul y Olavarría, aceptó el reto y se separó de Económicas, su facultad entre las facultades.
Corajuda hasta la médula, desafió una enfermedad sin menguar un ápice la intensidad de su trabajo. Hasta desoyendo recomendaciones. Convencida de que nuestra Universidad, su segundo hogar, la necesitaba; sólo la dejó cuando su cuerpo no dio más. Jamás antes.
Al irse, a los 60 años de edad, ha dejado una ausencia profunda en los suyos y en sus compañeros de trabajo, dibujada en una huella universitaria trazada por alguien que caminó e hizo mucho por los demás.
Quizá por eso sea un consuelo pensar que muere nada más que aquello que termina. Y Rosita no ha terminado, su ejemplo sigue en nosotros. Sólo acaba de pasar, bienvenida, a un sitial de privilegio en los corazones de toda la comunidad de su amada Unicén. Allí está. Y lo hará por siempre”.
HERMINIA VEIGA de URRUTIA
Tras soportar los procesos de una prolongada dolencia, el pasado jueves 28 de abril falleció Herminia Veiga de Urrutia, una querida y apreciada mujer que contaba con 81 años de edad.
Herminia nació en esta ciudad el 6 de julio de 1928; desde muy joven trabajó en tareas de limpieza en El Eco de Tandil y más tarde en el Club Español, además de ser una eficiente ama de casa.
Había conformado su hogar junto a su esposo José Manuel Urrutia (f), y tenía tres hijos, hijos políticos, 12 nietos y 7 bisnietos, quienes piden una oración en su memoria.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
AQUILES DAVID CAVIGLIA
Cuando contaba con 82 años de edad, el pasado viernes 29 de abril, dejó de existir Aquiles David Caviglia, uno de los más grandes referentes del fútbol tandilense, que pisó una cancha, en las décadas del ‘50 y ’60.
Don Aquiles había nacido en esta ciudad el 18 de diciembre de 1928. Más allá de su trayectoria en equipos tandilenses, integrando en diferentes épocas a Defensa Tandil, Santamarina, Ferrocarril Sud e Independiente, también vistió las casacas de Atlético Mar del Plata y Juarense; además de haber integrado en varias ocasiones el seleccionado tandilense, especialmente el que se consagró campeón provincial en 1960, y una recordada formación de Banfield, en los comienzos de los ‘50.
Aquel logro se cristalizó gracias al empate (2-2) logrado en la visita al representativo de Mar del Plata, rival al cual los serranos habían vencido 3-1 en el partido de ida.
Sus notables condiciones hicieron que River Plate se fijara en él y después de jugar en la reserva varios encuentros fue cedido a Banfield, a principios de 1951, como parte del pase de Juan José Pizzuti. Enseguida se acopló a un plantel albiverde que ese mismo año haría historia, perdiendo la final del campeonato frente a Racing, por 1-0.
Aquiles era habitualmente suplente en una delantera famosa del Taladro, y en una época en la que no existían los cambios. Así, su debut se produjo por la lesión de uno de los integrantes de la delantera, Nicolás Moreno. Y su presentación no pudo ser mejor, porque hizo el gol de la victoria frente a Newell’s Old Boys, que en el arco tenía a Julio Elías Musimesi. Los cinco delanteros de Banfield eran una de esas formaciones que el hincha recita de memoria: Converti, José María Sánchez, Albella, Moreno y Huarte.
En aquella recordada final del ‘51, Banfield cayó frente a Racing Club.
Estuvo hasta 1954 en Banfield, y luego paseó su calidad de goleador por Chile y Uruguay, hasta que un desprendimiento de retina lo obligó a alejarse del fútbol profesional. Su carrera se cerró disputando la liga tandilense, y demostrando la vigencia de su talento.
Su partida es lamentada profundamente por su hijo Jorge y sus nietos Josefina y Magdalena, quienes elevan una plegaria por el eterno descanso de su alma.
Sus exequias, previo velatorio, se efectuaron en el cementerio parque Pradera de Paz.
HAYDEE SUSANA BRUNO de ARISTEGUI
Con muestras de pesar y tristeza fue recibida la noticia del fallecimiento de Haydeé Susana Bruno de Aristegui, una querida y estimada mujer que contaba don 84 años de edad.
Haydeé nació en esta ciudad el 30 de octubre de 1926; era hija de descendientes italianos; vivió su niñez junto a sus padres Nicolina Rizzo y José Bruno, sus hermanas Blanca, Elena, Cayetana y su hermano José que falleció a muy temprana edad.
En su juventud conoció a Héctor Urlis “Toto” Aristegui con quien contrajo matrimonio el 6 de abril de 1956; más tarde nació su hijo Osvaldo, a quien le brindó todo su amor y cuidados hasta el final de sus días.
Trabajó durante muchos años en distintas comisiones de la Sociedad de Fomento Unión y Progreso. Aquí se recibió de profesora de cocina y repostería, tarea que desarrolló durante un tiempo prolongado, adornando sus tortas en innumerables mesas de casamientos y cumpleaños.
También compartía su tiempo son sus sobrinos Juan Carlos, Lidia, Ricardo, Alberto, Marta y sus respectivas familias. Y sus sobrinos políticos a quienes adoraba.
Con el paso de los años, su hijo formó su familia, se casó con Susana Ordoqui, a quien ella quiso como a una hija propia, y juntos le dieron la alegría de disfrutar de su primera nieta: Eliana que iluminó su vida y a su esposo, a quien el destino al poco tiempo se lo llevó de su lado y con él parte de su alegría.
Luego, la llegada de su segundo nieto: Juan María volvió a iluminar su vida y mitigó es parte su dolor.
Así fueron transcurriendo sus años, siempre dispuesta a compartir momentos con su familia. Y disfrutar de todas las reuniones que hubiera en el Centro de Jubilados de Villa Italia, con sus amistades y donde podía desarrollar su hobby, que era cantar algún tanguito o recitar algún verso.
“¡Gracias Viejita, por todo lo que me diste y enseñaste, seguirán caminando a mi lado por siempre”.
(Osvaldo).
ANGELA CONSENCION RODRIGUEZ de ALZUETA
Cuando contaba con 89 años de edad, el pasado martes 3 del corriente se apagó el gran brillo de Angela Consención Rodríguez de Alzueta, dejando tristes y angustiados a toda su gran familia.
“Teté”, como le llamaban familiares y amigos, nació en Gonzales Chaves el 21 de noviembre de 1921; muy joven se casó con Roberto P. Alzueta, siendo buena madre de sus cinco hijos: Edgardo, Margarita, Antonio, Gloria y Gustavo.
Sus últimos años lo disfrutó junto a sus seres más queridos: hijos, hijos políticos, nietos y bisnietos.
“Teté, te extrañamos mucho pero sabemos que de donde estás nos vas a cuidar mucho como siempre nos cuidaste.
Gracias por todo lo que has hecho por nosotros. También sabemos que en donde estés, vas a estar muy feliz y eso es lo que nos da fuerzas a nosotros. ¡Te queremos mucho!”.
CARLOS ANDINA
Tras soportar una breve dolencia, el pasado jueves 28 de abril dejó de existir Carlos Andina, un querido y muy honesto hombre que contaba con 73 años de edad.
Carlitos nació en Lobería el 23 de enero de 1938; desde muy joven se dedicó a la actividad de la construcción, iniciándose en la empresa Pagnacco Hermanos, hasta que se independizó, y trabajó como albañil por cuenta propia, hasta alcanzar su merecida jubilación.
En su juventud se casó con Zunilda Lucrecia Romano y ambos habían conformado una familia junto a sus hijos Carlos Alberto y Marta Lucrecia, que más tarde sumaron a sus hijos políticos Sandra Sarti y Rodolfo Ponce, además de disfrutar del cariño de sus nietos Ezequiel y Franco, quienes hoy extrañan su presencia, pero queda en ellos la imagen de su figura, sabiendo que descansa en paz junto al Señor.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque El Paraíso.
Dedicatoria:
“Papi, como te decíamos siempre…Llegaste a este mundo cerca de Lobería, precisamente en el paraje La Defensa; donde entonces tu balanza pesaba más penas que alegrías.
Tu tenacidad, rectitud y afán hizo que llenaras ese vacío de familia que te silenciaba, el tiempo te lo premió conociendo al amor de tu vida: mamá Zunilda, una fusión entrelazada, que duró 47 años y pasará a la eternidad.
Construiste con tus propias manos y mucho sacrificio tu casa, nuestro hogar, el nido para tus dos pichones: mi hermana Marta y quien te escribe.
El gran anhelo de la familia se cumplía… trabajaste en la construcción con gran tesón para que nada nos faltara: acompañando, conteniendo y apoyando a mi hermana; que lo necesitó más que yo, pero tu gran corazón jamás hizo diferencias.
Con la llegada de tus nietos, Ezequiel y Franco, tus ojos brillaron de alegría al vernos, todos unidos en tu mesa.
En los últimos años viajabas seguido a tu ciudad natal; en diciembre último, pudiste cumplir otro gran sueño, pasear por tu recordado cuartel de Río Gallegos. Volviendo el tiempo 52 años atrás. ¡Qué hermosa sensación Papi! hasta te estás cuadrando en la foto de la portada; fanático de Boca Juniors, renegaste con Palermo tu último domingo, junto a Rodolfo, mi cuñado.
Cosechaste un montón de amigos y buenos vecinos, algunos del barrio, que lo vio reflejado claramente el día que te fueron a despedir; una silenciosa y cruel enfermedad, rápida como un rayo, nos arrebató tu cuerpo, enfermo, pero nosotros ganamos de mano con tu alma, que vive y vivirá eternamente con nosotros Papi.
Naciste guachito, pero no te vas solito; te llevaste nuestro inmenso amor, cariño, caricias y besos con los que te inundamos en ese breve tiempo que nos dio la enfermedad. Lograste irte dormido, con esa inmensa calma que te caracterizó siempre…”.
Tu hijo Carlos.
INES LIBERTAD ESPADA de MENDEZ
A los 85 años de edad, el pasado lunes 25 de abril se apagó la vida de Inés Libertad Espada de Méndez, y sus seres queridos la recuerdan así:
“Como una paloma… así dulcemente, como transcurrió tu vida, sin quejarte a pesar de los duros golpes recibidos, te vas como una simple paloma que aceptó mansamente su destino, esbozando siempre una sonrisa, con los ojitos brillosos al vernos llegar, aunque no pudieras transmitir con palabras tu alegría.
Fuiste el fiel ejemplo de lo que es una Mamá: nos diste todo lo que pudiste y aún más ¿cómo lo hiciste? Te salió de las entrañas, solo con la sabiduría que tienen las madres, no hay otra explicación. Y como Abuela ¿qué decir? Hoy te lloran tus once nietos desconsolados, porque fuiste la mejor abuela que pudimos tener, no solo les diste amor, sino que también ayudaste a criarlos, siempre dispuesta a dar tu mano protectora en el momento que se necesitara. Una de tus últimas alegrías fue conocer a tu bisnieto, al que pudiste tener entre tus brazos mirándolo con ternura.
Tus yernos también te lloran como su segunda mamá, y el que ya partió, seguro que allá en el cielo te espera con los brazos abiertos.
Si hay una familia unida como la nuestra te la debemos a vos, no cabe la menor duda y nosotros seguiremos seguramente ese ejemplo con las nuestras.
Mami, es nuestra esperanza que nos encontremos en el más allá; la tristeza, la congoja de estos momentos es inevitable, pero también nos sentimos agradecidos y en paz porque nos regalaste lo mejor de vos y porque sabemos además que ahora está al lado de aquellos, tus seres queridos que se fueron de tu lado tan bruscamente.
Hermana, tía, abuela Inés, Mamá ¡cómo te vamos a extrañar! Hasta siempre…”.
JORGE AUGUSTO VIERA
Pesar y tristeza ha provocado la noticia del fallecimiento de Jorge Augusto Viera, un conocido y respetado profesional que contaba con 69 años de edad.
El doctor Viera nació el 29 de junio de 1941 en Capital Federal, donde se crió, creció, se recibió de médico y formó su familia.
Perteneció al equipo de terapia intensiva del Sanatorio Güemes, el primero del país; perfeccionó su especialidad en cardiología en el Hospital Argerich y fue miembro de la Sociedad Argentina de Cardiología.
En 1974 eligió a Tandil como logar para que sus cuatro hijos crecieran y lo convierte en su hogar adoptivo. Entró a formar parte del equipo de la Sala de Cardiología del Hospital Ramón Santamarina.
En la Clínica Chacabuco trabajó durante más de veinte años, organizó la sala de Terapia Intensiva y la Unidad Coronaria, donde volcó toda su experiencia y formó la nueva generación de médicos terapistas. También fue Director Médico, además de Jefe de Terapia.
Amaba su profesión y la ejerció con entrega hasta el último día, cosechando el cariño y respeto de pacientes y compañeros de trabajo.
Heredó de su padre, también médico, su vocación de servicio y gremialismo médico. Fue durante 18 años secretario del Círculo Médico de Tandil. Apasionado defensor de los derechos de los jubilados, formó como directivo la Agremiación Médica y la Clínica San Marcos.
Padre amantísimo de sus cinco hijos y trece nietos, que lo enorgullecían, formó con su esposa una pareja feliz durante cincuenta años.
El agradecimiento de sus pacientes, el reconocimiento y afecto de sus pares y amigos se sintieron en el acto de sepelio, por lo que su familia agradece profundamente a todas las muestras de cariño, que tanto reconfortaron.
CELIA MARIA STORNINI de DUVANCED
Cuando contaba con 84 años de edad, el pasado martes 23 de abril se apagó la vida de Celia María Stornini de Duvanced, causando dolor y angustia entre sus seres queridos.
Celia había nacido el 8 de julio de 1926 en Tres Arroyos; en su juventud contrajo matrimonio con Gastón Duvanced, que contaba con una empresa de transporte rural, y tuvieron un hijo: Oscar “Cacho” Duvanced, un talentoso músico y compositor de poesías, muy reconocido en México, hacia donde había partido hace casi treinta años, quien falleció el pasado 26 de enero del 2010. Ella vivía en el barrio de calle Pellegrini al 1200, de esta ciudad.
Sus restos descansan en el Cementerio Municipal.
ROSA LUJAN NUÑEZ de MARCHIONI
“Te fuiste el pasado jueves 28 de abril, en un sueño como querías. ¡Imposible expresar brevemente lo que significaste en nuestras vidas!
Naciste el 30 de agosto de 1919, fueron tus padres Balbina Arguinzonis y Leonardo Núñez. Con ellos y con tus hermanos: Blanca, Berto y Kitty, creciste en el barrio de La Movediza y siendo muy jovencita conociste al abuelo: Alberto Marchioni (tu esposo y compañero. A partir de ese momento fueron “uno” y “codo a codo”, como dice la canción), caminaron juntos en busca de un futuro común. Nos maravillaba escuchar tus relatos de ese entonces, cundo describías el pequeño ranchito que compartieron en medio del campo ¡No tenían nada! Sin embargo se te escuchaba feliz relatando cómo lo embellecías: cultivando flores, tejiendo carpetitas para las mesitas de luz que eran dos cajones de manzana, humedeciendo el piso de tierra de la cocina y tantas otras cosas (qué ejemplo para nosotros que nos quejamos por todo).
Llegaron los hijos, primero Boche y Pelo, a quienes cuidabas mientras ayudabas al abuelo en sus tareas rurales. Luego se establecieron en la ciudad y llegó el tercer hijo: Toly.
Más tarde alquilaron un local de avenida Santamarina y Avellaneda e iniciaron el negocio que luego fue tradición familiar: la barraca.
Años más tarde se concretó tu sueño, a fuerza de trabajo llegó la casa propia con el negocio al lado (ese trozo de historia que aún se conserva) y llegó también tu cuarta y última hija: Colette.
Fuiste la reina del hogar: te veo y te escucho, a través de los relatos de mamá y la tía, cantando mientras hacías los quehaceres, cosiendo para todos (haciendo de viejo – nuevo) como decías.
Persiste en el recuerdo el aroma de tus flores, el olor de tus tortas, los pan dulce navideños… sin descuidar la atención del negocio. ¡Qué no hiciste abuela! Mujer orquesta te decía el abuelo.
Los hijos crecieron, llegamos los nietos…, era emocionante entrar en la cocina y verte siempre junto al abuelo, tomando el matecito a cualquier hora.
En 1995 te atravesó el dolor, llegó la enfermedad y se llevó a tus hijos Pelo y Toly. Ya nada fue igual pero como podías lograbas sobreponerte por el viejo, por nosotros y escoltada por tu fe brindabas el consuelo que tal vez, no encontrabas para vos.
Unos años más tarde partió el abuelo, nuevamente encontraste en tu fe, intacta, el apoyo para contenernos.
Pasó el tiempo, conservaste tu esencia de mujer luchadora y optimista hasta convertirte en una “viejita simpática” que hablaba y hablaba.
Poco a poco los pensamientos te fueron abandonando, apenas te expresabas pero mantuviste esa fuerza de voluntad inquebrantable y caminabas, despacito, recorriendo el espacio que tanto amabas: tu casa. Hoy los recuerdos llenan ese espacio, tus huellas están marcadas en cada rincón de nuestras almas.
Tu vida tuvo tristes tumbas, pero nunca renunciaste a ver el sol, cada mañana.
Mantuviste la bandera de la vida, honrándola cada día que despertabas. Tu fe abrió caminos en cada obstáculo, iluminó ausencias. ¡Sembraste tanto amor en todo lo que te rodeaba!
Sabíamos que en algún momento, Dios te iba a llevar, seguramente fuiste una de sus mejores creaciones. De aquí en más te compartiremos con los que ya se fueron. ¡Pero se te extraña tanto Abuela! Te extrañan las plantas de tu jardín, te extraña el canario que se quedó sin su musa, te extrañan los rosarios para rezar cada noche por nosotros y por los que ya partieron, como siempre lo hacías.
Yo rezaré por vos, el credo que con tanto amor me enseñaste y que tanto me costó aprender.
Hoy estamos bajo tus hermosas y grandes alas, protegiéndonos como siempre. Brilla tu luz en el firmamento, brilla tu luz en nuestro corazón. Brilla tu luz hoy, igual que ayer y como será mañana. ¡Bendita tu luz! ¡Bendito todo, todo de vos! Gracias abuela por tanto amor”.
En nombre de toda la familia: tu nieta Cristal.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios