Necrológicas
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JAVIER DIONISIO ADARO
El pasado domingo 12 del corriente se apagó la vida de Javier Dionisio Adaro, un querido hombre que contaba con 78 años de edad.
Javier había nacido el 3 de diciembre de 1932 en su añorado Macachín (La Pampa). De muy chico se radicó en Tandil, sitio que fuera desde entonces su lugar en el mundo, en compañía de su numerosa familia.
“Aquí completó sus estudios primarios y comenzó, siendo casi un adolescente, su quehacer laboral, donde pasó desde ser ayudante de un sastre, del hasta que hasta último momento recordaba y ponía hábilmente en práctica su enseñanzas en el seno de la familia, a ser un fiel empleado de lugares como la Usina Popular y Municipal de Tandil, el viejo ENTel (en ese momento Unión Telefónica), operario de la empresa de instalaciones eléctricas que compartiera con su suegro y cuñado.
Y el casi único empleado, sostén y columna de lo que él mismo definía, como lo último que quedara en pie de la Cooperativa El Hogar Obrero, aquel espacio cultural que en un comienzo se llamaba IEC y hoy perdura como El Hormiguero.
Lugar ese que le permitió despuntar el vicio de codearse con lo mejor de la cultura de esta ciudad y compartir veladas con artistas foráneos que a lo largo de los muchos años en que allí hizo de todo, se fueron acercando a ese espacio; lugar en el que dio muestras, una vez más que para él, el trabajo era no sólo un medio de vida, sino también de encuentro de amigos, de buen uso de la palabra oral y escrita (de la que hizo un culto siendo un buen lector), de enriquecimiento personal y el lugar donde cada uno debe demostrar, además de sus habilidades, su don de buena gente.
Sin dudas, estos fueron algunos de los valores que se ha esforzado por transmitir a sus hijos: Liliana, Mauricio y Sergio, y a sus adorados nietos: Martín, Pilar y Eugenia, los cuales recibió de sus padres y que compartió con sus hermanos, con los que lo antecedieron en su partida y Celestino, con quien supo compartir charlas, mates, y por quien estuvo acompañado hasta último momento.
La vida quiso que ya no se encuentre entre nosotros, haciéndole pasar en los últimos meses, por momentos de mucho dolor físico, que soportó con valor, hombría y entereza.
Seguramente muchas cosas quedaron en el tintero, entre ellas concretar un deseado y poco manifiesto viaje a su tierra natal, un reencuentro con sus primos y la familia extendida, vivir algunos hitos de la vida de sus nietos y, a todos los que lo acompañamos siempre, la posibilidad de seguir escuchando sus historias de vida, de las que hacía culto en algunas sobremesas, recordando anécdotas que contaba con su uso exquisito de la palabra.
A todos los que lo queremos y querremos por siempre, sólo nos resta, agradecerle ser sus descendientes y el compromiso de honrarlo con el hacer de cada día”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
HORACIO GUILLERMO LAZCANO
El pasado sábado 28 de mayo se produjo el fallecimiento de Horacio Guillermo Lazcano, sus seres queridos lo recuerdan así:
“En memoria de nuestro querido Cabe
Nació en el Sanatorio Tandil el 2 de junio de1945; era hijo de Elena Beatriz Fernández Meñaca y José Antonio Lazcano, fue bautizado en la iglesia San Benito en el barrio de Belgrano de Capital Federal. Creció en Tandil, en la casa de calle General Rodríguez 740 y se graduó de Bachiller en el Colegio San José en el año 1961. Luego se mudó a La Plata y finalizó su carrera como Ingeniero Agrónomo en 1972.
En 1978 falleció su hermano Juan dejando tres hijos, Soledad (12), Ezequiel (8) y Juan José Lazcano (4), los cuales nuestro querido Horacio apaño y cuidó como si fueran suyos.
Se casó con Eva Susana Holman el 14 de octubre de 1983 y se radican en Copetonas, partido de Tres Arroyos. Un año más tarde nació su primer hijo Joaquín Antonio el 3 de noviembre de 1984. Al año siguiente, el 23 de noviembre de 1985, nació su segunda hija, Amalia. Regresa con a su familia definitivamente a Tandil en 1986, donde vivió hasta sus últimos días en su casa de pasaje Jorge Newbery.
“El Cabe”, “Cabeza”, “Cabezón”, como le decían sus seres queridos, hincha de River Plate, amante del automovilismo, deportista, caminante infatigable y fanático de su familia; se fue dejando un recuerdo estable de fortaleza y bondad enorme.
Nosotros, su familia, lo queremos demasiado, marcó nuestra vida para siempre y ahora lo despedimos recordando con felicidad todo lo que aún vive de él, en nosotros.
Como lo describen sus amigos, se nos fue “un puntal, un compañero, un aglutinador, un consejero sin aconsejar”. Y como lo describimos nosotros y todos los que lo conocieron, un hombre bueno, digno y sin maldad, el tipo más generoso que conocí. Cuánto te extrañamos. Te recordaremos por siempre.
Ahora que te toca habitar entre siempre y jamás. “Cabe” querido, viejo, te digo “aunque tu envase se haya vencido, vos te quedas conmigo”.
Dedicatoria:
“Es difícil dejar ir a quien fue y será la mayor influencia de mi vida. El más generoso que conocí, el más bondadoso, mi viejo, el que siempre se despidió diciéndome “Yo te quiero mucho, ¿sabes?” Ahora trato de dejarlo ir, de despedirlo gritándole a más no poder Yo también te quiero mucho, papá.
Sin una palabra al respecto, él nos dejó intactos porque tuvo la fortaleza de formarnos para que cuando llegue este día lo podamos despedir con inteligencia. Y eso es lo que trato de hacer aunque entre líneas me desborde la angustia de que ya no me va a dar más consejos, de que ya no me va a decir mas “te quiero mucho”, de que ya no se va a poner más contento por el sólo hecho de comer en familia, de que ya no me va a dar más un beso de buenas noches como lo hizo siempre hasta que me fui de casa y siempre que volvía. Hoy te quiero decir, viejito, que nunca voy a dejar afuera de mis memorias esta casa porque guarda todos los recuerdos de lo que has querido ser, un ingeniero, un hijo, un esposo, un hermano, un tío, un papá, mi papá.
Es difícil dejarte ir y voy a pasarme la vida despidiéndote porque no me alcanza el tiempo para agradecerte todo lo que nos has dado, para decirte cuánto te quiero y para entender porqué te fuiste”.
ALCIRA DEL CARMEN ARENZANA DE GENOVA
A los 74 años, el pasado martes 8 del corriente se apagó la vida de Alcira del Carmen Arenzana de Génova, causando dolor y tristeza entre sus familiares y amistades.
“Kity” Génova era nativa de Balcarce; muy joven conformó su familia junto a su esposo Ricardo Octavio Génova y tuvieron cinco hijos: Marta, Ricardo, Walter, María Laura (f) y Carlos, quienes le dieron siete nietos y un bisnieto.
Dedicó su vida a sus seres queridos y a su actividad laboral en su casa de alquiler de disfraces Génova, a la que le brindó toda su creatividad y amor.
Hace ya muchos años tuvo pérdidas irreparables, de las que pudo reponerse; en los últimos tiempos no gozaba de buena salud y su vida fue apagándose de a poco.
“Hoy sabemos que está con los que quería estar y gracias a Dios no sufre más, aunque nos duele su ausencia, aceptamos su partida con resignación. ¡Kity, siempre estarás con nosotros!”
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
ROBERTO OSCAR JENSON
Con pesar y tristeza fue recibida la noticia de la desaparición física de Roberto Oscar Jenson, que contaba con 70 años de edad.
Roberto nació en Laprida el 6 de febrero de 1941; se destacó por ser una persona bondadosa, trabajó muchos años en Metalúrgica Tandil y en el Castillo Anchorena de Azucena, fue referí de la Liga Agraria y también trabajó en Rauch; actividades todas donde cosechó muchas amistades.
Vivía junto a su hermana, soportando una cruel enfermedad, y quien no se despegó un solo minutos de su lado hasta su final.
Sus exequias, previo velatorio, se efectuaron en el Cementerio Municipal.
ESTEBAN LEZCANO
El lunes 13 de junio se apagó la vida de un gran hombre, mi papa: Esteban Lezcano, y lo recuerdo de esta manera:
“El Negro” nació en Mercedes, Corrientes, el 9 de julio de 1940, vivió allí junto a sus padres hasta los 10 años. Luego estuvo en Olavarría hasta los 20 años, donde conoció a Noemí Saltapé, mi madre; para más tarde trasladarse a Tandil lugar en que construyó la hermosa familia que tenemos.
Pasaste tu vida papa de una hermosa manera, trabajando en la fábrica Buxton, muchos años. Más tarde te dedicaste a lo que siempre te gusto: el campo y las guitarreadas que llevabas en el alma viejito, ¡tu guitarra era parte de tu vida! Te acordás aquel cumple que te regalamos como vos querías ¡que hermosos recuerdos papá!
Eras un ejemplo de vida para nosotros, junto a mamá que fue tu fiel compañera a lo largo de estos años, cosechaste amigos, siempre decías: pocos pero de fierro y muchos conocidos para pasarla bien.
Siempre recuerdo tus palabras: hijos pongan una meta a sus vidas prográmenlo en su cabeza y repitan así es así será. Cuánta razón tenías hoy lo compruebo junto a mis hermanos, también decías: siempre positivo y para adelante sin mirar atrás. ¡Ay viejito todavía te necesitábamos acá.
Cumpliste todo en tu vida hasta la promesa a tu fiel amigo que me contaste: a don Roberto Andraca, tanto guardaste ese juramento y cuando te llegó esta maldita enfermedad, sabías que te irías y qué desesperación te agarró, papito.
Me decías: tu hermano me espera allá arriba, pero mi amigo también y debo cumplir para irme en paz. Vaya que Dios te escucho toda una noche pensando en tu amigo, escribiste tu secreto porque sabías que te ibas.
Y así fue pa, ese mismo día partiste. Hoy estarás junto a Gonzalo, mi hermano querido, y te encontrarás también con tu amigo. Papito: es muy difícil saber que no estás; pero no queremos llorar, porque vos eras todo alegría y paz, te amo papi y agradezco a la vida por haber sido tu hijo.
Tu nueva vida ahí te espera seguramente linda y hermosa como la que tuviste acá. ¡Hasta siempre papito de mi vida. Tu hijo Andrés!”.
MARIANO JIMENEZ
Tras soportar una corta dolencia, el pasado sábado 11 del corriente falleció Mariano Jiménez, cuando contaba con 87 años y causando dolor y tristeza entre sus familiares y amigos.
Mariano nació en esta ciudad el 23 de julio de 1923 y era soltero. Desde muy pequeño, sus padres se trasladaron a Ayacucho (zona rural La Florida) y siempre desarrolló su actividad laboral en tareas rurales.
Cuando tenía 30 años, sus padres y sus diez hermanos (ocho ya fallecidos), se trasladaron nuevamente a esta zona (paraje El Paraíso), pero él se quedó en Ayacucho; regresando años más tarde, desarrollando trabajos de casero, hasta que logró su tan ansiada jubilación. Hace 19 años que compartía una casa junto a su hermana Paulina; además de gratos momentos con su otra hermana: Carmen y sus sobrinos: María del Carmen, Luisa Telma y Silvia Inés Noguera y José Daniel Arata.
También disfrutaba de sus sobrinos nietos: Adriana y Nayla; Flor María y Nahuel; Juana Paula y Joaquín, Mariano y Agustina.
Su partida deja un gran dolor y un inmenso vacío en todos los que te querían bien.
“Tío: ¿Quién me va a contar esas largas historias que me hacían reír tanto? ¿Quién me va malcriar como vos sabías? Tío: te voy a extrañar y siempre estarás en mi corazón”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
ELBA MAGDALENA LANDABURU de BALLESTER
El pasado 8 de junio falleció en esta ciudad la Abuela Elba, una mujer que el 20 de abril de este año había cumplido 96 años.
Nació en 1915, en Pila, siendo hija de Pedro Landaburu y Magdalena Ranckes. Fueron 8 hermanos que se criaron en el campo, cumpliendo con las tareas propias de aquella zona y colaborando siempre en la crianza de los más pequeños.
Desde su infancia manifestó sus deseos de ser maestra, anhelo que logró cumplir con jóvenes 20 años. Ejerció la docencia en varias escuelas y ciudades, guardando los mejores recuerdos de ellas, como la de Cerro Leones y la Escuela N°11. Siempre se acordaba de todos sus alumnos, sus nombres, sus rostros.
En 1937 se casó con Luis Oscar Ballester. Al año siguiente nació su hijo Mario y dos años después, Néstor. Siempre en las escuelas, fue maestra de sus hijos y terminó su carrera docente siendo secretaria de la Escuela N°11.
Mientras la vida transcurría llegaron sus nueras, Adela Islas y Marta Román. Y con el tiempo sus cuatro nietos: Mercedes, Pedro, Alejandra y Pablo. Fueron su compañía y para ellos siempre supo preparar almuerzos y agasajos.
Al fallecer su esposo se dedicó a compartir las horas con sus hermanas y sobrinas. Siguió de cerca las actividades y logros de sus nietos, atesorando fotos y anotando todo lo que pasaba en un cuaderno, fiel a su esencia docente.
Con los años se sumaron los nietos políticos y llegaron los bisnietos: Franco, Martín, Mateo, Felipe e Inés. Con todos supo compartir sus tardes en el departamento, invitándolos con los infaltables caramelos.
La falta de su hijo mayor, Mario, y el paso de los años fueron minando su inquebrantable salud. Acompañada por toda la familia pasó sus últimos días llena de cariño y atenciones.
Como familia sólo nos queda decir: “Hasta siempre Abuela Elba… te vamos a extrañar…”
JUAN JOSE YOSIA
Cuando contaba con 74 años de edad, el pasado martes 14 del corriente se produjo el fallecimiento de Juan José Yosia, causando dolor y pesar entre sus familiares y amistades.
“Quique” Yosia nació en Coronel Dorrego el 25 de mayo de 1937; era hijo de Zulema Dufur y Pablo Yosia, conformando su familia junto a sus hermanos Oscar (f), Hugo (f), Carmen, Mario y Liliana.
Cuando tenía 16 años, se vino de vacaciones a esta ciudad y se quedó acá a vivir para siempre; trabajó en Metalúrgica Tandil y luego ingresó al ferrocarril, donde alcanzó su merecida jubilación.
Durante su existencia cosechó innumerables amigos, que a pesar de su carácter fuerte, fue una persona de muy buen corazón. Era hincha de Boca Juniors y su hobby era disfrutar de las excursiones de pesca.
En 1968 contrajo matrimonio con Delia Beatriz Latorre, no tuvieron hijos, pero sí sobrinos y sobrinos nietos, quienes hoy lamentan profundamente su partida y elevan una plegaria por el eterno descanso de su alma.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
DOLORES BENITEZ de RODRIGUEZ
A los 82 años de edad, el pasado miércoles 8 del corriente se apagó la vida de Dolores Benítez de Rodríguez, causando pesar y tristeza entre sus familiares y amistades.
“Lola” Rodríguez nació en Rosario en 15 de febrero de 1929; vivió su infancia en Pergamino, donde conoció y se casó con Rafael H. Rodríguez, se fueron a vivir a Alta Gracia (Córdoba) hasta 1954, en que se radicaron en esta ciudad, por el traslado de su esposo que trabajaba en el Policlínico Ferroviario, e instaló un lavadero en calle San Lorenzo al 800, donde era querida y apreciada por sus vecinos.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
ALBERTINA ELENA VAZQUEZ de LABACHE
“Hay cosas en la vida que no tienen explicación ni sentido mamá querida, partiste con el Señor y te vamos a extrañar.
Tu partida al Cielo, tu alma bondadosa, generosa, será la estrella con más luz en el universo que nos guíe, iluminando el camino de los que realmente te amamos: tus hijos Susana, Tito y tu tan querido Chiquitín, también tu hijo del corazón, Carlitos.
Tus nietos “los chicos tan lindos” que vos así le decías a Carlos Pedro, Martín y Neri.
Un profundo dolor se apodera de nuestras almas y corazón. Pero tu amor mamá y abuela tan querida, perdurará eternamente en nosotros. Estás en el Cielo junto a Dios y desde allí seguirás guiando nuestras vidas, hasta que volvamos a encontrarnos ´má”.
Dijo Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.
Todo aquel que vive y cree en mí no morirá eternamente. San Juan: 11 – 25 y 26.
ELVIRA MARTINEZ
El pasado sábado 11 del corriente se apagó la vida de Elvira Martínez, una querida mujer que contaba con 73 años de edad. Su nieta Florencia la recuerda así:
“De todas las estrellas que aparecen cuando llega la oscuridad del Cielo… de todas las estrellas que aparecen y se esconden, como pequeñas joyas color fuego, hay una que la busco y no la encuentro en mis noches sin sueño.
Fue una estrella que aún no cansada de la noche, paseó las nubes y se pasó en mi cielo, me envolvía con el perfume de las flores y me arrumaba con su voz de terciopelo.
Mucho tiempo recorrimos juntas, tomadas de la mano, el camino del valle con sus flores, la bajada que conduce al arroyuelo, muchas veces se miraron nuestros ojos. Pero aún tarde, cuando el sol se ocultaba en el horizonte, envueltas en los silbidos del viento, tomó vuelo hacia la noche y desde entonces la busco… y no la encuentro.
Eso fuiste para tus amigos, compañeros, hermanos, hijos, padres, nietos, sobrinos… una estrella con una luz encendida que nos alumbraba a cada paso. En pocas palabras ¡una gran mujer!
Te vamos a extrañar mucho, por siempre en nuestros corazones”.
Sus seres queridos agradecen por la buena atención brindada por la Clínica de la Comunidad y Terapia de la Clínica Chacabuco.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
PALMIRA YOLANDA BOGGIATTO de TIFNER
A los 80 años de edad, el pasado jueves 9 del corriente, falleció Palmira Yolanda Boggiatto de Tifner, dejando un profundo dolor entre sus familiares y seres queridos.
Conocida como la “Cordobesa” en el barrio de Estrada y Granaderos, nació el 23 de abril de 1931 en Canals, provincia de Córdoba, donde se casó con “Lali” Tifner, y tuvieron cuatro hijos: Roberto Hugo, Daniel Relli, Alejandra Inés y David Darío.
Por cuestiones de la vida se mudó a Tandil a principios de la década de 1970, en donde tuvo otra pareja con quien tuvo dos hijas: Patricia Domínguez y Claudio Domínguez.
Fue una incansable trabajadora. Llevando adelante su familia y proyectos con un gran énfasis. Trabajó varios años como mucama en el hotel Hermitage, luego fue comerciante y posteriormente se dedicó al cuidado de personas mayores, ganándose el afecto de vecinos y de todas aquellas personas con las cuales ha tratado.
Por último, logró su jubilación y siempre siguió siendo la misma persona que se destacaba por su generosidad y solidaridad. Siempre tenía un tiempo para atender su quinta y plantas, encontrándose rodeada de nietos y bisnietos.
Su partida dejó un profundo dolor en sus hijos, hijos políticos, nietos, bisnietos; quienes la añoran y lamentan su ausencia.
Sus restos recibieron cremación en el cementerio de Dolores.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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