Necrológicas
ELVIRA POLONIA IGLESIAS de ISLAS
“Se nos fue la abuelita, madraza de dos conocidos de Tandil que se fueron antes que ella, tía, hermana, madrina y tantos otros parentescos consanguíneos y de afinidad, de una familia más que numerosa, que ya ni nosotros los nietos tenemos presente todos los nombres de tanta familia.
Es que fueron 101 años los vividos, y cuanta vida, consejos, ayuda, vivencias, cuantas cosas nos dio.
Nació allá cuando la piedra famosa de Tandil se caía por 1912, un (imaginamos que frío) 1 de julio.
La mayor de seis hermanos, tres varones y tres mujeres.
Se nos fue el pasado 11 de marzo, con un día caluroso, de mucho sol, y la sepultamos con un día a pleno, como vivió la abuela y como se entregó con nosotros.
Fue además de abuela, madre, tía y hermana, profesora o maestra (como antes eran la mayoría de los docentes), pintora, artista muy habilidosa con sus manos y excelente cocinera.
Hasta nuestros 20 años siempre nos tejió y cosió casi toda la ropa, desde pulóveres, medias, pantalones hasta camisas… nos vestía la abuela.
Siempre predispuesta, manejó desde los 14 años allá en el campo donde pasó su infancia y adolescencia, hasta entrados los 80 años y gracias a eso nos llevaba a la escuela a las mañanas, o al mediodía cuando hacíamos el doble turno de taller en la antigua ENET N° 1.
Como dijimos antes, se crió en el campo, y se vino a la ciudad cuando se casó con nuestro abuelo, Rubén Islas, allá por el año 32.
Tuvo dos hijos, Alberto José Remigio, o “Tito” o “el pelado” como todo el mundo lo conoció, docente de varias escuelas en Tandil y de la Unicén, y a Osvaldo Rubén, o “Pocho”, como también fue más conocido, docente también de educación física de casi todos los colegios de Tandil.
De carácter fuerte, desde que perdimos al abuelo, allá por el año 74, lejos de amilanarse por esa pérdida, siempre se manejó sola, recién en sus últimos años permitió que la cuidemos, ya que como ella decía: “… yo me manejo bien sola, no quiero molestar a nadie…”
Ah… la abuela, cuantas tortas y budines nos hacía, como olvidar las torta fritas de los días lluviosos, y tardes enteras cebándonos mate al lado, mientras estudiábamos para la facultad.
Como olvidar esos mimos que nos hacías, ahora ya somos nietos grandes, cuarentones, pero siempre tenemos y vamos a seguir teniendo fresca esa calidez de la abuela que nos daba esos gustitos, nos acompañaba y a veces nos enderezaba si andábamos torcidos por la vida.
Se fue una persona querida por muchos, hasta en su sepultura uno de sus tantos sobrinos pidió un fuerte aplauso, por ella que más que una persona común fue protagonista de la vida de todos los que estaban presentes en esa despedida.
Se nos fue la abuela, que no podemos decir que sea solo nuestra, es de todos, de todas las personas que su carisma tocó y de tantas otras que sin tener parentesco alguno la llamaron abuela. Se nos fue un ejemplo de fortaleza y vitalidad.
Abuelita, esperamos que estés reunida con tus hijos (nuestros viejos) y el abuelo, nuevamente la familia junta allá en el cielo, al lado de Dios… esperanos…
Tus nietos Mauricio, Guillermo, Diego y Bernardo
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
MARIA LAURA MUNICOY
“El pasado jueves 6 del corriente falleció María Laura Municoy, una querida y estimada mujer que contaba con 49 años de edad.
María Laura nació el 3 de marzo de 1965 en la ciudad de Las Flores; a los 8 años se radicó en Tandil con sus padres Héctor José y Mary Ruiz, siendo la segunda hija de seis hermanos.
Creció llena de amor y felicidad junto a su familia. Se casó siendo joven y fue una gran madre de sus tres hijos Joana, Jonathan y Yuliana. Una mujer muy luchadora que en 2009 ella y sus hijos recibieron la gran noticia: la adquisición de su propia casita.
Laura se fue al Cielo para encontrarse con sus seres queridos, entre ellos su papá, dejando entre sus familiares un gran vacío.
Dios seguramente la tiene en su gloria y desde allí Ha de proteger a todos quienes la aman. Laurita querida Q.E.P.D.”
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
TIMOTEO NESTOR CONTRERAS
Con muestras de pesar y tristeza fue recibida la noticia del fallecimiento de Timoteo Néstor Contreras, un querido y respetado hombre que contaba con 76 años de edad.
Timoteo nació el 3 de octubre de 1937, desde niño fue un defensor de las tradiciones gauchas, se desempeñó en diversas tareas rurales e incursionó en diferentes actividades culturales en Barker y la zona. Hizo radio durante veinte años y recibió varios premios a nivel provincial y nacional.
“Abuelo del Campo: te fuiste a los campos del Cielo a reecontrarte con tus seres queridos, nos queda tu legado y una inmensidad de bellos recuerdos… gracias por tu incondicionalidad, vivirás en nosotros por siempre ¡Hasta pronto!”.
Graciela, Adrián, Natalia, Juan Martín y Evangelina.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
VICENTA ASIAIN de DOMINGUEZ
Cuando contaba con 91 años de edad, el pasado martes 11 del corriente se apagó la vida de Vicenta Asiain de Domínguez. Sus seres queridos escribieron en su memoria:
“Abu: siempre estuviste con nosotros en las buena y en las malas. Te amamos con todo el corazón y nunca te olvidaremos, serás nuestro angelito.
Tu hijo Omar; tus nietos Andrea y Matías; hijos políticos, bisnietos y tataranietos”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
RAFAEL CERVONE
“Querido Rafa: gracias a Dios se cumplió tu deseo de venir a pasar los últimos años a Tandil y así hoy estás descansando después de tanto hacer.
Siempre estarás en todos nosotros que te recordaremos disfrutando y aprendiendo de todos tus vivencias.
Te agradecemos por haber sido un muy buen amigo, esposo, padre, abuelo, bisabuelo y tío, contando siempre contigo.
Te deseamos con todo el amor y el dolor del mundo, que tu alma descanse en paz. ¡Por siempre en nuestros corazones! Tu familia”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque El Paraíso.
SUSANA BEATRIZ DEL RIO de VALMADRE
El pasado domingo 9 del corriente Susana Beatriz Del Río de Valmadre partió al encuentro con el Señor.
Había nacido el 22 de marzo de 1933, única hija del matrimonio formado por don Mateo Del Río y doña Catalina Milano. Se formó en la escuela pública, y formó parte de la primera promoción de Peritos Mercantiles de la Escuela Nacional de Comercio de Tandil.
Luego hizo sus estudios de abogacía, en la Universidad Nacional de La Plata, y una vez egresada se instaló en el foro local desarrollando una larga y fecunda carrera profesional, acompañada siempre por su esposo, Dardo Valmadre, conformando una sólida sociedad conyugal y laboral.
Participó de la vida social tandilense, siempre atenta a la actualidad nacional de cada momento, desarrolló su familia junto a su esposo, dedicó parte de su tiempo a los viajes en familia, con su esposo e hijos, conociendo distintas geografías y acopiando cantidad de anécdotas, que repasaba en cuanto le era posible.
En lo familiar fue un gran soporte para sus padres, Catalina y Mateo, a quienes ayudó a crecer de sus humildes orígenes a una vida más que digna. Siempre estuvo pendiente de ellos, más en las largas luchas por la salud de su madre y en los logros contra la enfermedad. La ancianidad de su padre fue otra etapa que la tuvo a pie firme, dándole todo el apoyo.
Ambos, Susana y Dardo, fueron un puntal para ellos en el sentido más amplio.
También fue un fuerte respaldo para su tía Velia, hermana menor de su madre, unidas por el profundo afecto cimentado en su edad temprana con las vivencias en casa de los abuelos.
La tía, una docena de años mayor, fue como una hermana mayor a la que Susana ayudó y protegió siempre con todo el cariño.
Desde el retiro de ambos de la actividad laboral Susana y Dardo se radicaron en Buenos Aires, área de residencia de sus hijos, hijas políticas y nietas.
La pareja mantuvo su relación con Tandil, con presencias periódicas en su hogar del edificio Tandilsa. Ya en los últimos años los viajes empezaron a ralear… y el clima invernal los fue llevando a una estadía de verano. Al llegar marzo partían, dejando abierta alguna otra estadía esporádica, tal vez, en primavera.
Su marido Dardo falleció en marzo de 2010, y Susana no pudo superar la ausencia. Con una larga vida en común, en lo familiar y en lo laboral, con 54 años de matrimonio, sintió profundamente la pérdida del compañero de toda la vida.
A partir de la desaparición física de su esposo la presencia de Susana en Tandil fue exclusiva de los meses iniciales del año. Se reunía con amigas y amigos, revisando la actualidad nacional, que siempre le interesó y mucho, con información y opinión, y los temas inevitables de salud y de familia.
Continuó el camino dedicada a sus nietas, y las condiciones físicas la fueron minando, lentamente. Hasta su deceso en la pasada semana.
La recuerdan sus hijos Gastón y Germán, sus esposas Silvina Amoia y María Clara Severo, sus nietas Valentina y Josefina, hijas de Gastón y Silvina, y Lucía y Juana, hijas de Germán y María Clara. También sus familiares cercanos y los amigos de su larga y fecunda vida.
Sus restos fueron inhumados en Pradera de Paz, junto a su compañero de toda la vida, en una sencilla ceremonia al mediodía del lunes 10.
DESLEIDO GUERAZAR
“El pasado domingo 2 del corriente falleció Desleído Guerazar, una querida persona que contaba con 91 años de edad. Sus hijos, hijos políticos, nietos y bisnietos lo recordarán como un gran tipo, lo que fue.
Nació en esta ciudad el 7 de noviembre de 1922, toda su vida fue un luchador buscando un futuro en diferentes ciudades, entre ellas Mar del Plata, Necochea, La Plata, Buenos Aires, etcétera. Siempre regresó a su Tandil querido.
A pesar de ser albañil, incursionó en otros oficios, fue vendedor callejero y mucho más. Formó una familia con Haydée Orlinda Rodríguez, con la que tuvieron seis hijos: Julio Armando, Sonia Mirta, Roberto Atilio, Carlos Alfredo, Liliana Haydée y Rubén Marcelo.
Desde los 18 años fue boxeador, era la época de Vistalli, Angerami, el turco Daher; arquero de fútbol, y tuvo varios clubes en la época del fútbol libre, a los cuales llamó primero Tandilgas, segundo Club Defensa de Güemes, el Guarda Valla, el 17 de Octubre, etcétera.
Todos los que tuvieron la oportunidad de conocerlo saben que fue un gran hombre y así lo recordaremos, se fue con el Señor: se entregó a él unos días antes de su partida, lo cual la hizo en “paz”.
Gracias por tantos años compartidos Ñato, como lo llamaba sus parientes y conocidos”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
CRISTIAN ALBERTO CESPEDES
“Nos dieron poco tiempo para disfrutarlos. A diario nos regalaban motivos para sentirnos orgullosos. Se transformaron en lo mejor de lo que ustedes querían ser, dieron todo por lo que anhelaban y estaban empezando a vivir sus sueños. La distancia no fue barrera, estaban tan cerca como cuando dormían en la pieza contigua.
Cristian: siempre quisiste ser el mejor en lo que hacías y sabemos que no fue así, ser el mejor te quedó chico, te superaste aún más de lo imaginable, nos sorprendías y llenabas de orgullo con cada paso que dabas.
Yamila: la perfección en cuanto a ser una buena persona seguramente tiene tu alma, habla con tu voz, tiene tus silencios y se engalana con tu sonrisa, nadie te daba un lugar, sencillamente te lo ganabas.
Dicen que no existe un dolor que duela más que el del alma, sólo quienes lo padecemos podemos afirmarlo. No lo sentimos en un brazo, en una pierna o en la espalda, simplemente está y duele.
Se adelantaron en el viaje dejándonos huellas de ilusiones, sueños y amores. Cada espacio de la ciudad, de la casa y de la cabeza tiene algo que nos hace tenerlos presentes.
Parieron tras la idea del progreso y el destino nos jugó una mala pasada. Hoy, haciendo fuerza para empujar las lágrimas para adentro y buscando sonrisas en el Cielo imaginando que son sus almas flotando en una nube, pasamos las horas pensando qué palabras hubiese dicho el profe para apuntalarnos o cuán grande sería la charla de Yamila para disuadirnos a no llorar.
Convenceremos a nuestra mente de que la vida es eterna y en el Cielo dos ángeles estarán esperando por nosotros… los que los amamos y extrañaremos.
Mamá, papá, Facu, Yami, Caro, Cata, Franche, Juampi, Jorge, Fer, tíos, tías y primos”.
YAMILA MARIA VACA LUCOTTI de CESPEDES
“Yamila hija, el día que naciste fue el día más importante de nuestras vidas, nos trajiste alegría en ese momento, nos convertiste en padres, estábamos tan contentos con ese capullito, ver esa cosita chiquita toda rellenita, suavecita, que se prendía para tomar la teta, te mirábamos, te controlábamos si respirabas, te cambiábamos… nos hacías pasar momentos tan lindos.
Con vos aprendimos a ser padres. Con tus primeros pasos teníamos tanto miedo que te golpearas pero nos sentimos tan felices de poder cuidarte… hacíamos todo los tres. Luego nacieron tus hermanos, primero Abi, que para que no te pusieras celosa te decíamos que era un regalo que te hacíamos con mamá y luego nació Jorgi, que aunque le dijeras “enano” con el tiempo se hizo más alto que vos. Ya no éramos tres como al principio, sino cinco, una hermosa familia que siempre estuvimos juntos, esos tiempos fueron tan felices.
En estas pocas líneas resumimos tus primeros años de vida, pero cómo poder decir con palabras lo que sentimos en este momento, nos acordamos del primer día en el Jardín Santa Cecilia, todos los niños lloraban y vos le decías a mamá “andate y después vení a buscarme”.
Luego el primario, secundario, todos tus logros eran nuestros… pasó todo tan rápido que cuando quisimos acordar te convertías en una mujer, tan responsable, madura, que siempre guiabas a sus hermanos.
Un día apareció Cristian, un príncipe, tu príncipe azul, que te colmó de dicha, de amor y de ganas de recorrer el mundo con humildad, respeto y de su mano comenzaron un camino lleno de proyectos e ilusiones.
Luego de un tiempo de noviazgo se casaron, nosotros estábamos todos felices, se convertía Cristian en nuestro hijo, y desde ese momento emprendieron el camino de la felicidad, pero el 6 de marzo el destino quiso que partieran para recorrer otro camino juntos eternamente, juraron amarse por siempre, y ni la muerte los pudo separar. Los amamos por siempre. Mamá, papá, Abi y Jorgi”.
NELIDA SPERANZA de VERGARA
“Nélida Rosa “Pochi” Speranza de Vergara, fue madre, esposa y docente ejemplar. Cursó los estudios primarios en la Escuela N° 5 de Tandil, el secundario en la Escuela Normal, donde se recibió como maestra de grado.
Se casó con Luis Angel Vergara, de cuyo matrimonio nacieron sus cuatro hijos y de éstos sus ocho nietos.
El pasado 8 de febrero cumplieron los cincuenta años de casados, día este donde tuvo que ser internada por una enfermedad que la aquejaba desde hacía varios años y de la cual pese a su lucha no pudo superar el mal trance y falleció.
Su vida transcurrió dedicada a la docencia, siendo maestra de escuela, primeramente en forma privada en la estancia San Simón de Pereyra Iraola. Hasta que ingresa a la educación pública, donde educó en forma continua en escuelas rurales, entre otras Escuelas N° 6 de San Antonio, N° 30 de La Pastora, N° 28 de Azucena, N° 33 del paraje La Porteña y Escuela de Los Huesos, para luego pasar al ámbito urbano, desempeñando sus tareas en la Escuela N° 47 y 59 de Villa Aguirre y finalmente en la Escuela N° 34, siendo este último establecimiento, ya que se retiró para acceder a su jubilación.
A lo largo de su trayectoria laboral, también realizó actividades en otros establecimientos, tales como Jardín de Infantes y Escuela Especial.
Una vez jubilada, su espíritu inquieto la llevó a no quedarse y continuar su actividad, realizando diversos cursos de informática, manualidades y pintura, donde además de ampliar el conocimiento, cultivó nuevas amistades que la acompañaron hasta los últimos días de su vida”.
STELLA MARIS CUTINI de BALDEMAR
El pasado miércoles 26 de febrero falleció Stella Maris Cutini de Baldemar, a los 61 años de edad.
“Conocida y querida vecina de Tandil, pasó sus últimos años en Arrecifes. Había nacido en el paraje Santa Teresa “La Patria”, donde creció y transcurrieron sus primeros años. Allí fue donde conoció a su esposo y compañero de la vida: Carlos Roberto Baldemar.
Tuvieron cinco hijos: Cristian, Graciela, Laura, Paula y Juan Cruz; quienes luego sumaron a sus nietos: Rocío, Ismael, Santiago, Yamila, Alan, Nacho, Matías y Bauti.
Hoy queremos recordarte como lo que eras, una persona llena de alegría, luchadora, compañera, madre, hermana, hija, abuela, amiga y generosa con los demás.
Eternamente vivirás en tus hijos, en tu esposo y en tus nietos… ¡hasta siempre mamá!”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
ROBERTO FELIX VERA
Cuando contaba con 62 años de edad, el pasado domingo 2 del corriente falleció Roberto Félix Vera. Sus seres queridos escribieron en su memoria:
“Papi: has recorrido un largo sendero, sembraste un terreno fértil, hiciste tu tarea… descansa, todo tiene su tiempo, una frecuencia sutil armonizara tus latidos
para que recobres tu energía.
Una nueva etapa comienza, gracias por tu inmensa dedicación y entrega, tu corazón esta abierto…
Puede que una extraña sensación de vacío te invada, estás preparándote para llevarte la luz de nuestro amor.
Soy testigo de tu invalorable esfuerzo, tus ganas de seguir con esa sonrisa.
Celebro tu coraje de haber caminado pese a las dudas y el cansancio, ahora es necesario el equilibrio que ofrece el descanso, para poder emprender otro tramo en tu camino de ascensión, ahora irradiarás paz y armonía ahora todo es perfecto, mi gran amor te dará la fuerza necesaria para desplegar tus alas, no tengas miedo, estás acompañado, ellas te guiarán.. tu espíritu lo sabe, yo lo sé… seguí a las mariposas… te abrazo con mi alma fuerte, muy fuerte… ya nos vamos a reencontrar, estoy segura de eso…
Te vamos a recordar siempre: tu esposa Luisa, tus hijos: Edgar, María, Silvana y Ester; tus hijos políticos Daniel, Belén, Martín y Gastón; tus nietos Thiago, Gaspar, Oriana, Zoe, Branco, Felipe y Jaime…Q.E.P.D”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal de María Ignacia (Vela).
Asimismo, toda su familia “agradece al señor Víctor González (enfermero del Hospital Enrique Larreta de María Ignacia, Vela) por todo lo que hizo por nosotros y por ponerse la camiseta del hospital… con todas las letras un gran enfermero y amigo de la familia… gracias Víctor… familia Vera; también al hospital de María Ignacia (Vela)… y a Sarita Arias. A todos muchas gracias”.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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