Necrológicas
CARLOS ANDRES SERRA
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl 20 de enero pasado, a los 58 años, falleció Carlos Andrés ?el Cholo? Serra, dejando un inmenso dolor entre sus familiares y amigos.
Carlos había nacido el 24 de septiembre de 1952 en Tandil, en un hogar de Villa Laza, donde compartió su infancia con sus hermanos Cristina, Miguel, Gustavo, Leonardo, Ricardo (f) y Susana (f).
Se casó el 11 de marzo de 1981 con Angela Dora Benavídez y de esa unión nacieron Guillermina, Carla, Rodrigo y Lucas Serra. Luego llegaron a la familia sus hijos políticos Darío Martín y María Luján Porta, y con ellos sus nietos Magalí, Paloma, Bautista, Mía y Uma.
En lo laboral, se desempeñaba como empleado municipal, cumpliendo funciones en la Secretaría de Desarrollo Social. También fue pintor de obra y albañil. Otra de sus actividades era la de árbitro de fútbol en la Liga Tandilense.
Su partida dejó un profundo dolor entre sus amigos y familiares, quienes sienten que ?van a ser muy difíciles los días sin vos?.
Dedicatoria:
?Papá: No me puedo despedir de vos, sólo necesito decirte que algún día nos vamos a volver a ver.
Qué te puedo decir que no te haya dicho. Recuerdo la charla que tuvimos el 21 de diciembre de 2010, ese día te dije que te quería, que estaba orgullosa de vos y quería cuidarte.
Dios quiso llevarte antes y él sabrá por qué. Como una vez Dios decidió ponerte en mi camino y en el de mamá para que nos cuides; y estoy muy agradecida por eso; porque desde mi primer día de vida, vos estabas ahí para recibirme y darme todo lo necesario para crecer y para ser la persona que hoy soy.
Gracias por tus consejos, por mi educación y por la familia que me diste. Te quiero mucho por siempre?, Guillermina.
SERGIO EDUARDO RIVAROLA
El 16 de enero pasado dejó de existir Sergio Eduardo Rivarola, una persona amada y querida por todos aquellos que llegaron a conocerla.
Sergio nació en Federal, provincia de Entre Ríos, el 17 de mayo de 1939, y tiempo después dejó esa localidad para radicarse en Tandil, en donde conoció a María Alicia Ibarra, con quien formó una gran familia, conformada además por siete hijos.
La vida los golpeó muy fuerte, ya que a los 23 años uno de los hijos, Pedro Ernesto, falleció.
Sergio fue un hombre que dedicó su vida al trabajo para poder cumplir todos sus objetivos y dejarle a su familia el ejemplo de una conducta intachable.
?Sus seres queridos, familiares y amigos, sufrimos su partida, pero también sabemos que en donde estés, tendrás la paz eterna. Fuiste padre, abuelo, bisabuelo, hermano y amigo. Supiste ganarte el cariño de todos los que te conocieron.
Con ese gesto tan cordial y simple que te caracterizaba, como eras vos, te llevaremos siempre en nuestros corazones?, tus amigos y seres queridos.
JORGE ALBERTO CANZIANI
Con pena, los familiares de Jorge Alberto Canziani recibieron la noticia de su fallecimiento, ocurrido el 17 de enero pasado, tras largos años de una enfermedad en la que tuvo mejorías y recaídas.
Jorge había nacido en esta ciudad el 2 de marzo de 1957, y era hijo de Nélida Hortensia Giménez y Ricardo Domingo Canziani. Por circunstancias de la vida, su madre lo crió en soledad, junto a sus hermanos mayores Ricardo y Mirta Canziani.
Concurrió a la Escuela 37, del barrio de La Florida, y luego se dedicó a la albañilería, destacándose en la colocación de azulejos y pisos.
De joven contrajo matrimonio, pero se separó hace dos décadas. De esa unión nació su única hija, Alejandra Canziani.
Su personalidad retraída y solitaria lo llevó a estar en su casa; tampoco tenía demasiados amigos.
Una larga enfermedad que le afectó un pulmón lo llevó a permanecer un mes internado en el área de terapia intensiva del Hospital Municipal Ramón Santamarina, en dos oportunidades, donde hicieron todo lo posible por sacarlo adelante hasta que finalmente falleció.
Sus restos descansan en el Cementerio Municipal.
ELENA REBOLLO DE FERREIRO
A los 84 años, el 19 de enero pasado dejó de existir Elena Rebollo de Ferreiro, causando una honda consternación entre sus familiares y amigos.
Elena había nacido el 15 de septiembre de 1926 en una estancia de Pereira Iraola. Era hija de Matilde y Cándido Rebollo. Cuando ella era muy pequeña, la familia se fue a vivir a una chacra que arrendaba en Cerro Leones, perteneciente a ?Los Bosques? de Figueroa.
Allí transcurrió su niñez y adolescencia, junto a sus hermanos José (f), Alfredo (f), Alberto (f), Elida (f), Omar, Héctor (f) y Carlos.
Elena cursó hasta quinto grado en la Escuela 4 ?Mariano Moreno? y de muy chica conoció a quien fue su compañero de toda la vida, José Ferreiro (f).
Más tarde, nacieron sus hijos Norberto y Néstor, que formaron sus familias con Graciela Disalvo y María Rodríguez, los cuales le dieron siete nietos: Adrián, Claudio y Damián, Javier, Marisol, Germán y Mariana.
En su adolescencia, Elena ayudaba mucho a su madre, y aprendió corte y confección y bordado a máquina y a mano, profesión que desempeñó primero para su familia y luego fue su salida laboral, ya que por su honestidad y prolijidad tuvo muy buena clientela, tarea que hacía con amor y dedicación.
Con el pasar del tiempo, llegaron sus bisnietos Romina, Ezequiel, Evelin, Iván, Luana, Camila, Sabrina, Benjamín, Elena, Melina y las pequeñas Abigail y Luisana, que le hicieron mucha compañía y le dieron mucha alegría en los últimos tiempos.
Fue muy emprendedora, tanto en la ciudad como en el campo. Le gustaban los animales y las plantas, y siempre hacía cursos de plavinil, peluche, pintura, souvenirs; y ya de grande, en 1944, terminó sus estudios primarios en la escuela de adultos y con el orgullo de ser la abanderada.
Elena era muy servicial, siempre dispuesta a colaborar, y fue muy querida por los familiares, hermanos, cuñados, sobrinos y vecinos, que le demostraron su afecto constantemente.
Al fallecer su esposo, pasaba sus días en su casa y de a poco volvió a Cerro Leones, lugar que la vio crecer, y pasó sus últimos años en compañía de toda la familia y amigos que la visitaban.
?Hoy ya no está, pero deja el mejor de los recuerdos en nuestros corazones. Abu Elena, que descanses en paz?, dicen sus familiares.
Sus restos descansan en el Cementerio Municipal.
GREGORIA IRURETA DE CALLES
El 16 de enero pasado, a los 96 años, falleció Gregoria Irureta de Calles, una mujer que disfrutaba enormemente de su familia y sus amigos.
Gregoria había nacido el 23 de octubre de 1937, en Ayacucho, ciudad de la que partió, junto a su familia, cuando era muy pequeña. Sus padres eran Donata Goñi y Toribio Irureta, y tuvo varios hermanos.
Esta cálida mujer se casó con Manuel Calles y, promediando la década del 60?, juntos tuvieron un famoso comercio en El Amanecer, a la vera de la Ruta 226, que se llamó ?El boliche de Calles?. El establecimiento fue muy conocido, incluso era la parada de los micros de la empresa El Rápido que viajaban a Mar del Plata.
En el boliche, típico almacén de ramos generales, despachaban mercadería a granel y también era el centro de las reuniones de los habitantes de los campos cercanos. Además, tenía su equipo de fútbol y organizaba bailes y eventos sociales. Los clientes eran las familias de la zona, que llegaban a hacer las compras en la casa de Gregoria y Manuel.
La construcción era de chapa, y una vez por semana arribaba un peluquero desde Tandil para atender a la comunidad de El Amanecer.
Gregoria tuvo dos hijas, Libia Beatriz (Bety) y Nelly (Coca), que luego le dieron seis nietos, trece bisnietos y cuatro tataranietos.
Cuando dejó El Amanecer, se mudó a la zona de Uriburu al 1200, en esta ciudad. Su marido falleció en 1978 y tiempo después vivió con su hermana Juana ?Chola? Mazorco, quien hoy tiene 90 años.
Los vecinos, con quienes disfrutaba charlar Gregoria, la ayudaban a hacer mandados y se preocupaban por su salud. Por todo esto, seguramente el barrio ya la extraña mucho.
Esta simpática mujer disfrutaba tejiendo al crochet, pero también amaba salir a la puerta de su casa a charlar, porque era muy sociable y siempre supo tener buena compañía. Además, a pesar de sus 96 años estaba muy lúcida; le encantaba estar al tanto de las novedades de la familia y era la primera en alistarse para participar de las reuniones.
Hoy, su nieta Laura, quien recordó la historia de Gregoria expresa: ?Mi abuela fue muy importante en mi vida?, lo que resume el amor que inspiraba esta noble persona.
Sus restos descansan en el cementerio parque El Paraíso.
MARTA ELECTRA FRANZINO DE ARENAZA
El pasado 19 de enero a los 92 años se apagó la vida de la querida y respetada Marta Electra Franzino de Arenaza, conocida por todos como la abuela Electra.
Había nacido en Ayacucho, el 3 de febrero de 1918. Al casarse se trasladó junto a su marido, Marcelino Arenaza, a la zona de La Numancia, formando allí su familia integrada por tres hijos, Marta, Luis y Francisco (Pelusa), quienes le dieron seis nietos, quince bisnietos y la vida le regaló un tataranieto, llamado Thiago.
Con el transcurso de los años, Electra adoptó la zona de Tandil para vivir.
Todos quienes llegaron a conocerla coinciden en que ayudó y se preocupó de cada uno de los problemas que la pudieron aquejar.
Era solidaria, predispuesta, tolerante; nunca faltó un plato de comida en su casa para quien la visitara.
?La persona más inteligente que conocimos, nunca se quejaba, vivió siempre para los demás y por los demás, sin pedir nada a cambio.
Gracias por haber sido la mejor abuela. Vamos a extrañarte mucho hoy y siempre, y por sobre todo, las grandes sartenadas de papas fritas que nos preparabas a cualquier hora.
Gracias por todo. Te queremos mucho?. Tu familia.
LEONILDA RENE MORSELLA
El 9 de enero pasado falleció en Tandil Leonilda René Morsella, dejando un profundo dolor entre sus seres queridos.
Leonilda nació el 14 de julio de 1920 en la ciudad de Dolores. Era hija de inmigrantes que se dedicaron al comercio y la menor de ocho hermanos.
Cursó sus estudios primarios y secundarios y a los 22 años se casó con Duilio Algañaraz, con quien se fue a vivir a Mar del Plata. Juntos formaron una familia compuesta por tres hijos: Carlos, Jorge y Mónica.
Se desenvolvió en el ramo de la peluquería durante 35 años y al jubilarse y quedar viuda, a los 60 años, estableció su residencia en Termas de Río Hondo en invierno y Mar del Plata en verano.
Esta tentadora vida la llevó durante 25 años, pero al ver que estaba algo mayor y al cumplir 85 años, su hija decidió traerla a Tandil para que estuviera junto a la familia.
A los 90 años, rodeada de sus hijos y nietos de Tandil, Matías, Emanuel y Rocío, llegó al fin de su vida.
Toda su familia le dice: ?Abu, gracias por vivir con tanta energía y fortaleza. Ese es el legado que nos ha dejado?.
También agradeció ?al segundo piso del Hospital Ramón Santamarina por la dedicación, tanto a médicos, mucamas y enfermeros?.
CARLOS ANTONO LABRIOLA
El 16 de enero pasado se apagó la vida de Carlos Antonio Labriola, a los 90 años, ya que había nacido el 8 de enero de 1921 en Capital Federal.
Su familia lo recordó de esta manera: ?El abuelo fue un ser que marcó vidas. Comenzando su vida en 1921, fue hijo de un italiano llamado Carmelo Antonio Labriola y una tandilense María Russo.
En aquellos comienzos de vida se presentaron los desafíos y cuando sólo tenía dos años se quedó sin su mamá. Sus hermanas Ofelia y Filomena fueron asiladas y él, junto a su hermano Adolfo, fueron llevados a un orfanato de curas donde lo cuidaron y esas anécdotas quedaron marcadas en nuestra vida, como así también su visión de la primera radio: un aparato desde el cual se escuchaban palabras y hasta música… Ese artefacto marcaba el comienzo de la tecnología con un hito que llegaría a recordar por el resto de su vida al ser ya mayor y prender la radio cada mañana en su casa, aferrado a las noticias y las necrológicas… para no faltar al funeral de sus amigos y conocidos que no eran pocos, luego transitar en infinidad de situaciones por esta hermosa ciudad.
Tiempo después, su padre Carmelo contrajo nuevamente matrimonio y los lleva a vivir con él en una quinta cerca del Manantial de los Amores, donde grandes sacrificios implicaban la labor en el cultivo y los huertos, allí nacieron otros tres hermanos, Miguel, Daniel e Isabel.
Ya siendo adolescente junto a su hermano Adolfo emprendieron una vida nueva llena de emociones y anécdotas. Su independencia, que no sería fácil, el servicio militar, sus primeros amores, sus trabajos y la rotación por la zona en diferentes pueblos a fin de conseguir trabajo y… así entre esfuerzo y amores llegaron los hijos, nacidos de variadas circunstancias, amores, de quienes descendieron sus hijos políticos, los nietos, nietos políticos y bisnietos… por ahora.
El abuelo cambió vidas y su tránsito por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días no fue menor y hasta contribuyó trabajando en la construcción de las paredes de la capilla ubicada en la avenida Avellaneda y un sin fin de personas a las cuales quiso y ayudó.
Recordamos al abuelo con un sin fin de historias maravillosas, graciosas, difíciles, apasionantes, dolorosas, con penas y otras llenas de algarabía, y sobre todo de esfuerzo y amor…
El abuelo no sólo marcó momentos en nuestra vida, sus enseñanzas e influencia marcarán generaciones….
Los que estamos hoy, tu hijo Juan Carlos Labriola, tus hijos políticos, Carmela Soler de Labriola y Alberto Soler, Hugo Díaz; su hermana, Isabel Labriola; sus nietos Fabio, Anabella, Lucas, Belén, Blas, Gabriela, Celeste, David, Miguel y María Inés; tus nietos políticos Franco y Soledad, tus bisnietos, Micaela, Gian Franco, Bruno, Tomás y Juliana.
Te amamos, recordamos y extrañamos.
¡Hasta siempre abuelo Carlitos!?.
MARIA TERESA BILBAO
Cuando tenía 60 años, el 4 de enero dejó de existir María Teresa Bilbao, una mujer querida y amada por todos aquellos que la conocieron.
Mary, como la llamaban sus allegados, nació en Rauch el 26 de octubre de 1950, y allí pasó su infancia y juventud, trabajando como empleada doméstica y dedicándose al cuidado de su madre. Tuvo un solo hijo, Oscar Bilbao, que fue el destinatario de todos sus esfuerzos y sueños. Junto a él, más tarde se mudó a Tandil y en ese tiempo conoció a su actual pareja, Raúl Molina.
Su hijo contrajo matrimonio con Carla, y de esa unión nacieron dos nietos maravillosos: Gabriel e Iris, que fueron la razón de su vida y con los cuales disfrutaba compartiendo juegos, travesuras y días de campo. A ellos se sumaban sus nietos del corazón Matías y Fabrizio.
La enfermedad cercenó sus planes de festejar la Navidad con juegos artificiales y pergeñando diversiones con sus nietos. Su partida es profundamente lamentada por sus familiares, que la recordaran por siempre con mucho amor.
Sus restos fueron inhumados en el Cementerio Municipal de Rauch.
MARCELINA TERESA CARRILLO
Cuando tenía 94 años, el 16 de enero falleció, en esta ciudad, Marcelina Teresa Carrillo. Si bien no tuvo muchos familiares, hoy sus seres queridos y quienes la conocieron la recuerdan con mucho dolor, por lo importante que fue para todos ellos.
Nació en Tandil y durante gran parte de su infancia, adolescencia y juventud la pasó correteando y ayudando a sus tíos y primos en la reconocida pizzería Carrillo, que estaba ubicada frente al Sanatorio Tandil.
Dedicó su vida a su casa y al pasar momentos agradables con sus seres queridos. Tenía como hobby cuidar las plantas, a su quinta y hacer tareas domésticas.
Hace algunos años tuvo una enfermedad que la obligó a trasladarse al hogar modelo Los Girasoles, en donde fue ?muy bien atendida?. Lo que hizo que sus últimos años los pasara en paz y en cuidado de gente que la quería.
A pesar que no tenía familiares, quienes estuvieron con ella hasta su último minuto hoy la recuerdan con enorme alegría y le agradecen cada una de las enseñanzas dejadas y le desean que descanse en Paz
MARIA BERNARDINA MARTINEZ
A los 67 años falleció, el 19 de enero pasado, María Bernardina Martínez, una mujer con una enorme vocación de servicio.
Bernardina había nacido el 20 de noviembre de 1945 en Mar del Plata, y era hija de María Alina Figueroa, oriunda de Uruguay, y Francisco Martínez Eras del Campo, quien llegó de España, y tuvo además dos hermanos. Primero, sus padres vivieron en Buenos Aires y luego se radicaron en la ciudad balnearia, donde el jefe de la familia trabajó en el puerto.
Bernardina se casó muy joven, a los 15 años, con Felipe Oscar Leguizamón. Vivieron en Ayacucho y luego, en 1976, se trasladaron a Tandil. Juntos tuvieron 7 hijos, que a la vez les dieron diecisiete nietos y dos bisnietos.
Bernardina trabajó como empleada doméstica, pero además le gustaban las flores, hobby en el que puso total dedicación. Su casa estaba ubicada en la calle Almafuerte, en el barrio Metalúrgico.
Sus familiares y amigos la definieron como una persona calma, amiga de sus hijos, compinche, y que disfrutaba de reunirse con todos sus descendientes.
?Le agradecemos todo lo que nos dio. Queremos decirle que nos perdone si alguna vez no la supimos comprender, pero la vamos a amar y extrañar. Jamás la vamos a olvidar porque nos dio la vida y estamos muy agradecidos por eso?, expresaron sus hijos.
Los restos de María Bernardina Martínez descansan en paz en el Cementerio Municipal.
MARIA EVA LAPPANO VDA. DE CLERICO
El 18 de enero pasado falleció María Eva Lappano Vda. de Clerico, a los 62 años.
María Eva había nacido el 20 de abril de 1948 en Tandil y era hija de María Angélica Irigoin y Alberto Lappano. Este matrimonio engendró a Pedro Eduardo, Carlos Salvador, Teresa (f), Elsa, Angélica, Jorge (f) y María Eva, que recibió su nombre en honor a María Eva Duarte de Perón, ya que nació en el auge del movimiento peronista.
Asistió a la Escuela 14 y, posteriormente, se casó con Lorenzo Clerico. Su compañero la dejó mucho antes, porque partió de este mundo hace 15 años.
María Eva fue ama de casa y también disfrutaba hacer todo tipo de manualidades y artesanías, como pintar en tela; se destacaba por ser muy creativa.
Su personalidad era amable y cariñosa. Antes de su final, padeció una cruenta enfermedad que la castigó durante un año y medio. En esos momentos difíciles la cuidaron su hermana Elsa y sus sobrinos, a quienes siempre estuvo muy ligada.
?Que Dios la tenga en la gloria?, rezan sus familiares.
Los restos mortales de María Eva fueron inhumados en el Cementerio Municipal.
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