Necrológicas
GLADIS ELENA TUNESSI de POLIZZI
“El pasado sábado 13 del corriente falleció Gladis Elena Tunessi de Polizzi. “Elenita” o “nuestra vieja”, se fue, no sin antes llenarnos de luz y de amor, aún desde sus últimos días poblados de dolor e inconsciencia. Dejó en todos nosotros un recuerdo de una persona absolutamente activa, trabajadora, solidaria, llena de bondad y sacrificio. Esposa de Rubén y madre de Liliana, Darío, Daniel, Leticia, Fabián y Alejandra; quienes la recordamos llenos de amor y la extrañamos con el alma. A veces las palabras no alcanzan ante el dolor que se siente en tanta pérdida. A veces las palabras no logran reflejar el brillo y la alegría que nos regalaste a cada paso, tu persona de bien y tu honestidad. Desde el pasado sábado, sabemos que el cielo tiene una nueva estrella que nos guía y nos alumbra con amor e intensidad. Trataremos de caminar por esa senda de bien que nos enseñaste y te tendremos en el mejor de los recuerdos en nuestros corazones. Gracias vieja, hasta todos los momentos”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
RENEE ANTHELIA ROLDAN de LEGUIZAMON
“Pocha, como todos la conocían, falleció el sábado 6 del corriente que amaneció triste y frío. Ya no estás junto a nosotros, junto a tus hijos, nietos, sobrinos, marido y yernos.
Dios ha decidido llevarte, imaginamos que estás en un lugar maravilloso, tranquilo donde la paz reina para que descanses.
René Anthelia Roldán de Leguizamón partió con sus jóvenes 78 años. Había nacido el 28 de noviembre de 1934 en Ayacucho; era hija de Nicolás de Bari Roldán y María Dominga Goyeneche. Desde niña acompañó a su padre en muchas de las tareas del campo: ordeñaba, cuidaba las ovejas y demás cuestiones que se daban cotidianamente.
Desde chicos ya se conocían con Leonardo Horacio Leguizamón, con quien, sin pensarlo contrajo matrimonio un día de noviembre de 1952.
Aun viviendo en Ayacucho, tuvieron a sus dos primeras hijas: Ofelia y Graciela; mientras que Norma y Rubén nacieron en Bahía Blanca, porque Leonardo fue trasladado por su trabajo en el ferrocarril a esa ciudad.
Luego se radicaron en Tandil donde llegaron Patricia, Pierina y Sonia.
Siempre acompañó de manera incondicional a su esposo mientras cuidaba y formaba su familia. Le gustaba arreglarse especialmente por las tardes poniéndose tacos altos, pintándose y vistiéndose elegantemente, también amasar y cocinar eran cosas de mucho afán para ella.
A partir de 1978 vio nacer y crecer a todos sus nietos: Mario, Facundo, César, Valeria, Víctor, Gastón, Luciano, Lorena, Germán, Osvaldo, Ezequiel, Darío, Rocío, Carolina, Manuel, Nadia, Matías, Melina, Sofía, Lucas… todos crecieron y en 2006 dedicó sus días a su último nieto: “Tatito” Mariano, por quien se desvivía y mimaba mientras daba sus primeros pasos.
Madre protectora y amiga, esposa enamorada de su marido, para la cual los años no eran una carga sino sumas de experiencias.
Ama de casa, vivió dedicada a su hogar y a su familia. Muy buena cocinera y su especialidad eran las empanadas y el pastel de carne.
Era naturalmente cordial, generosa y auténtica, dejando un recuerdo bello a los que nos amó.
Trabajadora y solidaria, dedicó muchos de sus últimos años al trabajo continuo con sus amigos y amigas de Caritas de San Antonio de Padua.
Tu partida ha sido dolorosa, pero sabemos que desde allá arriba nos vas acompañar, y estamos seguros de que a tu lado tienes una excelente presencia… una persona que recordamos como un loco lindo “el corto”… junto nos van a dar todas las fuerzas para recordarlos con una gran sonrisa.
Querida abuela… gracias, por compartir con todos nosotros tus retos, tus enojos, tus comidas, tus alegrías y tristezas. Abuelita del alma y madre de nuestras madres, vas a ser inolvidable. Cuántos recuerdos de la niñez vienen a la memoria, tú siempre sentías por nosotros… tus nietos y también nueve bisnietos”.
MAXIMA RAQUEL MALDONADO de SPAGNUOLO
El pasado miércoles 10 del corriente se apagó la vida de Máxima Raquel Maldonado de Spagnuolo, una querida mujer que contaba con 90 años de edad.
Raquel nació en María Ignacia (Vela) el 3 de abril de 1923; era hija de Víctor Vaez y Natividad Maldonado, y tenía una hermana: Victoria.
Desde muy joven desempeñó tareas de campo en la estancia de los Figueroa, donde sus padres eran puesteros.
En la década del ´40 conoció a José Spagnuolo (acá en Tandil), con quien se casó, de cuyo matrimonio nació su único hijo: José Alberto.
Trabajó muchos años en el Diario Actividades y en diferentes casas de familia, luego, ya casada, trabajó toda la vida en el negocio de su esposo, dedicado a la comercialización de semillas y vivero.
Luego se agregó a la familia, su hija política Norma Lechuga, que junto a su hijo José Alberto le desean un eterno descanso en paz.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
SANTIAGO OSCAR OMISI REGIO
“Viejo: te recuerdo como a un gran luchador, soñador, apasionado, buscador de vida que supiste del arado, de la chata y del carro, de maneas y alambres, de yerras y domas.
A vos “Gringo” o “Paisano” como te decían tus amistades, albañil de oficio, eterno madrugador, de tango y mate amargo.
A vos viejo, que capeaste temporales, de espalda ancha, días largos y poca paga, que siempre estuviste, con virtudes y defectos.
A vos viejo que no te diste tregua, hasta el último día, siempre pensando en hacer, con tus manos grandes, toscas pero laboriosas. No te voy a olvidar nunca ¡Hasta siempre Papá, Gringo, Paisano….”. Tu hijo Pedro.
JOSE OSCAR MUÑOZ
A la edad de 75 años, el pasado sábado 13 del corriente dejó de existir José Oscar Muñoz, causando dolor y tristeza entre sus seres queridos.
José Oscar nació en esta ciudad el 30 de noviembre de 1937; era hijo de José Gumersindo Muñoz y María Francisca Aiello. Radicado en Espeleta, era uno de siete hermanos: cuatro mujeres: Pichona, Nelly, Tola, Aide y tres varones: Pichón, Oscar y Rubén.
Se había casado en Espeleta con María Hilda Vizoso y tuvieron un hijo: Oscar Francisco Muñoz, quien le dio junto a María Gabriela Ballesteros a su único nieto: Agustín Francisco y a su nieto político Pablo Ballesteros.
En 1976 se radicó en esta ciudad, siendo trabajador de Parques y Paseos del Municipio, jubilándose más tarde en la sección Mantenimiento del Hospital Municipal Ramón Santamarina, de donde se llevó muchísimas amistades.
Años más tarde llegó a su vida Bárbara Irurzun, a quien consideró una nieta más.
Era un fanático indiscutible del fútbol, pero más fanático de Quilmes.
“Te recordaremos siempre con mucho amor y te amaremos por siempre”. Hilda, Agustín, Oscar.
Dedicatoria:
“Viejo querido, que otra cosa decirte que dejaste un vacio en mi, que me cuesta mucho seguir, no entiendo como te me fuiste, si teníamos tanto para compartir todavía, tenía tantos sueños y proyectos. Y en todos estabas vos viejo y siento que sin vos no es lo mismo.
Me es muy duro no verte, no escuchar tu voz, el llegar y no verte feliz de verme como siempre. Fuiste mi mejor amigo y siempre lo voy hacer.
No podía haber pedido un Abuelo mejor, porque me ayudaste en todo siempre comprendiéndome, aconsejándome siempre.
Firme a mi lado, daría veinte años de mi vida por estar un minuto con vos, abrazarte y decirte lo mucho que te amo, que nunca te voy a olvidar y cada día vas a estar conmigo ¡Gracias por haberme amado tanto!”. Tino.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
ARMONIA LLERIAS
Pesar y tristeza ha provocado la noticia del fallecimiento de Armonía Llerias, una querida mujer que contaba con 78 años de edad.
“Martha” nació en Balcarce el 13 de septiembre de 1934; casada con José Manuel Caballero (viuda); con tres hijos: Juan José, Raúl Arturo y Oscar Aníbal.
Vivió en el campo Los Cerros hasta 1969 que se vino a vivir a Tandil. Sus nietos, bisnietos, hijas políticas y nietos políticos la recuerdan eternamente.
“Abuela: te fuiste tan inesperadamente, que no alcancé a despedirme; no me queda duda lo que me quisiste porque me lo decías todas las mañanas.
Me dejaste un vacío tan grande que no se puede llenar con nada; me pregunto todos los días que fue lo que pasó, estabas tan bien, tan llena de vida, con ganas de vivir.
Hoy hace un mes que ya no estas con nosotros, un mes tan largo para mi que no puedo creer que ya no escuche tu voz a la mañana, ni compartamos esas largas charlas o los mates de los domingos a la tarde, los paseos por tu hermosa quinta, la que cuidabas tanto.
La casa se siente tan vacía que no me dan ganas de ir ¡No lo puedo creer!, ya no te tengo, el único consuelo que me queda es que te disfruté y pude verte sonreír mientras estabas con tus bisnietos Joaquín, Emanuel y Genaro.
Te amé, te amo y te voy amar por siempre “Abuela Martha”, mi abuela, gracias por todo, por haber estado siempre y haberme querido tanto ¡Te extraño, te extraño tanto!”. Valeria Alejandra Caballero.
MARTHA ZALACAIN de AMESPIL
“Sus ojos se hicieron niebla
cuando el alba se marchaba;
el misterio de lo eterno
se hizo bruma en su mirada,
durmiéndose para el mundo,
al perderse a la distancia.
Tu presencia está aquí…
y más lejos:
en el aire, en las luces
de la aurora,
en las sombre del ocaso,
en la brisa que acaricia
con sus hilos de nostalgias.
Tu voz resonará entre nosotros
en el altar de tu casa:
fuiste amiga, esposa y madre.
Eres amor y esperanza”.
H.B.A.
FACUNDO ALDAZ
“Facundo: no entiendo qué pasó, sólo sé que una vez más me dejaste sola con nuestro hijo y la certeza de que hoy no habrá regreso. Sólo sé que te amé y me amaste. Quizás sin darte cuenta me diste lo más hermoso: nuestro hijo Dylan.
Aún él no entiende porque es chiquito, pero me consuela ver que al mirarlo hay algo tuyo en su rostro.
Solo te pido que me des fuerzas para seguir adelante. Es mucho el dolor y mucha la impotencia ¡cómo si decías amarme te fuiste? Hoy dicen muchas cosas, pero no logro entender. Siempre te pedía que anduvieras despacio, pero no me hiciste caso. El destino, la fatalidad, no se qué te arrancó de mi lado para siempre dejándome un gran vacío, trataré de aferrarme a los lindos recuerdos juntos y lo más preciado: nuestro hijo.
Te prometo cuidar de él como seguramente lo hubieras hecho vos si estuvieras, le diré que lo amaste y que desde el lugar donde estés, siempre nos vas a cuidar. Te amaremos por siempre y te recordaremos.
Brenda R. Pérez y Dylan Aldaz. ¡Te amo nenito mío!”.
OSCAR ALBERTO GONZALES
A los 67 años de edad, el pasado sábado 13 del corriente falleció Oscar Alberto Gonzales, causando dolor y angustia entre sus familiares y amistades.
Oscar nació en esta ciudad el 25 de abril de 1946; era hijo de Ana Torrebruno y Oscar Gonzáles.
Partió acompañado de sus seres queridos, quienes lo cuidaron hasta el último día.
“Te recordaremos con mucho cariño por tu buen carácter y tu sonrisa. Agradecemos a Leis, Tere, Ana y Silvia, quienes me ayudaron y acompañaron en este difícil momento. Te extrañamos y queremos mucho: Valeria, Juan y Lauti, Graciela y Rubén”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
MARIO DANIEL MALDONADO
“Papi: no hay palabras ni sentimientos que alcancen para agradecer todo lo que luchaste e hiciste por nosotros, por tus hijos, por mamá y por tus nietos.
Fuiste un buen padre, esposo, abuelo, amigo, compañero. ¿Qué no hiciste por la gente? Todos te están agradecidos.
Tu humildad, tu generosidad y tu bondad llegó a muchos corazones. Hoy puedo decir que fuiste la persona más luchadora y buena que conocí. Siempre estabas cuando te necesitábamos en las buenas y en las malas. Te voy a recordar siempre como lo que fuiste: el mejor padre.
Siempre vas a estar presente en nuestro corazón y en cada momento ¡Te amamos! tu mujer Miriam Cabral; tus hijos María, Natalia, Mario, Emanuel y Daniel; tus hijos políticos Martín Bair y Fabián Fabre; tus nietos Agustín, Valentina, Tatiana y Mía; tus amigos, sobrinos, primos y demás familiares ¡Siempre presente Papi!”.
MARIO OMAR CONTI
El pasado miércoles 10 del corriente dejó de existir el pastor evangélico Mario Omar Conti, quien contaba con 73 años de edad.
Mario nació en esta ciudad el 23 de febrero de 1940, era hijo de María Ester Guerrero y Domingo Amalio Conti. Se crió en una familia muy humilde junto a sus seis hermanos y trabajó desde muy pequeño.
En 1960 se casó con Teresa Caraffini, quien sería su compañera incondicional hasta sus últimos días. De esa unión nacieron sus hijos: Mario, Víctor y su tan ansiada hija Erica.
Dedicó su actividad laboral a su profesión de carnicero y a su gran pasión “el fútbol”, que le dio tantas satisfacciones a la ciudad como director técnico.
Allá por 1984 comenzó a dedicar su vida a pregonar la palabra de Cristo hasta el cansancio.
Sufrió un ACV que a pesar de haberlo dejado limitado no pudo callar su voz y siguió predicando y hablando a las almas de la maravillosa obra de Dios.
Hacia fines de mayo todo comenzó a complicarse y su vida se fue apagando de a poquito día a día, pero rodeado del amor y el cuidado de su esposa, hijos y nietos.
El pasado 10 de julio sus ojos se cerraron para descansar en paz y fue así de la mano de su tan amado nieto.
“Querido Papá: cuanta tristeza dejaste en mi corazón. No puedo explicarte como me siento, el vacío que dejaste en mi… el que ya no estés cada noche para esperarme al llegar del trabajo, el no poder escuchar ese “te amo con toda el alma” que siempre me decías.
Solo me quedó el pensar que donde estés, estarás feliz, con esa hermosa sonrisa, que ya hacía días que no podía ver en tu rostro.
El dolor es inmenso, siempre vivirás en mi corazón y en el de mis hijos y… tranquilo que cuidaremos de mamá, como lo hicimos con vos. ¡Hasta siempre viejito querido! Te amo. Tu hija Erica”.
MARCIAL NEPOMUCENO BERTOLOT
A la edad de 83 años, el pasado sábado 13 del corriente dejó de existir Marcial Nepomuceno Bertolot, causando dolor y tristeza entre sus seres queridos.
Nacido en la ciudad de Azul (provincia de Buenos Aires), desde muy pequeño su familia decide radicarse en Balcarce, para luego afincarse definitivamente en esta ciudad, cuando Marcial contaba con apenas cinco años de edad.
Formaba parte de una familia conformada por sus padres y nueve hermanos; cursando sus estudios primarios en la Escuela Nº 7.
Educado con la cultura del trabajo, desde muy jovencito aportó con su esfuerzo al mantenimiento del hogar familiar.
A mediados del siglo pasado decide conformar su propia familia, la cual se ve alegrada con la llegada de ocho hijos.
Su vida laboral fue transcurriendo en la ya desaparecida empresa Molinos Río de la Plata, continuó después pura y exclusivamente en tareas del ámbito rural hasta alcanzar su merecida jubilación.
Víctima de una larga, cruel y dolorosa enfermedad que lo afectó en lo físico, no así en lo anímico, sobrellevó la misma bajo el cuidado de sus hijas, yernos y nietos, los que estuvieron con él hasta el día del último adiós.
BLANCA HAYDEE ANDOLFATTI de LAZARTE
Cuando contaba con 75 años de edad, el pasado miércoles 10 del corriente falleció Blanca Haydée Andolfatti de Lazarte, causando dolor y tristeza entre sus seres queridos y amistades.
Blanca nació y vivió en Estación Iraola, cursando sus estudios primarios en la Escuela Nº 23; en su juventud conoció a Héctor “Pirulo” Lazarte, que vivía en el paraje El Solcito, con quien contrajo matrimonio el 3 de marzo de 1960, formando una familia y vivió toda su vida en el campo de Don Silverio, cuyos propietarios eran sus suegros.
Luego llegaron sus tres hijos: Claudio, Gustavo y Darío; más tarde la familia se fue agrandando con la llegada de sus nueras Karina Petite, Carina Crespo y Cristina Oscar. La vida la alegró después con sus nietos Agustina, Victoria (f), Gimena, Luciana, Juliana, Bautista, Cristian y Fiama.
También Dios le dio otro compromiso, ser madre del corazón, donde con mucho amor crió otros hijos como ella los llamaba: Daniel B., Jorge C, Juan M. Marcelo Z, Pocholo M. Jorge M. y Alejandro B.
Blanca fue una persona que colaboró mucho junto a su familia, en todo lo relacionado al Club y Escuela Nª 18 del paraje El Solcito, cosechando muchas amistades que hoy lloran su tan inesperada partida a la eternidad.
“Vieja: partiste tan rápido, hoy junto a tus hijos lloramos y no te olvidaremos. ¡Descansa en paz!”.
IDA PRIOLETTO de BUSTAMANTE
“Ida Prioleto, una bella mujer nacida en esta ciudad, en la zona de Villa Italia, junto a su hermana melliza “Chola” en 1933.
Desde su niñez junto a su melliza, se dedicaron a las tareas hogareñas, más precisamente a todo lo que era quintas, ya que sus padres se dedicaban a la venta de verduras y demás.
En 1952 se casó con Humberto Bustamante, con quien tuvo tres hijos varones; luego llegarían sus nietos, a quienes les dedicó gran parte de su vida, empezando por el mayor, a quien decías “amo a todos mis nietos pero él…”, si Abu, él te podía.
Sabemos de sus caprichos, que solo vos le dabas, uno de ellos fue la Cola Cola, que en el lugar de tu despedida sintió que la Cola Cola no lo había abandonado, lo acompañaba en su peor momento. Quien te ponía histérica. Hoy ponen histérica a tus nietas las mujeres… La Abu era de esas abuelas que te inculcaba enfermedades que solo ella conocía. Y nos decía “qué pálida estás”, “pero mirá que cara de jodida que tenés” y venía el famoso Mejoralito, el trapito húmedo en la frente y un llamadito a quien curaba el ojeo.
Cocinaba pasteles “cositos duros, rosquitas y empanadas, siempre pensando en el pastelito de batata y la famosa empanada de jamón, que eran para ella. Si, Abu como vos decías “todos mis nietos saben, pero ella es inteligente, viva, nadie la va pasar por encima”, ese era tu orgullo cuando hablabas por ahí.
Hacía pan dulces, pero había uno especial, el que no tenía nada era para ella, si Abu, para la chinchuda, a quien vos le hablabas con amor, no sabía con que te iba a salir. Tuviste la suerte de tener la peluquera en casa, a vos que poco te gustaba salir.
Eras la que se destacaba a la hora de meterte miedos, quedaste tan traumada con la inundación de La Plata, que por tener la negrita pachorrienta (como vos le decías) viviendo allá; que caen dos gotas y por tres días te pedimos que no salgas de la casa y si lo hace que mire bien a los costados, por si alguien la quiere agarrar.
Ja, ja, ja… esa era nuestra Abu. Viviste como una reina, tenías al jardinero y a la empleada doméstica, aunque le dejaste la tarea más difícil (lavarle los postizos del abuelo… ja, ja.) ¡Hay abuelita! Cuando nos dejaste, nos sentimos vacíos, desconcertados y sin rumbo, pero como no nos vamos a sentir así, si todo nos diste y todo te dimos en la vida.
Hay ese vacío empezará a llenarse nuevamente, sabemos que te encargarás de eso. Hoy estamos de pie, con ganas de seguir y felices de que seas nuestra Abu… la Abu de todos.
Así lo pediste, así nos sentimos “no me lloren, ríanse con la Abuela, yo voy a estar bien”. Fuiste cómplices de nuestros caprichos, aventuras y demás, nos malcriaste como nadie lo puede hacer, nosotros nos quedamos sabiendo que estabas orgullosa de tus nietos.
Y dicen…, pero dicen… que así lo estabas… ¡gracias! Por tanto, vivirás siempre en cada uno de nosotros… Tus nietos: Carlitos, Romina, Luciano, Ignacio, Noelia, Pamela, Florencia, Agustín, Damián, Martín y bisnietas (si das amor recibirás amor)”.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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