Necrológicas
CLAUDIA ROXANA BETHENCOUR
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Accedé a las últimas noticias desde tu email“Cuando contaba con 50 años de edad, el pasado domingo 30 de junio se apagó la vida de Claudia Roxana Bethencour, causando dolor y tristeza entre sus seres queridos.
Claudia nació el 25 de mayo de 1963 en Capital Federal; estaba divorciada, era madre de cuatro hijas y abuela de nueve nietos, quienes vamos a recordar con amor y ternura. Te llevaremos en nuestro corazón”.
BERNARDO ELICHABE
“Bernardo… llegó tu última morada, pero cuántos gratos momentos has dejado en todos nosotros.
De muy joven viviste en De la Canal, donde trabajaste durante muchísimos años en el campo. Fuiste socio fundador y vitalicio del Club Defensores de De la Canal, donde cada domingo ibas a la cancha a alentar a tu preferido.
Allí hiciste innumerables amigos… luego la vida quiso que te vinieras a vivir a Tandil, donde nuevamente te hiciste querer muchísimo.
Los partidos de truco, mus, festejos de cumpleaños, almuerzos y cenas con tus vecinos y amigos… las cebadas de mate en Daedaz, tus viajes a Pergamino para las fiestas a ver a tus sobrinos… en fin, por donde pasaste dejaste tu huella… ¡te vamos a extrañar!”.
JOSE ANTONIO GARCIA CID
“El fallecimiento de un hombre bueno
El título lo define, un hombre bueno, un hombre cabal, un hombre honesto, un hombre justo, un ser irrepetible en cuanto a características que no son usuales y frecuentes en todos los seres que habitamos nuestra tierra, para darle una definición concreta: un Hombre, así con todas las letras.
Nos conocimos en el ‘48, primero inferior del Sanjo, con Pichín, Caito y Chiche. Eramos unos nenes de 5 y 6 años, munidos de guardapolvo gris y esas caras de no saber, ante la incertidumbre de qué se trataba eso de ir a la escuela mañana y tarde con un señor de sotana negra y que mantenía a raya a 72 niñitos que se transformarían en 90 al año siguiente.
Así comenzamos a frecuentarnos, a saber que éramos todos vecinos, a salir a jugar y a conocer otras mamás en otras casas y otros sabores de café con leche.
¡Qué satisfacción y alegría el día que nos tocaba jugar en tu casa! Aquel inmenso fondo, aquellos galpones y garajes, y escondidos entre fardos y bolsas de forraje donde alimentábamos nuestros sueños de cowboys.
En el ‘49 nos hicimos hinchas de nuestro querido Racing. En aquella época era facilísimo ser académico fundamentado por los tres años seguidos de éxito.
Teníamos también nuestras excepciones en materia futbolística, ya que hizo su aparición en el barrio un joven venido de la avenida Colón, con una insólita camiseta de River.
Cómo no recordar aquellos interminables picados en la ancha vereda de 9 de Julio y Garibaldi, a los que no eras muy afecto, pero que te contaban con tu presencia por si hacía falta un arquero. Hasta que tu inclinación deportiva optó por el ciclismo y ahí brotó tu pasión por ese deporte al cual nos introdujiste y aprendimos a conocer a través de tu presencia, pedaleando con todos los grandes de aquella época.
Ese amor por la bici se mantuvo intacto de por vida, lo que te permitía todavía decir: “Me voy un rato a la pista a charlar con los amigos. Luego fuimos quemando etapas y hasta que un día don José, conociendo tus dotes conductivas te prestó el querido Chevrolet 38 negro y en ese agradable recinto de cuatro puertas nos encontraban los domingos de mañana, elucubrando e imaginando hazañas competitivas a nuestro conductor y a otros diez copilotos quienes compartían aquellos inolvidables momentos. Hasta que el avance de la tecnología nos permitió pasar de aquel entrañable Chevrolet a un moderno DKW, negro y de techo blanco al que se sumó el de nuestro querido y solvente preparador, aportando una unidad similar pero de color gris y blanco.
Daría para un capítulo aparte todas las incursiones y excursiones realizadas en aquellas joyas mecánicas, pero siendo éste un intento de homenaje a tu memoria, rescato de todas ellas una frase que no olvido y por la cual fuiste un adelantado en seguridad vial y una concreta figura de cómo manejarse en la vida “El que maneja, no toma”, y lo cumplías a rajatabla. Luego el tiempo nos fue adentrando en nuestra adolescencia y en algún momento de esa época nos encontramos en el bullicio y la alegre camaradería de aquella estudiantina que terminaba su secundaria del Normal.
Evidentemente, el destino te deparaba algo más que unas agradables amistades. Allí encontraste el amor de tu vida, allí hallaste la mujer que acompañó todo tu tránsito terrenal y como nos tenías que señalar la huella fuiste el primero que se casó y luego, por un camino no exento de esfuerzos y sacrificios, formaste un hogar con la presencia de las tres emes: Marita, Mariana y María Inés.
Luego todos fuimos formando nuestro hogar, haciendo nuestras familia, incrementándolas con la llegada de los nietos, tomando distintos rumbos laborales y después de años, cuando comenzábamos a dar la vuelta, nuestro querido ‘maestro de ceremonias’, el primero que subió, tuvo la buena idea de juntarnos, encontrarnos y hacernos sentir felices nuevamente por el solo hecho de compartir mesas, viajes, eventos y anécdotas (repetidas hasta el cansancio). Y como el tiempo cura y mitiga algunas diferencias existenciales, nos encontró festejando todos nuestros 70 con los mismos bríos y ganas de 60 años atrás.
Eras la palabra justa, equitativa y bondadosa, en el momento exacto, para quien la necesitara. En los 65 años de vida jamás te vi enojado, nunca un término descomedido o fuera de lugar, ni aun en los momentos más difíciles que el destino te pondría por delante, y que sabemos que fueron muchos, te oímos emitir queja alguna.
Me queda dentro mis caros sentimientos ese impulso que te movilizó un domingo por la mañana para llegar a mi casa y fundirnos en ese abrazo sentido y emotivo por lo que habías leído instantes antes en el matutino y que hacía referencia a la partida de aquel que era una de tus debilidades fraternales, nuestro ‘maestro de ceremonias’. Me queda la satisfacción de que te enteraras por medio de un mail indiscreto, cuando el signo zodiacal se posó sobre mi humanidad, de mi comentario: “Yo sabía que Josecito no me iba a fallar” y por último no te podías ir sin tomar intervención, ya que el hecho irreversible, nos dimos un cariñoso y afectuoso saludo con quien unos días atrás habíamos tenido una pequeña diferencia que no vale recordar. Ahí también yo sabía que Josecito no me podía fallar.
Ante esta partida sorpresiva y que nos ha hecho tambalear los cimientos, sólo nos queda pensar que ante la necesidad de ayuda del propietario de Metilli Eventos nuestro Señor lo consultó y le preguntó: ‘¿Quién quieres que te acompañe en tu tarea?’, a lo que él contestó ‘Señor tráeme el más bueno de mis amigos’, ante tal respuesta no quedaron dudas: José para arriba, los demás que esperen.
Por eso, si en algún día de tormentas se escucha algún sonido distinto al trueno no se preocupen, es José que le sacó el tapón al escape del lateral de DK y lo anda probando. Distinto sería si alguien observa en un cielo diáfano algún reflejo inusitado, no se sobresalten, es el brillo de una Willier Triestina. Morada, reluciente y pintada a fuego, y que José usa para estirar las piernas.
Ha fallecido un hombre bueno, ha fallecido el señor José Antonio García Cid, para los de otra época ha fallecido el ex Gordo García, para los más cercanos ha partido José, a nosotros se nos fue Copepeuto y solamente nosotros sabemos el dolor que eso significa. ¡Descansa en paz amiguito, hasta nuestro próximo encuentro!… Los Septalescentes”.
EMA ROSA CALDERON DE ZUVIC
“Rodeada de toda su familia, Ema Rosa Calderón de Zuvic falleció el pasado jueves 4 del corriente mes. Se fue como vivió, amada y mimada.
Ema nació en Mendoza y se crió en Río Gallegos, Santa Cruz. Allí conoció a Miguel Angel Zuvic y comenzó la aventura. Ema tuvo cinco hijos, pero la vida le dio muchos más. Ema era mamá por naturaleza, y muchos de los amigos de sus hijas e hijos la tomaron como suya.
Mami era la dueña de unos ojos verdes traviesos que te llegaban al alma. De una sonrisa contagiosa y llena de ternura. Ella nos enseñó a escuchar buena música, a tener apreciación por el arte y la cultura y a bailar en cualquier oportunidad.
Su capacidad de descripción nos hacía viajar a todos los rincones donde ella recorría, haciéndonos imaginar al detalle sus lugares favoritos.
Su creatividad no conocía límites. Mami se regocijaba entre telas, botones, cintas de colores, broches y cualquier objeto que pudiera decorar, con mucho gusto, una pieza que habría diseñado y confeccionado. Su habilidad hizo que apareciera en decenas de periódicos de los EE.UU., a partir de una entrevista que hizo Associated Press sobre sus diseños.
Mami conquistaba el corazón de todos aquellos que la conocían. Muchos rezaron por ella, muchos han recordado a nuestra mamá con mucho amor. Por ello, en nombre de la familia Zuvic les decimos: Gracias.
Será recordada por: su esposo Miguel Angel Zuvic; sus hijos: Mariana de Jesús, Cecilia Milenka, Luciana Maia, Martín Miguel y Rosaura Slava; sus nietos: Carlos, Felicitas, Mirko, Milenka y Helena; sus hijos políticos:
Eduardo Costa, Paula Mega, David Schafermeyer, Javier Quantin; sus hermanas: Mercedes y Haydée; sus hermanos políticos: Julio Monte y Raúl D'elia; junto a sus sobrinos: Mauricio, Cecilia, Aurelio, Pablo, Esteban y Martín Monte; Pedro, Carlos, Jorge y Diego D'elia; Verónica y Damián Zuvic; sobrinos nietos, bisnietos y sus amigos: Mirta Pereyra, Pocho Arguelles, Jorge Tarantini y Pedro Campoy”.
BLANCA ESTHER ACUÑA DE FERNANDEZ
“Nació en Tandil el 3 de junio de 1925, hija de Francisco Acuña y Josefa Bianchi. Fue única hija hasta los once años, cuando un trágico accidente le regaló un hermano: su primo Juan Carlos Varenna, ahijado de sus padres que quedó huérfano a los cuatro años.
Desde ese momento nunca se separaron. A los 21 años se recibió en el Instituto de Corte y Confección y al poco tiempo conoció a quien sería su esposo y compañero de vida: Mario Fernández. En 1953 se casaron y en noviembre de 1954 nació su primera y única hija: Susana, que fue su eterna consentida.
En 1984 nació su nieta Paula Anabella, a quien mimaron y cuidaron como una hija. Ocho años después nació su nieto Fernando y pocos meses después, en 1993, perdió a su esposo luego de cuarenta años de amor.
Como madre y nona, como la llamaban sus nietos, fue una mujer maravillosa, vivió hasta los 88 años disfrutando la vida, apreciada por sus vecinos, primos hermanos, cuñada y sobrinos que la conocían como “Tía Blanca”.
Sus cumpleaños eran muy esperados por el chocolate que tan bien preparaba.
Hacia finales de 2012 comenzó a apagarse de a poquito su vida, pero continuó rodeada de sus grandes afectos.
El 19 de junio de 2013 sus hermosos ojos del color del mar se cerraron, dejando un gran vacío en todos sus familiares y amigos.
Hoy está en una estrella, junto a su gran amor y desde allá sigue cuidando a Susi, Anabella y Fernando, quienes la llevarán por siempre en su corazón”.
HUGO OSVALDO LA FALCE
El pasado lunes 8 del corriente, falleció tras una breve dolencia el señor Hugo Osvaldo La Falce.
Nacido en Capital Federal, llegó a Tandil junto con su familia en 1969 para formar parte de la sociedad que instaló el primer supermercado de la ciudad.
Desde su juventud se interesó en los deportes, participando en natación y water polo. Ya en Tandil, jugó por muchos años al tenis en el club Uncas, donde cosechó muy buenos amigos.
Caracterizado por el buen humor y espíritu bromista, disfrutó especialmente de los momentos compartidos con la familia y de viajar extensivamente por el país. Su familia, sus amigos y todos los que lo conocieron lo recuerdan por su buen carácter, su sentido del humor y su bonhomía.
ALICIA ANTONIA BERNALDEZ
“A las 18.30 del pasado martes 2 del corriente partió Alicia Antonia Bernaldez, dejándonos un gran ejemplo de vida a todos sus familiares y seres queridos.
Luego de cinco años de larga lucha, supiste demostrar el ejemplo de solidaridad, amor, esfuerzo y tenacidad.
Fuiste una excelente persona, madre, esposa e hija, llena de cariño y paciencia. Siempre estarás en nuestros corazones.
Te amamos, tus hijos, nietos, madre, hermana y esposo”.
ROSA ELENA PACALI DE GUAINI
Cuando contaba con 84 años de edad, el pasado miércoles 26 de junio se apagó la vida de Rosa Elena Pacali de Guaini, causando dolor y tristeza entre sus seres queridos.
Rosa nació en la ciudad de Azul el 18 de septiembre de 1928, donde transcurrió su infancia.
En 1947 llegó a lo que es hoy es el paraje La Pastora, donde se encontraba un hermano empleado como tambero en la estancia La Calandria, ubicada en dicho paraje.
Allí conoció a quien luego fue su esposo, José Guaini. El 13 de mayo de 1950 se unieron en matrimonio, donde hasta este último mes de mayo cumplieron 63 años de casados. Fruto de esto nacieron sus hijos: Rosa, Graciela, Virginia y José.
Hasta sus últimos días estuvo acompañada por sus nietos: Matías, Ignacio, Mariano, Victoria, Florencia y Belén; junto con ellos, sus bisnietos: Jonás, Kiara, Bautista, Lautaro y Martín.
ANA MARIA ECHEVERRIA DE ZARATE
“Nació el 25 de diciembre de 1931 en Tandil, pero fue asentada tres días después. Hija de María Angélica Echevarne y Bautista Echeverría, tuvo 11 hermanos. Transcurrió su niñez en el campo, hasta su casamiento el día 14 de agosto de 1958, con quien fuera su compañero de toda la vida: Cipriano Zárate, fallecido hace siete meses.
De esa unión nacieron dos hijos: Jorge Daniel y María Luján, en Capital Federal, ya que cuando se casaron se fueron a Buenos Aires, papá, a trabajar al ferrocarril, y luego de unos años volvieron a la zona a trabajar en el campo hasta 1974, cuando se radicaron en Tandil.
Más tarde llegaron los hijos políticos: Juan Ricardo Apecechea y Graciela Raquel Menchón y posteriormente los nietos, de María Luján, tres hijas: María de la Paz, María Cecilia y María Noel Apecechea y de Jorge Daniel: Nicolás, Valeria y Jorgelina, quien a su vez le dio una bisnieta, Sofía.
Transcurrió los últimos cinco años luchando contra las secuelas de un ACV, fue una vasca de carácter fuerte, frontal, honesta, súper cariñosa con sus nietos, un ejemplo a seguir… Mamá, tu paso por esta vida ha sido hermoso, tu casa era el punto de llegada de tu familia, la casa de “Maruca” y Cipriano.
Cuánta tristeza y dolor haber perdido en siete meses a papá y a mamá, sólo nos da paz saber que ahora están juntos. Los cuidamos hasta el final, no dejándolos solos ni un instante, hicimos lo que correspondía y los disfrutamos toda la vida. Gracias mamá por darme la vida que me diste, gracias a vos y a papá por hacer de mí el hombre que soy. Trataré de ahora en más honrar su memoria. Fueron el espejo donde me miré para criar a mis hijos, estoy en paz, lo que los amé se los dije en vida, es muy grande la tristeza que tengo, no es fácil aceptar que en tan poco tiempo nos quedamos sin los viejos, pero los recordaré con alegría. Que Dios les dé la paz y el descanso que se merecen. La vida sigue y hay que seguir…
“Querida mamá:
Cuánta tristeza dejaste en mi corazón, al igual que papá.
Como hijos, tratamos de darle lo mejor, de cuidarlos siempre, de estar con ellos, de devolverles un poco de todo lo que hicieron ellos por nosotros.
Lo único que me reconforta el alma es que están juntos por el amor tan puro que tenían uno por el otro.
Viejo, te prometí que la iba a cuidar tanto como vos lo hiciste… Hice todo y creí en ella más que nadie, que iba a salir. Cómo la peleó, la fuerza que tuvo y cómo se la bancó mamá, pero desde el día que el doctor habló con ella para decirle que estabas muy enfermito, de ahí cambio todo… mamá se puso cada vez más triste, todos los días preguntaba por vos y en tanto dolor porque te habías ido, no sabíamos qué decirle, te la llevaste con vos… en el fondo estoy segura que era lo que ella quería, sólo estar a tu lado.
Jamás podré olvidar cuando tu vida se apagó, te tenía de la mano…hice lo que más pude, corrí pidiendo ayuda, pero ya estabas muy cansada, ya no querías sufrir más. Quise salvarte, como vos lo hiciste conmigo cuando me asfixié con gas, que me salvaste la vida, pero era demasiado tarde, te habías ido.
Lo fueron todo para mí, para mis hijas… no sólo como papás sino como abuelos. Adoraban a sus nietos, los dos eran felices por sus logros, se sentían orgullosos de ellos.
Hoy no puedo explicar cómo me siento, el vacío que dejaron en mí… el entrar a la casa y no verlos sentados al lado del calefactor diciendo: ‘¡Llegaste, hija!’, me hace sentir que ya no están, sus manos saludando cuando me iba, acostar a mamá, tantas cosas que no podría nombrar en este momento… es muy difícil y cuesta mucho. Todo pasó tan rápido que un dolor tapó al otro…
Hoy no tengo nada certero, sólo dudas, tristeza y mucho dolor. Sólo sé que en donde estén van a estar juntos y felices.
El dolor es inmenso. Papá y mamá, siempre los voy a llevar en mi corazón… siempre van a ser una parte de mí… ¡los amo!”.
CRISELIA ETCHART DE NUÑEZ
El pasado martes 9 del corriente se apagó la vida de Criselia Etchart de Núñez, una mujer nacida el 10 de diciembre de 1932, e hija del matrimonio conformado por Antonia Barone y Eusebio Etchart.
Su infancia transcurrió junto a sus cuatro hermanas y dos hermanos, quienes siempre trataron de estar juntos.
Cursó sus estudios en la Escuela 14, donde cosechó muchas amistades. Años más tarde, junto a sus hermanas, se dedicó al arte de la costura y el tejido, otra etapa de su vida, como de costumbre, en compañía de sus hermanas. Trabajó envasando espárragos en la zona de La Pastora, más conocido como Las Parvaguevas.
Regresó después a Tandil e ingresó durante los años cincuenta a la fábrica Kaffka, donde conoció a Otilio Roberto Núñez, contrayendo enlace en diciembre de 1960. En esa época problemas de salud le impidieron seguir trabajando, pero gracias a Dios pudo dar a luz a su único hijo: David Roberto Núñez, quien cuidó de ella desde el 3 de octubre de 2006, cuando falleció su esposo, el cual fue un excelente compañero, que le dedicó su vida, preocupándose intensamente por su salud.
MARIA JOSEFA ESCUDERO DE ZARRABEITIA
Cuando contaba con 88 años de edad, el pasado lunes 1 del corriente falleció María Josefa Escudero de Zarrabeitía, causando dolor y tristeza entre sus seres queridos.
María nació en esta ciudad el 15 de abril de 1925; era hija de Paula Urroz y Plácido Escudero, ambos de descendencia vasca. Vivió su niñez y adolescencia en Napaleofú.
En 1944 contrajo matrimonio con Marcelino Zarrabeitía, con quien formó una familia que vivió toda su vida en el campo, junto a sus hijos: Pedro, Marcelino y José Osvaldo.
La vida la alegró con la llegada de sus nietos: Omar, Mariela, Matías, Micaela, Marcos, Mateo y tres bisnietos.
De San Lorenzo se trasladaron junto a su esposo e hijos a la Estación Gardey, dedicándose siempre a las tareas rurales.
Habiendo quedado viuda, se radicó en el barrio Metalúrgico, en Cardiel 463 de esta ciudad, donde fue inmensamente querida por sus vecinos.
MARIA ESTHER ORTEGA DE ISLAS
“Chiquita” nació el 21 de diciembre de 1934 en la zona del paraje La Porteña; era hija de Antonia Francisca Granero y Francisco Ortega, un matrimonio nativo de Antas, una aldea de Almería.
Ya vivía su hermano Simón, y años más tarde nació Luis. La vida comenzó con sus duros destinos; en el año ‘40 don Francisco falleció, quedando doña Antonia con sus tres hijos, y allí María debió convertirse en ama de casa, cocinando para sus hermanos y madre, mientras ésta trabajaba de sol a sol en todas las tareas agrícolas.
Los tres hermanos concurrieron en principio a un colegio del Haras General Lavalle y años después fue a la Escuela 33, del paraje La Porteña, donde conocería a quien fue su compañero de toda la vida: Juan Rubén Islas.
Chiquita estudió corte y confección, recibiéndose con las mejores calificaciones, trabajando durante muchos años confeccionando prendas de todo tipo.
El 3 de mayo de 1962 unió su vida junto a Juan, recibiendo años más tarde la llegada de su única hija: Liliana Esther, y así fueron transcurriendo los años en armonía y compañerismo.
El sábado pasado partió rumbo a la eternidad, dejándonos invalorables recuerdos y ejemplos de vida”.
RENEE ANTHELIA ROLDAN DE LEGUIZAMON
“Pocha, como todos la conocían, falleció el sábado 6 del corriente, que amaneció triste y frío. Ya no estás junto a nosotros, junto a tus hijos, nietos, sobrinos, marido y yernos.
Dios ha decidido llevarte, imaginamos que estás en un lugar maravilloso, tranquilo, donde la paz reina para que descanses.
René Anthelia Roldán de Leguizamón partió con sus jóvenes 78 años. Había nacido el 28 de noviembre de 1934 en Ayacucho; era hija de Nicolás de Bari Roldán y María Dominga Goyeneche. Desde niña acompañó a su padre en muchas de las tareas del campo: ordeñaba, cuidaba las ovejas y demás cuestiones que se daban cotidianamente.
Desde chicos ya se conocían con Leonardo Horacio Leguizamón, con quien sin pensarlo contrajo matrimonio un día de noviembre de 1952.
Aún viviendo en Ayacucho, tuvieron a sus dos primeras hijas: Ofelia y Graciela; mientras que Norma y Rubén nacieron en Bahía Blanca, porque Leonardo fue trasladado por su trabajo en el ferrocarril a esa ciudad.
Luego se radicaron finalmente en Tandil, donde llegaron Patricia, Pierina y Sonia.
Siempre acompañó de manera incondicional a su esposo mientras cuidaba y formaba a su familia. Le gustaba arreglarse especialmente por las tardes, poniéndose tacos altos, pintándose y vistiéndose elegantemente. También amasar y cocinar eran cosas de mucho afán para ella.
A partir de 1978 vio nacer y crecer a todos sus nietos: Mario, Facundo, César, Valeria, Víctor, Gastón, Luciano, Lorena, Germán, Osvaldo, Ezequiel, Darío, Rocío, Carolina, Manuel, Nadia, Matías, Melina, Sofía, Lucas… todos crecieron, y en 2006 dedicó sus días a su último nieto: “Tatito” Mariano, por quien se desvivía y mimaba mientras daba sus primeros pasos.
Madre protectora y amiga, esposa enamorada de su marido, para la cual los años no eran una carga sino sumas de experiencias.
Ama de casa, vivió dedicada a su hogar y a su familia. Muy buena cocinera y su especialidad eran las empanadas y el pastel de carne.
Era naturalmente cordial, generosa y auténtica, dejando un recuerdo bello a los que nos amó.
Trabajadora y solidaria, dedicó muchos de sus últimos años al trabajo continuo con sus amigos y amigas de Cáritas de San Antonio de Padua.
Tu partida ha sido dolorosa, pero sabemos que desde allá arriba nos vas acompañar, y estamos seguros de que a tu lado tienes una excelente presencia… una persona que recordamos como un loco lindo “el corto”… juntos nos van a dar todas las fuerzas para recordarlos con una gran sonrisa.
Querida abuela… gracias por compartir con todos nosotros tus retos, tus enojos, tus comidas, tus alegrías y tristezas. Abuelita del alma y madre de nuestras madres, vas a ser inolvidable. Cuántos recuerdos de la niñez vienen a la memoria, tú siempre sentías por nosotros… tus nietos y también nueve bisnietos”.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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