Necrológicas
JOSE MANUEL FERNANDEZ
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl pasado sábado 22 de junio falleció José Manuel Fernández, un querido y respetado hombre que contaba con 80 años de edad.
José Manuel trabajó durante toda su vida, desde los 13 años en la fábrica lechera La Tandilera y luego en La Serenísima, hasta alcanzar su merecida jubilación.
Su familia lo recuerda así: “José te fuiste sin una queja, llevaste tu enfermedad con toda fuerza y entereza.
Fuiste un gran esposo de Mari durante 54 años, un buen padre de tu único hijo: Juan José y de tu nuera Paola, que te dieron dos hermosos nieto: Eliseo y Agustín, a los que adorabas y no pudiste disfrutar como hubieras querido.
Fuiste servicial y bueno, donde te necesitaban ahí estabas. Cuidaste a tus hermanos, cuñados, sobrinos y sobrinos nietos.
No te olvidaremos Joso o Chodi, como te decíamos. Sabemos que al llegar al Cielo de los buenos encontrarás sólo paz para tu alma pura y noble. Tu querida familia”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
TITO ALFREDO SANCHEZ
“Papi, abuelo, un modelo de honradez con todas sus letras, a los 83 años el pasado jueves 20 de junio nos dejó nuestro querido “Titone” Alfredo Sánchez.
El hijo de Alfredo, para tantos amigos “el negro” Sánchez, pintor de obras de profesión y músico por pasión, con alma de tango; y su madre, doña Angeles Zapico, la abuela “vasca” de la mirada ternera y cuore generoso.
Nuestros abuelos Alfredo y Angela se multiplicaron en Gladys, Inés, Lide y nuestro precisado papi Tito Alfredo Sánchez.
“Titone” nació el 18 de mayo de 1930 en Tandil, a pocos pasos de la línea de cal del Estadio General San Martín, y a un par de bochazos de su Club Defensa, barrio donde creció hasta su juventud.
La redonda de cuero lo cautivó, amigos y anécdotas dicen: “El Tito era un 5 de los de antes”. De clase, lució con orgullo varias camisetas, entre ellas las de Defensa Tandil, Once Corazones, colgando sus botines a los 35 años en Jorge Newbery. También se destacó en el juego de pelota a paleta a nivel local, regional y provincial.
En la gran familia Sánchez, se puede afirmar que la música es un lenguaje generacional, nos da identidad, vida. Nuestro papi lo heredó y lo practicó intensamente como baterista de grupos musicales como el del maestro don Pedro de la Horca, Los Hermanos Galvasini, entre otros. Además de integrar la Banda del Batallón Logístico 1, donde el redoblante era su fiel compañero, y así también se destacó en el manejo del Bastón Mayor y su porte de buen soldado.
En lo que respeta a lo laboral, integró con orgullo la gran familia ferroviaria, como guardabarreras y señalero, siendo su última garita en servicio la de Empalme Gardey, para luego acceder a la merecida jubilación.
Otro dato que lo hace aún más noble es su reconocido arte de colchonero, no solo a máquina de escardar sino también a mano, de lana y cotín.
El 2 de enero de 1952, María Filomena Verona y Tito Alfredo Sánchez se unieron en matrimonio, siendo el primer casamiento de blanco” en la iglesia Nuestra Señora de Begoña, de Villa Italia, y de esa manera marcando un hito.
Por último y para terminar, cabe destacar que este texto pasará de generación en generación, recordando con cariño y orgullo a un gran hombre, y cuando alguien pregunte por él, más de uno va a nombrar “Ese era nuestro abuelo Titone”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
MANUEL DE JESUS ALTAMIRANDA
“El pasado sábado 15 de junio se fue de nuestro lado Manuel de Jesús Altamiranda, a los 61 años su luz pasó a la eternidad.
Nacido en Santiago del Estero, desde muy joven se dedicó a trabajar en la siembra de papa, aprendiendo a desarrollarse en todo tipo de área en ese trabajo.
También descubrió una gran pasión y conoció todo el sur argentino esquilando.
Por su gran generosidad y bondad supo cosechar una cantidad numerosa de amigos, buena parte de ellos lo acompañaron con profundo dolor el día de su despedida.
Es así que pasaron los días y sigue pareciendo increíble que te hayas ido. Se que vas a ser un ángel guardián para todos los que te queremos, sé que nos vas a dar la fuerza necesaria para seguir a pesar de tu ausencia.
Al irte dejaste una gran tristeza, pero te recordaremos como un gran hombre, siempre atento, educado y generoso. Trabajador incansable hasta que tu corazón no resistió.
Has sido un gran compañero de vida y un excelente padre. También te destacaste como buen hijo y el mejor amigo de tus amigos. Con todo el amor del mundo deseamos que estés en paz, y acompañándonos en cada paso. ¡Siempre te recordaremos! Tu familia”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
ROSA ELENA PACALI de GUAINI
Cuando contaba con 84 años de edad, el pasado miércoles 26 de junio se apagó la vida de Rosa Elena Pacali de Guaini, causando dolor y tristeza entre sus seres queridos.
Rosa nació en la ciudad de Azul el 18 de septiembre de 1928, donde transcurrió su infancia.
En 1947 llegó a lo que es hoy es el Paraje La Pastora, donde se encontraba un hermano empleado como tambero en la Estancia La Calandria, ubicado en dicho paraje.
Allí conoció, a quien luego fue su esposo, José Guaini. El 13 de mayo de 1950 se unieron en matrimonio, donde hasta este último mes de mayo, cumplieron 63 años de casados. Fruto de esto nacieron sus hijos: Rosa, Graciela, Virginia y José.
Hasta sus últimos días estuvo acompañada por sus nietos: Matías, Ignacio, Mariano, Victoria, Florencia y Belén; junto con ellos sus bisnietos: Jonas, Kiara, Bautista, Lautaro y Martin.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
GREGORIO JOSE SILVESTRI
A la edad de 77 años, el pasado domingo 23 de junio falleció Gregorio José Silvestre. Sus seres queridos escribieron en su memoria:
“A mi viejo “Goyo”:
Se nos fue un paisano,
se nos fue un criollo,
no sé qué pasó,
no entendemos nada,
son cosas que pasan diría Larralde.
Su silla, sillón vacíos,
Seguramente desde el Cielo, no sé si
mirará su programa de todos los sábados
“Alma Gaucha”, tal vez.
Se nos fue un paisano,
se nos fue un criollo,
no sé que pasó,
no entendemos nada,
son cosas que pasan diría Larralde.
No sé si algún día, alguien ocupará
su lugar, no sé, tal vez
su nieto Juan Ignacio
seguirá sus pasos,
desfilará con su recado, sus cosas.
Seguramente lo mirará desde el Cielo,
allá arriba al lado de Tata Dios
y se le caerá un lagrimón, no sé.
Se nos fue un paisano,
se nos fue un criollo,
no sé que pasó,
no entendemos nada,
son cosas que pasan diría Larralde.
Lo único que sé, es que se nos fue
un paisano, se nos fue un criollo,
se me fue mi viejo”.
Tu hija Guille.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
BLANCA ESTHER ESCUDERO de GARCIA (sin foto)
El pasado viernes 21 de junio se apagó la vida de Blanca Esther Escudero de García, dejando pesar y angustia entre sus familiares y amistades.
Blanca nació en Claraz el 10 de mayo de 1028; era hija de Trinidad Latour y Juan Escudero, conformando una familia junto a sus hermanos: Nico (f), Melly (f) y Oscar.
En su juventud trabajó en diferentes lugares como planchadora, era muy buena en lo suyo.
Conoció a su gran amor: Antonio García, con quien se casó en 1962 y supo ganarse también el amor de Marta, a quien siempre consideró su hija del corazón. Pasaron los años y a la familia se suma su yerno Néstor, quien la hacía divertir con sus alocadas ocurrencias. Ellos le dieron dos nietos: Germán y Mariana, a los cuales se dio el gusto de malcriar y mimar de chiquitos y fue como una mamá cuando vinieron desde el campo a estudiar en Tandil, ya que paraban de lunes a viernes en su casa.
Germán le dio tres bisnietos: Lautaro, Fermín y Malena, a quienes cuidó hasta sus últimos días, sobre todo a los dos más pequeños. Adoraba a los tres, pero con Fer tenía una relación muy especial, era mutuo, y se vio reflejado en el velatorio cuando le dijo a su Abu dormida: “!Te voy a extrañar tanto, tanto!”.
Era una mujer muy católica, iba todos los domingos a misa y prendía velitas por todos y con esa fe le pidió infinidad de veces a Dios que no la hiciera sufrir ni dar trabajo, y era tan buena que así Dios se lo concedió.
Charló por teléfono casi una hora con Marta y Néstor la noche anterior y se quedó dormida con mucha paz para entrar en el Paraíso del Señor.
“Desde allí arriba sabemos que nos estás cuidando a cada uno. ¡Te vamos a extrañar!”. Tu familia.
CLARA ANGELICA GOMEZ
Cuando contaba con 71 años de edad, el pasado miércoles 26 de junio falleció Clara Angélica Gómez, causando dolor y tristeza entre sus familiares y amistades.
Clara nació el 16 de julio de 1941 en Quimilí (Santiago del Estero). A los 15 años se fue a Buenos Aires a probar suerte.
En 1979 fue madre soltera, cumpliendo el rol de madre y padre. A comienzos de los años 90 se mudó al barrio porteño de Barracas y se establece laboralmente como empleada en la parroquia Nuestra Señora del Carmen.
En aquellos años ayuda incondicionalmente a su hijo para que termine sus estudios de profesor de Música, hasta que en marzo de 2012 se radica en esta ciudad acompañada de su hijo.
Sus restos, previo velatorio, recibieron cremación en el Cementerio de Dolores.
HUGO RAUL PALAVECINO
Cuando contaba con 68 años de edad, el pasado miércoles 26 de junio dejó de existir Hugo Raúl Palavecino, causando dolor y tristeza entre sus familiares y amistades.
Hugo había nacido el 21 de febrero de 1945 en Concordia (Entre Ríos); era hijo de Ofelia y Damián. En su juventud de casó con Norma Dobarro, y tuvieron tres hijos: José, Romina y Sebastián, que luego le dieron 4 nietos: Franco, Juan Cruz, Leonel y Mateo. “Siempre fue un tipo trabajador y familiero, conocido por su carácter, era un tipo muy querido y frontal, que siempre decía lo que pensaba, cosa que no siempre cae bien, formó una empresa en la que fue pieza fundamental y la cual sirvió para que sus hijos aprendieran a trabajar a la par de él, fue la persona más honesta que conocimos en nuestra vida, educando con el ejemplo como un padre debe hacer, dejó huellas muy profundas en sus hijos, esposa y amigos.
Hoy nos cuesta hacernos la idea de que ya no está, sabemos que mira atento lo que hacemos, sabe que dejó un gran ejemplo y logró ver crecer a sus hijos tanto en su parte familiar como en lo comercial o profesional, eso creo que es lo mínimo que podíamos darle como agradecimiento por todo lo que nos dio.
Tu mujer (nuestra vieja) siente un vacío enorme en la casa, ahora le queda grande dice, pero todavía no se da cuenta que estás por todos lados donde miramos, todavía ocupas mucho espacio, imposible de llenar.
Viejo: te puedo asegurar que cada vez que veo un cordero, un lechón, un asado, te veo saborearte, vos dijiste "es lo único que me voy a llevar" y así fue, te fuiste tranquilo porque dejaste todo en orden, sin tener que ocultar nada. Te vamos a extrañar y a estar eternamente agradecidos, saludos a los abuelos que seguro se sorprendieron al verte, te mandamos un beso grande, te extrañamos”.
Tu esposa, hijos y nietos.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
JORGE RAUL VIDAGUREN
El pasado domingo 30 de junio, a los 82 años, dejó de existir el doctor Jorge Raúl Vidaguren, profesional dignísimo y caballero sin tacha.
“Coco” Vidaguren –como lo conocían sus seres más cercanos- nació en Buenos Aires el 2 de junio de 1931 y a muy temprana edad vino a vivir a Tandil, era hijo del reconocido y muy querido doctor Cornelio Vidaguren y de Carmen Baque de Vidaguren.
Cursó sus estudios primarios en el Colegio San José de Tandil, para luego continuar el secundario en el Liceo Militar José de San Martin y en el Colegio Ward, en Buenos Aires. Se graduó como Médico en la Facultad de Medicina de Buenos Aires, haciendo su residencia en Cirugía y Ginecología en el Hospital Ramos Mejía.
En 1957 regresó a Tandil para ayudar a su familia ya que su padre estaba enfermo, continuando con su consultorio cuando el doctor Cornelio Vidaguren falleció en el año ’60.
Desde entonces el doctor Jorge Vidaguren dedicó su vida a la medicina atendiendo a muchos vecinos de nuestra ciudad y alrededores. Fue reconocido como un excelente médico, con una gran capacidad para hacer diagnósticos rápidos y certeros, que se preocupaba mucho por sus pacientes.
Para él, la medicina no constituía un medio para enriquecerse sino para aliviar el dolor ajeno. Con una visión general de médico clínico, el doctor Vidaguren se destacó en las áreas de Cirugía General, Ginecología y Patología Mamaria. Fue así que atendió y brindo sus conocimientos por más de 35 años al Hospital Municipal Ramón Santamarina llegando a ser Jefe de Sala N°2 de Mujeres y Jefe del Servicio del Departamento Quirúrgico.
Durante toda su vida, Jorge Vidaguren también alternó su carrera de médico con la actividad agropecuaria. Personalmente se ocupó de manejar su establecimiento ganadero en el partido de Juárez, en lo que se mantuvo involucrado hasta hace poco tiempo atrás. La actividad principal fue la cría y engorde de hacienda Aberdeen Angus, logrando ejemplares de excelente genética y calidad que fueron premiados en varios concursos de novillos en nuestra ciudad y la zona.
En otro orden de actividades, para las que siempre el doctor Vidaguren encontró el tiempo, fue un activo miembro del Rotary Club de Tandil, en el cual ocupó su presidencia. Devoto católico, mantuvo una relación muy fluida con miembros del clero y con iglesias de nuestra ciudad. Fue un ávido lector, con interés profundo en temas culturales, filosóficos, artísticos y sobre destacadas personalidades de la historia. Entusiasta de los deportes, eximio nadador y jinete y buen tenista, fue miembro del Club Los 50, Independiente de Tandil, Hípico y Tandil Golf Club.
Estaba casado con Alicia María Magnasco de Vidaguren durante 48 años. Hasta hace poco tiempo atrás, se los solía ver a ambos caminando por las calles y sierras de la ciudad, amantes de la vida al aire libre y del ejercicio. El doctor Jorge Vidaguren y su esposa Alicia supieron crear una maravillosa familia compuesta por sus cuatro hijos: Ignacio, Marina, Javier y Luciana.
Criados y educados en colegios de Tandil e impulsados por los valores familiares de trabajo y rectitud, todos ellos continuaron sus estudios en Buenos Aires y en el exterior, llegando a ser profesionales destacados. Ellos, a su vez, conformaron sus propias familias, dándole siete nietos que mantienen vivos y continúan los valores y el ejemplo que recibieron de su abuelo.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
HERMELINDA ANGELICA FUGGINI de DIPAOLA
“Abuela Chula” estuvo a sólo 12 días de cumplir 93 años. Y muy cerquita de llegar al siglo. Quizá alguna vez, como suele ocurrir, soñó con la eternidad.
Amaba tanto la vida, que se enojaba mucho con cualquier persona, médicos incluidos, que por ahí se atrevían a insinuarle que llega un momento en la vida en que los achaques de salud deben atribuirse “a los años”. Discutía mucho sobre ello. Y lo hacía con ejemplos concretos de personas mayores que ella y que se encontraban espléndidas. El caso de su hermano mayor -mi tío “Pichón”-, entre otros, que cumplirá cien años en noviembre venidero.
Hermelinda Angélica Fuggini de Dipaola había nacido el 10 de julio de 1920 en las instalaciones de la fábrica de quesos de la familia Carballido, en La Constancia, un bello pago perteneciente al partido de Ayacucho, en el límite con Tandil. Desde niña, la llamaban “Chula”, o “Chulita”.
Llegó al mundo junto con su hermana melliza, Amalia (o “Tía Negrita”), que sobrevive. El del miércoles próximo será, pues, el primer cumpleaños que no podrán celebrar juntas.
Mientras, allá en esos lindos pueblitos de campo iban naciendo otros hermanitos. Se criaban todos, andariegos y felices, sin contratiempos, en las callecitas con tierra y fango de La Constancia y Cangallo. Tiempos de almacenes de ramos generales, de pingos bien cuidados para las carreras cuadreras; tardes de timba con las cartas, pero también con la taba, después de cada almuerzo dominguero. Y sobre todo, mucho verde, los arroyitos, mucha naturaleza. Mucha vida.
Años lindos, muy felices, hasta que comenzaron a llegar las desgracias en el hogar de los Fuggini. El parto número once resultó fatal. Nació una niña más, pero la mamá falleció en ese acto. A partir de allí, el prolífico papá, es decir mi abuelo materno a quien no conocí, tuvo que oficiar de padre y de madre al mismo tiempo. Cuentan que lo hacía muy bien, le sobraba coraje y cariño. Pero al poco tiempo, desde las alturas algún diablo movió traviesamente la cola y mandó otra desgracia, tremenda, conmovedora. Uno de los varones, con apenas once añitos, murió aplastado por una máquina cosechadora. El flamante papá viudo contempló de cerca esa escena desgarrante. No pudo soportar la depresión que ello le provocó y al tiempo se quitó la vida.
Y ahí quedó, pues, la cría. Chiquitos y adolescentes todos ellos. Sin madre, sin padre, sin aquel hermanito de la tragedia. Fueron repartidos como se pudo, en hogares solidarios de familiares, vecinos, amigos. Las chicas más grandecitas se emplearon en tareas domésticas. Y de paso vivían en casas de esas familias. Vida dura, pero vida que fortalece.
Así, “Chula” fue creciendo y fortaleciéndose, incluso con nuevas alternativas relacionadas directamente con la vida y la muerte. “Con Eros y Thánatos”, resumiría Freud. “Lágrimas y sonrisas”, se diría en cualquier espacio cholulo de la tele. Porque cierto es que le pasó de todo. Nuevas tragedias y también nuevas dichas. Pero, sabia hasta el final, privilegió estas últimas. Se aferró a la vida en todas sus manifestaciones. Con gallinas y pollitos. Con sus plantas y verduras frescas. Hasta hace apenas un mes, amasaba los tallarines verdes que preparaba con la acelga que ella misma cultivaba y cosechaba. Y durante la década en que el Centro Chapaleofú tuvo actividad intensa, se convirtió, quizás sin darse cuenta, en la mejor anfitriona. Pero tuvo gratas retribuciones: los artistas le cantaban serenatas y hace poco, en septiembre de 2011, fue también ella homenajeada en aquel recordado acto en el Club Defensa Tandil.
Se convirtió en lectora consuetudinaria y así es como devoraba libros de historia y novelas de autores variados. A los 93 años, no estaba cansada ella. Pero sí su corazón, demasiado exigido por tantos avatares. En los últimos días se dio cuenta que ya no podía autovalerse. Y prefirió llamar a algún ángel macanudo, dispuesto a ayudarla a subir hasta algún otro paraíso, gloriosa y radiante.
Junto con mi hermana Norma, con mis hijos Esteban, Facundo y María, con mis sobrinos Adrián y Lucía, es decir sus amadísimos cinco nietos, le decimos simplemente gracias por tanto amor y tanta sabiduría en el difícil arte de vivir. Sé que en este momento a todos nos brotan lágrimas. Muchas. Pero no las dejemos secar. Usémoslas para brindar por ella.
(Néstor Dipaola)
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
TERESA MARIA LEPERA de LIONETTI
El pasado martes 2 del corriente falleció Teresa María Lepera de Lionetti, causando dolor y tristeza entre sus familiares y amistades.
Teresa nació en Italia el 21 de noviembre de 1923; vivió en Cosenza Calopezzati hasta los 19 años, junto a su padre y hermanos, ya había recibido la tristeza de perder a su madre muy pequeña.
En tiempos de posguerra emigró a Argentina, añorando siempre su “bella Italia”. Se casó con Roque Lionetti… su amado Roque, con quien formó su familia, con la llegada de tres hijos: Irene, Enzo y Armando, que le darían la felicidad de ocho nietos, a los cuales supo repletar de amor.
Muchas anécdotas, panzas llenas y corazones contentos. La vida volvió a golpearle, arrebatándole a su Roque, aunque siempre estaría con ella en sus rezos, en sus conversaciones.
Tuvo la suerte de disfrutar de sus bisnietos Pilar, Julieta, Catalina y Sofía.
“No olvidaremos nunca tu pasión por la cocina, tus anécdotas llenas de emoción, sensaciones que corrían por tu alma.
Nona Teresina, nos dejaste, habías luchado siempre, era tiempo de juntarte con tu Roque, acá ya habías hecho demasiado. Divino tesoro descansa en paz. Quedará en nuestros oídos tu dialecto argentinizado. Cuídanos siempre como hasta ahora… a Presto!!!”.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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