Necrològicas
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JUANA RAIACHICH de CACHELA
“Querida Juana, nos enseñaste… Todo el tiempo, nos enseñaste. Lo bello de lo simple.
Descendiente de yugoeslavos que golpeando las rocas tandilenses construían sueños de arraigo en un país tan alejado de sus familias queridas, pero también alejados del horror de la guerra.
Así, rodeada de hermanos, de chicos como vos, en una comunidad yugoslava, caminaban a campo traviesa divirtiéndose con lo que encontraban, masticando macachines, saltando charcos. Eras la “zorreta”, la más valiente, la más osada… te desafiaban, y vos, siempre, saltabas la octava. Eras libre…
Esa alma brilló en los bailes y tu corazón junto con tus pies volaban en mil sueños de juventud. Te casaste para formar la ansiada familia pero te engañaron y no hubo hijos. Entonces, fue el comienzo de tu reinado de madre y adoptaste chicos maltratados, luego de 15 años de matrimonio, con la partida de tu marido, te enteraste que era estéril. Viuda y muy joven, te enamoraste por primera vez de papá, tu amor por siempre. No te importó que fuera infeliz y casado. Lo amaste. Le hiciste frente a los prejuicios, la gente, el repudio de tus seres queridos, abrazada a tu amor.
Del trabajo de tu chacra pasaste a la ciudad, poniendo en marcha un hotel. Por allí pasaron cientos de vidas, cientos de almas, muchas marginadas de la sociedad, trabajadores, prostitutas, gitanos, con ellos convivimos en alegrías y tristezas. En esa convivencia aprendimos a conectarnos con el mundo, a sorprendernos con las relaciones humanas.
Nos enseñaste entonces, la diferencia entre el camino del sí y el camino del no. Lo hiciste con el ejemplo, como esa vez que vino a pedir agua, una anciana, vos nos la mostraste contando la historia que, cuando eras niña, esa misma mujer les había negado agua en el medio del campo, a un grupo de niños muertos de sed. Se lo recordaste, extendiendo el vaso con agua y enseñándonos el regreso de las acciones. -“Todo vuelve, lo bueno y lo malo” nos decías, pero devolvías la buena acción, la buena construcción, sobrepasando todo, la construcción.
Seguiste siempre insistiendo en el camino del sí reconciliándote con los que te traicionaron, estafaron o te hicieron daño. A todos, les devolviste la enseñanza de un mundo mejor. Cubriste, protegiste, amparaste a tantos, que hoy, no nos sorprende la vuelta de tus acciones. Madre con mayúsculas y subrayado, de todos, aún de los que no eran tus hijos.
Mujer increíble, maravillosa, creativa, inmensa, con ese punto de vista único que arrancaba sonrisas hasta en el rostro más enjuto, con esa fuerza digna de titanes, sumando alegría y bienestar en cada consejo. Un día te pregunté cómo hacías con tus noventa y pico, para levantarte siempre bien, positiva, y contestaste sabiamente: -Alejándome de la gente quejosa.. negativa, no las quiero al lado mío..
Te adoramos todos. Habita en nosotros este enorme agradecimiento por compartir nuestras vidas contigo. Estás y brillás en nuestros recuerdos porque creemos que la vida no se ha detenido con tu muerte, como bien lo expresa Silo en su enseñanza, sólo te liberaste del envase… Creemos con todas nuestras fuerzas que sos un alma grande acompañándonos desde otros tiempos y otros espacios. ¡Qué hermosa la fe en estas creencias! Gracias Silo.
¡Paz en el corazón, luz en el entendimiento!”.
Sus restos, previo velatorio, fueron cremados en el cementerio de Dolores.
CLORINDA PASCUALINA CAVA
“Madre: dulce palabra que se pronuncia como si fuera un rezo. La mía hizo de su vida un culto de amor y respeto por su marido, sus hijos y sus afectos. Fue tan grande y generosa que hasta me dio dos hermanos y uno de ellos mellizo, para que yo no esperara solo mí llegada a la vida.
Mi padre fue su guía, sostén y esperanza, junto a él nos vio crecer, desarrollarnos y formar nuestras propias familias, pero un día él se fue de este mundo inesperadamente y cuando todos creímos que ella no podría superar su falta, sacó fuerzas de flaquezas para mantenernos unidos y amarlo en el recuerdo.
Paso sus últimos años sola, decía tener que cuidar la casa y lloraba su ausencia por las noches, pero al despuntar el sol se levantaba activa y decidida para regar sus plantas, atender su huerta y lidiar con sus cacharros cómplices de exquisitas comidas que fueron el deleite de todos los que tuvieron la suerte de compartir su mesa.
Aunque lúcida y dispuesta comenzó a moverse lento y debía desplazarse con ayuda de un bastón que usaba poco porque le molestaba pero que no le impedía salir a la calle sin medir riesgos para hacer sus mandados, visitar a sus vecinos, sus nietas, bisnietos y su único hermano, buscando tal vez en cada manifestación inconsciente de su conducta rebelde defender la libertad que amaba y que el tiempo inexorablemente le iba arrebatando por sus años viejos y dolores nuevos.
Era una italiana chiquita y linda, nació con ojos azules diáfanos y bellos como el cielo, los cerró para siempre y se fue con papá.
Cuanto voy a extrañarte vieja, aunque desde una línea de comunicación imaginaria te seguiré cantando siempre; “Mamma la canzone mia piú bella sei tu, Sei tu la vita, E per la vita non ti lascio mai piu”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
ALBERTO ALEJANDRO MONGE
El pasado sábado 2 del corriente falleció Alberto Alejandro Monge, una querida persona que contaba con 68 años de edad.
Alberto nació en Cascallares (Tres Arroyos), llegó a esta ciudad en la década del ´60 con sus padres y hermanos.
Acá comenzó a trabajar en Tienda La Razón, luego en el ´63 ingresó a Metalúrgica Tandil.
Conformó una familia junto a Alicia Polich y de ese gran amor nació Marcelo, que fue la luz de sus ojos.
En 1978 dejó la fábrica y se dedicó a la tapicería en su domicilio, donde trabajó con mucho amor y cariño a su profesión tapizando sin cesar.
¡“Siempre te recordaremos”! Tu esposa Alicia y tu hijo Marcelo.
Dedicatoria:
“Como dice la canción, “cuando un amigo se va, deja un espacio vacío”. Y es una gran verdad, porque el sábado 2 de febrero se fue un gran amigo, alguien que supo estar en las buenas y en las malas. Alberto Monge, el “Negro” como lo llamábamos, se fue tan en silencio que no tuvimos tiempo para despedirnos.
El negro, si bien nunca fue boxeador. Siempre estuvo en el ambiente en donde era amigos de todos. Comenzó a frecuentarlo allá por comienzos de la década del 60, en el Club Ramón Santamarina, en donde sonaban los nombres de Alberto Rotondo, Adolfo Pendás, Pedro Rimovski, Graciano Pintore, Alfredo Cicopiedi, Hugo Hidalgo y Pascual García, entre otros.
Una vez un directivo de la comisión de la entidad aurinegra, después del fallecimiento de Leonardo De Genaro, le propuso que organizara espectáculos de boxeo y ése fue su comienzo en este ambiente.
Fue así como comenzó con los festivales boxísticos a nivel profesional, junto a su amigo Rodolfo Yañez.
A poco tiempo la comisión contrató a Osvaldo Cavillón, un técnico de primer nivel procedente del Luna Park. Más tarde llegaron a Tandil los hermanos Giménez de Bahía Blanca, Carlos el campeón argentino Walter Jr. y José, primero en ranking nacional. Ellos junto a un grupo importante de boxeadores cada vez que se presentaban en el gimnasio del club las instalaciones se colmaban de público.
El “Negro” Monge era un hombre muy hábil para organizar boxeo. Colaboró mucho con el doctor Marcos Vistalli cuando oficiaba de promotor. También supo realizar torneos barriales con mucho éxito. Era un tipo muy querido que nunca hablaba de más, sólo lo justo. Era callado y respetuoso con todos. Después se retiró cuando su querido club cerró las puertas por el mal manejo de algunos dirigentes que se quedaron con el sueño de grandes forjadores de esperanzas.
Allá por el 2001 se me ocurrió organizar un torneo de boxeo barrial y lo fui a ver al Negro, le comenté la propuesta y lo terminamos organizando juntos. Para mí satisfacción, desde ese momento comenzamos a trabajar juntos. El campeonato se llamó Pedro Gitano Rimovsky y fue todo un éxito, ya que casi 2000 personas se dieron cita en la velada llevada a cabo en Unión y Progreso. El torneo fue televisado en diferido y al finalizar se hizo la entrega de premios en vivo por ese mismo canal. Era tan feliz y tan grande el entusiasmo que tenía, que me llamó en el momento de la entrega de premios y e dijo: “Gracias Alfredo por haberme elegido a mí”. A lo que yo le respondí: “a quién otro iba a elegir sino eras vos”. Al rato me volvió a llamar y me dijo: “me imagino que vamos a seguir trabajando juntos, no?”.
A los pocos días volvimos a conversar y con lágrimas en los ojos me dijo que no podía seguir más conmigo organizando festivales por cuestiones familiares y personales. De todas formas sellamos una amistad muy fuerte que hoy a pesar de su partida continúa. Negro, te fuiste sólo allá arriba a organizar boxeo. Estoy seguro que sí porque esa fue tu pasión. Chau Negro, hasta pronto y gracias, porque con vos aprendí mucho.
Alfredo Cicopiedi.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
HECTOR CESAR CONQUEIRO
A la edad de 77 años, el pasado sábado 2 del corriente falleció Héctor César Conqueiro. Causando dolor y tristeza entre sus familiares y amistades.
Héctor nació en Rauch el 20n de abril de 1935; desde muy joven desarrolló tareas laborales en el lavadero de la estación de servicio El Inca, en la esquina de Santamarina y Sarmiento.
En la década del ´60 manejó el taxi de su cuñado Renis, para luego incorporarse al Banco Ganadero, hasta alcanzar su merecida jubilación.
En octubre de 2012 falleció su esposa Leonor Bottazzi y cayó en una tremenda depresión que lo llevó a su fallecimiento.
No tuvo hijos, pero sus sobrinos lo acompañaron en sus momentos más difíciles. Era un hombre callado, parco pero muy bondadoso ¡Descansa en paz!
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
JOSE LUIS MORETTE
De manera inesperada, el pasado miércoles 30 de enero dejó de existir José Luis Morette, un querido joven que contaba con sólo 24 años de edad.
José Luis había nacido en esta ciudad el 16 de enero de 1989; era hijo de José Morette y Carmen Romero, y tenía una única hermana: Liliana.
Cursó sus estudios primarios en la Escuela N° 10 “Domingo Matheu” y últimamente trabajaba como peón de albañil.
“Se nos fue una persona que siempre estará en nuestro corazón. ¡Que en paz descanses!”.
(Tus amigos Gabriela Escobar, Paula Fitipaldi, Verónica Romero, Nicolás Ortiz, Ezequiel Rodríguez y Diego Rodríguez).
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
BLANCA BEATRIZ LLODRA de COSENTINO
El pasado sábado 2 del corriente se apagó la vida de Blanca Beatriz Llodra de Cosentino.
Blanca nació en San Manuel el 31 de octubre de 1934; en su juventud contrajo matrimonio con Pedro Cosentino (f) y tuvieron una hija: Norma Beatriz.
Se destacó por ser una trabajadora ama de casa, muy buena madre y que supo guiar y cuidar a su hija, desde los nueve años, cuando quedó viuda.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
JOSE MIGUEL CONTE
Cuando contaba con 92 años de edad, el pasado domingo 27 de enero dejó de existir José Miguel Conte, causando dolor y angustia entre sus familiares y amistades.
José nació el 4 de noviembre de 1920, en su juventud vivió en Azul, para luego radicarse en esta ciudad, desempeñando tareas laborales como mozo de la Confitería Rex y también era muy conocido por la gente cuando vendía billetes de lotería en la puerta del ex Banco Comercial del Tandil. Era un ferviente hincha de River Plate y Ramón Santamarina, además de un simpatizante radical de toda la vida.
Se había casado con María Angélica (f) y tuvieron cuatro hijos: Miguel José, José María, Silvia Leticia y Mirta Noemí, que junto a sus hijos políticos le dieron la alegría de disfrutar de ocho nietos: Sebastián Barone, María Angel, María José y Esteban Miguel Conte, Dacil, Gimena y Camila Conte, y María Paz Colantonio; además de cuatro bisnietos: Ignacia, Denise, Dino y Agustín.
JUAN ANGEL CESTONA
El pasado domingo 3 del corriente, a los 63 años de edad, falleció Juan Angel Cestona, rodeado del amor y cariño de toda su familia.
Juan Angel nació el 7 de agosto de 1949 en Ayacucho (prov. Buenos Aires). A los 20 años se radico en esta ciudad.
A los 23 años contrajo enlace con Nélida Pérez, oriunda de Ayacucho, cumpliendo 40 años de matrimonio; fruto de esa unión nacieron sus cuatro hijos: Sergio, Mariela, Karina y Viviana que le dieron sus cuatros nietos: Jonathan, Evelyn, Jazmín y Lucas.
De oficio cementista y metalúrgico en la fábrica Ronicevi.
“Papá: solo estamos sin palabras y muy tristes por este día. Gracias por tus sonrisas y tu humor tan lindo, siempre nos recibías con una sonrisa enorme y siempre con un chiste para hacernos reír, ¡cómo olvidar todo eso! ¡como creer que Dios se lleve de este mundo a personas tan buenas como vos!;
Nuestro corazón quedó muy roto pero sabemos que estas en la estrellita allá arriba mirándonos y sabemos que nos vas a cuidar desde allá.
Nuestras lágrimas no paran de salir. Gracias por todo y por todo lo que hiciste por todos. No es un adiós es solamente un hasta luego, ya nos volveremos a encontrar.
Sabemos que no tenemos lo físico pero siempre iremos a la par. Siempre juntos papi y se que nos vas a guiar por un buen camino como siempre quisiste, viejo querido ¡te amamos!
Siempre estarás presente porque sos y fuiste una gran persona.
Que descanses en paz es nuestro corazón que late y llora por dentro”.
Tu esposa e hijos.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
JULIO CESAR AROCHA
A los 57 años de edad, el pasado jueves 31 de enero dejó de existir Julio César Arocha, causando dolor y pesar entre sus seres queridos.
Julio nació el 9 de junio de 1956; era hijo de Agueda Riccio y Armando Arocha. Estaba casado con Sandra Elena Cambronera y fue padre ejemplar de diez hijos: Soledad, Alejandro, Rocío, César, Lucía, Micaela, Mauro, Fernando, Erica y Thiago; además de abuelo amoroso de sus nietos Alexander, Joaquín, Santiago y Jazmín.
Se destacó por ser una gran persona, trabajadora, alegre, cariñoso, audaz, divertido, bondadoso, de gran corazón, que ayudo desinteresadamente a quien lo necesitó.
Su partida de este mundo también es lamentada por sus hermanos María, Graciela, Luis, María y Aurora; sus hijos políticos Juan Manuel, Rubén Darío, Nilda y Ariel, tíos, sobrinos y demás familiares.
“Siempre te llevaremos en nuestro corazón y pensamientos. Ahí donde estás encontrarás la paz y el descanso eterno”.
JUAN CARLOS CASCO
El pasado domingo 27 de enero se produjo el fallecimiento de Juan Carlos Casco, un querido y respetado hombre que contaba con 61 años de edad.
Juan Carlos nació en esta ciudad el 13 de marzo de 1951 y tenía cinco hermanos: Isabel (f), Porota, Ñata, Negra y Vasco (f); desde muy joven trabajó como operario metalúrgico durante muchos años y era hincha fanático de Boca Juniors.
“Te recordaremos siempre. Tus hermanos, sobrinos y sobrinos nietos”.
Oración: “Créeme, cuando llegue el día que Dios ha fijado y conoce, y tu alma venga a este Cielo en el que te ha precedido la mía, ese día volverás a verme”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
JOSE FRANCISCO FAVA
Tras soportar los procesos de una prolongada dolencia, el pasado viernes 1 del corriente nos dejó José Francisco Fava, un querido hombre que contaba con 82 años de edad.
“Pancho” Fava había nacido el 20 de julio de 1930, se desempeñó en trabajos rurales en la estancia La Sola, partido de Ayacucho; en 1945 se vino a Tandil, radicándose en la estancia Los Cerrillos, donde trabajó hasta 2010, siendo muy apreciado por sus patrones.
Estaba casado con Adela Roquet y fue un ejemplo de padre para sus dos hijos Doella y José Luis, contaba con el cariño de sus nietos Belén, Adrián, Lucía y su nieto político Nicolás, de su bisnieto Santino y de su hija política María.
“Infinitas gracias por todo lo que nos diste, fuiste el esposo y padre que todos quisieran tener, un abuelo soñado, un suegro único, honesto, humilde, trabajador, honrado y genuino. Solo los que te conocieron saben que es así.
Son miles las virtudes que tenías, las que supiste delegar en los tuyos ¡Gracias! Te vamos a extrañar mucho. Estarás por siempre en nuestro corazón. ¡Descansa en paz!”.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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