Néstor Machiavelli: periodismo de investigación
" Cuando era chico, soy de Dorrego, me parecía que Tandil quedaba lejos. Es increíble, ahora todo nos queda tan cerca. Mis viejos pasaron acá la luna de miel –comenzó contando Néstor- él era comerciante y mamá maestra. Ambos murieron muy jóvenes en un accidente automovilístico y con mis hermanos tuvimos que rearmarnos como familia. Ella es odontóloga y mi hermano médico. En 1970 me salvé del servicio militar por esta desgracia, estaba estudiando arquitectura, hice radio en Dorrego y me enamoré de la locución, del periodismo y fue un amor para toda la vida". Empecé siendo un corresponsal acreditado en el Congreso de la Nación con una radio en Rafaela y Josefina Ramos era la corresponsal de LU22 RadioTandil. Lo increíble es que en los 70 para hablar con Rafaela tenía tres horas de demora pero en el 91 hice un viaje con el doctor (Carlos) Menem como corresponsal de La Razón a Rusia, El Vaticano y Polonia y allí -aunque parezca mentira- para hablar con el diario tenía 6 horas de demora y la telefonista utilizaba el teléfono de clavijas.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl cara pintada y Sarajevo
-¿Cómo fue evolucionando su profesión?
Recuerdo que ya en democracia y trabajando para La Razón -mi director era Jacobo Timerman-, me llamaron de La Nueva Provincia, de la familia Masott… a veces se dan estas cosas que trabajamos en medios con los que no tenemos ninguna afinidad ideológica pero somos periodistas. Timerman me dijo que no tenía ningún problema que escribiera para el diario de Bahía pero con un seudónimo. Mi esposa es de un pueblo chiquito, José Guisasola y yo de Coronel Dorrego y firmaba como José A. Coronel, esto fue en 1985.
Cuando La Razón cerró blanqueé mi nombre en La Nueva Provincia. Después estuve en la revista Noticias, Somos y en The Buenos Aires Herald. En 1991 me hicieron una extraordinaria propuesta para la televisión. Nunca había hecho y se dio en un momento en que estábamos investigando el secuestro de Mauricio Macri y dimos con grabaciones de las conversaciones de los secuestradores con la familia y contamos toda la historia a partir de ellas. Telefé la puso en el aire con una gran repercusión y nos propusieron hacer un programa de investigación. También nos llamaron de El Trece porque querían hacer lo mismo, lo que después se convertiría en Telenoche investiga. Agradecimos la propuesta pero nos quedamos en Telefé, vino una productora muy importante de Estados Unidos, Lucía Suárez, y fui uno de los presentadores junto a Ana Montalbán e hicimos Edición Plus.
-Programa de investigación, recuerdo, que marcó un hito en la pantalla chica.
-Comenzamos con la investigación del atentado a la Embajada de Israel. En el segundo ciclo me jugué una patriadita. Sabíamos que en la guerra de Bosnia se habían vendido fusiles argentinos Fal y que había un carapintada argentino que había estado con Seineldín cuando se levantó en el 89. Se había escapado del Hospital Militar, estaba prófugo y era coronel del ejército en Bosnia. Sabíamos que estaba cerca de Sarajevo. Junto con un camarógrafo y un productor, Lucio López y Julio Bertolotti decidimos ir. Entramos por Roma, pasamos por Triste y de allí en más a los tiros llegamos cerca de Sarajevo.
Dimos con Barrio Saavedra, un militar muy reconocido en esa guerra, un muchacho joven preparado en Estados Unidos y que hacía seis meses que no hablaba castellano. Me preguntó "¿qué seguridad tengo de que no me vas a destruir en Buenos Aires?" Le respondí que estábamos corriendo un riesgo muy grande al viajar a Bosnia: "Te puedo dar lo más valioso que llevo encima, un termo, yerba y mate". Me lo había puesto mi mujer para que me sintiera cerca de Buenos Aires. Y él lo aceptó porque hacía tiempo que no tomaba mate.
-¿Lo volvió a ver?
-Diez años después, en Buenos Aires cuando prescribió su causa. Le conté que había tenido miedo que nos mataran allá y él me dijo que durante todo el tiempo ue estuve en Sarajevo puso dos personas que nos siguieron permanentemente para que no nos pasara nada. Nosotros íbamos a averiguar qué era de los fusiles argentinos, lo que luego se convertiría en la causa de las armas.
Cuando llegamos al hotel y escuchamos bombas, le preguntamos al dueño dónde era el bombardeo y contestó "acá, en la ciudad". Le dije que no iba a poder dormir y nuevamente me sorprendí: "Tómese una rakia –especie de grapa- después rece y váyase a dormir y si al otro día al levantarse se mira al espejo y se ve dé gracias a Dios porque está vivo".
Allá todas las conversaciones giran alrededor de la guerra y en ese mundo de guerra y muerte, con los carteles en las esquinas donde se da cuenta los muertos del día, la gente se casa, hace el amor, tiene hijos y se acostumbra a las situaciones extremas. Y nos pasó.
El atentado a la AMIA
-Fue premiado por la investigación del atentado a la AMIA
-Con El Rey de España, fue un extraordinario reconocimiento. Producido el atentado a la sede de la AMIA en el 94 vimos que figuraba en la pericia que había estallado una Trafic cargada con 200 kilos de explosivos. Repasando otros hechos similares como el atentado a Orlando Letelier, canciller chileno en Estados Unidos al que le costó la vida, vimos que el FBI había reconstruido el hecho: la combi, la misma cantidad de explosivos, para ver si la dispersión de las piezas, por un lado y la rotura de cada una era compatible con lo que se había encontrado. Lo propusimos en la causa, aceptaron, lo tomaron como pericia y en una unidad naval cerca de Azul (Azopardo) se hizo volar la Trafic con el explosivo y lo filmamos.
Habíamos solicitado al juzgado que nos permitiera filmar ara tenerlo como material y se
pasó en el programa Hora Clave de Mariano Grondona con gran audiencia. Era la primera vez que Argentina recibía este premio y ganado por un equipo periodístico independiente, no por un canal. En la causa AMIA lo único que quedó firme en la
Corte Suprema de Justicia es que existió una Trafic y la conexión de Telleldín. Fue un reconocimiento al periodismo en búsqueda de la verdad.
Entrevista en la clandestinidad
-¿Cómo se dio el reportaje a Gorriarán Merlo, en un momento en que estaba escondido y todo el mundo lo buscaba?
-Fue el primer reportaje que dio estando prófugo casi 25 años. En Edición Plus en el 92 hicimos un informe sobre La Tablada, recuerdo que estuve en la cárcel de Caseros entrevisté a fray Antonio Puigjané, a algunas mujeres también haciendo un trabajo muy serio.
La gente del movimiento Todos por la Patria vieron que las entrevistas habían sido reflejadas con exactitud. Nosotros no somos jueces, exponemos y la gente saca conclusiones, pero nos faltaba la figurita difícil: Gorriarán Merlo y lo estuvimos buscando durante dos años y medio. Nuestro primer camarógrafo fue el cineasta fallecido Eduardo Mignone que hacía conjetuas sobre el lugar:"va a ser en algún sitio cercano a una autopista porque siempre tiene que tener una vía rápida de escape". Trabajaba en el sonido, así estuvimos un año y medio con él. Pensábamos que podía ser fuera del país, en Brasil, Nicaragua… En el 95 nos llamaron por teléfono tres días antes de hacer el reportaje. No sabíamos dónde íbamos de modo que en mi valija puse ropa de verano, mate, yerba, ninguna toalla-
Un sábado a la mañana nos llaman y dicen "a las 12 en el bar Vitreaux, en la esquina de avenida Directorio y Puán". A media cuadra de la facultad de Filosofía, había muchos estudiantes y dos jóvenes nos esperaban. Pagamos, salimos, pararon dos taxis en uno iban ellos y en el otro nosotros, al nuestro le dijeron que los siguiera. El taxi comenzó a moverse y fuimos dando vueltas por un barrio de casas municipales hasta que subimos
a la autopista, íbamos camino a Ezeiza pero dobló a la derecha para la cancha de Vélez y con mi colega Raúl García concluimos que la entrevista iba a ser en el país. Bajamos, tomamos dos remises camino a Luján, en el viaje fuimos charlando con el remisero, como era una figura conocida tenía que decirle algo. En este viaje Federico Scaracini iba en el otro coche.
Llegamos a la Basílica de Luján y esperamos dos horas en un bar hasta que llegó una camioneta Fiorino. Nos pusieron atrás en la caja, tenía vidrios de modo que podíamos ver por dónde íbamos. Como no teníamos pilas porque pensábamos que las íbamos a comprar en el free shop les pedimos que pararan en algún lado y lo hicieron y compramos lo que necesitábamos.
Cuando comenzó a anochecer dijeron "los vamos a tabicar", que en su jerga significa que no podíamos ver donde íbamos, de modo que pusieron contac negro en las ventanillas y estuvimos así durante cuatro horas. "No sabíamos donde estábamos"
Y continúa Néstor: "Muchas veces notábamos que intentaban desorientarnos, yo llevaba una radio a transistores porque jugaba Boca con Talleres -soy de Boca- y escuché el partido esa noche de sábado y después pensaba ¡si hubiera scaneado cuál era la radio local…! también llevaba un teléfono celular, en fin. Se tomaron dos años para saber quienes éramos.
-¿Cómo fue el viaje?
-Incómodo pero nos divertíamos, charlábamos entre nosotros y al final llegamos a un camino de tierra entramos de culata y nos bajamos, esa noche dormimos en una casa con una heladera que tenía un vino y poca cosas más (hace referencia riendo que el vino no era ni parecido al que tomaron en el magazine) no había toallas y cuando nos bañamos nos secamos con las camisas. Al otro día nos preparamos: "la cámara tiene que estar quieta no la pueden mover", no dijeron y él apareció con una campera de cuero marrón con la cabeza tapada, nos saludó, empezamos a hablar. Fumaba mucho y yo también de modo que el ambiente se llenó de humo. "Nunca hemos dado una entrevista la gente fuera de la organización", señaló. Le respondí que no habíamos ido para hacer un requisitorio policial sino a efectos que contara su historia.
Empezamos la entrevista y lo tuteé pero cuando comenzó a contar las primeras acciones guerrilleras, cómo mataron a mansalva en Rosario a dos policías comencé a tratarlo de usted. Cuando paramos para cambiar el casete me preguntó uno de los que nos habían llevado "porqué le dijiste primero de vos y después de usted". Fue una manera de tomar distancia. El reportaje duró cinco horas. Esa noche comimos con él, sabía que disfrutaba
el lechón y lo trajo en una bandeja con una lechuguita puesta en la boca. Al día siguiente nos acerc ó Página 12 para que lo mostrá- ramos en cámara, de modo que
hubiera una referencia.
-¿Supo donde era el lugar del reportaje?
-No hace mucho. Estaba por entrar a una farmacia a fines del año pasado cerca de Congreso y se me acercó una persona, se dio a conocer y se lo pregunté. Fue en San Bernardo. Me contó cosas de Gorriarán, que estaba agradecido, aunque nosotros no le dimos un micrófono para que se defendiera porque ni íbamos a atacarlo ni a defenderlo sino, justamente, para que contara su historia. Cuando pasamos la nota por Telefé hicimos 16 puntos de rating y allí empecé a tener problemas.
-¿Qué sucedió?
-Me llamaban al celular, me dejaban mensajes como si fueran policías de la Provincia, me decían que sabían a qué colegios iban mis hijos, los horarios. Se me cayó el alma al piso porque si uno tiene problemas por hacer un trabajo se las aguanta, pero cuando te amenazan a tus hijos, ya es otra historia. Nos pidieron los crudos e iniciaron una causa para que dijéramos donde le habíamos hecho la nota e identificáramos a los que nos habían llevado. No lo sabíamos. Nos negamos amparándonos en la reforma de la constitución del 94 porque en el artículo 43 tercer párrafo dice: "no se podrá afectar el secreto profesional de los periodistas".
(*) Edición Ana Pérez Porcio
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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