Ni reyes, ni magos
El amanecer de 2010 resultó más agitado de lo aconsejable. Las altas temperaturas se trasladaron a la política hasta crear un clima que a los Kirchner, pese a su naturaleza pingüina, les cae en gracia.
En ese contexto se dio el affaire Redrado en el Banco Central, con la consecuente interpretación de constitucionalistas y la creciente tendencia a judicializar la política.
Se ha escrito, los K no frenan ante nada. La necesidad de caja los obnubila. Y más aún cuando el matrimonio debe mantenerse lo más entero posible en la dura carrera que proyecta hacia 2011.
Mientras tanto, la oposición deambula en sus propias limitaciones y convoca a no menos fantasmas.
Luego del acuerdo circunstancial alcanzado por la nueva composición de Diputados, las coincidencias se resumen a una agenda legislativa común que podrá ser abierta recién en marzo.
El verano, entonces, se irá en declaraciones más o menos fuertes desde la playa o la montaña, y en la continuidad de los tempraneros intentos por lograr posicionamientos presidenciales. Todo, bajo un halo de desconfianza mutua.
Ya en el orden local, la gestión Lunghi inició enero con obstáculos impensados. La primera estocada hacia el Gobierno surgió desde un área clave, por convicción e historia personal, para el pediatra: La salud.
La muerte de un chico en el Hospital de Niños y la desesperada búsqueda de respuestas de su madre, hizo que el jefe comunal suspendiera por 60 días a los médicos involucrados en el caso. Lo administrativo y lo penal se pusieron en carrera para establecer las auténticas causas del deceso. Encima, en pocos días, otra madre denunció haber sufrido un caso similar hace años, sumando un antecedente inquietante sobre la atención en los nosocomios locales.
Finalmente, el déficit habitacional continúa manifestándose a la vista de todos. Los ocupas de La Movediza, más allá de sus internas y del aprovechamiento político que se hace de su situación, son un claro ejemplo de que los gobiernos no han contemplado, durante décadas, una realidad que se torna cada vez más incontrolable. Y a la que la comuna, por proximidad, entre otras cosas, debe ponerle la cara y el pecho.
Hasta aquí, por lo que se ha escrito, visto y oído, éste no será el típico y relajado enero de Tandil. Como si los Reyes Magos hubieran pasado de largo Belgrano al 400.
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