No hay con qué darle
El hombre elogia a su equipo, al trabajo y a la renovación, pero bien sabe que detrás de esta cuarta victoria, más holgada de lo calculado por su equipo de campaña, está su figura, su impronta hacedora, ese perfil que en Tandil tiene sobrados antecedentes exitosos a la hora de contar los votos.
Lunghi lo hizo de nuevo, pero esta vez, cual conductor maduro y confiado en sus hombres y mujeres, recurrió a la reserva. Y la apuesta le dio sus frutos.
Lunghi está, rezaba el slogan proselitista. Y estuvo. Omnipresente en actos y caminatas, con todo el envión de la gestión encima. Sólo faltó en la boleta, pero pesó en el cuarto oscuro.
Cierto es también que la oposición se la hace siempre, desde hace años, más aliviada. El justicialismo tendrá, de una vez por todas, que replantear seriamente su estrategia, bajarse de un caballo que no lo ha llevado a ninguna parte y construir sin mezquindades.
Porque, así las cosas, sabe que a este Lunghi no hay con qué darle.
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