No hay ideas nuevas a viejos problemas
Por Daniel Bilotta (*)
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl incumplimiento de los mandatos para los que serán electos los principales candidatos abre dudas sobre la voluntad de cambiar la forma de hacer política.
Primera consecuencia de un escenario electoral polarizado en la provincia de Buenos Aires que anticiparía una apretada ventaja de quien resulte vencedor, la probabilidad de una reforma constitucional que habilite otro mandato de la actual presidente Cristina Fernández parece descartado por completo. Con la promesa de oponérsele arrancó su campaña Sergio Massa del Frente Renovador, a medida que se involucró con la del oficialismo lo insinuó también Daniel Scioli y, tal vez sin margen para decir otra cosa, terminó por aceptarlo Martín Insaurralde, primer candidato a diputado nacional por el Frente para la Victoria.
Si el 11 de agosto el resultado confirma esta especulación, cobraría cuerpo otra, esbozada por algunos analistas a fines de junio: la victoria ajustada de cualquiera de los dos principales contendientes – el intendente de Tigre o el de Lomas de Zamora – despejaría el camino hacia una candidatura presidencial del actual gobernador bonaerense Eso no solo ocurriría por el involucramiento en la campaña para apuntalar a Insaurralde.
Tendría a favor, además, que su mandato finaliza en el 2015. Detalle en el que poco parece repararse, tal vez a instancias del fervor electoral con que las dirigentes viven un proceso. En contraste con una significativa mayoría ciudadana, a la cual le resulta indiferente.
Quizás porque todavía demora en asimilarlo como parte de una nueva cultura cívica que formalice la selección de candidatos. Sí así fuese, que el Frente Renovador y el de la Victoria lleguen sin competencia interna para definirlos puede ser un paradójico aliciente para continuar viéndolas de costado y obre como estímulo a observar con simpatía el ardoroso debate dentro del UNEN de la ciudad de Buenos Aires.
Si, tal como sugieren algunos estudios de opinión pública, Massa pasase de potencial competidor de Scioli a sucesor de la actual mandataria, debería incumplir el mandato para ocupar por cuatro años la banca en el Congreso de la Nación para la que se postulará en octubre. Otro tanto ocurriría con Insaurralde, aspirante a suceder a Scioli en el gobierno bonaerense.
Desde esa perspectiva, pierde bastante de su brillo original, y gana en tonos grises, la declaración ante notario público de no promover otra reelección de Cristina asumida por el Frente Renovador. Lo mismo ocurre con las críticas a esta iniciativa del Frente para la Vitoria, sin reacción para proponer una alternativa superadora.
La aparición del segundo de Massa en la lista, Rubén Darío Giustozzi, terminó de aportar confusión. Aunque, es seguro, no haya sido la intención original cuando el 4 de agosto le dijo al diario “Clarín” que no descarta postularse a la gobernación. Lo hizo mientras ejerce como intendente en Almirante Brown y antes de asumir como diputado nacional desde el próximo 10 de diciembre.
Con la malicia común en estos procesos, donde descalificar el adversario es más importante que divulgar proyectos, el Frente para la Victoria difundió un sondeo de la firma Analogías. Casi el 70 por ciento se manifestó en desacuerdo de que abandone el cargo para el que fue reelecto en el 2011. La muestra es sobre 400 casos de los principales centros urbanos del distrito que gobierna.
¿Cómo tomarían los mismos consultados el anuncio de dejar otro a mitad de mandato? La pregunta vale también para Massa e Insaurralde que, con Giustozzi, compartieron boleta para empujar con votos la reelección de la presidente Cristina Fernández y Daniel Scioli.
Por debajo de cierto carácter rudimentario en las alocuciones de estos y otros jefes comunales, la voluntad de que sea una nueva generación la que revitalice la actividad política, dotándola de mayores grados de credibilidad y transparencia, es un lugar común. Lo que parece difícil es que vayan a llegar si continúan las mismas prácticas que poco a poco la fueron vaciándola de legitimidad.
Riesgo acrecentado por la vertiginosa urgencia en cumplir objetivos y que merecería una reflexión aguda sobre los peligros relativos a quemar etapas de forma apresurada. Intento noble pero improbable de vencer al tiempo: el más tenaz enemigo de las soluciones rápidas a viejos problemas.
(*) Periodista y analista político especializado en temas del Conurbano. Docente del área de Comunicación Social. Universidad Nacional de Lomas de Zamora.
(**) Ilustración de Andrés Casciani
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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