No pecarás
?El obispo emérito de Posadas Joaquín Piña se solidarizó con el presidente paraguayo Fernando Lugo: ´Hay que aceptar que somos humanos y que podemos fallar al celibato, que no es un mandato divino, sino una determinación de la Iglesia. Es una campaña de enemigos políticos que aprovecharon la situación e intentan perjudicarlo´?.
-¿Cómo fue que eligió el camino de la vez? ¿Cómo se manifestó su vocación?
-Sé que el Señor pensó algo para mí y por eso, creo que tengo que decir con el apóstol: desde el seno materno me llamó por su Gracia (Gal 1,5), porque los cristianos creemos en aquello de: no son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo a ustedes (Jn 15,16). Pero supongo que la pregunta apunta hacia cuándo fue que lo noté y fui descubriendo: desde niño, siendo monaguillo, leyendo a San Pablo y luego al gran obispo de Hipona, San Agustín y sus Confesiones. Y por supuesto me fueron ayudando a clarificarme los sacerdotes de mi parroquia y el obispo.
-¿Qué papel jugó su familia a la hora de decidirse por el sacerdocio?
-Mi familia es muy buena y respetuosa. Siempre me inculcaron la fe, pero a la vez, me respetaron (y me respetan) profundamente.
-¿Cómo fue la vida en el seminario, además de los estudios, la cotidianeidad, si jugaban al fútbol o al tenis, lo que fuera, miraban la tele, iban al cine, recibían encomiendas de la familia?
-La formación sacerdotal es ante todo ?formación? cosa que supera la pura ?instrucción académica?, por ello se cuida la formación filosófica que dura cuatro años, igual que la teológica que se cursa de lunes a viernes. Después se tiene horarios diarios de estudio.
También la formación pastoral es importante y, por ello, los fines de semana colaboramos en las parroquias y en los distintos lugares donde se desarrolla una vida sacerdotal. En nuestra diócesis, además, a mitad de la formación, los seminaristas pasan un año pastoral viviendo en una parroquia.
No es menos importante la formación espiritual y, por ello, se intentan lograr hábitos de oración, de confesión y de dirección espiritual. Al comenzar el día rezamos todos juntos la liturgia de las horas, a media jornada la Santa Misa, por la tarde nuevamente la liturgia de las horas, lo mismo que antes de ir a dormir. Una vez al mes tenemos un día entero de retiro espiritual, y una vez al año, toda una semana. Además, cada seminarista debe elegir un acompañante espiritual que lo vaya ayudando.
Pero también es necesaria una formación comunitaria. Y por eso además de lo anterior, tenemos tareas y trabajos comunitarios en el seminario. Sin embargo, enriquece todo esto la interacción humana y normal de las personas ya que el que quiere hace deporte o cultiva la música, entre otros intereses. Por supuesto que esto se da fuera de las horas asignadas al estudio.
-¿Qué se aprende a través del vivir comunitariamente
-A compartir muchas cosas y, sobre todo, a convivir con las virtudes y defectos ajenos y propios.
-¿Tienen tiempo para la distracción, el ocio o tiempo libre?
-Mucho tiempo para la televisión no hay porque el ritmo de vida es ?por suerte? exigente; sin embargo, podemos sugiere los informativos y leer los diarios que se reciben, para estar al tanto de lo que pasa.
-Una vez oí decir que la familia pierde a los hijos sacerdotes, ¿esto es así?
-Lo desmiento totalmente. Una vez por mes teníamos (y se sigue teniendo) una salida a nuestras casas, más las vacaciones y toda visita que ellos quieran hacer. Cuando un padre o una madre o un hermano está pasando dificultades, los cristianos tenemos la obligación de ir a ayudarlo. En caso de necesidad, incluso, se sugiere que el seminarista acompañe a los suyos.
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Desórdenes detestados
por los buenos cristianos
-¿Cree que el celibato tiene que ver algo con los casos de pedofilia que se van conociendo por todo el mundo, dentro del seno de la Iglesia?
-De ninguna manera. El celibato es estimular la perfecta castidad por el Reino de los Cielos, una donación de cuerpo y alma a Dios. Es justamente lo contrario: es tratar de llevar una vida ascética respecto a ello. El interrogante debe ser otro: debemos preguntarnos si la sociedad no estimula o exacerba de tal modo el genitalismo (ni siquiera la sexualidad) que con ello sí se favorecen esos excesos y abusos. Estoy seguro que muchos programas de televisión, mucha literatura, revistas, y demás, son muy responsables de estos desórdenes detestados y no queridos por ningún buen cristiano. Se ha endiosado a la sexualidad, por lo cual es lógico que no se comprendan decisiones como el celibato y la castidad.
Tal vez un celibato mal comprendido o mal vivido puede ser inconveniente, pero no se le puede echar la culpa de lo malo a lo bueno. Con ese mismo criterio, deberíamos suspender los matrimonios porque dentro de muchos de ellos se han dado casos similares (como hace poco se vio), o casos de infidelidad. Hay que podar el vicio no la virtud.
Esos vicios deben combatirse con una selección criteriosa de los candidatos al sacerdocio (personas afectivamente equilibradas), una formación profunda y seria en todos los aspectos de la personalidad humana, de la afectividad y, además, un fuerte acompañamiento de los que han optado (nadie me obligó) por la castidad a causa del Reino de los Cielos (Mt 19,12).
-¿Qué opina del pedido de perdón que hizo la Iglesia sobre la pedofilia a través del tiempo?
-La Iglesia es el cuerpo místico de Cristo, y cuando un miembro sufre, los demás miembros sufren con él (Cor 12,26). Creo que es la actitud más responsable. Cuando Dios, después del pecado original, preguntó a Adán qué había hecho, éste señaló a Eva; y cuando Dios preguntó a Eva, ésta señaló a la serpiente. Eso no es lo correcto. Lo propio de las personas que buscan la santidad es cargar sobre sí las responsabilidades, aún cuando no dependan directamente de uno, como Cristo que cargó sobre sí las iniquidades de los demás (Mt 8,17). Debemos pedir perdón de nuestras faltas personales y de las faltas de nuestra comunidad
Adán y Eva
-¿La Iglesia acepta a las lesbianas, a los gays?
-Se refiere usted a los homosexuales -para no entrar en disquisiciones subjetivas-, ante todo, creo que tendría que precisar a qué se está refiriendo con el término ?aceptar?. Como hijos suyos llamados a la santidad y a vivir la vida de la Gracia, sí, ni dudarlo. Creo que nadie tiene derecho a señalar a los otros, pero creo que tampoco eso obliga a nadie a mostrar como ejemplo de vida plena y madura.
-¿Qué piensa de las uniones entre parejas del mismo sexo? ¿Le parece que la sociedad las toma como algo insólito o aceptable? Y ¿cómo las ve la Iglesia?
-Quien conoce las Sagradas Escrituras, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia, ve claramente que no es algo que responda al plan original de Dios: varón y mujer los creó (Gn 1,27).
De todos modos, no creo que la sociedad tenga una sola voz; unos sectores verán las cosas de un modo y, otros, de otro. Creo que es sumamente claro que la gran mayoría no ve como lícitas este tipo de uniones; me parece que a veces las minorías son más ruidosas que las mayorías. Como decía Curtio Rufo: ?los ríos más profundos, son los que corren con menor rumor?.
La Iglesia es muy clara respecto al tema: y para conocer lo que piensa la Iglesia Católica no hay que dejarse llevar de opiniones, sino que hay que echar, primeramente, un vistazo al Catecismo de la Iglesia Católica en los nros 2357-2359. Allí se explica que los actos homosexuales ?de acuerdo con las Sagradas Escrituras, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia- son contrarios a la ley natural y cierran el acto sexual al don de la vida. Pero también se destaca que ?deben ser recibidos con respeto y compasión y delicadeza, evitando todo signo de discriminación injusta?. En otras palabras: juzgar el hecho y no a la persona. Es decir, también están llamados a ser santos, y una condición para ser santo es esforzarse por vivir el plan de Dios (el revelado, no el que a uno le parece). Acomodar la vida a la fe y no adecuar la fe a la vida. Para ello hay muchísimo material en la Iglesia sobre tal tema, tratado con seriedad. El acompañamiento espiritual es elemental, así como la vida de oración, de caridad y de un sano ascetismo. Será bueno preguntarse -y esto vale para la vida matrimonial también- si nuestras decisiones morales entran en el plan de Dios o si sólo entran en nuestro plan humano.
?Nadie está libre de culpas??
-Se dice que Benedicto XVI es un hombre ya grande que se opone al celibato opcional desde su posición de platónico y que la sociedad hace preguntas nuevas y que en este aspecto se encuentra con respuestas viejas. ¿Cuál es su opinión?
-Trato de no opinar sobre opiniones, al menos, públicamente. De todos modos, el rol del Santo Padre, como le llamamos los creyentes, es muy clara para los católicos: suceder a San Pedro y confirmar en la fe a su hermanos (Lc 22,32). Los cristianos de fe católica creemos firmemente que el Espíritu Santo asiste en materia de fe y de moral al sucesor de Pedro como lo explica el primer Concilio Vaticano.
-El caso Lugo desató la polémica sobre el tema del celibato, el hecho de que reconociera un hijo y fuera reclamado por otros hace ver que estas situaciones pueden darse en todos los estamentos de la escala eclesiástica.
-El árbol no puede taparnos el bosque. En la historia han habido laicos desastrosos y laicos santos, diáconos malos y diáconos buenos, sacerdotes escandalosos y valiosamente perfectos. Como ello, papas y obispos que han sabido -o podido- responder bien al llamado del Señor, y otros que no pudieron o no quisieron. Nadie está libre de culpas; somos hombres, no dioses, decía Petronio. Pero nada de ello puede impugnar la fe en lo sagrado del ministerio de Cristo conferido a sus apóstoles. Sin embargo, esto no es ninguna novedad. Quien haya estudiado historia de la Iglesia, verá de todo, por lo cual más fe ha de suscitar. La Iglesia, pese a los hombres, es animada por el Espíritu Santo. Tengo entendido que cierta vez, Napoleón conminó a un cardenal diciéndole que iba a destruir a la Iglesia; a lo que el cardenal respondió: ?Lo dudo; nosotros mismos aún no hemos podido?. Cierto o no, es claro el ejemplo.
Celibato sí, celibato no
-¿A cree que se debe la crisis de vocaciones sacerdotales? ¿Puede ser que el celibato sea un impedimento para que jóvenes que quieren consagrarse a Dios lo piensen dos veces?
-Los movimientos de la historia nunca son monocausales: son una serie de factores los que contribuyen a las crisis. Ante todo creo que en un ambiente en que se viva desprestigiando al sacerdocio, la fe, denostando la religión, aboliendo la moral, deplorando las buenas costumbres, será muy difícil cultivar vocaciones. Por el contrario, si se destacara y estimulara sobre los ejemplos de los santos -que son los que queremos-, la cosa sería más fácil.
Por otro lado, el celibato no es un fin sino un medio. Como todo acto de la moral cristiana, se debe vivir como una respuesta generosa al llamado de Dios. Y si alguien lo piensa dos veces, me alegraría mucho de ello: diría que debe pensarlo más todavía. De hecho cosas como esas se piensan ocho años en el seminario. El ejercicio del sacerdocio de Cristo exige personas que se den por completo al Señor, y no de lo que sobra. El sacerdote debe tener un corazón indiviso. El sacerdocio no es un trabajo sino un servicio, y así debe ser entendido: hacer presente al mismo Señor Jesucristo.
La pregunta es: ¿quiere uno consagrarse totalmente a Dios, o no? Sabiendo que Dios no castigará a quien no pueda responder positivamente a ello, pero sabiendo, que, por otros caminos, también estamos llamados a ser santos.
-Entonces la siguiente pregunta sería ¿servir a Dios es incompatible con la sexualidad?
-Creo que fui claro anteriormente: de ningún modo. Dios mismo creó la sexualidad -que es más que el puro genitalismo-. Pero unos responden a la verdad de un modo, y otros de otro. Recordemos que la Iglesia cuenta entre sus santos innumerables laicos, casados y con familias. Ahora, si por ?sexualidad? se entiende ?hacer todo lo que a uno se le antoje? es otro el cantar. La Iglesia entiende ?sexualidad? como ?sexualidad ordenada? y abarca toda la dimensión de la persona, no sólo su fisiología.
El esposo tiene como prioridad su familia, y dará cuentas a Dios por el modo en que lo hace; el sacerdote tiene como prioridad la comunidad eclesial, y también dará cuenta de su actuar ante Dios. Creo que dos cosas no pueden atenderse con exclusividad al mismo tiempo: lo más probable es que desatienda a uno para atender a otro. Ni buen cura, ni buen padre y esposo.
El apóstol Pedro era casado
-El padre Farinello expresó hace unos días a un medio capitalino: ?Jesús no mencionó el celibato y de hecho entre sus doce apóstoles había solteros y casados. Pedro, sobre quien se erigió la primera iglesia, tenía esposa. El celibato es un don, un carisma, nadie puede estar en contra de una consagración tan formidable, pero creo que debería ser optativo para los sacerdotes?. ¿Qué reflexiona sobre estas afirmaciones?
-Bueno?, el padre Farinello no es el vocero de la doctrina de la Iglesia. Para quien tiene fe cristiana y católica, la Iglesia, realidad de fe -a pesar de las falencias de los hombres que la integramos, laicos o clérigos- es el instrumento de Dios para hablar a los hombres y sacramento universal de salvación (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 48) si no es para esto, ¿para qué la habría fundado Él mismo?, por lo cual, debemos prestar el obsequio de nuestra fe a lo que ella nos propone. La Iglesia además de ser nuestra madre, es vieja, y los viejos saben por experiencia. Tal vez sería interesante traer a la memoria algunos excesos cometidos en épocas feudales, cuando sacerdotes, monjes, obispos y papas ?colocaban? a sus propios hijos (naturales) en ministerios eclesiásticos importantísimos sin tener éstos vocación auténtica. Sería terrible que lo que, lamentablemente, muchas veces sucede en la política, suceda en torno a las cosas sagradas.
-Para la Iglesia ¿sexo es una mala palabra?
-No me parece. Creo que como representante de la Iglesia estoy hablando y atendiendo sobre el tema.
¿LOS CURAS SE ENAMORAN?
-Nuevamente citando a Farinello, él argumenta que ?la experiencia del amor, una de las formas en que se manifiesta el sentido de la humanidad es una posibilidad que pocas personas no atraviesan jamás ¿Qué pasa cuando un cura se enamora? ¿Cómo se revierte esta circunstancia, renunciando o a través de la fe?
-La palabra es ?ordenando?.
-¿Qué cosa?
-El amor humano al amor divino, causa y fin de nuestra existencia, con la ayuda de los medios naturales -no poniéndose en situación próxima de faltar al estado que se ha abrazado, el ascetismo, saber acompañarse por otros sacerdotes, etc. Y, especialmente, los sobrenaturales como la oración, los sacramentos, una vida espiritual fuerte.
-Se dice que la Iglesia podría tener una actitud hermética que favorecería el crecimiento de otros cultos donde la gente se acerca porque encuentra otro tipo de respuestas. ¿Cómo lo ve?
-?Hermético? se refiere a algo oculto, más precisamente a las doctrinas secretas de los seguidores de Hermes Trimegistos (sectas gnosticistas). Así puede llamarla alguien que va poco a misa o se acerca muy de vez en cuando a la iglesia. No se trata de acomodar las cosas de la fe a nuestro antojo, sino de ordenar la vida según la enseñanza de la fe transmitida a través de los apóstoles y sus sucesores. A veces, las personas se alejan por razones afectivas, otras veces por no buscar conocer más profundamente la fe, y tienen que decidir cuestiones adultas con lo aprendido en la primera comunión. Y otras veces, sencillamente, las personas no quieren cambiar su modo de vivir. Quiero destacar que hay muchas personas de otros cultos que son sinceras, que quieren amar a Dios y vivir santamente -eso lo celebro-, pero por una u otra razón lo encuentran allí.
-¿Cuál es su mirada sobre nuevas Iglesias de otros cultos, que muestran una ostentación poco cristiana?
-Yo soy sacerdote católico para hablar de los misterios de Dios, celebrar el culto y conducir el rebaño que el obispo me confía. No tengo por qué hablar de los hermanos que no están en plena comunión con la Iglesia Católica. La ostentación ?claro es- no está bien nunca para nadie.
-¿Leyó el ?Código Da Vinci? de Dan Brown?, ¿qué opina de la segunda parte ?Angeles y demonios?, que ya está en el cine? ¿Cree que este tipo de ficción va en contra de la Iglesia o es simplemente una ficción?
-No leí ninguno de ellos, pero en el seminario aprendemos también a distinguir la tradición eclesial (técnicamente traditio en latín, y parádosis en griego) de las tradiciones apócrifas, las cuales he estudiado y leído lo suficiente como para descubrir fácilmente los errores y horrores que se cometen al citarlo tan libremente. Creo, claramente, que no se debe jugar con lo sagrado, de hecho, el segundo mandamiento nos recuerda no tomar el nombre de Dios en vano, y yo agregaría: y menos para hacer plata. Muchos fieles que no tienen una sólida formación pueden confundirse. La fe es la que nos ilumina ?entre otras cosas- el misterio de la vida y de la muerte. Creo que no podemos mezclar la ficción con la realidad. Pienso que la literatura y el arte deben estar al servicio de la transmisión de la fe, y no colocando tropiezos para causar escándalos o suscitar polémicas. Para conocer esas otras tradiciones hay un ambiente propio: el del estudio paciente y abnegado. Pero, claro, esto exige mayor seriedad, sinceridad, esfuerzo y verdadero interés.
-¿Cuál es su opinión sobre el diezmo y por qué la Iglesia lo abolió?
-La Iglesia está llamada a expresar la comunión espiritual en gestos concretos. Me parece bárbaro que cada fiel colabore de acuerdo con sus posibilidades y su conciencia. Tal vez en otras épocas -oficialmente cristianas- esa práctica tenía mejor razón de ser y hoy no sería adecuada. De todos modos los fieles deben tener conciencia que son los encargados de sostener el culto y favorecer la caridad cristiana.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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