Norberto Chutrau dejó este mundo, pero permanece en nuestro corazón
Norberto no sólo era un excelente vitrofusionista, era una buena persona, excelente amigo, mejor anfitrión, un hombre culto y generoso que, en agradecimiento a las notas realizadas por este Diario, tuvo la gentileza de donar una de sus obras premiadas.
Lo conocí por recomendación de Indiana Gnocchini, luego de su exposición en el Museo de Bellas Artes que tuvo el nombre de “820 grados centígrados”, la temperatura en la cual la pieza de vidrio áspero se fusiona en el horno eléctrico y pasa a ver un objeto suave y cálido. En aquel momento, Indiana me dijo que no podía dejar de entrevistarlo, que era una persona y artista para conocer.
Un corto llamado bastó para que nos abriera las puertas de su casa y de su taller, donde conocimos cómo elaboraba su arte. Enseguida nos dijo que se autodenominaba un “artesano del vidrio”, que era autodidacta, y compartió espléndidamente los secretos del vidrio, del horneado y sus formas.
Nos relató que se había iniciado en el arte de la vitrofusión en 2007, para luego tomar cursos de especialización en la fábrica de vidrios Bullseye de Portland, Estados Unidos. También había participado en el salón Nacional del Vidrio en el Arte en Berazategui, y en la expo Artistas del Centro Cultural Borges.
Ese primer encuentro, en el que me acompañó el compañero fotógrafo Luis Veloz, nos dejó sorprendidos. Su obra también cautivó a los numerosos jurados que lo premiaron por sus originales y bellas piezas.
Una buena noticia le llegó tiempo después: tenía la oportunidad de exponer “Jugando con fuego” en el Museo Benito Quinquela Martín de Buenos Aires, lo que fue un motivo de orgullo personal, aunque también para la comunidad artística de Tandil.
Días pasados, en las fiestas navideñas, compartimos con él y su esposa Naty el armado del árbol navideño que se expuso en los jardines del palacio, donde él y su hija Paula habían realizado dos bellas piezas para adornarlo.
Hoy varias de sus obras forman parte de colecciones nacionales e internacionales y por ejemplo, en la capilla María Madre de la iglesia de Mar del Plata se luce su obra “Cruz de la Esperanza”, así como en el club Náutico del Fuerte de Tandil está emplazada “Veleta Náutica”.
Si en alguna ocasión, quien lea estas líneas tiene la oportunidad de pasar por el Multimedio, verá que contamos con el privilegio de disfrutar la obra “Fuga de estrellas”, que tuvo una mención a la técnica y Norberto donó en agradecimiento a la difusión realizada por su trabajo.
Como mencionaba al principio, hoy nos despertamos con la triste noticia de su inesperada partida; sin embargo, su obra, su calidez como persona y la generosidad que lo identificaba permanecerán en el corazón de las personas que lo conocimos.
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