Norberto Salgueiro, toda una vida educando
Su vocación nació en la infancia y aunque decía que iba a ser médico, en su casa jugaba al maestro. ?Yo venía de la escuela y a mi hermana y unos muñecos les daba clase, hacía de maestro?.
En la escuela Normal hizo tres años del ciclo básico y, sin dudarlo, cursó el magisterio. Con cinco años en la institución se recibió de maestro normal nacional. En esa época si se quería trabajar todo el año, lo más fácil era trasladarse a escuelas más alejadas.
Así, en 1961, recién recibido y con sólo 19 años, comenzó formalmente su historia como maestro y dio sus primeros pasos en una escuela muy pequeña en el paraje La Esperanza, cerca de Acelain.
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Por aquellos años, en esta institución se encontraba Alicia Sarçabal, quien le informó sobre una ampliación de la planta funcional ya que ?la escuela alcanzaría a tener 30 alumnos?. De manera que lo llamaron del Consejo Escolar y le ofrecieron hospedarse en el establecimiento, que quedaba a 80 kilómetros de Tandil.
En el predio vivía la familia Baumgartner ?a la que estoy muy agradecido, porque nos daba una parte de su casa para que funcionara la escuela y otra, con una mesita, sofá cama y silla, para que viviera con ellos?.
Primero daba clase en un aula común, pero luego surgió la idea que en ese espacio pequeño donde dormía -de adobe, piso de tierra y paredes de barro- podían organizar un aula con los niños más pequeños.
Distinciones
Según Norberto, los alumnos de campo eran y son distintos a los chicos de ciudad. Además, en aquella época lo único que tenían era radio y conocían muy poco la vida urbana. ?Enseñarles a leer y escribir es inolvidable, porque les abrías un mundo, ya que fuera de la escuela tenían muy poquito?, afirmó.
Cuenta que aún hoy se encuentra con alumnos de esa época y si bien no se ven con frecuencia, cuando lo hacen, recuerdan aquellos tiempos con mucho cariño.
El aspecto contradictorio que vivía en aquel momento era el aislamiento, ?la soledad pedagógica? la llamaba, porque no tenía posibilidad de seguir estudiando y se dedicaba totalmente a la escuela.
Rotaciones
Entre 1961 y 1968 antes de la fundación de la escuela de El Remanso estuvo en varias instituciones como la 51 de El Destino; la escuela 52 del paraje El Carmen; y en la 36 del paraje Los Angeles de la estancia Santamarina. Allí enseñó dos años (1965-1966).
Era una estancia muy tradicional, donde Santamarina se salvó de la matanza del Tata Dios. Según cuenta la historia, el cochero que lo llevaría a Tandil donde estaba la emboscada esperándolo se demoró y, por ese retraso, se salvó de que lo asesinaran. ?Cuando yo fui la estancia no tenía el esplendor de aquella época? y luego pasó a la escuela 38 de San Antonio.
El Remanso
Era una zona donde quedaban muy lejos la mayoría de las escuelas y los chicos hacían un sacrificio enorme para educarse: iban en carro, sulky, a caballo.
En aquel momento, los señores Ortega y Aldezábal de aquel paraje pensaron que necesitaban una escuela y realizaron el trámite frente al Consejo Escolar para que allí se emplazara un establecimiento que finalmente se fundó luego de la reglamentación en 1968.
En ese momento lo llamaron para preguntarle si quería hacerse cargo de la institución y tomó la decisión con sólo 26 años. Allí permaneció hasta 1975.
En aquella escuela conoció a quien hoy es su esposa, que llegó como maestra. ?Por eso esa escuela tiene un significado muy especial para nosotros, más allá de los siete años que permanecí allí?.
?La escuela 65 es mi escuela. En esos comienzos la hice a imagen y semejanza. Uno tenía total libertad para trabajar y era un terreno totalmente virgen. Fui armando todas las cosas como me gustaban. Fue una experiencia única?, narró.
Nuevos rumbos
La partida de El Remanso correspondió a la necesidad de abandonar ese sentimiento de aislamiento que había tenido desde sus inicios como maestro ?Llevaba varios años de trabajo solo, aislado y quería empezar a estudiar?. De esa manera, decidió pedir un nuevo traslado a la escuela 38 de San Antonio y allí regresó en 1975.
En ese momento comenzó a estudiar el profesorado y licenciatura en Ciencias de la Educación porque ?para ese entonces tenía un Citroën y comencé a viajar?.
Hacia 1978, Edita Giachero, que era inspectora jefa, le preguntó si quería ser inspector. Sabía que tenía mucho camino por recorrer, y que no tenía experiencia en escuelas grandes, pero ella le aseguró que su experiencia rural y sus estudios eran muy valiosos y suficientes para concursar. Si bien le comunicaron que de primera intención casi nadie obtenía el cargo, se presentó y ganó el concurso.
En ese momento comprobó que el resto de la carrera lo haría en primaria, aunque desde la inspección. Allí ?comenzó una etapa valiosa, de aprendizaje, de volcar junto a los colegas todo lo que había armado en ese trayecto de catorce años. Descubrí que había cosas que no sabía que conocía?, aseguró.
Años de dictadura
En los años de dictadura Norberto continuó su trabajo como inspector. Al respecto recuerda que ?Había mucho control en la dictadura, listas de libros prohibidos. Nosotros estábamos muy sumergidos en los engranajes del sistema. No nos dábamos cuenta de las cosas que estaban pasando. Hoy les cuento a mis alumnos y no me creen. Uno tenía ese mecanismo de adaptación y yo no me preguntaba por qué había listas de libros… siempre nos habíamos manejado así. Desde la Inspección las cosas funcionaban con mecanismos de adaptación. Sobre el 80 empecé a ver los signos. Mi hermana estaba estudiando psicología y ya contaba de las desapariciones. En Tandil comenzamos a darnos cuenta que había gente que no había regresado?, relató.
Democracia y proyectos
Entre el fin del gobierno de facto y la democracia, otra persona se fijó en él para que fuera inspector jefe. Así, el profesor Gabriel Aspellea (que tomó la dirección de primaria en la época en que Cafiero era gobernador) renovó el plantel de inspectores jefes de provincia, ?y fui inspector durante tres años, hasta 1990?. Luego regresó a la Inspección, porque el cargo de jefe no era definitivo.
Profesionalmente había crecido y desde la inspección y la jefatura sentía que era mucho más lo que podía hacer que en el aula. ?Sentí que lo que había hecho en las aulas primarias estaba cumplido?, confesó.
Sin embargo, quiso explorar otros niveles y esa posibilidad la tuvo en el nivel superior, luego de recibir su jubilación a los 50 años.
En ese momento comenzó a dedicarle mucho más tiempo al Instituto 10. Se inició con las asignaturas de didáctica general y gestión institucional y se fue especializando en esas áreas para enseñar a otros.
Nuevo cargo, nuevos desafíos
Hacia 1993 se jubiló la regente del instituto Alicia Bosatta y le ofrecieron presentarse a concurso y lo ganó.
Durante toda su vida había trabajado con docentes e inspectores, pero se le abría la posibilidad de trabajar en la formación docente. Descubrió que podía compartir con otros todo lo que él había aprendido. ?Es inmensa la satisfacción que uno tiene trabajando en formación docente, con quien quiere serlo?.
?Hoy hay cambios que tenemos que aceptar. Nuestra base cultural era más fuerte que la que hoy tienen los chicos. Tenemos que ayudar a formarlos en una base menos sólida. La tecnología nos ayuda, pero también ha distorsionado las cosas, porque no estamos preparados para su manejo, no siempre es fácil de sobrellevar?, reflexionó.
?Yo creo que el sistema educativo es otro dentro del sistema social nacional, es un subsistema más, como el cultural, el económico, el de salud?. ?Al sistema educativo nuestro no le pasa ni más ni menos que lo que le pasa al país, que se han agravado, ahondado, que son visibles, que parecen no tener salida. Somos parte del resto del país?.
Sin embargo, cumpliendo casi 50 años en el sistema educativo dice que ?No podés ser pesimista trabajando con los jóvenes, porque estás trabajando por el futuro, porque estamos ayudando a formarse, lo que no significa que uno sea un optimista ingenuo, sino que somos críticos con el sistema?.
Y un optimista debe ser, porque cuando se le pregunta por el día de su retiro, con una gran sonrisa afirma que no ha llegado el momento, que todavía tiene ganas de hacer y proyectos por concretar.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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