Nuelakuna, el dúo de música andina que llegó desde Ecuador, le pone colorido al centro
En pleno centro tandilense, en la esquina del antiguo Banco Comercial, resuenan los sicus y las quenas de Nuelakuna para deleitar a los caminantes desprevenidos. Arropados como sus ancestros aborígenes, Enrique Masaquiza y Luis Jiménez tocan sus melodías andinas en la intersección de Pinto y Rodríguez, con un repertorio tan clásico como auténtico.
El dúo tiene cientos de kilómetros en su haber, ya que llegan directamente desde el Noroeste argentino, en una gira itinerante y gasolera que los llevará luego a la Costa Atlántica, el foco turístico por excelencia de la temporada veraniega.
Según comentaron, llegaron a la ciudad ?gracias al mapa?, debido a que su rumbo rara vez está delimitado, porque ?siempre estamos en un sitio diferente?, argumentaron los artistas callejeros. ?Sólo en colectivos andamos, no tenemos vehículo propio y nuestro destino es el camino?, aseguró Enrique Masaquiza, experimentado en la música andina latinoamericana. Entre los instrumentos que el dúo maneja hay sicus, flautas, silbidos de pájaros, quenachos y cabalongas, entre otros.
Además, cuentan con una producción discográfica propia. El disco homónimo contiene una veintena de clásicos internacionales reversionados con instrumentos tradicionales aborígenes.
?Hace ocho años grabamos el disco con unos amigos de Ecuador que viven en Buenos Aires, lo nuestro es la música andina?, explica Masaquiza. La producción se vende en su improvisado puesto céntrico y el costo de su espectáculo queda a criterio de los espectadores.
Ambos artistas callejeros provienen de la provincia de Tungurahua, al centro de Ecuador y, en su recorrido, han estado tocando en varios países de Sudamérica. Así, afirman que su música tiene una fuerte raigambre aborigen heredada tras generaciones. ?No queremos que se pierda la música de nuestros ancestros, que han luchado siempre por eso, no queremos que se pierda esa cultura?, aseguró el músico ambulante.
Nuelakuna va a estar en la ciudad hasta el próximo domingo, todos los días por la mañana y la tarde en la céntrica esquina. Sobre los oyentes tandilenses manifestaron que ?el público es bien amable, nos han recibido con los brazos abiertos, nuestra canción es bienvenida?.
Finalmente, acostumbrados al palpitar de las calles del país, los músicos afirman que su forma de vida es una elección predilecta y agradecen poder vivir de ese modo. Al terminar la nota, entonces, empiezan una nueva canción y una niña de unos seis años los aplaude, mientras su padre deposita unas monedas en la gorra y el sol de la mañana resplandece en sus rostros aindiados, curtidos de tantas rutas como de melodías. *
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