Nuestra propia mirada
Muchos argentinos buscan lo mejor para nuestra Patria: todos sabemos que el bien conjunto nos conviene a todos, y por ello, es difícil encontrar a alguien que, con buena razón, declare no querer nuestro sano progreso y el de nuestro ambiente hacia mejores formas de vida social.
Progresar, avanzar, simplemente ir hacia adelante, incluye que todos nos veamos impulsados de forma conjunta hacia un nuevo y mejor estadio, que mayores y mejores condiciones de vida nos brinde. Caminar hacia adelante, o aún a veces hacia atrás, como nación o solos, individualmente, nos habla ya de nuestra condición móvil, transcurriendo en el tiempo.
Tiempos que caracterizan cada etapa presentándonos nuevos desafíos: estos meses de desencuentro nacional, cuya calma se hizo largamente esperar, nos hacen volver a profesar nuestra intención de caminar juntos, como Nación, hacia nuevos albores, hacia días mejores que aquellos dolorosos que los argentinos supimos vivir en los largos siglos que nos precedieron y que no queremos revivir.
No sólo la cuidada lengua castellana, que desde Europa nos trajeron y a la que le añadimos nuestra marca propia, no sólo las creencias, ni nuestro modo de disposición social, sino sobre todo la tradición que entera guardamos en el corazón de la historia del país, nos vuelve a reunir y nos invita a recorrer un camino de ida por la senda del progreso, sin resentimientos ni injustos olvidos.
Hoy, como Nación, todos y sin exclusiones, volvemos a estar en la oportunidad de abrir un nuevo camino de trabajo y forja de una nueva Argentina. Y ese verdadero camino se emprende desde nuestras mejores anclas de tradición y cultura nacional.
Por cierto que es tarea no fácil, ni olvidado anhelo. Sin desanimarnos al observar el contexto y las circunstancias, hoy el mandato nos vuelve a los años ulteriores a la Independencia: sobreviene en un imperativo decisivo que para superar nuestras dificultades nacionales, primero debamos restaurar nuestro espíritu nacional, una verdad guía no sólo para nosotros: del otro lado del océano, un conservador inglés como Lord Hailsham (Douglas Home), primer ministro británico allá por la década del ?60, decía años atrás en una de sus publicaciones: ?Si no hay un sentimiento de unidad nacional, no puede haber tampoco un sentimiento patriótico?, naturaleza ineludible para el adelanto nacional.
Hoy volvemos a necesitar sabernos un mismo sujeto colectivo: sin constreñir las sagradas libertades individuales, volvemos a requerir de nuestra autoconciencia de connacionales, la que nos revela y recuerda esa hermandad que une a los hijos de las amplias tierras que comienzan en las sombras de los Andes hasta el Atlántico, y que corren de la Quebrada hasta la austral tierra fueguina.
Hoy, como cada día, resurge la necesidad de obviar innecesarias disputas, desencuentros y divisiones internas que nos separen y aparten de ese camino buscado de vida nacional en progreso. Estar al tanto sobre lo inaceptable e inconveniente de las luchas y divisiones internas, hoy es uno de nuestras preocupaciones por compensar.
Debemos entender con claridad que el fomento de la vida conforme al espíritu de nuestra Nación y del consecuente sentimiento patriótico, así como el incentivo de distintas razones colectivas, como el cultivo de una historia por todos asentida, no comienzan en autoridades políticas momentáneas: si bien a ellas les cabe parte en el estímulo de la conciencia común, ese libre punto de vista al que cada compatriota pueda día a día volver, indagar y preguntar, comenzará a responder a la disposición y entrega que cada argentino realice y aporte en orden a la generación de una nueva concepción de Nación.
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