Nuevos testimonios expusieron que Santo Bravata no presentaba una personalidad violenta
En la nueva audiencia fue el turno de más testimonios que dieron fe sobre el buen concepto sobre el acusado y otros tantos que pintaron otro perfil de la víctima, especialmente contradiciendo lo que luego se conocería mediáticamente sobre causas anteriores vinculadas a la Cosa Nostra.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailDe todas maneras, es un secreto a voces que hasta aquí los testigos citados aportaron a la hora de trazar un perfil del homicida como de las víctimas y las respectivas circunstancias que acompañaron los sucesos que culminaron en uno de los más resonantes crímenes del pago. Empero, lo sustancial para la suerte del procesado sucederá mañana, cuando atestigüen los peritos psicólogos que oportunamente intervinieron en la instrucción y dieron cuenta de sus impresiones sobre el estado psíquico del imputado. Es “la carta” con que juega la defensa para revertir un juicio con final anunciado.
El médico forense
Uno de los principales testimonios fue protagonizado por el médico forense Roberto Leitao, de dilatada trayectoria en el rubro, quien como en la mayoría de los casos policiales locales fue el encargado de practicar la autopsia de los cuerpos hallados en la casa de 14 de Julio al 100.
A preguntas de las partes, el médico aludió a las múltiples lesiones que presentaban los cadáveres y que a su entender fue Bravata quien recibió más impactos del elemento contundente que su esposa.
Reconoció que la escena del crimen no fue una habitualidad dentro de su trayectoria en la ciudad, para luego responder que a su criterio ninguna de las víctimas presentaba síntomas, signos de sobrevida (del momento de la agresión al día que fueron hallados).
También a modo de hipótesis, dejó su impresión que como se presentaron los cuerpos y las respectivas lesiones no hubo indicios, lesiones compatibles, de que sucedió un forcejeo previo a las lesiones letales. No hubo maniobras defensivas por parte de los asesinados, consideró.
Otros policías hicieron acto de presencia en la audiencia, sobre todo aquel primer efectivo que arribó al lugar del crimen y otro efectivo de la DDI que fue testigo de la confesión espontánea de De Agostini una vez detenido.
Conocidos de la víctima y victimario
También pasó frente al Tribunal Nicola Parasuco, quien tuvo la particularidad de conocer a ambos protagonistas. Sobre De Agostini dijo conocerlo circunstancialmente en el Casino, desde donde entabló una relación informal que no llegó a ser una amistad, sólo conocido.
Recordó que en una de los encuentros que mantuvo De Agostini le pidió dinero para hacer un negocio e incluso le pidió algún contacto con algún prestamista. Le aclaraba, mientras tanto, que no había problemas con la devolución del dinero porque le estaba yendo muy bien en el Casino, con un promedio de cuatro mil pesos diarios de ganancia, a lo que el testigo le dijo que si era así entonces no necesitaba ningún préstamo y se desentendió del asunto.
Ya sobre su relación con Bravata, reseñó que se conocieron por la colectividad italiana y dijo haber mantenido algunos encuentros con él, en los que Bravata le pedía consejos para iniciar algún emprendimiento. De hecho, luego supo que había comenzado a prestar dinero, sobre lo que el propio Parasuco le dijo que eso no era para él ya que hasta le costaba hacer números.
Si bien admitió sobre la relación, indicó que Bravata era muy reservado. “No largaba prenda” sobre el porqué había llegado a la Argentina y a Tandil en particular, desconociendo su pasado como luego se iba a enterar por los medios tras el hecho.
Sí tuvo conceptos elogiosos para con la víctima. De lo poco que lo conocía habló de una persona amigable, simpática y que tenía “un concepto excelente” para lo que fue su relación.
Sus dichos vinieron a cuento de la insistencia del fiscal por determinar qué grado de “peligrosidad” presentaba la figura de Bravata en terceros a la hora de descartar que De Agostini se hubiera sentido intimidado y acorralado por el temor y la presunta amenaza que dijo recibir a aquel.
El escribano
Otro de los testimonios de relevancia escuchados ayer fue el del escribano Julio Sebastián Ugalde, quien dio fe de distintos documentos que Bravata la acercaba en relación a reconocimiento de deudas y demás menesteres que hacían a la relación comercial de la víctima y sus clientes.
También el profesional pintó otro perfil al luego difundido sobre el italiano. Refiriendo a un hombre sencillo que incluso le pidió consejos sobre cómo cobrar legalmente algunos morosos que tenía.
Asimismo, recordó que los préstamos que figuraban en los documentos no superaban los cinco mil pesos, con una devolución que no superaba los 30 días.
Otro de los testigos resultó Fernando Caresía, quien se dijo amigo de De Agostini, quien oportunamente le había pedido prestado dinero para hacer un negocio de una compra de una casa en Necochea, dinero que nunca recuperó aunque eso igualmente no dejó de tener el mejor de los conceptos de él. Sí admitió que luego, con el paso del tiempo y tras este suceso ahora ventilado en juicio comprobó que aquellos negocios eran todas mentiras.
Recordó que estuvo con él el día previo al doble homicidio, cuando De Agostini lo visitó a su casa y lo ayudó en la construcción de un canil. Allí observó el detalle que llevaba consigo las herramientas de trabajo: el martillo en la cintura. El mismo que luego se vería en las cámaras de la casa de los Bravata.
También supo sobre el enojo de los empleados porque De Agostini les debía plata, aunque aclaró que a su criterio no eran peligrosos, sólo eran muchachos que querían cobrar por su trabajo.
Una mujer sin consuelo
Como corolario de la jornada, la hija mayor del acusado y la mujer, María Villavicencio, plasmarían su dolor e incomprensión por lo que terminó haciendo a quien ratificaron en calificar como el mejor padre y esposo, respectivamente.
Reiteraron sobre aquellos días previos de un hombre totalmente cambiado en lo mental como en lo físico, a partir de una angustia, nervios que nunca supo transmitir sobre las verdaderas causales. Sí su mujer recordaría de las presuntas amenazas de los empleados aunque ella nunca los pudo corroborar y, de hecho, reconoció como ilógico cuando De Agostini le dijo de irse a Necochea.
Así cerraría otra jornada de un juicio que, se insiste, promete crecer en expectativa en cuanto a una eventual tendencia del posible desenlace mañana, cuando testigos despojados de intereses afectivos vuelquen su opinión ya no sobre las circunstancias que rodearon a los protagonistas, la pesquisa, ni la escena del crimen, será el turno de los profesionales que evaluaron la mente del acusado, que dice haber padecido una amnesia al momento de cometer semejante hecho, el asesinato de dos personas a martillazos.
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