Nunca se olvida un 6 de enero
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu email
Recién acostado el chiquito asoma los ojos por sobre la sábana. Es noche de Reyes y durante toda la jornada anduvo nervioso y entusiasmado a la vez con los preparativos, más que nada para los camellos. Su hermano, cuatro años mayor, escribió la carta suya y la de él porque además de tener letra prolijita sabe escribir y él apenas si recién está comenzando a garabatear su nombre.
Su hermano mayor hace un rato se durmió en la cama de al lado, pero él no puede. Por otro lado quiere quedarse despierto para ver a los Reyes pero al mismo tiempo siente recelo por esos hombres altos que nunca ríen. Pero también quisiera ser el primero que los vea, puesto que todos hablan de que “están llegando… allá se ve una estrella”, pero en realidad nadie ha conversado con ellos… ¿hablarán los magos?
En estos pensamientos anda el más chiquito de la familia cuando el sueño lo va venciendo, pero en un último intento por permanecer vigilante repasa lo hecho: las zapatillas juntas al lado de la cama, el pastito fresco y cortado en un plato, junto a otro más hondo con agua fresca para que los camellos coman y tomen después de la larga travesía, como le contaron sus papás. Y los ojitos se le duermen lleno de sueños.
Hay fechas muy especiales para un padre y una madre, fechas que no se olvidan jamás aunque los hijos crezcan y dejen el nido. Y sin ninguna duda nos atrevemos a afirmar que la noche y el Día de Reyes son particularmente celebradas con una honda emoción.
Porque cuando se levantan en la mañana del 6 de enero escuchando los chillidos de los chicos abriendo los regalos, cuando se miran en sus ojos brillantes como estrellitas sienten que nuevamente Dios ha hecho un milagro.
El Día de Reyes cierra las tradicionales fiestas, es la frutilla del postre, si se nos permite utilizar esa expresión, porque comenzamos celebrando el nacimiento de Jesús y lo invitamos a nuestros hogares a bendecir y compartir la mesa y el 31 a las doce de la noche, ni un minuto más ni uno menos nos abrazamos fraternalmente celebrando la vida, un año más… pero el 6 de enero es otra cosa, los Reyes Magos llegan a nuestras casas siguiendo como entonces una estrella, que es precisamente la sonrisa de los hijos vista desde nuestra mirada húmeda de emoción.
Y decimos que a pesar del tiempo, este día repetido una y otra vez, será imposible de olvidar a pesar de que el calendario avance naturalmente. Porque, justamente, no queremos olvidar sino traer al presente cada 6 de enero el recuerdo de las zapatillas chiquitas al lado de la cama en la noche previa, el pastito y el agua en el living, las corridas en la madrugada para evitar cualquier tropiezo y finalmente los ojos de estrellas de nuestros hijos cuando encuentran los regalos y vienen a enseñarnos sus tesoros, mientras nosotros los apretamos contra nuestros corazones, reímos con ellos pero con la mirada húmeda de emoción.
Nunca se olvida un 6 de enero.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios