¡Oh!, es el campeón
¿Quién es un campeón? ¿El mejor o el sobresaliente? Me quedo con el último pues en el caso del primero ?en el país de los ciegos el tuerto es rey?.
Todo esto viene a cuento por una pelea que se llevó a cabo hace unos diez días, donde Diego Loto se consagró campeón argentino con más peleas perdidas que ganadas. Este fenómeno de cubrir las categorías con lo que haya a mano desvaloriza totalmente el significado que tuvo el merecimiento en las épocas en que lo portaban los sobresalientes. Personalmente, no creo que sea necesario tener campeones en todas las categorías con boxeadores de calidad mediocre, como si lo que se llenara fuera un casillero de palabras cruzadas. Por muchos años, cuando hubo grandes boxeadores, algunas categorías permanecieron vacantes por lapsos prolongados. Por ejemplo: en la categoría mosca cuando se declara el título vacante desde 1934 hasta 1953, año en que aparece Pascual Pérez.
Gallos, desde 1936 a 1953. Liviano del ?45 al ?47. Medio mediano del 49? al 53?. En otros casos se mantuvo un campeón en inactividad como Amado Azar por más de seis años hasta que se declaró el título vacante, un caso similar al de Alberto Lovell. Y el boxeo sin campeones y con grandes figuras siguió creciendo y produciendo notables púgiles. No encuentro entonces razón como para que no se tome la misma actitud cuando el boxeador, por más que sea el mejor, lejos está de portar un campeonato por su manifiesta mediocridad.
Brillantes eran los tiempos en que el campeón lucía con orgullo su pantalón blanco al que se llegaba casi con una performance inmaculada, luego de permanecer por bastante tiempo escalando puestos en el ranking, hasta llegar al tercero, que era el que lo habilitaba para realizar el desafío. Hoy puede hacerlo cualquiera, prácticamente. Para acceder a una corona sudamericana, primero había que demostrar su supremacía en la propia tierra. Hoy, cualquiera, sin ser titular de nada, con un record que dice menos, puede retar y hasta portar el cinturón sudcontinental.
Y como si ya todo esto fuera poco, aparecieron los títulos ahora llamados regionales, donde lo que se vende es un puesto en el ranking del mundo. De eso viven las asociaciones, con sus Fedelatin, OMB Latino, Intercontinental, Mundo Hispano y etc, etc.
En definitiva, los títulos no hacen a la calidad de las peleas y menos a la de los boxeadores. Para muestra, en las mejores peleas que se han realizado en nuestro medio (Sicurella-Balbi; Luján-Matthysse) no ha habido nada en juego. Y algo por el estilo también ha sucedido en las ?mecas? que hoy tiene el boxeo.
Si tenemos en cuenta que los boxeadores con más futuro en estos momentos son Marcos Maidana y Lucas Matthysse, y ninguno de los dos porta ninguna corona argentina, convengamos en que es una demostración más de que no es necesario dibujar campeones. A los que deberían serlo no les interesa. Para qué van a estar en el montón.
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