Operación Fracaso
El pasado miércoles Martín Redrado se dirigió al Congreso Nacional para realizar su descargo en la Comisión Bicameral especial, finalmente convocada por la Presidenta de la República ?para buscar consejo? en la remoción o no del titular del Banco Central. De ese modo, se cumplió con el procedimiento que la Carta Orgánica de aquella entidad estipula para remover a su presidente.
Fue llamativo que ese mismo día, cuando encontraba su cauce este conflicto-escándalo que culminó el viernes con la renuncia de Redrado, uno de los más importantes matutinos y enfrentado con el Gobierno, dedicara su tapa a relatar con finos detalles una reunión que mantuvieron diputados provinciales oficialistas días atrás en Pinamar. En esa oportunidad, duras habrían sido las críticas que los legisladores provinciales habrían tenido con la política que el matrimonio Kirchner lleva adelante.
Críticas y amenazas
Dos años van a cumplirse ya desde que el Gobierno de Cristina Fernández y la conducción de Néstor Kirchner emprendieran el conflicto contra los productores agropecuarios, que terminara con el oficialismo doblegado en el Senado y el voto contrario de Julio Cobos al esquema de retenciones móviles a la exportación de soja. Aquel enfrentamiento supuso el punto de inflexión con el que comenzó la debacle de poder oficialista.
Desde entonces y desde todos lados, la pérdida de adhesión y las críticas al Gobierno se volvieron cada vez más frecuentes y agudas. En ambas cámaras del Congreso, en las legislaturas provinciales y en los concejos deliberantes, los bloques del Frente para la Victoria se fracturaron. Y muchos espacios y partidos políticos que antes eran parte del oficialismo, dejaron de serlo. Bien sabido es que en las elecciones de medio término celebradas el año pasado, el kirchnerismo fue fuertemente derrotado, lo que le quitó todas sus mayorías parlamentarias.
Por todo ello, aquella reunión y las críticas que los diputados asistentes pueden haber hecho hoy ya no es noticia: ni valía una nota de tapa con tamaña trascendencia. Más bien sí parecía una operación mediática en contra de Néstor Kirchner, a fin de abrirle otra grieta más por donde se escurra su poder.
Según se relató luego, Néstor Kirchner pedía ?con furia? la renuncia de Raúl Pérez, jefe de la bancada oficialista de diputados provinciales, responsabilizándolo por filtrar en la prensa aquella reunión y las críticas que allí se asignaron hacia su persona, la Presidenta y el gobernador Scioli.
Rápido de reflejos, el ex presidente intentó utilizar aquella operación organizada (supuestamente) entre los diputados y Clarín, para condicionar al gobierno de Daniel Scioli, en su pretensión por convertir a la Legislatura bonaerense en otra escribanía, sucursal del poder de Olivos.
Sin embargo, aquella estrategia de presión hoy ya no le resultó exitosa: en tiempos de decadencia, como círculo vicioso, la coacción que ejerce sobre sus adherentes genera más desconfianzas y más rechazo. Y como fuerza centrífuga, les abre la puerta para abandonar el barco oficialista.
De este modo, los diputados provinciales ?intimidados? por Kirchner encuentran ahora la invitación y la mejor excusa para dejar las filas oficialistas y engrosar las de la oposición, o al menos para amenazar con ello. Con sus bravuconadas, Kirchner prepara a sus propios el camino para renovarse como referentes opositores: como hizo con Cobos y con Redrado.
De esta manera, en el seno del bloque de diputados oficialistas de la Provincia, se vislumbra ahora una segunda fractura, después de la que sufrió en 2009, cuando numerosos legisladores migraron al Peronismo Federal.
Tormentas de verano
La convulsión política en Pinamar no se debe solamente a las elecciones que se celebrarán en las próximas semanas para finalizar el escándalo iniciado por el intendente (hoy destituido) Roberto Porreti, del Frente para la Victoria, cuando fue descubierto pidiendo coima a empresarios ?de la noche?. Los diputados provinciales también se reúnen en Pinamar. Kirchner, aunque sin efectos, intimida, siguiendo la estrategia que le servía en sus épocas de esplendor político, cuando crecía en devoción popular y sobresalía en la cresta de una ola de adhesión. Y Scioli, mientras, se congela en la inacción.
La ciudadanía les dio la espalda no sólo en las elecciones de junio. Los variados y frecuentes sondeos de opinión, provengan de donde provengan, coinciden todos en señalar una profunda imagen negativa al matrimonio presidencial. Quizá por el clima de Pinamar, o por las reuniones que allí se realizan, el kirchnerismo está estremecido. Sin dudas, ya dejó de ser ?equipo ganador?, si es que alguna vez fue equipo.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailMás de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios