Pablo Dalmacio, un músico de Tandil que brilla en el exterior
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Pablo Dalmacio habla de la música con la misma pasión con la que toca la guitarra, o el violín. Guitarrista, violinista, compositor en investigador, nació en Tandil pero se mudó a Brasil en 2005 y allí desarrolló su carrera.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailVersátil como pocos, transita desde la música para laúd y vihuela del siglo XVI, pasando por el repertorio de los períodos clásico y romántico hasta sus propias composiciones. Vive entre Camboriú y Santa Catarina, donde organizó un festival de guitarra que terminó la semana pasada y que fue un verdadero éxito. Hoy Pablo está en Berlín, y luego viajará a Francia, donde tocará en París por primera vez el 25 de septiembre. Antes de emprender viaje y durante una visita a ciudad natal, charló con El Eco de Tandil sobre sus comienzos, su pasión por la música y su primer disco solista.
-¿Cómo nace tu relación con la música?
-Mi primer recuerdo consciente es de los seis años. A mí me mandaban a gimnasia, y a los seis años todavía no sabía ni atarme los cordones. Una vez en el Dique iba a haber una gran muestra final de lo que se hacía y yo no sabía hacer nada. Igual fuimos con toda mi familia, y yo me quedé en el auto con mi papá. Ese día, me acuerdo clavado, estábamos escuchando unas obras de Bach en el auto, y la música me entró de otra forma. Siempre lo escuchábamos, pero de ese día no me olvido nunca.
-¿Esa experiencia funcionó como disparador?
-Sí. Además, mi mamá me dice que cuando hacía los ejercicios prenatales y todo eso iba a un lugar donde escuchaban música clásica. En casa, entre otras cosas, también se escuchaba eso, entonces de alguna forma ya estaba ahí. El del Dique es el primer recuerdo. Después, a los ocho años, mi papá me dijo “además de la escuela, algo hay que hacer. No vas a estar todo el día en casa haciendo nada”, y me ofrecieron varias posibilidades. Entre ellas, música. El me sugirió la guitarra, así que empecé un año particular y al siguiente en el conservatorio, que todavía estaba en Rodríguez. Sin embargo, lo que me decidió a ser músico de forma inequívoca fue, a los catorce años y curiosamente, un profesor de física y matemática: Néstor López.
-¿Por qué?
-Porque él era un melómano apasionado, y creó un curso de apreciación musical en la escuela. Yo iba al Martín Rodríguez, que a la tarde estaba cerrado, y él iba, abría los lunes a la tarde y estábamos dos horas y pico escuchando música. Nos mostraba los instrumentos, la vida de compositores. Y ahí empecé a ver un lado de la música que en los años de conservatorio nadie me había mostrado. ¿Cómo puede ser que a través de un profesor de matemática venga a descubrir un mundo que debiera haber descubierto en el conservatorio?
-¿Qué viste que no habías visto?
-Lo que va más allá del dominio técnico para hacer música. Porque claro, tenía las clases de teoría. Bárbaro. Las clases de instrumento, bien. Pero eso está en función de algo, ¿no? Y eso él lo explicaba. Por ejemplo, reconocer cada uno de los instrumentos musicales de una orquesta, ver cómo son. Cosas básicas, pero que nunca lo había hecho. Mostrar la vida de compositores. Ver un poco desde el otro lado. A partir de ese momento vi que había otro mundo, y eso fue lo que me determinó a ser músico.
-Sos profesor, investigador, compositor, director, guitarrista, violinista… ¿Por qué abrir así el abanico?
-Creo que por esa cuestión inusual de haber aprendido de un profesor de matemática en una escuela secundaria, ¿no? El me mostró que había otros caminos y la curiosidad hizo que investigue un poco en cada lado. Y vi que me atraía todo, y después ya no podía dejar nada. Años después, ya en Brasil, tuve un momento en el que si bien hacía exteriormente cosas, interiormente me sentía bastante mal. Entre los guitarristas no me consideraba guitarrista porque me parecía que me faltaban cosas. Y dentro de los violinistas tampoco me consideraba violinista. Sentía que era un poco de cada cosa y nada de nada. Llegué a pensar: “¿será que tengo que dedicarme a una cosa sola?”. Pero después vi que me iba a sentir mal si dejaba el violín y entendí que mi destino era ese, hacer lo mejor posible con todas las cosas que me gustaban.
-¿Cómo llegás a Brasil?
-A Brasil llegué porque tengo un amigo, Damián Montiel, que es pianista, estudió aquí y se fue con la familia a Brasil. Allá creó una escuela de música porque no hay en Brasil conservatorios o escuelas estatales. O hay muy pocas, pero no en la región en que estamos. Entonces creó una escuela de música, le empezó a ir bien con eso y todo el tiempo me llamaba, me invitaba para ver si quería trabajar con él. Además, en Argentina en ese entonces las cosas no estaban muy bien.
-¿Cuándo te fuiste?
-En 2005. Pero en 2000 yo estaba en Mar del Plata estudiando, y era una de las ciudades con más desocupación del país. De Mar del Plata me mudé de nuevo a Tandil y conseguí horas en Polivalente que con el tiempo se iban a multiplicar, pero Damián me seguía invitando a Brasil y decidí ir un verano a probar. Me gustó ver las posibilidades que podían surgir de eso, y no volví más.
-Organizaste un festival de guitarra en Camboriú. ¿Cómo fue la experiencia?
-El festival terminó la semana pasada y fue un éxito. Participó gente de varios estados de Brasil y terminamos con los profesores tocando junto a la mejor orquesta del estado de Santa Catarina el último día.
-Además de tocar, dar clases, investigar, acabás de lanzar un disco, “Ricercare”. ¿Con qué material se va a encontrar el público?
-Este es mi segundo disco, pero es el primero solista. Lo imaginé como un punto que a partir de ahí pudiese mostrar las diferentes facetas de lo que hago. Lo que hice fue grabar música de cinco siglos diferentes de la historia de la música pero con instrumentos de cada época. Toco desde la guitarra tradicional, música latinoamericana y española del siglo 20, voy retrocediendo en el tiempo y paso por guitarra barroca, guitarra renacentista, vihuela…
-¿Cada época con el instrumento que le corresponde?
-Exacto. Las personas pueden escuchar la diferente sonoridad de la época, siempre desde nuestra perspectiva contemporánea obviamente. Pero creo que quedó interesante, tuvo buenas críticas. El disco se llama “Ricercare”, que significa buscar literalmente, del italiano, pero al mismo tiempo es el primer género instrumental de la historia de música libre, y surgió en Italia. También representa mi búsqueda individual. Y en el disco hay una curiosidad, una omisión: los primeros ricercares de la historia fueron en italiano y para laúd, y justamente no hay ni música italiana, ni música para laúd, ni ricercares.
-¿Fue a propósito?
-Sí. El laúd lo conseguí después y lo primero que hice cuando lo conseguí fue tocar ricercares italianos. En el disco, todo el repertorio está en orden cronológico inverso. Va del siglo 20 al siglo 16. Busqué también dar un poco la idea de que no necesariamente los instrumentos que fueron surgiendo representan una evolución en el sentido de mejora. Solo cambio. Desde hace un tiempo hay una vuelta a tocar los instrumentos originales.
-También estás trabajando en una plataforma didáctica. ¿De qué se trata?
-Sí, estoy trabajando en eso y la idea es lanzarlo en un par de meses. Se llama “El mundo de la guitarra” y la idea es disponibilizar desde videos cortos explicando elementos de la música o de técnica, hasta diversas cuestiones relacionadas a la música en general y a la guitarra en particular. Compartir partituras y grabaciones raras. Hoy en día no es difícil encontrar cosas en internet pero hay otras que yo me he dado cuenta que a pesar de no ser difícil la gente no sabe como buscar. Esas cosas vamos a compartir. Será una plataforma gratuita.
-Y en octubre vas a estar en un congreso de guitarra.
-Sí. Se va a hacer en Brasil el primer Congreso On Line Nacional de Guitarra. Va a ser gratuito y van a haber conferencias y charlas. A mí me invitaron a hacer una de las conferencias. Voy a tratar la formación carrera del guitarrista y el mercado de trabajo hoy. Y voy a hablar de eso a partir un poco de lo que he estudiado y de lo que es mi propia experiencia.
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