Padre, hija y un acto de amor que los marcó para toda la vida
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Virginia es hermosa. Su mirada tiene un brillo especial, es sinceramente conmovedora y delata que está llena de sueños. A su lado, está su padre Rodolfo -“Rolo”-, otro actor principal en esta historia, el que le donó el riñón izquierdo y le alargó la vida a esta adolescente de 15 años.
A la entrevista también se suman la mamá Gladys y el hijo menor Ignacio. Victoria, la hermana mayor que estudia licenciatura en biotecnología y biología molecular en La Plata, completa esta familia unida por intensos lazos de amor. Los cinco ganaron una intensa batalla para sacar adelante a Virginia.
Hoy, la ilusión de todos es pasar el Día del Padre juntos, valorando la posibilidad de compartir momentos y celebrar la vida, la misma que los puso a prueba hace más de tres años, cuando descubrieron que Virginia padece una enfermedad inmunológica que le destruyó los riñones y fue sometida a un transplante.
“Cualquiera de
los dos donaba
los órganos”
Hace unos tres años, Virginia empezó con cefaleas y otros dolores, lo que motivó una serie de estudios médicos. El primer diagnóstico reveló que su problema eran los riñones y la derivaron a La Plata.
Pero el inconveniente central era una deficiencia en el sistema inmunológico. Virginia produce un anticuerpo que ataca sus tejidos blandos, es decir, sufre una patología auto inmune para la que deberá estar medicada de por vida.
“Lo que hace la medicación que toma Virginia es que no se produzca el rechazo del riñón que yo le doné, hace que ese anticuerpo esté inactivo y frena la enfermedad”, explica “Rolo”. Periódicamente, los médicos del Instituto Favaloro le hacen controles para mantener dormida la enfermedad.
Cuando arrancó este proceso, “Rolo” y Gladys se hicieron los estudios de compatibilidad, lo que determinó que el padre estaba en condiciones de ser el donante por tener el mismo grupo sanguíneo.
“En ese momento, cuando tomamos real magnitud de la enfermedad que era y lo que se podía dar, de cuál iba a ser el resultado final que era el transplante, nosotros dijimos que cualquiera de los dos donaba los órganos”, cuenta “Rolo”.
El padre nunca dudó de su decisión: “Siempre estuve muy ansioso esperando que nos dieran la orden y siempre estábamos preguntando para tener el transplante lo más rápido posible”, relata emocionado.
En este duro camino, la familia dejó atrás un montón de historias vinculadas a los trámites en la obra social, las diálisis a las que era sometida la paciente y los viajes al hospital de La Plata que la madre emprendía los martes por la madrugada –con lluvia, niebla o lo que fuere- siempre acompañada por algún familiar o una amiga. Además, Virginia atravesó seis cirugías. “Su panza es un mapa”, describe la mamá.
La operación de padre e hija fue simultánea, y se acompañaron mutuamente. “Rolo” entró primero al quirófano y le sacaron el riñón. Mientras tanto, la preparaban a Virginia.
El padre recuerda que la previa fue “un poco cómica. Era en un hospital de niños (el Sor María Ludovica). Mis pies en una camilla de adolescente salían como 50 centímetros; me pusieron una batita con dibujos de Disney porque no había para adultos, igual que la cofia que usaba en la cabeza, pero fue muy lindo. La verdad que en ningún momento por mi cabeza cruzó el miedo ni nada por el estilo. Al contrario, era alegría de poder hacer lo que estaba haciendo”.
“Es muy fuerte
ver a tu hijo sufrir”
“Al principio yo me sentía rara y después, contenta de que podía hacer mi vida normal”, dice Virginia sobre su nueva vida, la que incluye el riñón izquierdo de su padre.
Antes del transplante “estaba conectada toda la noche a una máquina para al otro día hacer vida normal. Iba a la escuela –colegio Sagrada Familia- y a la tarde dormía la siesta, hacía la tarea, iba a la peña El Cielito y volvía”.
Mientras estuvo en La Plata, su entorno, compañeros del colegio y de la peña, la esperaban ansiosos. “Mis amigas estaban todas preocupadas, y cuando se enteraron que papá me iba a donar el riñón, se pusieron todas muy contentas porque iba a volver a hacer mi vida normal… Y siguen contentas”, celebra.
Su vida “hizo un giro de 180 grados”, afirma “Rolo” emocionado y Virginia confiesa: “No voy a poder agradecerle nunca lo que hizo por mí. Es mucho el regalo que me hizo”.
“Cualquier padre normal, que quiere a sus hijos, a vos te dicen tenés que dar un brazo y das un brazo. Es muy fuerte y muy doloroso ver a tu hijo sufrir. Llega un momento que no lo soportás: los hijos tienen que estar disfrutando, viviendo su adolescencia y, como quien dice, estar en la pavada. Y Virginia estaba adentro de un hospital y quemando una etapa que tendría que haberla disfrutado. Ahora, gracias a Dios, la está disfrutando”.
Para esta familia estar juntos es lo más importante. “El año pasado fue demasiado duro” señala “Rolo” y agrega que Gladys estaba con Virginia en un hotel de La Plata, en el hospital para las diálisis “porque allá había máquinas y había médicos, acá había máquina pero no había médico”.
Su hija mayor, Victoria, se hizo cargo de la casa y contenía a Nacho, el más pequeño que tiene 13 años, y a su padre. “Ellas venían el sábado y hasta el lunes. Todos los martes a las 2 madrugada Gladys subía a la camioneta, cargaba a Virginia y salía a la ruta de noche, con viento, lluvia, neblina”, destaca.
“La peleamos entre todos”, resume “Rolo”, a quien le anuncian que habrá sorpresas para este Día del Padre. La misma fortaleza de Virginia los levantaba en los instantes más duros.
“También estoy re orgulloso de mis otros dos hijos porque ellos fueron los puntales acá. Ellos nunca, a pesar de toda la odisea que estuvimos viviendo, le aflojaron al estudio ni a nada. Tanto Victoria como Nacho siempre fueron muy buenos alumnos en el colegio y nunca bajaron los brazos tampoco”, valora “Rolo”.
Para Nacho, que su padre le haya dado el riñón a Virginia implica “mucha alegría y me pone muy contento que mi hermana pueda estar bien. Cuando no la tenía y estaba en La Plata me sentía muy triste porque no tenía con quién hablar, con quién pelearme, y después, volver a tenerla me pone muy contento”.
Reencuentro
y felicidad
“Fue muy lindo poder volver a hacer mi vida como era antes”, expresa Virginia al borde de las lágrimas. Pero además, el 10 de diciembre pasado pudo celebrar sus quince años, cumplidos el 6 de septiembre, con una fiesta “re linda”.
La valiente paciente cuenta que en el hospital todos la trataron muy bien y le explicaban sobre los estudios, tratamientos y medicación que debía tomar. Ahora se contacta por facebook con otros chicos que conoció en La Plata que atravesaron su misma situación. Incluso hace unos días se enteró que dos de ellos fueron transplantados con los dos riñones de una misma persona.
“Rolo” confiesa que “el momento más feliz de mi vida fue el segundo día de operado, que el médico cirujano me vino a buscar a las 7.15, me levantó de la cama y con el suero colocado, le di la mano a Virginia por primera vez. Eso fue como tocar el cielo con las manos. A los dos días poder ver lo que habíamos empezado fue genial y el momento ése en que nos damos las manos fue algo que lo voy a llevar conmigo siempre”.
El apoyo de
la comunidad
Rodolfo Macuso es chofer de Transporte General Rodríguez, la línea Azul de colectivos. Todo el mundo se enteró del durante y el después de esta historia. “Siempre me acompañó el pasajero que va día a día al trabajo, la señora que va a trabajar de doméstica al country, el tipo que va a la oficina, el que trabaja en el comercio, todos”, remarca.
Cuarenta y cuatro días después de la operación “Rolo” ya estaba otra vez sobre el colectivo. “Yo quería empezar ocho horas y la parte gerencial de la empresa dijo: `Vas a empezar con cuatro, tomátelo con calma’”, dice agradecido a la firma y a sus compañeros.
La dura prueba que se cruzó en el camino de esta familia tuvo como compensación el apoyo espiritual y solidario de un montón de personas a quienes hoy les agradecen, como a la empresa General Rodríguez, la peña El Cielito, al equipo del Jardín de Infantes 1 -donde trabaja Gladys-, al colegio Sagrada Familia, a los amigos y familiares, a la población en general, por esa “cuota de ánimo, ese empuje y la fuerza que nos dieron”.
Hoy, con todos sus hijos en casa y radiante por la recuperación de Virginia, “Rolo” celebra el Día del Padre.
Y con esta historia de amor, vaya el homenaje para los papás que día a día hacen todo lo que está a su alcance, siempre desde la responsabilidad, para criar chicos sanos y felices.*
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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