Pajaritos de la Calle trabaja por los chicos de la calle y en riesgo
La asociación civil Pajaritos de la Calle surgió el 17 de abril de 1997 en la zona de la Rural por iniciativa del padre Raúl Troncoso, la directora regional de la Comisión Provincial para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil (Copreti) Claudia Boulocq y la coordinadora del Servicio Zonal de Promoción y Protección de los Derechos del Niño María Marino, con el objetivo de evitar la situaciones de chicos en la calle y de riesgo y vulnerabilidad social.
“Nos convocó el padre Troncoso con la idea de tener un centro de día en esa barriada y nucleó a un grupo de personas para llevarlo a cabo. El deseo de él era tener otros en diferentes barrios de la ciudad”, explicó “Chiquita” Maiarú, una de las fundadoras e integrante de la comisión de Pajaritos de la Calle.
“Yo estaba en actividad, era docente, así que entré como voluntaria simplemente. Las chicas hicieron las callejeadas, fue mucho el trabajo, y nos largamos todos a algo muy nuevo, buscando chicos de riesgo en la calle. Con el tiempo, todo cambió”, indicó.
La asociación civil está ubicada en la calle Vistalli 1751 y luego de muchos años de alquilar, ahora tienen su edificio propio.
Por su parte, la coordinadora del centro de día Pajaritos de la Calle, María Eugenia Civalleri, explicó que “cambió mucho la Ley de Promoción y Protección de los Derechos de los Niños, entonces el marco legal es otro. Se intenta evitar la judicialización de los chicos, y que haya otros estamentos de intervención y no que tengan que estar bajo la mirada de un juez por el simple hecho de estar en una calle pidiendo o haciendo malabares para juntar una moneda”.
“Chiquita” Maiarú aclaró que “siempre se evitó sacar al chico de la familia. Al contrario, se lo integraba en la sociedad. Por eso Pajaritos siempre funcionó de lunes a viernes de las 9 de la mañana a las 17 a contraturno del horario escolar”.
“Los más chicos van a la mañana a Pajaritos, desayunan, hacen sus tareas, se higienizan, almuerzan, tienen talleres y educación física y se van a la escuela. Después vienen para la hora del almuerzo los más grandes, que hacen sus tareas, se higienizan, hacen talleres y después de la merienda se van a sus casas”, señaló.
Eugenia Civallieri resaltó que “se intenta que puedan tener una infancia digna, divertirse, jugar, que los más grandes puedan aprender a hacer algunas cosas que el día de mañana les permitan tener una herramienta como salida laboral. Siempre trabajamos con la familia, la idea es preservar el vínculo intrafamiliar de los chicos”.
Asimismo, Chiquita Maiarú contó que antes las madres se acercaban más a la asociación, entonces “yo trabajaba más con ellas y hacía espacios de reflexión. A algunas las preparé para tomar la primera comunión, hicieron capacitaciones, les traté de ubicar trabajo, tuvieron la libreta sanitaria, mientras todo el equipo de trabajadoras sociales, profesores de educación física y demás se dedicaba a los chicos”.
-¿Qué talleres se dictan en Pajaritos?
María Eugenia Civalleri: -Algunos son similares a la mañana y la tarde, básicamente respetando que los chicos conozcan otras ofertas y que puedan divertirse. A la mañana nosotros trabajamos con chicos a partir de 6 años hasta los 9. Tenemos talleres de apoyo escolar, educación física, de producción de cine y cortometrajes, artesanías, carpintería, teatro y cocina. A la tarde tenemos educación física, apoyo escolar, artesanías, teatro, cocina y también tenemos un taller de soga, donde aprenden a producir billeteras, cintos, algún llavero, en esto se enganchan más los varones, la idea es que lo lleven a la escuela, se lo muestren a alguna seño a ver si les van comprando. También están haciendo uno de jardinería y soldadura que lo realizan en el Instituto Arana y que tienen un encuentro al mes. Está bueno porque salen de la institución, se quedan a dormir en el instituto y aprenden todo lo que tiene que ver con los quehaceres del campo.
Este año abrimos un taller de cocina para madres, lo hicimos en articulación con el centro comunitario y el Municipio aporta el profesional como recurso humano y los materiales. Ese curso es abierto a los vecinos del barrio.
Chiquita Maiarú: -Quiero recalcar que Pajaritos no es un simple aguantadero, los chicos tienen una gran integración, han estado en la Peña El Cielito, en el CEF, algunos son deportistas. Nosotros tenemos muy bajo perfil, no nos gusta salir mucho en los medios, pero gracias a Dios tengo ex alumnos que colaboran muchísimo. Toda la gente de Tandil tiene un gran corazón.
-¿Cuántos chicos hay aproximadamente en este momento?
M.E.C.: -Algunos van variando, sobre todo los más grandes que incrementan la carga horaria en la escuela, entonces tienen actividades a contraturno. Así que algunos van específicamente a los talleres de carpintería y soga. Pero en total tenemos entre 40 y 45 chicos. Más allá de los talleres, hacemos muchas salidas siempre. En vacaciones de invierno hacemos todo recreativo y en las de verano van a la pileta o a una colonia. Intentamos hacer todo como en una familia.
C.M.: -Han viajado mucho los chicos. Quiero agradecer a la comunidad de Tandil porque es muy voluntariosa, muy solidaria. Con las becas que recibimos no se vive, porque hay que pagar los sueldos, darle de comer a los chicos, se les da todos los productos para que se higienicen, le brindamos todo, hasta los anticonceptivos.
M.E.C.: -Como es una institución reconocida, todos colaboran mucho.
Susana Buttini: -Los comercios de Tandil colaboran muchísimo en todos los eventos que realizamos.
C.M.: -Hay mucha gente que nos ayuda desde el principio como mis primeros ex alumnos, los Cagnoli, hasta el día de hoy colaboran todo el tiempo. Magnasco todos los meses nos da dos quesos cremosos grandes y uno de rallar. Los chicos comen de todo. Monarca también siempre está, es incondicional, y mucha gente más. Invitamos a toda la gente que quiera, que vaya a ver cómo funciona Pajaritos, porque esa es la mejor propaganda para nosotros.
-¿Están contentos con los objetivos que están logrando?
M.E.C: -Uno de los logros es que la totalidad de los chicos que concurre al programa está escolarizada, que no es poca cosa. Otro objetivo logrado es la pertenencia de las familias con el lugar.
C.M.: -Para mí Pajaritos es algo de corazón, se alimentan y tienen todo lo mismo que cualquier chico.
M.E.C.: -Nosotros los esperamos con un abrazo, una sonrisa, les preguntamos cómo les va en la escuela o nos sentamos a hacer un deber con ellos y muchos padres no hacen eso. Entonces uno termina cumpliendo una función de docente y de madre.
-¿Cómo influye la Mesa Solidaria en el trabajo de Pajaritos?
C.M.: -Es un grupo que trabaja para la comunidad de Tandil. Yo estoy admirada con el trabajo que hacen, es espectacular. Nosotros a veces no vamos lo suficiente, pero sabemos que cuando los necesitamos, están.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailPor otro lado, el 8 de octubre a las 21 tendrá lugar en la Sociedad Rural una cena anual con baile. Las entradas están en venta y se pueden adquirir llamando al 155-32824.
Los chicos de Pajaritos en este momento están necesitando calzado, especialmente zapatillas. Para colaborar pueden comunicarse al: 155-85409 o al 43-1490. *
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios