?Pancho? Zeberio, un caballero del deporte
Así se lo refleja en la nota aparecida el martes 8 de septiembre de 1970 en la columna El Cofre de los Recuerdos, titulada “El Mariscal”, escrita por el periodista Ernesto Palazzo en este Diario. Hoy languidecen los buenos ejemplos, “Pancho” Zeberio demostró que se puede ser un deportista cabal, ganador y respetado por todos. Felipe Cimino fue su padrino deportivo, el que lo llevó a Ferro, donde en 1936 debutó en la segunda división.
Su primer encuentro en primera fue en 1939, formando pareja de centrales con Felipe Cimio, un abanderado tricolor que hizo historia en el club de los rieles. La primera convocatoria al seleccionado llegó en 1945, para enfrentar a Ayacucho. Fueron 19 años de una carrera intachable, en la que debió marcar a muy buenos delanteros. Recuerda a Aquiles Caviglia como un gran jugador y un caballero, fue al que más le costó marcar.
Entre las muchas anécdotas que almacenaba en su memoria, contando una que sucedió jugando en primera división contra Excursionistas, en cancha de Ferro, donde había mucho público. El árbitro Levaggi le cobró un penal inexistente, no protestó porque si lo hubiera hecho quizá él la hubiera pasado muy mal. Al terminar el encuentro, en el vestuario, el referí le solicitó disculpas por el error cometido y agradeció su actitud.
Hurgan los tiempos de aquellos tiempos, Zeberio manifestaba que siendo Antonio Nigro presidente de la Liga los llevó a jugar a Uruguay en 1945. Le ganaron a Arsenal de Marina por 5-3 en la cancha de Rampla Juniors. La delegación estuvo integrada por Daglio, Quiñones, Tamango, García, “Tofi” Poli, “Tomasito” Ruiz, Rey, Bertucci, Rossi, Blanco, Macchi, Tejeda, Granatto, Mohuno y el “Galleguito” Martínez, el técnico era Juan Aldacurro.
Zeberio recordaba la final de 1948, cuando jugaron cuatro partidos finales con Figueroa. Su retiro de las canchas fue ante Jorge Newbery. No quiso dejar de mencionar a un técnico de aquella época que no sólo lo ayudó en su carrera deportiva y a cientos de chicos que pasaron por Ferro, el “Vasco” Latasa era un hombre de pocas palabras, muy simple en sus consejos, pero de una rectitud y honestidad que los marcó a fuego en aquel tiempo. Fue un padre y un guía para ellos.
Era un deleite ver jugar a Zeberio, cuando el predominio del juego era del adversario más mostraba su calidad indiscutible. Integró con Sklenard una de las zagas más brillantes de la selección tandilense. Un verdadero ejemplo de fútbol y caballerosidad. Hoy tendría 95 años, gracias “Pancho” por esa lección de vida.
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