Papelón en Dolores
A boca llena se escucha a los máximos dirigentes del boxeo nacional decir: ?Tenemos el mejor reglamento del mundo?. Es probable que así sea, pero al igual que nuestra Constitución y las miles de leyes que tenemos se lo bastardea semana a semana. Que alguien me explique para qué se hizo, para qué se convocó a un curso de tres días en Ezeiza para explicarlo en profundidad, si después los que lo violan, o no quieren aplicarlo son los mismos que lo pergeñaron.
Dentro de todas las anormalidades que nos muestra la TV -Dios no nos permita saber lo que ocurre en los festivales sin control- el del sábado pasado podría ser catalogado como el ?summun? de la intolerancia, el desconocimiento y la falta de respeto para todos los que padecieron la injusticia producto de una tiránica decisión.
Menos mal que no estaba, ni conoce el hecho el petardista que quiso armar un inexistente bardo por un cambio de fallo absolutamente reglamentario producido en Tandil, hace pocas semanas. Ante esto debería haberse suicidado.
Sucedió en Dolores, otrora una gran plaza pugilística que era regenteada por un entusiasta del boxeo, el director del diario El Tribuno y dueño de la funebrería, Roberto Conti. En la velada estaban programados como fondistas el noqueador Jesús Cuellar con el buen boxeador Julio César Ruiz.
Pero el gran papelón se produjo en el combate complementario donde Matías Franco enfrentó al invicto Javier Maciel. Una derecha en gancho de Franco abrió una herida profunda sobre el ojo de su oponente. El árbitro, Guillermo Armani, tal como corresponde inmediatamente llamó al médico -que no siempre es el indicado- y le permitió seguir combatiendo, cuando a lo visto por TV lo correcto hubiera sido lo contrario. El árbitro indicó que la herida había sido por golpe lícito lo que significa que si la pelea no puede continuar más adelante por esa herida, corresponde directamente el nocaut técnico. Aunque fue bastante bien atendida la lesión, a poco de iniciado el cuarto round Armani volvió a llamar al médico y detuvo el combate. El árbitro juntó las tarjetas y cuál no sería su asombro cuando el fiscal le pidió que hiciera fallar el último round, el que no había terminado. Requisito que debe cumplirse cuando se recurre a las tarjetas por decisión técnica. Volvió a insistir Armani que él decretada el nocaut técnico por haber sido producto de una acción lícita, pero los fiscales -los que manda la FAB- tomaron el fallo por su cuenta y obligaron al locutor a leer las tarjetas manipuladas erróneamente, en forma intencionada o no, por las máximas autoridades.
Los guarismos daban el triunfo por puntos a Franco. El árbitro, despojado de su autoridad sobre el ring, debió soportar una situación lindando con la vejación que toleró con caballerosidad y prudencia. A Guzmán, Basile o Roldán no se le hubieran animado.
Cuando estaban anunciando la presentación de la siguiente pelea, se agregó al pasar, que se cambiaba el fallo y Franco era declarado ganador por nocaut técnico. Habían pasado más de los diez minutos reglamentarios. Si se respetan a sí mismos, la FAB debería tener en su registro que Franco ganó por puntos en decisión técnica -a pesar del error- y hacerles aprender de memoria el reglamento a los fiscales, que tendrán mucha autoridad delegada pero no pueden manejar las cosas como se les ocurra. Muchos menos, faltarle el respeto de la manera que se hizo con el correcto árbitro Armani, que además demostró lo que es un respetable hombre sobre el ring.
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