Para Amanda Luro, ?la solidaridad de la gente aumentó de la misma forma que la crisis?
Feliz. Así está Amanda Luro en la puerta de su comedor solidario, mientras llegan los chicos de la barriada para celebrar la culminación anual de los talleres. La mujer no puede demostrar su alegría de otra forma que no sea con una sonrisa sincera y los ojos vidriosos, con sus lágrimas que cuentan de su extrema sensibilidad.
La crisis hizo que este fuera un año difícil. La demanda aumentó producto de una realidad social preocupante. Sin embargo, el espíritu de Amanda y todos los que la acompañan no abandonaron la lucha.
Allá por agosto, el comedor abastecía a 55 familias y tuvo que ponerle un tope a la asistencia. El frío del invierno traía consigo las peores imágenes.
?Pero el comedor no cierra, porque lo que nosotros hacemos se necesita siempre. Los alimentos van a seguir estando, vamos a seguir entregando. Sí paran los talleres, porque nos falta descansar un poquito a todos?, cuenta Amanda a El Eco de Tandil.
?Unimos a todos los chicos para agasajarlos y entregarles premios?, dice. Cada uno está sentado alrededor de la mesa, compartiendo una merienda mientras escucha un show musical. En los ojitos de ellos está la razón de ser de Amanda.
?Tenemos un chico que es el mejor alumno y se ganó la bicicleta. Es muy buen compañero y muy educado con sus profesores y con nosotros?, destaca. ?La señora Emi de Cobiaga, a la que yo le digo que es su madrina, es quien se la regaló como premio a su desempeño?.
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Todo el esfuerzo de Luro recibió un reconocimiento días pasados, con una distinción en los premios ?Eduardo Olivero?. ?Ellos me eligieron y bueno? Esas cosas también me hacen muy bien, me dan fuerzas, porque siempre me parece que nunca es suficiente lo que uno hace?, dice, emocionada.
?Y sin embargo, me mueven un poquito diciéndome ?está bien, seguí adelante?. Estoy muy contenta de haberlo recibido. Y agradecida a toda la gente que me ayuda, como siempre?, continúa.
-Sobre todo, luego de un año muy difícil en materia de demanda social.
-De la misma forma que la crisis aumentó, también aumentó la solidaridad de la gente. Este es un lugar que lo hemos formado sin saber lo que hacíamos, pero siempre tratando de hacer lo mejor. Y sin querer lo fuimos armando a través de lo que se siente, de lo que la gente precisa. A mi casa siguen llegando más alimentos, más ropa, más zapatillas, más de todo.
-¿No cree que usted transmite su optimismo y eso incentiva el espíritu solidario?
-Este lugar es referente de lo que fue la crisis, pero acá nunca faltó. Al contrario, a medida que va pasando el tiempo cada vez hay más alimentos para poder entregar. Estoy muy orgullosa de que Tandil sea así, tan solidario.
Para hoy, las empresas han puesto todo: hamburguesas, helados. Yo sólo he puesto mi idea, mis ganas de hacer cosas y el amor que pongo cada vez que hay que darle algo a los chicos. *
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