Para Balza, los “civiles instigadores” del último levantamiento carapintada “gozan de un cómodo anonimato”
Además, Balza puso de relieve que ese episodio, encabezado por el fallecido coronel Mohamed Alí Seineldín, “marca un punto de inflexión en nuestra historia política”, ya que se transformó en “la definitiva sujeción del Ejército a las instituciones de la democracia”.
“Hoy nos hallamos frente a una extraña paradoja: mientras los militares comprometidos en aquella asonada cumplieron duras condenas, como Seineldín que pasó en prisión 12 años, los civiles instigadores -y financiadores- gozan de un cómodo anonimato y además, lo insólito, llaman traidores a quienes defendieron la Constitución y cumplieron con su deber”, indicó el embajador.
En una nota de opinión publicada en un matutino porteño, el ex jefe del Ejército durante la presidencia de Carlos Menem puso de relieve que con ese intento de golpe “el ciclo funesto se cerró”.
“A veinte años del último y definitivo levantamiento militar en la Argentina, considero oportuno un recordamiento histórico en homenaje a las víctimas de la insensatez política y las disensiones internas”, señaló Balza.
En ese sentido, destacó que en aquella oportunidad, “el Ejército -protagonista excluyente de una penosa jornada- sepultó irresponsables y mesiánicos individualismos y cacicazgos”.
Al respecto, puntualizó que “a diferencia de los motines de Semana Santa (Abril, 1987), Monte Caseros (Enero, 1988) y Villa Martelli (Diciembre, 1988), que finalizaron con negociaciones y acuerdos, el día citado se impuso una rendición incondicional”.
Balza recordó que “el 3 de diciembre de 1990, en el motín autodenominado `Operación Virgen de Luján`, participaron entre 1.200 y 1.300 militares rebeldes, en 7 focos: Regimiento de Patricios y Estado Mayor del Ejército en la Capital Federal; Fábrica de Tanques TAMSE en Boulogne, Batallón de Inteligencia 601 y el Regimiento de Tanques 2 en Olavarría, todos ellos en la provincia de Buenos Aires; además los Regimientos de Tanques 1 y 6 con asiento en Villaguay y en Concordia respectivamente, en la provincia de Entre Ríos”.
El ex jefe militar aseguró que la noche del 3 al 4 de diciembre, junto a todo el Ejército, experimentó “contradictorios sentimientos” ya que “tenía la plena convicción de que todos habíamos cumplido con nuestro deber de soldados en salvaguarda de las instituciones de la República y de haber insertado definitivamente la fuerza en el camino de la subordinación al poder civil”.
“Pero me costaba comprender cómo se había llegado a tan absurdo enfrentamiento interno, donde la disciplina fue quebrada por la intolerancia, acicateada por la irresponsable ambición de quienes no vestían uniforme, pero nos hicieron vivir a los uniformados la última jornada de luctuosos desencuentros”, añadió.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailMás de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios