Para el fiscal quedaron probados los hechos y pidió 13 años de prisión para el acusado de abusar de su hija
La defensa, en tanto, insistió en la falta de prueba y la consiguiente absolución de su pupilo. Subsidiariamente, de considerar culpable al acusado, que se contemple una pena que no supere los 10 años de prisión.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailTal como se había detallado, el fiscal Marcos Egusquiza trazó los lineamientos de la acusación detallando que durante el 2009 hasta mediados de junio de 2011 de manera sostenida, y reiteradamente, el padre abusó sexualmente de la niña cuando ésta tenía seis años de edad hasta los ocho.
A la hora de argumentar, fijó como prueba fundante los propios dichos de la menor que, en Cámara Gesell, confiaría sobre los abusos sufridos de parte de su padre. Asimismo, respaldaría aquella declaración con indicios indirectos, tales como los testimonios de psicológicos, terapeutas y trabajadoras sociales que intervinieron en el caso, sin dejar de mencionar la exposición de la mujer que motorizó la denuncia a partir de sus sospechas.
Dedicó algunos párrafos para tratar de explicar las razones que llevaron a la niña a negar los abusos primeramente y después confirmarlos. Al respecto, aludió sobre aquel estado de indefensión y vulnerabilidad en la que se encontraba la niña antes de ser institucionalizada, no contando con ningún lazo afectivo más que su papá abusador.
En ese tren argumentativo, se explayaría en que una vez contenida en el Hogar primero, y con una familia sustituta después, supo canalizar su angustia y exponerla abiertamente. En un comienzo con su terapeuta de confianza y después con el resto de los actores que comenzaron a interrelacionarse con ella, hasta llegar a la entrevista con el fiscal y confesar los abusos padecidos.
El fiscal, así, calificaría los hechos como abusos reiterados agravados, gravemente ultrajantes, peticionando consecuentemente una pena de 13 años de prisión.
La defensa
El defensor Diego Araujo, a su turno, alegaría que nada había quedado probado a lo largo del debate y quedaba instalada la duda. Ergo, peticionaría la absolución de su pupilo.
Primeramente refirió a un contexto en término generales de cómo se motorizó la causa, a partir del testimonio de una mujer que, a su entender, estaba viciada por una historia pasada (haber sabido de los abusos que había padecido la hermana del acusado) y que canalizó su culpa e impotencia por el silencio de ayer, en elucubrar sospechas por la historia de aquí y de ahora.
Asimismo, dedicaría otros párrafos desacreditando a la terapeuta Ghezzi, sobre quien entendió que estaba comprometida emocionalmente con la niña, y citó bibliografía en que no se recomienda tener en cuenta a una testigo de ese calibre siendo que como reza el espíritu de la terapia, no se cuestiona la credibilidad de la paciente, por lo tanto no se indaga, sólo se encausa terapéuticamente lo expuesto por la niña, en este caso.
Araujo insistió en cuestionar sobre la falta de casuística y protocolos sobre cómo proceder ante un presunto abuso sexual. Subrayando que los niños mienten y, en este caso, no fue tenido en cuenta esa posibilidad por los entrevistadores.
Ahondando en la intención de desacreditar aquellos testigos que aportaron a la acusación, el defensor consideraría que los dichos de las trabajadoras sociales aportaron poco y nada respecto a lo que se está debatiendo como delito, más bien hicieron consideraciones sobre el contexto socio ambiental de la niña y su entorno familiar.
Araujo así sostendría que no había prueba suficiente que alejara la duda razonable sobre el caso, insistiendo en la absolución de su defendido.
Ya abordando más en detalle sobre la acusación, rechazó la posibilidad del acceso carnal tal lo postuló el fiscal, sobre lo que reseñó el testimonio de la médica que revisó a la niña.
Cerrando el alegato, el defensor dirigiéndose a los jueces indicó que de considerar culpable a su pupilo, subsidiariamente debía contemplarse una pena que no superase los ocho años de prisión, teniendo en cuenta aquello de que no se probó la penetración y sólo se aludió a tocamientos.
Sin más y tras escuchar la palabra del acusado (ver aparte), el Tribunal conformado por los jueces Gustavo Agustín Echevarría, Pablo Galli y Guillermo Arecha, dispusieron el viernes como fecha para ventilar su veredicto y eventual sentencia.
“Intenté hacer lo mejor como padre”
Como es uso y costumbre al cierre de un debate, el Tribunal dio la palabra al imputado para que exprese su opinión sobre lo visto y escuchado a lo largo de las audiencias.
El hombre, mostrándose compungido, no aludió a los abusos endilgados, apenas se limitó a referirse a que “intenté hacer lo mejor como padre. Nunca pensé llegar a esta situación”, para luego añadir sobre la difícil cuestión que pesó sobre él de tener que cuidar a la niña solo, que buscó encontrar alguna mujer que cumpliera el rol de pareja y madre sustituta, pero que nunca lo pudo conseguir, y así dejaría sentada su exposición sin mayores precisiones sobre lo que se ventiló a lo largo del juicio y lo dejó severamente comprometido a la hora de recibir una condena.
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