Pasa por el diván Darío Méndez
-Gracias por aceptar venir al diván: entre lo esquiva que es la Cámpora con la prensa y el perfil bajo suyo, esta entrevista parecía casi un imposible.
-Siempre he tenido un perfil bajo; soy bastante introvertido. Es una cuestión que tengo que trabajar.
-Empecemos a trabajarla entonces. Darío: a cualquier laburante de la actividad privada le lleva décadas acceder a un ingreso digno. Ustedes arrancan con sueldazos del Estado. No suena muy combativo que digamos. Más bien injusto.
-Primero: yo tengo 36 años y milito desde los 16 o sea, hace 20 años. Y lo del buen sueldo es una construcción, un imaginario político: La Cámpora en Tandil tiene 180 compañeros y ¿sabe cuántos hay en el Estado? Tan sólo diez.
-¿Diez?
-Sí, hablan de la Anses, de esto, de lo otro… y en las estructuras ministeriales de Nación en Tandil tenemos dos compañeros, nada más; tres compañeros en la Universidad; y los concejales y sus secretarios: diez en total.
-Pero no me va a decir que no ocupan lugares clave del Gobierno nacional.
-Cualquier proyecto político ocupa las estructuras con sus militantes, eso no es de ahora sino de siempre. El radicalismo gana el Municipio de Tandil y en cada oficina hay un secretario del secretario del secretario…
-No es lo mismo ganar elecciones que tener poca empatía en la sociedad. Es una diferencia importante en una ciudad del interior que -dicen los encuestadores- no parece simpatizar con ustedes.
-Y sí, somos confrontativos porque militamos diariamente para cambiar la ideología dominante, el pensamiento medio de la ciudad del Tandil conservador.
-Vayamos a un ejemplo concreto.
-Perfecto: el del tipo que por estos días salió en El Eco diciendo ‘Tandil es Miami’ y dijo que si querés vivir acá tenés que pagar el precio y que el plan Procrear no sirve para esta ciudad y demás. Nuestra lucha es contra esa ideología y es a largo plazo. Y eso del rechazo social, no sé, la gente sabe que no decimos una cosa y hacemos otra. Y cuando nos empiezan a conocer, nos empiezan a respetar. Esa es la discusión que nos debemos todos los argentinos: la del respeto.
-La verdad, suena raro la palabra respeto desde La Cámpora.
-Para mí cualquier persona que deja parte del tiempo de su vida -que es corta, la vida es corta- para trabajar en favor de otro se merece respeto, mínimamente. Más allá de su pensamiento político. Nosotros provocamos incomodidad, sí, porque hay un componente juvenil. ¡No podemos ser viejos a los 30 años! Somos insolentes, pero lo que tenemos que discutir son las ideas, los proyectos para la ciudad, no si la cara de Lunghi o si la forma del radicalismo en Tandil es tal o cual.
-Hablando de caras, usted es un joven bien parecido –no es Cuervo Larroque ni Máximo Kirchner-, ¿no cree que si moderara el discurso le iría mucho mejor por acá?
-(Risas) Nosotros sabemos que hay que elaborar un discurso para seducir al electorado, pero ¿cambiar las ideas? No. Ya le dije: no disputamos hegemonía para mantener el status quo.
-Cualquier argentino que ronde los 50 años puede recordar el destino trágico de un amigo, familiar o vecino que en los ‘70 entonaba los mismos cánticos que ustedes repiten hoy desde un espacio oficialista y en una etapa que no hace pensarlos como futuros mártires. ¿Dónde está el riesgo?
-Es que, sí, reivindicamos consignas y la lucha de los ‘70, pero eso no quiere decir que tengamos las mismas prácticas políticas. Nosotros estamos convencidos –y Cristina lo dijo millones de veces- que la democracia es el único sistema que puede favorecer a las mayorías, entonces ni reivindicamos, ni compartimos aquellos métodos. Reivindicamos al kirchnerismo como gobierno a favor de las mayorías populares.
-No me respondió lo de la comodidad.
-Fíjese que llamativo: hasta ahora usted se la ha pasado hablándome de las incomodidades que genera ser de La Cámpora en Tandil y ahora me dice que es cómodo. Cómodo es ser militante del Pro.
-¿Por?
-Porque si militás para defender los intereses de los que más tienen no tenés que confrontar con nadie. En cambio la historia ha demostrado que defender a una mayoría -por más que lo hagas desde el poder- no es fácil. El conflicto por la 125 o por la Ley de Medios son ejemplos claros. ¿O usted vio que a Menem se la hicieran difícil a los sectores concentrados de la economía?
-Ya que hemos logrado traerlo al diván, cuénteme una infidencia: ¿cómo son sus reuniones? ¿Se la pasan hablando de los ‘cipayos entreguistas del capital internacional’?
-Mire, hacemos como Cristina: cuando tenemos que discutir las cosas las discutimos con nombre y apellido, pero fundamentalmente tomamos la gran lección de Jauretche: ‘los pueblos tristes no vencen’, sin alegría no se puede hacer nada. Además optamos por hacer política estableciendo lazos fraternales: mayormente somos amigos entre nosotros. Hablamos más de nosotros que de los demás, de cómo podemos hacer las cosas, cómo pensamos, cómo construir consensos.
-Reconoce que le preocupa el tema de la imagen.
-Y sí, para nosotros es un problema que se haya generado en Tandil esa idea de La Cámpora; lo pensamos, repensamos, generamos estrategias y tratamos de trabajarlo.
-El futuro viene complicado, ¿no? Si el kirchnerismo no sigue tras 2015 no tendrán tantos recursos…
-No le tengo miedo a eso. Trabajé toda mi vida, desde los 16 y milité más de 20 años fuera de la estructura del Estado, sin ningún recurso, poniendo plata siempre. Hoy mismo sigo poniendo. No nos genera temor el día de mañana. Y si tengo que dejar la estructura del Estado para volver a trabajar de lo que sea, lo voy a hacer.
-¿No anda con ganas de hacerme caso y morigerar el discurso? Quién le dice que la ciudad no les dé una oportunidad?
-(Risas) Definitivamente, no. La juventud no puede volverse vieja a los 30; además, los cambios ya están llegando y nosotros vinimos para formar y hacerlos. Nosotros la utopía la abandonamos cuando llegó Néstor Kirchner, porque empezamos a hacerla realidad.u
FUERA DE SESION
Los amigos del barrio pueden reaparecer
A los 36 y con dos hijos, a Darío Méndez -desde hace mucho tiempo bajista del grupo rockero The Nylons- le toca bailar hoy con la más fea o la más linda -según se la mire desde afuera o desde adentro- de ser el responsable político de La Cámpora en Tandil. Así sucede porque Rogelio Iparraguirre resultó electo concejal y optó por ocupar su tiempo a pleno con los asuntos legislativos.
De él, justamente, se acordó en muchos tramos de la entrevista con El Eco, citándolo como la figura clave de la agrupación, “la persona con la que nosotros construimos la referencia”.
Pero cuando la entrevista formal ya había concluido, se acordó de otros amigos, los que van apareciendo a medida que transcurre la acción política. Los amigos de los barrios.
Fue una respuesta tardía a la pregunta que se le hizo sobre el rechazo de la gente en Tandil.
Sin la presión del grabador encendido, palabras más, palabras menos, Méndez, vicedirector de la Universidad Barrial, contó un episodio que, aseguró, vale por los cientos que suceden en la ciudad.
“Hicimos un trabajo en un barrio y la gente misma nos confesó al tiempo que ellos también eran de los que decían que estábamos todos en la Anses, que éramos patoteros, prepotentes, soberbios. “Un día nos encontramos que pintaron la escuela donde van nuestros hijos –le confió un padre- y fuimos a preguntar quiénes fueron y nos dijeron ‘los chicos de La Cámpora’. Y ahí supimos que ni les pagaron por eso ni ninguno tiene cargos en el Estado”.
Ese testimonio, insistió, poco a poco se propaga como antes se propagaba la mala prensa de la agrupación. “La gente empieza a conocer personalmente a cada uno de los 200 ‘cucos’ que antes éramos en el imaginario y así surge una sobrina, un amigo, personas reales, de La Cámpora que no se comen los chicos crudos, sino que lo hacen por política y por solidaridad. Esos son nuestros valores, los que están haciendo caer las construcciones imaginarias”. u
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