Pasa por el diván Eduardo Alberto Duhalde
-Tratándose de usted, el abordaje de los asuntos políticos e históricos siempre estará cubierto por los grandes medios, ¿le parece hacer un enfoque más íntimo?
-Sí. No hay problema.
-Conforme se acerca un recambio presidencial reaparece el caso atípico de Duhalde: los que se van jamás dejan los melones acomodados. ¿Qué lo impulsó a usted a dejárselos acomodados a Kirchner?
-Se los dejé al que venía, no a Kirchner.
-Pero conocía mejor que nadie de estrategia política como para interpretar que Kirchner venía “por todo” y que, como dirían algunos, “lo iba a traicionar”.
-No. Lo de la traición no me interesa. A mí me interesaba si podía gobernar bien o mal. Nunca elegí amigos. Y bueno, quedó Kirchner, que tenía una cosa que me gustaba: yo decía que era un rebelde de sanas rebeldías y me equivoqué, no era así y… ¿me fui por las ramas?
-Estábamos en que al primero que Kirchner salió a fulminar fue a usted.
-Y bueno, son ellos. ¿Sabe qué pasa? Son mala gente. Las personas son buenas o malas. Ellos son mala gente, más allá de sus errores, capacidades, su egoísmo, su idea de enriquecimiento, son mala gente, malas personas. Malas personas. Y de los ataques a mi persona, le aseguro que le duelen más a mi familia que a mí.
-Sin embargo, hace poco dijo que con Kirchner a lo mejor sí se hubiese amigado. Con Cristina no tanto.
-Sí. El era más político. Pero si tengo que hablar con Cristina voy, no tengo ningún problema, pero esta mujer nos va a dejar una situación muy difícil porque tiene una incapacidad manifiesta. Néstor también, pero la suplía porque era un animal de trabajo. Fíjese: no hacen reuniones de gabinete. Es un absurdo. En una sociedad de fomento de Tandil se reúne la comisión directiva. ¡Acá no! ¡Acá nada!
-¿Sospecha que la oposición puede llegar a ganar en 2015?
-¡Pero, claro! Necesitamos fuerzas que puedan ser competitivas para la alternancia. El país se encuentra como si hubiera sucedido una explosión: todo se divide, por eso hay que hacer una fuerza al revés, sinérgica. Estoy convencido de que el radicalismo, el socialismo -la socialdemocracia- no tienen que dudar y juntarse.
-¿Y si ganan? ¿Será tan dramático? Vio que aquí es el peronismo o la nada.
-Primero, que no estoy convencido de que nos merezcamos una nueva oportunidad, porque eso de ‘éstos no son peronistas’ que dicen otros peronistas lo creen ellos, nadie más. Peronistas son todos. El menemismo, que fue un gobierno mejor que éste…
-Perdón, eso sí que es fuerte.
-No es fuerte: es obvio. Menem recibe el país en una situación extremadamente difícil y se acomoda a lo que era la época. No se puede analizar un período histórico fuera de contexto. No es fácil salir. Y mire, los que pasamos la vida gestionando sabemos que gestionar es priorizar, y Kirchner, el error más grave que cometió, fue elegir a la mujer, que no entiende un carajo de administración.
-Está convencido.
-¡Ella no entiende! Nunca entendió. Será una excelente oradora, pero no sabe lo más elemental en política que es que cuando tenés un problema hay que tratar de resolverlo y sino, ponerlo a orear, a ver si se oxigena solo. Lo que nunca hay que hacer es armar otro problema. Y menos escalarlos. Justamente lo que hace ella.
-Usted carga con aquel terrible episodio de Kostecki y Santillán. Si no tuvo nada que ver, ¿por qué no se defendió más? ¿Por qué decidió irse si no fue su culpa?
-Lo desmentí totalmente. Lo hago todo el tiempo, pero ¿sabe qué pasa? No dan bola. Lo de los chicos fue algo terrible, sí, pero ¿también sabe por qué? Porque yo no soy Kirchner. Kirchner ese día salía por televisión y decía: ‘¡Qué Felipe Solá vaya preso!’. Yo no, yo sabía que Felipe (gobernador de la provincia entonces) no tenía nada que ver.
-Entonces nunca tendrá una explicación racional el hecho de que usted no haya querido seguir.
-Sí la tiene: alguna vez la palabra de los dirigentes tenía que valer. Si hay una cosa que yo repruebo absolutamente es la mentira. Y yo había prometido que me iba. Además, nunca tuve obsesión por el poder. Si yo quería ser, cuando sucedió lo del final de De la Rúa no tenían que pasar cuatro presidentes, era el primero, ¿se da cuenta? Yo quería ser antes, no cuando me tocó.
-En el campo recuerdan a ‘San Eduardo’ o ‘San Duhalde’ por la devaluación. En Tandil incluso algunos recuperaron campos que estaban a punto de perder. ¿No es paradójico para un peronista ser recordado con afecto por un sector acomodado y no por los pobres?-Analice lo siguiente por favor: ¿quién firmaba el certificado de defunción de la convertibilidad? No le digo quién tomaba la decisión, no -porque le aseguro que estaba muerta- el tema era quién firmaba el certificado y me tocó a mí.
-Una decisión muy drástica.
-Y sí, pero bueno, en política es así.
-Y el defensor de los pobres termina siendo Kirchner. ¿No le pesa?
-¡Nooo! El que dice eso no entiende de política. Antes estaba Menem. ¿Y de Menem quién queda? El peronismo es cruel. Los peronistas somos crueles. Yo tengo un rechazo visceral por la exaltación de la personalidad, ellos en cambio creen que tratando de exaltarla… ¡Por favor, no se va a acordar nadie cuando pasen cinco, seis años! Nadie.
-¿En qué lugar de la historia quedará Kirchner?
-Estará como Menem, andará por ahí.
-¿Y usted?
-El tiempo lo dirá. Yo quiero que me recuerden como un peronista que ante todo creyó en los valores de la democracia y la república. Ahora, si seguimos pensando en estos pelot… venezolanos, que le hacen un daño enorme a la socialdemocracia y al socialismo, porque son cavernarios. ¡Son tontos! No hay peor cosa que un tonto con poder.
-Hay peronistas que dicen que ya se pasa con los homenajes y libros al doctor Alfonsín.
-Es el mejor presidente que tuvimos en estos 30 años de democracia. Por lejos. Había que tenerlas bien puestas para firmar el decreto de enjuiciamiento a las juntas a la semana de asumir. Ahora es fácil.
-¿No será que le duele que la historia oficial del kirchnerismo lo haya dejado en el lugar de un dirigente muy de derecha y usted esté buscando cambiar ese relato?
-¿La verdad? Me importa tres carajos.
-¿La política institucionaliza la traición y luego el perdón? Porque de acuerdo a su versión, nadie se enoja para siempre.
-Ya le dije: soy binario, la gente es buena o es mala; después actúa en cualquier frente. Mi esposa siempre me dice ‘no jures’, pero juro por mis hijos que no tengo rencores con nadie y soy un agradecido de la vida.
-En el fondo usted cree que las chances de que el peronismo pierda en 2015 son realmente altas.
-Sí.
-¿Le sugirió a Massa que vaya como candidato a gobernador, acompañando a Scioli en la presidencial?
-La única posibilidad que tiene el peronismo -y repito el concepto: no sé si nos merecemos una nueva oportunidad- es que no divida la provincia. El peronismo no sólo necesita que vaya uno con el otro, sino que el que vaya tenga un sparring fuerte que tire votos hacia arriba. Sino, es muy difícil. Muy difícil. u
FUERA DE SESION
López, perrito de Duhalde
“Duhalde, el hombre que escribe”, así podría decirse del ex presidente a juzgar por su incesante pasión por editar libros y libros, algunos de los cuales, merced a una amabilidad desbordante que destacó a lo largo de toda la charla, quedaron en manos de este cronista al que recibió en su despacho del Movimiento Productivo Argentino (MPA), ahí donde sobrevuelan rastros de figuras clave de la historia sudamericana: “Donde usted está sentado iniciamos tal cosa con el doctor Alfonsín”, “Estos libros me los regaló Hugo Chávez, con quien era muy amigo” o “Desde ese sillón Lula Da Silva me comentó que…”.
Pero Tandil no está tan lejos y algunos nombres aún permanecen en la memoria del caudillo de Lomas de Zamora, aunque alguno que otro se haya esfumado. Desde el comienzo pareció que el hecho de que la visita fuera tandilense le despertó el afecto que guarda por este sector de la provincia que gobernó durante dos mandatos, aunque el primer nombre tandilense que le vino a la memoria desde hace décadas es vecino suyo allá, el escribano general de la Nación, Natalio Etchegaray: “Lamentablemente no es de mi equipo, Banfield, pero es un amigo, una gran persona, muy querido”. Por supuesto la evocación de Juan Carlos Pugliese se llevó largos minutos de anécdotas del “maestro en serio”, del “viejo canchero” a quien jura admirar cada día más.
-También en Tandil tenía otro amigo: Juan Mario Pedersoli.
-Sí, el chiquito. Un buen muchacho, Hace tiempo que no lo veo. Lo quiero mucho. Un tipo serio, de buen trato.
-El que también sigue es Roberto Mouillerón, pero con él siempre estuvieron en veredas opuestas.
-¿Opuestas? Más o meeeenos, más o meeeenos, ¿me lo dice porque Roberto estaba con Macaya?
-Sí. Pero no se preocupe. Mouillerón dice que usted nunca persiguió a funcionarios díscolos.
-Jamás en mi vida política se me ocurrió meterme o generar conflictos, ni me interesaba enterarme si un funcionario estaba con uno u otro. Aparte a Macayita yo lo quería mucho. Y lo cierto es que en el congreso del partido, donde yo tenía amplia mayoría, lo propuse yo, porque si no, no pasaba como vicegobernador.
-¿Y de Zanatelli se acuerda?
-La verdad no me acuerdo. ¿Cuál era?
-El militar del proceso intendente de Tandil, que luego ganó varias veces las elecciones. Usted lo afilió al peronismo.
-¿Uno grandote?
-Sí. Se debe acordar porque un joven dirigente peronista, Jorge San Miguel, se enojó mucho.
-Ahí, sí. ¿Qué es de la vida de ese chico? Era rebeldón…
Políticos al margen, el que más lejos llegó en la vida de los Duhalde fue un “vecino” de por acá, Estación López, el pueblito cercano que fue arrasado por un tornado en mayo de 1992.
“Me acuerdo que fue un desastre y le prometí a la gente que iba a ir todos los meses hasta que estuviera reconstruido. Y la verdad es que se me hacía complicado porque tenía mucho trabajo en La Plata, pero iba, y un día que viajaba hacia Bahía Blanca pasé a las cuatro de la mañana. Avisé y estaba ahí la gente del pueblo esperándome, en invierno, un frío… de cag…, ¡terrible! y había nacido un perrito chiquito, pobrecito. Les dije: ‘Súbanlo al colectivo’. Y me lo llevé. Le puse ‘López’, lo tenía en San Vicente, en casa era todo ‘López, López’. Ya murió el perrito. Es otro de los tantos lindos recuerdos que tengo de allá”. u
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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