Pasa por el diván Miguel Ibarlucía
–¿Qué le sucedió, Ibarlucía? Estaba todos los días en los medios, ganó “El Imbatible” en Susana Giménez y desapareció.
-Me aburrí de la política. Me cansé de reunirme para fijar la fecha de la próxima reunión. La política era eso. Y un día sentí que era bueno parar un poco, no estar todo el tiempo en los medios.
-Hoy día podría ser un D’Alessandro que está en política y es mediático.
-(Risas) No. Yo nunca me la creí. Jamás. Fui mediático porque estaba en política y por esa razón me recomendaban como abogado para tomar algunas causas, como el caso Gilda Mansilla o el club Santamarina. Al final me retiré de todo.
-A lo mejor a usted le faltó esa simpatía, esa alegría. Por ahí no ayudó su perfil.
-¿Usted dice que soy triste?
-Y…
-Eso corre por cuenta suya.
-Bueno, analicemos las contradicciones: socialista, abogado de causas perdidas, que un día aparece en el programa de Susana Giménez. Y gana. Fue llamativo.
-Eso de que por mi condición de socialista es una contradicción que me prestara a un programa de la tele, es una tontería absoluta. Ya me lo dijeron en su momento, me parece una pavada. Para mí fue un gusto muy grande. Y no gané una vez en el programa de Susana. Gané dos veces. Fue como un juego, que salió bien, salió redondo. Lo que más me gustó fue la repercusión que tuvo en la gente, porque sintió que alguien de Tandil había triunfado.
-Ahora es más famoso por eso que por su actuación anterior en política.
-Hoy mismo entro a cualquier negocio y la gente me saluda, me felicita. Y sí, bueno, yo quería ser reconocido por otra cosa, por supuesto, pero no me acompleja. Para nada.
-¿En qué quería ser reconocido?
-No sé, yo me preparé mucho, no sé si quería el reconocimiento en mi profesión, el derecho, pero me preparé para tener una formación general; siempre tuve inquietudes para formarme en distintas cosas: filosofía, historia. Ahora estoy haciendo la Licenciatura en Historia. Me falta muy poco para recibirme. Yo quería triunfar, sí, pero en otra cosa.
-A ver.
-Me hubiera gustado ser legislador. Pero para llegar a eso en lugar de estudiar lo que hay que hacer es pasártela peleando por los lugares, las listas, las internas, los arreglos. Cosas que te llevan mucho tiempo. Y un día me cansé. Quizás no sirvo para eso. Pero es extraño, ya que estamos analizando….
-Cuente, no se guarde nada.
-Es raro, cuando fui funcionario público fue el momento más lindo de mi vida. Me gustó mucho.
-Tal vez debiera asumir que le gusta luchar por causas perdidas.
-¿Qué causas perdidas? ¿Cuáles?
-¿No fue el abogado de la familia de Gilda Mansilla?
-Sí. Hasta que me abrí cuando no estuve de acuerdo con algunas cosas. Pero no fue una causa perdida. Condenaron a Juan De Dios Ramírez, pero yo no estuve de acuerdo porque se lo condenó sin pruebas y dejé.
-Entonces fue una causa perdida.
-No sé, para los familiares de Gilda Mansilla se resolvió, yo en cambio creo que lo condenaron por pobre. A un tipo de dinero con esas pruebas no lo condenan ni por broma.
-Hablando de sentencias. Estuvo a punto de ser juez y no alcanzó.
-No pude. Me ternaron cuatro veces para camarista pero no tuve banca política.
-Y a fines de los 90 participó de una interna famosa del socialismo.
-(Risas) ¡Por favor, otra vez con eso! No vamos a hablar de eso…
-¿Por?
-Porque ya sé por qué me lo dice: en total votaron 25 personas (risas), no tenía sentido; y perdí por dos votos (risas otra vez). Pero no truchamos los votos, en todos lados siempre se dice ‘señores, aquí votaron 2.000 tipos’ cuando en realidad fueron 100. Pero yo no sirvo para mentir.
-La política fue bastante ingrata con usted.
-No importa. Ya la dejé. Me aburrí de los tejemanejes permanentes, los conflictos, las peleas internas. Me gusta la política, no lo niego. ¿Pero qué iba a hacer yo desde el socialismo? Sin embargo, no vivo todo aquello con remordimiento. Prefiero estudiar, eso me encanta. Y me ayuda a seguir escribiendo. Ya escribí tres libros. El último es uno bien polémico, se llama Israel, estado de conquista. Es una defensa de los derechos del pueblo palestino a su tierra.
-Si la escritura es el nuevo desafío, convengamos que ya arrancó a lo Ibarlucía: jugando en un terreno complicado.
-Soy fiel a mí mismo. Yo sé que no puedo prometer cosas que no puedo cumplir y por eso en política, estoy liquidado. Pero no importa. ¿Sabe que me equivoqué cuando le dije en qué quería triunfar? Mi sueño ya no es ser legislador.
-¿Cuál es?
-Ser un escritor reconocido. Esa es mi deuda pendiente. Mi vocación es escribir, me gusta eso. Después, lo que venga, que decida el destino. u
Ficha personal:
Edad: 58 años.
Nació en La Plata.
Casado, dos hijos.
Abogado. A punto de recibirse de licenciado en Historia.
Filiación política: “Socialista, para toda la vida”.
Asesoró al diputado Héctor Polino durante ocho años.
Ganó dos veces en el programa de Susana Jiménez.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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