Pasa por el diván Oscar Alberto Maggiori
-En su versión, ¿por qué cree que siempre fue el funcionario más controvertido de Lunghi?
-Es muy simple: cuando empezás a intentar cosas por la ciudad te encontrás con un poder que se resiste. Todos los espacios que se crearon desde Secretaría de Desarrollo Local a partir de diciembre de 2003 fueron partos dolorosos: el Centro IDEB (que estaba destruido), el Instituto Mixto de Turismo, las cuestiones medioambientales…. todo eso hizo que yo fuera una especie de escudo del Gobierno y del Intendente.
-¿Usted es el gran mimado del Intendente? Dicen que lo bancó en todas.
-Si soy su mimado o no, no soy yo quien lo tiene que contestar, sino él. Pero no lo creo, eh; sí puedo asegurar que tengo tranquilidad de conciencia porque he dado lo mejor para que, humildemente, este gobierno sea lo que es.
-¿Y si Lunghi llegara a necesitar que usted dé un paso al costado?
-Miguel es suficientemente inteligente y tiene mi amistad como para saber que si no le fuera útil ni siquiera necesita pedirme la renuncia: yo me daría cuenta con un simple gesto y me iría. Nunca llegaría a esa instancia. Me daría cuenta antes.
-Desde un lado diferente, entonces: si otro fuera el intendente, ¿estaría “Tito” Maggiori?
-Si no fuera Miguel, el intendente sería alguno de los integrantes de su equipo y con cualquiera de los eventualmente ‘candidateables’ he logrado una empatía tan fuerte en tantos años que me parece que podría ser tenido en cuenta. De ahí a que vaya a aceptar, es otra cosa. Ya llevo mucho tiempo.
-No tomemos en cuenta las críticas sino su propia visión, ¿reconoce alguna batalla perdida?
-Y sí, tengo una gran espina clavada que todavía me sigue doliendo: Thyssen. La verdad es que hicimos lo imposible para que la empresa se radicara en Tandil, aunque también es cierto que contra una empresa que se fue, en cuatro años tuvimos otras 18 para mostrar que logramos radicar.
-Escuchándolo da la sensación de que no hay motivos tan graves como para tantas críticas. ¿Qué sucedió?
-Se intentó instalar mediáticamente algún flanco por donde entrarle al gobierno. Siempre le hablo al Intendente -aunque a él no le guste el rugby- de la figura del scrum: cuando el scrum está bien conformado y todos empujan para el mismo lado es muy difícil que nos entren. Lo que buscaron es una pata renga para ver si le podían pegar, por el lado mío, al Intendente. Y creo que ha sido un error, se han equivocado.
-Porque Lunghi siempre sale ileso.
-Y… es igual a la estrategia de la oposición: humildemente lo digo, ellos terminan siendo comentaristas de nuestras acciones y jueces de nuestras decisiones. No entienden que esa es una tarea que le compete a la ciudadanía, no a ellos.
-¿Alguna vez podría ser candidato?
-Ya lo fui. En la vida hay momentos. Pero le aclaro que no le tengo miedo ni a las urnas ni a las internas.
-Interna es la que se dice que tiene con el vicepresidente de la Usina, Jorge Renis…
-A ver: ¿quién lo dice o escribe eso? ¿Sabe qué? No me puedo llevar bien con todo el periodismo. Hay periodistas que me quieren, me respetan y hay periodistas que no me quieren. ¿Está claro? Hay periodistas con los que, no sé, hace seis años que no me hablo.
-Y ellos inventaron lo de Renis entonces, con quien todo es amor y paz.
-Que pueda tener alguna cuestión con Jorge -como la puedo tener con algún director privado de la Usina- hace a la tarea cotidiana, a la normalidad, sería absolutamente aburrido si todos pensáramos lo mismo. Pasa que algunos creen que la Usina es un lugar para becados, el paraíso terrenal de los políticos.
-¿Y acaso no lo es? Si no hay político local que no sueñe con el premio de ir a la Usina.
-Hagamos una cosa: lo invito a subir al Parque Independencia a la noche y mire cómo está la ciudad de iluminada. O sea, sí, si querés tirarte a chanta te podés tirar, pero al otro día tenés que presentar la renuncia. Clarito. Porque el Intendente te demanda permanentemente. Te llama hasta por una lámpara que se quema.
-Confiéseme una cosa: el rugbier que usted fue más de una vez se debe haber muerto de ganas en estos años de darle una buena paliza a sus detractores, ¿no?
-(Contundente) No. Soy impulsivo pero no loquito. Una cosa es cuando tenés 20 años y otra cuando estás pisando los 60. A mí, con la gente malintencionada, no me nace ser jodido. ¿Qué hago? No le doy más bola. Y si puedo, en la medida de lo posible, no lo saludo más. Dígame una cosa: ¿cuántos periodistas hay en Tandil?
-No sé, un montón.
-Bueno, yo tengo dos casos nomás que no me trato.
-Ahora resulta que al final Tito Maggiori es la Madre Teresa de Calcuta.
-(Risas) No, ya sé que soy un tipo temperamental y un poco cascarrabias, pero le digo algo: preocúpese de los equilibrados, esos que están siempre igual, que no se les notan las alegrías ni las tristezas. Preocúpese de esos, pero de los que somos transparentes, frontales y decimos las cosas mirando a los ojos, con la firmeza de las convicciones, de esos tipos no se preocupe.
-Bueno, si se trata de reconocer errores, Néstor Auza desde esta sección hizo un mea culpa.
-¿Ve? ahí tiene un ejemplo, yo confronté con Néstor cuando él era rector, fuertemente, muy fuertemente, eh. Y un día nos juntamos, tomamos un café, charlamos y ¿la verdad? Es una persona que rescato.
-En definitiva, digan lo que digan, usted se considera un buen funcionario, ¿verdad?
-Sería una soberbia inadmisible que me calificara como buen funcionario. Quien tiene capacidad para definir eso es el Intendente. (Fastidiado) ¡Esta pregunta no corresponde! Pregúnteme mejor si puedo apoyar la cabeza en la almohada y dormir tranquilo.
-La hemos hecho muchas veces, pero no viene mal: ¿Maggiori duerme tranquilo?
-Absolutamente. Sí. Porque no tengo nada que me haga ‘ruido’ adentro, aunque sepa que me he equivocado, que he cometido errores y que aún me queda mucho por hacer. u
—–
FUERA DE SESION
A la luz de las estadísticas
La “sesión” con el titular de la Usina tuvo todo el tiempo, a instancias del entrevistado, selecta música de fondo (Led Zepelin, Coldplay, Keane) tal vez como una remembranza del “Tito” Maggiori que allá por los ‘70 al mismo tiempo que presidía el centro de estudiantes se lucía como DJ en el boliche platense “Macondo” o tal vez para tener suficiente calma luego e insistir, en off, con precisiones respecto a la eficacia de la empresa que conduce y a su desempeño como jefe.
El ingeniero agrónomo que maneja la luz en Tandil cree, a rajatabla, en los ciclos. Y así como recordó que fue candidato a intendente en 1987 acompañado por Miguel Lunghi como primer concejal en una interna radical que les tocó perder “desafiando a toda la estructura del partido”, hoy jura que no volverá a ser candidato y que es consciente de que un día su amigo dejará el poder: “No quiero decir que se termine en 2015, será en 2019 o en 2023, no sé, pero los ciclos –insistió- se terminan”.
Su desvelo entonces pasa por hacer saber que la Usina está en buenas manos y todo marcha sobre rieles: “Además de ser la empresa más emblemática de la ciudad, la Usina es muy eficaz y eficiente. Tal es así que hoy tiene –acabo de recibir la última encuesta- el 97,3 por ciento de satisfacción del cliente”.
Y antes del saludo final, agregó que si la conducción no hubiera tomado previsiones “en diciembre y en enero nos hubiera pasado lo que les sucedió a Edenor y Edesur. ¿Cuántos cortes hubo en Tandil en diciembre y en enero? Ninguno”, se respondió, orgulloso.
Por último, añadió que con Renis lo une el afecto de toda una vida (“inclusive trabajé profesionalmente en su campo, en otros tiempos”) y rogó un minuto más para otra estadística: “En 1980 la Usina tenía 25.784 medidores, en 2003 –cuando asumimos nosotros- 40.844 y hoy 56.316. ¿A qué quiero llegar? A que en 1983 la empresa tenía 236 empleados y ahora 125, o sea se multiplicaron los medidores y el personal se redujo a la mitad”. u
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios