Pasa por el diván Raúl Peuscovich
(La charla comienza con una pregunta del entrevistado: ¿Cree que a alguien le pueda interesar que yo salga en el Diario?)
-Sí, por lo menos a un montón de vecinos de Tandil que acuden a usted para resolver trámites imposibles en IOMA.
-Ah, sí. Está bien.
-¿Tiene idea de cuántos trámites logró destrabar? ¿Miles?
-Sí, miles.
-Mire si hubiese cobrado por cada uno de ellos. Sería millonario.
-Sí. Pero yo sólo hago mi trabajo. Hago lo que me toca hacer.
-¿No le pasó por la cabeza al menos utilizar eso como una plataforma de lanzamiento político?
-¿Para qué?
-Porque a usted le gusta la política, ¿o no?
-Me encanta.
-Y trabaja en un lugar donde varios jerarcas deben haberse hecho millonarios mientras usted va y viene tratando de resolver caso por caso. Otro utilizaría ese perfil al menos para hacerse conocer.
-Otro quizás sí. Pero yo no. Yo no puedo evitar que pasen esas cosas que usted menciona pero tampoco puedo tomar una actitud justiciera ni quejosa. No sirve eso.
-Digamos que le alcanza la gratitud de la gente.
-Sí (sonó más a un “sé”, casi con desgano).
-Vayamos al fondo, Raúl, dígalo con más convicción. O anímese y confiese que la gente es ingrata.
-(Risas) No me importa. No me hace falta, para nada, la gratitud. Mire, muchas veces termino resolviendo trámites que no tienen nada que ver con mi área y me doy cuenta que no es que no tengo nada que ver, ¡Sí!, todos tenemos que ver con todo. Si podés dar una mano, lo tenés que hacer.
-¿Le ofrecieron ser candidato a algo en Tandil?
-Hace años, aparecer en alguna lista, pero sin mayores expectativas. Incluso he estado, pero en el noveno lugar, que es como no estar. Como que a último momento te llaman “para levantar”…
-Pero evidentemente anda con ganas.
-Uhh, sería bueno. Sería un orgullo tremendo ser concejal. La función pública la conozco bien y no hay cosa más linda que te elija tu propia gente. Pero estoy solo. No tengo aparato, estructura, nada. Y no podés decirle a alguien “te conseguí esto, ahora voy a ser candidato”. Ese recurso no lo podría utilizar, para nada. Sería …
-Poco “Peuscovich”, hijo de un trabajador canterista montenegrino.
-Le cuento: en las épocas bravas de las canteras, cuando no había laburo, “se perdía” alguna vaca y los muchachos la carneaban en una cueva y dentro de unas latas grandes se ponía carne, papas, zapallos y salía mi hermano mayor, Vladimir, de noche, a recorrer las casas, que estaban lejos una de otra, a dejar las latas sin golpear la puerta y sin que lo vea nadie.
-¿A qué viene esto?
-A que aquel que encontraba la lata no recibía dádiva. Eso me marcó profundamente. Lo mismo pasa ahora: a veces llega gente diezmada a la oficina y prefiero que otro le dé la resolución del trámite, por la reja.
-¿Cuál es su fórmula para solucionar los trámites?
-La solución siempre está. Siempre. Pero si empezamos a discutir, nos ponemos nerviosos o tristes y a decir “nadie me quiere”, no solucionamos nada. Hay que poner la energía en encontrar ese lugar donde está la solución. No sé si aparecerá ahora mismo, pero los caminos nunca están cerrados. Hay que tener paciencia, ser observador, moverse e hincharle las pelotas a mucha gente.
-Tratándose de un peronista, debería reconocer que no habla bien de su partido -que gobierna la provincia ininterrumpidamente desde 1987- ni del sistema, que la gente deba acudir a la casa de un empleado no tan jerárquico para lograr que le resuelvan el pedido de una prótesis, por ejemplo.
-No hay ninguna duda. Lo tengo bien claro, lo reconozco; eso no tendría por qué existir pero yo apunto a lo que puedo solucionar; otro podrá solucionar otra cosa y tal vez llegará el momento en que el sistema funcione. O tal vez sea muy utópico. Pero en el día a día sé que el único poder que tengo es poder hacer las cosas. ¿Vio la película “Amadeus”?
-Sí.
-Creo que yo entendí bien esa escena en que Salieri le pregunta a la cruz “¿por qué a él sí y no a mí”, por Mozart, porque Salieri –que también era un genio- no estaba conforme, quería ser tan genio como Mozart. A mí me pasaron cosas que me dejaron la idea de hacer una vida de servicio, o sea, dije “si a mí me regalaron esto, tengo que ser agradecido”.
-¿Antes era un Salieri más?
-Claro. ¿Usted tiene auto?
-Sí.
-Bueno, y yo no tengo ni bicicleta. En serio le digo, pero no me planteo: ¿Por qué no tengo un auto yo? No, no me quiero hacer daño, eso no sirve. O veo la publicidad de esos viajes en yate, que yo no puedo ir porque vivo de un sueldo, pero bueno, yo digo “que le vaya bien a todos”. El drama –como dice Hamlet- no es del opresor sino del espíritu de oprimido que tenemos cada uno de nosotros.
-¿Llegará a ocupar alguna vez algún lugar político en Tandil?
-Yo le voy a preguntar a usted de nuevo, como al principio (risas): ¿Cree que podré hacer algo alguna vez?
-Creo que depende de su decisión.
-¿Y por dónde empiezo? Yo me siento muy seguro de lo que estoy haciendo y me he preparado pero para hacer algo tenés que tener dinero. Creo que la gente se puede arrimar y habría que empezar por algún lado. Pero le confieso que no sé por dónde. u
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FUERA DE SESION
En el nombre del tío
Raúl Peuscovich es tío de dos tandilenses, Marcos y Matías Peuscovich, que llegaron muy lejos en el mundo del espectáculo encargándose de organizar los recitales de decenas de músicos de renombre nacional. Entre otros consagrados, los Peuscovich cuentan en su cartera nada menos que al artista más convocante del país y al que incluso algunos se animan a ubicar en el lugar más taquillero –si de números en vivo se trata- del continente: Carlos Alberto Solari.
El Indio, ex cantante de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, acaba de llevar 170.000 almas a Gualeguaychú y él también, a fuerza de conciertos, asados y viajes, llama cariñosamente “tío” a Raúl Peuscovich, emblema de la parsimonia y el diálogo sin apuros entre músicos y sus familiares, colaboradores de los promotores, plomos y todos los encargados de la puesta a punto de recitales.
¿Y si en lugar del tío el candidato fuera por ejemplo Marcos, empresario cada vez más reconocido aquí por su cercanía al Indio? “Sería mucho mejor candidato que yo, totalmente”, admite Raúl, risueño y a la vez “orgulloso” de sus sobrinos, “tipos muy serios, laburantes como ellos solos en un ambiente sobre el cual muchas veces la gente puede pensar livianamente”.
Candidatos y candidaturas al margen, día a día la misión cotidiana del empleado de IOMA en la ciudad de las diagonales incorpora una nueva clase de peregrinos: vecinos de otras ciudades de la provincia, que llaman o van a su despacho para que les destrabe engorrosos trámites, enterados de que este tandilense hace milagros, sin cobrar diezmos ni peajes. u
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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