Pasa por el diván: Rubén Betbeder: ?Ya no voy a volver a Tandil?
-¿Por dónde empezamos? ¿Por su éxito actual como consultor de arte o por los fracasos?
-¿Fracasos? Sí, justamente yo soy un agradecido a Dios por la permanente mutación que hice de mi vida…
-Si no hubo fracasos seguiría en la función pública…
-Al Museo Provincial de Bellas Artes lo dejé hace ya tres años, cansado, muy cansado, saturado diría, de la falta de presupuesto y de apoyo. Y si renuncié fue porque sentía que iba a terminar con un infarto.
-Bueno, usted ya sabía lo que era sufrir. Lo vivió con la galería de arte en Tandil.
-Pero ése fue un sufrimiento con una cierta alegría. No todo pasa por el dinero; es necesario, sí, pero a la vez hay un mundo de conocimientos y experiencias que te van enriqueciendo. La galería al menos me dio la posibilidad de hacer cosas muy trascendentes hasta que tuve que cerrarla, en 1999, inevitablemente, porque no me quedaba otra. No podía sostener ese monstruo. Probablemente estaba sobredimensionada para Tandil.
-¿Tandil sólo le trae malos recuerdos?
-Nooo, nooo. Sólo me ha quedado algún dolorcito por algunas críticas o comentarios malintencionados que recibí pese al esfuerzo que había hecho -y a todo el mundo le consta que fue inmenso- y porque además logré armar un equipo de colaboradores que pusieron la vida y toda la energía de sí.
-O sea que, como mínimo, se siente un tipo olvidado.
-No. Ya está; estoy en una actitud de desapego. Además he recibido un reconocimiento del intendente Lunghi, por quien siento un gran afecto Y si hago un balance sobre mi gestión allá, veo que es más que positivo. Pudimos dotar a Tandil de una infraestructura cultural que no tenía: desde los dos teatros (el Teatro del Fuerte y el de la Confraternidad) hasta la reforma integral del Museo, la feria de artesanos y los programas de política cultural como el Festival de Cine, la Feria del Libro, Festival de Teatro, el Valet del Tango. Todo eso nació y se concretó en aquella época.
-¿Dijo que el Intendente se portó bien con usted?
-Sí, Lunghi no fue un tipo desagradecido conmigo. El entorno de él, sí.
-Y pensar que usted podría haber estado en su lugar. Lo tentaban como candidato.
-Sí, soy el candidato que nunca fue (risas). Tuve ofrecimientos para postularme de varios partidos (los radicales, partidos vecinalistas) y los deseché porque sentía que no era ésa mi misión. Mi misión era dotar de infraestructura al área de Cultura. Y ese objetivo se superó.
-Y desperdició una oportunidad por la cual otros dan la vida.
-Podría haber sido una hermosa oportunidad para hacer, construir, pero hay que pagar un precio demasiado alto y yo no lo quería pagar desde la salud, desde el dolor moral. Era una pelea que no estaba dispuesto a dar. Uno tiene que elegir en la vida por la felicidad, por la búsqueda de otro tipo de cosas. No te puede enriquecer el deseo de poder.
-Es raro, ¿no? Visitador médico durante 11 años, simpático por naturaleza, ¿tan vulnerable a la crítica?
-Lo que te duele es, sí, tal vez yo estuve excesivamente preocupado por…
-Permítame: por la mirada ajena…
-Sí. Siempre estuve acostumbrado a ser reconocido, felicitado, por la gestión, tanto en lo privado como en lo público, y sí, creo que no estaba dispuesto a tolerar críticas, que además me parecieron siempre infundadas.
-¿De qué críticas habla?
-En el último tramo de mi gestión en Tandil algún programa de radio sistemáticamente ponía en duda no sé qué cosas. Falacias sin sentido y sin consistencia, pero todas las mañanas argumentaba alguna cosa. Probablemente también ya había algún cansancio de la gente o de los que hacen los corrillos políticos o periodísticos.
Y esas cosas te duelen, pero también es cierto que me iba a hacer cargo del Museo de Bellas Artes en La Plata, y a lo mejor ésa fue una manera de huir, de escapar y encontrarme con otros desafíos. Hoy le doy gracias a Dios por esa permanente mutación.
-En el amor también fue un gran mutante. Y muy pícaro, se decía.
-En todo tuve que mutar y de grande, y eso es lo que ahora me permite ser feliz y encontrar tanta satisfacción en lo que hago hoy. También muté en el amor, sí, por supuesto. Y con personas jóvenes, con gran capacidad intelectual y espiritual. Eso ayuda: un hombre tiene que estar vivo, despierto, al lado de una mujer. Pero lo de pícaro, no. Me cuidaba mucho, no jodía. Me hicieron más fama de lo que era. Todos ponderaban las chicas lindas y capaces que teníamos en el área, pero yo he sido muy respetuoso y no mezclé las cosas.
-Betbeder se pudo reinventar con una consultora de arte exitosa. Y Tandil, ¿perdió?
-Y… probablemente algo perdió, sí, creo que en el área de Cultura no ha habido un verdadero gestor. Es gente macanuda, fantástica, pero me parece que hay una cierta quietud, sin demasiadas ambiciones. Y ojo que lo digo sin nostalgia ni nada, ya estoy tan acostumbrado al desarraigo que creo que justamente este seguir en la ruta a mí es lo que me mantiene vivo y me hacer renovar las esperanzas, las ilusiones en otros caminos. Me parece que por ahí pasa la cosa.
-Para usted.
-Para todo ser humano. Si no, uno es como ese empleado público que se pasa 35 años quejándose de su trabajo, que nunca se animó a cambiar; vive lamentándose y su única esperanza es la jubilación, que cuando le llega lo encuentra hecho pelota, harto hasta de su propia familia. Yo nunca hubiese podido hacer eso, porque creo que la vida te va dando tantas oportunidades. Sólo hay que estar atento para poder percibirlo, darse cuenta y pegar el salto.
-No es tan fácil, Betbeder. Por algo todo el mundo anhela cierta seguridad.
-Da miedo, naturalmente, pero hay que saltar. ¿Sabe cuál es el peor problema del hombre?
-¿Cuál?
-La búsqueda de seguridad permanente, que te bloquea todo el tiempo y no te permite dar el salto. El miedo es la cosa más fuerte que el hombre tiene en contra porque le impide animarse, desafiar, cambiar y así es como nos quedamos 30 años con una mujer que no amamos….
-Vamos a ir cerrando esta sesión. Imagínese que Lunghi lee esta entrevista y se entusiasma con relanzar el área de Cultura a través de usted. Si quiere le pasamos su número. ¿Volvería?
-No. Ya no voy a volver a Tandil. ¿Sabe qué estaría dispuesto a dar por Tandil? Gestión acá, en Buenos Aires. Por ejemplo, ya que la ciudad no tiene la Casa de Tandil en Buenos Aires, desde aquí se pueden canalizar cosas. Díganle a Lunghi que si quiere, estoy a su disposición para gestionar, pero desde acá.
-A ver si todavía se entusiasma y lo llama en serio.
-Me encantaría.
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Fuera de sesión
Arte, arte
A los 63 años, Rubén Betbeder utiliza la misma palabra para explicar sus éxitos en la función pública y en el ámbito privado: gestión.
“Desde 2000 a 2004 Tandil llegó a estar en un punto de reconocimiento en toda la provincia de Buenos Aires, por no decir a nivel nacional”, recuerda respecto a los tiempos en que era la figura clave del área de Cultura de la Municipalidad de Tandil.
Ahora se enorgullece de Grupo Babel, una consultoría de arte que está llevando muestras de todo tipo y autor de artes visuales por el país y que él define como una creación exclusivamente suya. “Hace cuatro años inventé algo que no existía en el país. Y digo ‘inventé’ porque todo el mundo sabe que existe la producción de teatro, de cine, pero no de artes visuales”.
¿Y qué significa gestionar arte?. “Algo que se aprende solo, yo no tenía formación en cuanto a gestión, era un gran intuitivo pero me hice teniendo los oídos abiertos y escuchando los proyectos que acercaban los artistas y discerniendo qué es lo que convenía y qué es lo que se necesitaba en ese momento. Nada más que eso. Y por supuesto armar programas de cultura en interacción con empresarios y ONGs”.
Para Betbeder, ejemplos de buena administración cultural desde el Estado se pueden encontrar en Olavarría y, sobre todo, en Berazategui: “Para mí –dice- es el paradigma de la buena gestión a nivel cultural, la mejor de la provincia de Buenos Aires, con 21 años de una sola persona, socialista, en un gobierno peronista. Brillante en cuanto a contenidos, programas y política cultural”.u
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