Pasó por el diván: Hugo Escribano y confesó: ?No estoy bien con el radicalismo?
–Varios pidieron que lo trajéramos al diván. ¿Sabe lo que eso significa?
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-Cuando lo piden, es porque quedó afuera de todo.
-Yo no me alejé.
-Lo alejaron.
-No. Leí en un medio que decían que me habían escondido.
-Y sí, se dice eso.
-¡No estoy escondido! No sé si alguno tendrá la mala o buena intención de esconderme, pero a mí no me van a esconder: yo salgo todos los días, ando por los barrios.
-¿Qué cargo tiene?
-Estoy en el control de la reparación de vehículos, compra de repuestos, insumos. Pero eso no quita que pueda seguir haciendo política en la calle, porque eso para mí es sagrado. Después ¿se puede interpretar desde afuera que estoy escondido o no? Puede ser, porque no hago notas en los diarios. Pero me siento cómodo, estoy bien. Ahora, si me pregunta si estoy bien con el radicalismo, le digo que no.
-Pregunta inducida entonces, a ver, Escribano, ¿por qué no está bien con su partido?
-En los muchos o pocos años que me quedan de político lo único que quiero es recuperar la UCR en la boleta, entera. Para una persona que hace 50 años que está militando en un partido, encontrarse con una boleta donde no dice “UCR” es un dolor muy importante. Ese es el caso mío.
-¿Ese enojo llega al nivel local también?
-No, acá me llevo bien con todos. No tengo problemas con nadie. Y además tenemos un intendente muy laburador, que no usa el freno, al contrario: a Miguel hay que pararlo un poco porque se pasa de largo. Y yo desde lo personal siento el compromiso de acompañarlo hasta las últimas consecuencias. Lo otro tiene que ver con eso que se dice que para gobernar hay que hacer alianzas; a mí eso no me cierra. No me cerraba antes y no me cierra ahora. Acato la decisión de la mayoría, pero no estoy de acuerdo.
-Podría hablarlo con Lunghi a ese asunto.
-No he discutido mucho ese tema con Miguel porque en el fondo sé que él piensa muy parecido, que no lo diga, bueno, a lo mejor, pero él es un radical puro, puro, puro. Pero como tiene la investidura de intendente tiene que cuidarse más en lo que dice que yo.
-Se decía que usted tenía votos propios. ¿No se arrepiente de no haber probado suerte?
-¿Con qué? ¿Intendente?
-Por ejemplo.
-No. En su momento en el radicalismo se habló, pero no, no lo siento. Siempre lo dije: yo soy el revoque grueso del radicalismo. Por mi preparación, por mi forma de ser. No quiere decir que sé ni menos ni más. En política hay que hacer lo que a uno le gusta hacer y donde uno se sienta bien. ¿Se imagina, yo en Cultura? Una falta de respeto a la gente. Hay lugares y lugares. Cada uno ocupa su lugar, todos no sabemos de todo.
-Si es por eso, lo que usted más supo es ser concejal. ¿Volverá? ¿2015 tal vez?
-No. Me parece que yo ya cumplí un ciclo; hay que darles oportunidades a otras personas y no lo digo por quedar bien. Pero también digo que soy un soldado de la causa y si mañana me necesitan no me voy a hacer el exquisito. Si el partido entiende que yo puedo ocupar otro lugar, bueno, se verá.
-Lo noto demasiado dócil. Usted era un tipo difícil de arriar. ¿Lo han domesticado?
-Sí.
-Epa. A confesión de parte…
-Los años me han domesticado. Uno aprende de las metidas de pata que hace, porque se equivoca, mucho, y hay que reconocerlo.
-¿Se equivocó por impulsivo?
-Sí, sí. Y uno va aprendiendo. Las personas inteligentes son aquellas que reconocen los errores que cometen, para no seguir cometiéndolos.
-¿Acaso no habrá exagerado su perfil de tipo poco preparado? Obviamente fue su caballito de batalla y le dio popularidad. Pero tal vez le jugó en contra a la hora de ir más lejos.
-No sé si exageré. Yo siempre dije la verdad. Qué sé yo, no sé, siempre me costó leer mucho, y eso lo reemplacé con ganas de trabajar. A lo mejor me faltó, sí, pero bueno, la tarea que hacía me parecía que la estaba haciendo bien igual; yo estoy contento con lo que he hecho y cuando salgo a la calle me doy cuenta que me gané no tanto el cariño sino el respeto de la gente, porque me tratan bien todos, peronistas, radicales. Pienso que las cosas no las hice tan mal, ¿no?
-No. Para nada. Es usted el que se baja la nota.
-¿Sabe por qué? Porque fui un tipo que le dio todo a su partido, trabajé para la gente y nunca le mentí a nadie y siempre le puse el pecho a las balas, enfrentando los problemas, pero a mí no me gusta cuando dicen “fulanito es un político honesto”, yo creo que seré recordado como una buena persona que se ganó el respeto de la gente por lo que he hecho, nada más, o sea, mis hijos y mis nietos no tendrán que agachar la cabeza por el padre y el abuelo que tuvieron porque siempre mantuve una conducta, como se debe mantener, pero ser honesto en política no es ningún mérito: es una obligación.
Fuera de sesión
Concejal por naturaleza
En diciembre de 2011 Hugo Escribano se retiró del Concejo Deliberante dejando inscripto un récord provincial que aún no fue superado: 16 años ininterrumpidos como edil. El hombre no se destacaba por la oratoria en el recinto, pero todas las mañanas era el más requerido, a un promedio de 250 personas por mes. En todos esos años supo ser el más buscado por los vecinos a la hora de plantear inquietudes y reclamos.
Hoy las sigue recibiendo en las calles cuando cumple su desempeño en el Ejecutivo, aunque ya no tiene necesidad, sostiene, de ser aquel que protagonizó feroces ataques a propietarios de geriátricos que precisamente no se caracterizaban por proveer de una buena vida a los abuelos. “Me ponía loco –recuerda- pero ahora entiendo que ya no es esa la forma de actuar, esos arrebatos, porque hay otros sistemas para solucionar las denuncias y además –agrega, convencido- este gobierno tiene equipos que en la medida de lo posible van solucionando los problemas que la gente me acerca”.
A tono con su perfil peace &l love actual, Escribano trae a colación su buena relación histórica con peronistas a los que tuvo en la vereda de enfrente en el deliberativo. “Me sucede con todos los muchachos de la oposición que pasaron por el Concejo; me encuentro con Mansilla (Carlos) por ejemplo, que nos bombardeaba de lo lindo ahí y siempre tenemos un marco de respeto y afecto. Eso es lo lindo: uno va pasando y quedan estos gestos”.
-¿Cómo explica esa buena onda que siempre tuvo con los peronistas?
-Es que yo no odio a nadie, pero, además ¡Por favor! Uno ha atravesado épocas, por ejemplo, como la de los militares, el proceso, que con Roberto Mouillerón teníamos que hacer reuniones acá en un sótano del centro en 1980-1981 porque veíamos que nos teníamos que juntar para recuperar la democracia y después me allanaban los talleres, hacían persecuciones, y te enterabas por algún policía que estabas catalogado como “ciudadano conflictivo”, al recuperar la democracia te das cuenta que se recupera entre todos, que no tenemos que pelearnos entre nosotros.
El diálogo que he tenido con los peronistas siempre ha sido así. Yo defendiendo mis principios y ellos los de ellos, pero en un marco de respeto, como tiene que ser, como lo quiere la gente”
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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