Pasó por el diván Juan Vicente Martínez Belza: ?El tiempo arregla todo?
-Más allá del personaje en sí, ¿cómo se identificaría?: ¿comerciante?, ¿dueño de medios?, ¿periodista?, ¿político?
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Accedé a las últimas noticias desde tu email-De todas tengo un poco. Pero si tuviera que decir una, empresario. Aunque no tengo la filosofía del empresario ese que quiere arrasar con todo.
-¿Nunca la tuvo?
-Jamás. Nunca. Siempre tuve nivel bajo.
-Sin embargo era un próspero empresario y quiso también ser dueño de un medio ¿Se arrepiente de ese paso?
-Yo diría que estoy muy orgulloso porque la radio siempre brindó un servicio y -convengamos- cambiamos el estilo periodístico de la ciudad. Ahora, sí, tiene sus problemas, pero creo que la gente la valora, tal es así que es el medio número uno en Tandil. Además es un medio regional. Pero es muy difícil.
-Cambiaron los tiempos.
-En esta época no va más este tipo de radio del interior que se armaron como las grandes radios nacionales. Es muy difícil transmitir las 24 horas en vivo. Si hoy en un living te arman una FM. Y por otro lado se hace muy complejo cuando algunos cambian la publicidad por un kilo de asado o un par de zapatillas. Así trabajan muchas FM
-También le gusta ejercer el periodismo ¿Cómo se enganchó tanto?
-Me gusta el contacto con la gente. Me encanta. ¿Vio que muchos, sobre todo en el periodismo radial, se sienten artistas?, bueno, pero yo he andado mucho, he actuado en política, en la parte gremial empresaria, en un montón de cosas, no sé, mire (saca una foto donde está junto a Arturo Illia). Yo siempre fui muy balbinista.
-¿Y a qué viene eso?
-A que él siempre nos hablaba diciéndonos que el problema era moral. Viendo todo esto que está pasando digo: ¡Qué adelantado en el tiempo estaba este hombre!
-Todos somos cuestionados. Usted, con el Banco del Fuerte, fue muy criticado.
-Uhhh, claro. Acá enseguida te ponen la etiqueta. Pero la gente me ve ahora y sabe quién soy: ayer me encontré con un comerciante que conozco de vista nomás y me dice “a mí el Banco del Fuerte me ayudó mucho, me pude comprar esto, lo otro, y yo le comentaba a alguien la vez pasada que una vez fui al Once y lo veo al presidente del banco con un portafolio haciendo compras ¡En el Once!”. Yo siempre fui de ese perfil. No me la creí nunca.
-Pero aquella historia no lo dejó bien parado ante la opinión pública.
-Si alguien hasta llegó a decir que nos habíamos quedado con 50 casas y no sé qué cosas más. Los muchachos de la radio un día se juntaron y querían salir a enfrentarlo y les pedí que no. Preferí no responder.
-¿Qué había de cierto?
-¡Pregúntele a la gente! Pregunte. Yo desafío a que alguien venga y diga qué casa me quedé o qué casa se quedó alguno de los directores del banco.
-Tiene la conciencia tranquila.
-¡Totalmente! ¿Quiere saber lo que pasó? En ese momento desapareció toda la banca nacional. Eso fue todo. ¿Qué pasó con el Banco Comercial, con todo lo que fue para Tandil? ¿Y el Banco de Azul? ¿Y el Banco de Dorrego? ¿El de Trenque Lauquen?
-¿Por qué fue tan atacado entonces?
-¿Y por qué cuando surge un crack en Tandil la gente no lo quiere? ¿Por qué era muy resistido Juan Carlos Pugliese que después, cuando falleció, pasó a ser “el gran maestro”? Pero si yo soy hincha de Boca y me enojé porque a la peña de Boca en Tandil en lugar de ponerle Vicente Pernía le pusieron Montoya…
-Navarro Montoya.
-Eso. ¿Se da cuenta? Son esas cosas. No pueden ver que el chico que andaba repartiendo cosas en bicicleta, barría la vereda, limpiaba los vidrios, pueda hacer un banco y estar al frente.
-Si eso fue todo no se entiende porqué no se defendió más.
-Porque el tiempo es lo mejor. El tiempo arregla todo. O por lo menos cuando no estás más, je, je, je.
-¿Sufrió insomnio?
-No, insomnio tuve cuando tenía problemas por resolver en alguna empresa, pero ¿por eso? Como me ve acá de tranquilo, así estuve en ese momento.
-¿Es creyente? ¿O tiene sus dudas?
-Sí. No soy de los que van todos los días a la iglesia pero sí, soy creyente.
-Y muy austero.
-Soy un tipo sencillo.
-Tacaño.
-No, en absoluto. Me doy los gustos que puedo darme y tener los amigos que puedo tener, ser socio vitalicio del club Independiente e ir a un club en Villa Aguirre o al Excursionistas. Además, ¿me lo dice por lo del banco? Mire, todos están para ganar. ¿O usted ahora está trabajando gratis para el diario?
–Tiene razón. Pero no digo que soy un santo.
-Y yo no digo que soy un santo.
-¿Demasiado permisivo entonces? ¿En la radio, por ejemplo?
-Sí, puede ser. Cuando llegué a la radio dije “voy a seguir siendo radical, afiliado, pero acá no quiero tener ninguna bandera política” y usted ve que tengo muchachos de todas las ideologías, ve la libertad que tienen.
-Pero sufre cuando escucha al aire una opinión distinta a la suya.
-No sufro para nada. Prefiero equivocarme y que la gente escuche todas la opiniones. No hay ningún medio en Tandil donde tengan esa libertad, eso habla por sí solo. ¿No? u
Fuera de sesión
Para un radical no hay nada mejor que un monje negro
A lo largo de toda la sesión “Juancho” remarcó, orgulloso, su pertenencia a la Unión Cívica Radical, el partido que lo tuvo entre sus filas desde muy jovencito junto a Longin Pratt, Juan Carlos Pugliese, Ambrosio Renis y Pablo Mastropierro, entre otros.
Y también a lo largo de toda la charla se quejó de las “etiquetas” con que la gente suele calificar al prójimo. Fuera de sesión, se acordó de otra víctima de los prejuicios tandilenses: Francisco “Pancho” Vistalli, jefe político del peronismo en las décadas que Martínez Belza profundizó su militancia radical convirtiéndose incluso en concejal.
Pero la historia que no quiso dejar de recordar -aunque ya había culminado la entrevista-, arranca mucho antes de su etapa de edil y se refiere al tiempo en que ocupó la secretaría del comité y nacía su pasión por el periodismo al encargarse -en compañía de Pugliese, Pratt y Teodoro Zeballos- de la redacción del periódico La Calle, que se imprimía en las viejas máquinas de El Eco.
Un día -contó- la plata no alcanzó y La Calle no iba a poder salir. “No nos iban a imprimir el diario y resulta que ahí donde está usted, estaba charlando con un secuaz de Pancho Vistalli, Del Hierro, que vendía publicidad y me insistía e insistía con que a mí me pasaba algo. Al final le confesé: estoy mal porque no va a poder salir el periódico. No pudimos juntar la plata para pagarlo”.
“Chau, hasta luego” me dijo, así de golpe. A los 15 minutos volvió. “Pancho Vistalli dice que tienen el diario a su disposición”. Pero Pancho era la contra. Y en Tandil era -porque acá enseguida te ponen la etiqueta- el monje negro. Sin embargo fue un hombre que hizo muchísimo por Tandil, en deportes, por el club Santamarina, en todo. Así que le dije “pará, voy a llamarlo a Juan Carlos (Pugliese) -que estaba en la Cámara de Diputados- para ver qué dice”. Y Juan Carlos respondió: “Sí, no hay ningún problema, metele nomás”.
La Calleestuvo en la calle y “ahí me hice muy amigo de Pancho. Después cuando él tuvo algunos problemas, perdió mucho dinero, yo le pude dar una mano y me lo agradeció siempre. Son esas cosas lindas que tiene la vida.
Por suerte -evaluó- yo siempre tuve un vínculo con los peronistas que podría decir que respetó a rajatabla el abrazo entre Perón y Balbín”.
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