Pasó por el diván María Cristina Faroppa
-De figura estelar de los 90 a desaparecida de la escena. ¿Qué ha sucedido, Cristina? ¿Pasó su tiempo?
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Accedé a las últimas noticias desde tu email-¡No! En esta última elección fue terrible -y no lo digo con soberbia-: me paraban en el supermercado, por facebook, en fin, pila de gente, hasta en bicicleta un vecino paró y me preguntó: “¿Te presentás? ¿En qué lista vas, Cristina?”
-¿Y entonces?
-No tengo un partido – los han vaciado de ideología y de plataformas- y no creo en los personalismos, para mí hay que formar equipos. El estado ya no está ni en las plataformas ni en las prioridades.
-¿Qué problema se hace? Si a usted siempre le gustaron los personalismos.
-Sí, soy personalista, pero para trabajar en equipo, no sirvo para ser yo ese personalismo.
-Es que usted va a ser cuestionada siempre. Por los 90 y por Zanatelli.
-Llevo ese karma encima y sí, lo asumo. El otro día tenía ganas de ir al Concejo Deliberante por la conmemoración de los 30 años de la democracia y ¿sabe qué? tuve miedo del abucheo y no fui.
-¿Miedo al abucheo? ¿No es que en la calle hacen cola para pedirle que vuelva?
-Sí, pero esto es político. En la calle, por favor, si hoy voy a La Movediza o a cualquier barrio, tengo llegada. Y esa gente que le cuento que me para en la calle es la más humilde.
-No va a venir ahora con que se avergüenza de su pasado zanatellista.
-¡No! Jamás. Me siento orgullosa. Zanatelli fue un gobierno popular. La década (los 90) fue de derecha. Y yo soy de centro-derecha no vergonzante. Además yo no fui militante. Yo llegué con una carta a Zanatelli.
-Pero si vuelve le van a saltar con todo, ¿no?
-No creo que me acusen mucho que digamos.
-¿Por?
-Porque lo que vino me ha superado.
-¿Superado? ¿En qué?
– En la dádiva, en el clientelismo. El otro día me encontré con Oroquieta (Indalecio, ex intendente) y le dije “¿No tenés ganas de volver? ¡Porque yo muero por volver!” -le dije así, porque es la verdad- Y me respondió: “Ah, sí, ¡¿Y cómo hacemos con la cantidad de empleados que hay hoy en el municipio????!”. Entonces, ¿Eso es ser progre? La Asignación Universal, por ejemplo, me parece bárbara, pero yo no veo que tenga el control necesario.
-No hemos llegado a una conclusión de por qué personajes como usted han quedado fuera de la política.
-Y no sé, no gustaré. Yo sé que soy conflictiva. Sí. No me puedo contener. Y así como le confieso eso le digo que me encanta la política y con total honestidad: me siento capaz.
-Dicen que la sociedad argentina es realmente más progre ahora. Se publicó una encuesta.
-Mmmmm yo no creo mucho en eso. Tandil busca la persona formal, eso sigue vigente. A mí por ejemplo me cuestionaban porque iba con mis estolitas de piel a los barrios cuando era secretaria de Bienestar Social.
-¿Qué sentido tenía ese look? ¿Afán por ser más linda?
-No ¡Es mi look! Es mío. Coquetería pura. Así me visto en mi casa. Siempre he vivido así. Y las chicas en los barrios se ponían mis estolas, “¿me la prestás, Cristina?” me decían. Les encantaba (risas). Y le voy a confesar una intimidad: hay lugares en los que pude entrar por mi presencia exterior, se lo aseguro. Yo me daba cuenta de que me abrían las puertas en la provincia de otra manera, por estar presentable. Y sigo siendo así. Tengo que ir al supermercado y me pongo lo mejor que tengo.
-Hoy, en Tandil, ¿no hay funcionarias municipales con personalidades como la suya?
-Claro. Y Lunghi sabe que así pudo gobernar tranquilo.
-Habló de “karma” al principio. ¿Acaso no es su hijo Juan (Olano, de militancia kirchnerista) su karma?
-Es una pregunta dura. Y voy ser muy sincera. Pero sí: Juan es un karma políticamente para mí en Tandil. Es un militante de diez y si hoy no está en nada es porque tampoco pudo encontrar, con su perfil social, un espacio.
-Cree en lo que cree.
-Cree en lo que cree. Nunca quiso un cargo público. Y me parece extraordinario. Los dos somos así, estoy orgullosa y soy una fan de él. Pero él es un karma para mí en Tandil, porque en La Plata, no: era una cosa increíble, lo admiraban y no sé si no ocupé espacios por Juan. Pero no quiero hablar más de mi hijo.
-Usted solía llorar muy seguido. ¿Se acuerda?
-Soy llorona.
-¿Y ahora? ¿Ya no tiene motivos para llorar?
-No ¡Y cómo lo extraño! Digo ¿se me habrán secado las lágrimas o están guardadas?
-Es que no nació para la vida apacible.
-No me gusta. Definitivamente. Hice mi año sabático y ya está. Todos me hablan de que tengo que viajar, distraerme, ¡Pero eso no me interesa! Yo tengo esperanzas. Alguien me llamó para trabajar en las elecciones pero no me satisfizo el espacio. Aunque, entre nosotros, me sentí muy orgullosa.
-Está complicado entonces: Lunghi no la llama y encima hay Lunghi para rato.
-No. Este es el último período de Lunghi. Vienen otros aires. Hubo mucha quietud en estos tiempos pero la gente ahora está buscando otra cosa. Yo creo que hay un tiempo para retirarse. Lunghi es destacado como un líder pero tampoco tiene oposición y uno es líder cuando tiene oposición, como por ejemplo Zanatelli cuando lo tenía a San Miguel y a todos lo que lo peleaban y él se mantenía.
Es bueno que Lunghi termine ahora y se vaya como una persona que construyó el Tandil soñado como dice. Le reconozco los méritos, pero me cuesta, me pone mal que no esté el debate democrático en el Concejo.
-Qué paradojas tiene la vida, al final, usted era más feliz cuando lloraba a cada rato.
-No, siempre fui feliz. Me encargué de crearme un mundo interior. Y eso no lo negocio. Entonces, lloro, río y todo, pero me gusta vivir. Me gusta ser Cristina Faroppa. Me siento orgullosa de serlo. u
Fuera de sesión
Mujeres al borde de un ataque de celos
Controvertida por naturaleza, Cristina Faroppa protagonizó, hace muchos años, un raro episodio cuando el destino estuvo a punto de ubicarla en el gobierno radical de la ciudad, sin embargo la propuesta murió antes de que ella pudiera instalarse otra vez en un despacho del ejecutivo.
“Lunghi me vino a buscar, acá, a casa” –recuerda- “pero fue un gran drama, porque en el partido le cuestionaron”.
La historia sucedió hace ya muchos años, pero por esas vueltas de la vida pocos días atrás un afiliado radical pudo dilucidarle el por qué de aquel desenlace.
“Hace dos meses me paró un señor que estuvo en el comité de la UCR cuando le hicieron el cuestionamiento a Lunghi por mi incorporación y me contó qué fue lo que pasó: hubo mujeres que le cuestionaron a Zana…, perdón –se corrigió- a Lunghi mi presencia. Y se armó un lío muy grande. Así que me retiré, por respeto al Intendente que después dijo “yo a Cristina no la convoqué”; por respeto a su autoridad, me pareció que primero estaba él con su palabra…”
Si la razón es la resistencia que tenia entre las damas radicales, Faroppa ahora sólo tiene una conclusión: “¿Envidia? Ah, que se joroben entonces”. Ella prefiere evocar otros liderazgos que sí la bancaron.
Uno de ellos Zanatelli. “Me acuerdo que a mí me interpelaban en el Concejo por horas. Una vez me tuvieron ¡seis horas!, cuando puse marcha el programa de prevención en sexualidad, saqué el DIU, y yo ahí, con la Biblia, contra todos. Después le llovían los pedidos a Zanatelli para que me eche y él les decía “perfecto, tráiganme una cuestión judicial, algo que me permita decir Cristina hizo algo equivocado y yo la echo”. Lloré por él y aún rezo por él. Me bancó mis luchas, mis peleas, todo”.
¿El otro? Roberto Mouillerón. “Es el político que se mantuvo ¿Por qué se mantuvo? Porque estuvo siempre del lado de la gente. Roberto ha hecho cosas por la gente que él no sabe que yo las sé. El es para mí el verdadero político de raza, un animal político, de toda la vida”.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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