Pedido de nulidad con críticas a la acusación
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Cerrando el capítulo de los defensores, llegó el turno del doctor Daniel Arla, en representación de los hermanos Julio y Emilio Méndez, alegato que resultó exhaustivo como contundente a la hora de buscar poner en crisis las pruebas contra sus defendidos.
Previo a intentar desacreditar los elementos de prueba, marcaría un severo incidente y peticionaría la nulidad de lo actuado. El argumento versó sobre las faltas de garantías que emuló la acusación que iba en contra de la legítima defensa, habida cuenta que, a su entender, se habían violado principios elementales del derecho.
A saber, Arla cuestionó que los hermanos Méndez habían arribado al juicio tras un largo peregrinar del proceso de instrucción bajo la figura de facilitadores, lo que podría encuadrarse bajo la figura de encubrimiento. Empero, desarrollado el debate y llegado el turno de las acusaciones terminaron siendo imputados de otros delitos más graves de los que asumieron el juicio.
No sin antes advertir de su convencimiento de la inocencia de sus representados, arremetió contra lo que creyó una acusación que expresó criterios, conceptos “preocupantes y falaces”.
Teorizó sobre expresiones vertidas por la acusación que van contra los preceptos del debido proceso en un estado de derecho. Por caso, recordó que no se les podía endilgar una conducta pseudo mafiosa a los Méndez por el sólo hecho de guardar silencio a la hora de declarar. Derecho que le asiste a cualquier vecino. A propósito, no obvió mencionar que sí los hermanos declararon oportunamente frente al juez de instrucción Comparatto.
También criticó que la condición social de sus pupilos podía atentar en contra de su situación. “No se persigue a nadie por lo que es, ni lo que tiene, sino por lo que hizo”, sentenció.
“Llegaron aquí con una acusación y ahora le multiplicaron los delitos”, reprochó mirando a los colegas querellantes, agregando que pasaron de facilitadores a cómplices, con el reproche penal que dicha situación configuraba.
Enfatizó que semejante planteo quebrantaba cualquier estrategia defensista, situación que calificó de extremadamente grave. A lo cual sumó consecuentemente el pedido de nulidad, no sin antes, dirigiéndose a los acusadores, endilgar que tendrán que hacerse cargo del costo de dar las explicaciones del caso a las víctimas de este caso.
Aguardando que se expida el Tribunal, el doctor Falcone consultó a sus pares y respondió que la incidencia sería respondida en otra instancia, que ahora debía continuar con el alegato defensista.
Ya en tren de buscar hacer trastabillar las pruebas contra sus defendidos, Arla anticipó que no estaba probado que haya ocurrido el hecho como dijo la acusación, como así tampoco que los Méndez tengan responsabilidad sobre el trágico suceso.
El letrado insistió en que no quedó probado en el juicio que Moreno estuvo secuestrado en Tandil y que recién se tuvo novedades de su presencia el 3 de mayo por los dichos del testigo Bulfoni (a quien le pidió el vaso de agua en plena persecución).
Sobre el hecho puntual, Arla dijo que el propio testigo recordó (su declaración fue incorporada por lectura) que el abogado le dijo que “unos atorrantes” lo tenían secuestrado y que venía escapando de unas 10 cuadras. Así, el abogado elucubraría que entonces no estuvo en la quinta de los Méndez, sino que venía más allá del paraje El Paraíso, desde la Ruta 226.
Bajo esa hipótesis, subrayó que ninguno de los testigos vio que Moreno estuvo en la chacra, poniendo en crisis los dichos de la familia Posal, los caseros del Club Los Cardos.
Entendió al respecto que los dichos de estos vecinos carecían de certezas y dejó entrever que posiblemente fueron direccionados a partir del interés manifiesto de otra testigo, Bassi, para quien el abogado no escatimó en críticas.
Arremetiendo contra la mujer que declaró y escribió un libro por el caso, la catalogó de mentirosa, que incurrió en severas imprecisiones que transformaron a un testimonio interesado. No dudó en reseñar sobre la relación sentimental que tuvo con Emilio Méndez que tuvo un abrupto final.
Sentenció sin miramientos que los dichos de Bassi fueron falsos cuando habló sobre el testigo Marchioni y de la supuesta entrevista en la casa del militar Mur, con Méndez y Zanatelli. Reunión que nunca existió y quedó demostrado por las fechas citadas.
“A Bassi no le cierran los números, los nombres, no le cierra nada”, criticó sin contemplaciones para luego endilgarle un rol preponderante a la hora de “fustigar” para que Petronila de Posar declarase lo que declaró, acerca de la presencia de militares en la chacra y el presunto fusilamiento de Moreno y compañía.
Tras poner en duda el testimonio del resto de la familia Posal, dedicaría varios párrafos para explicar el único motivo que se le endilga a Julio Méndez, la posesión de la propiedad y que tuviera un teléfono por el que pagaba religiosamente el servicio. Habló, consecuentemente, de la insólita figura delictual de la responsabilidad del condominio.
Sobre la declaración y firma de Emilio Méndez, también la desestimó, habida cuenta que fue llevado y forzado a firmar, como los otros testigos circunstanciales, una declaración falsa para “salvar” la inspección ocular de la casa tras la muerte de Moreno.
Arla sustentaría el alegato en la construcción forzada de una participación directa de los Méndez, casi la misma construcción que los militares hicieron para colocar a Moreno como un subversivo.
Tras lo que consideró una emboscada contra sus defendidos, cerró insistiendo en la nulidad de lo actuado y, de lo contrario, que se los absuelva de culpa y cargo de los delitos enrostrados.
El tribunal decretó un cuarto intermedio hasta hoy a las 10, tiempo en que los acusados podrán hablar si lo consideran necesario sobre todo lo ventilado en el juicio. Ya por la tarde, más precisamente a las 19, los jueces ventilarán el adelanto de su veredicto.
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