Peregrinos y agrupaciones a caballo de Azul y Olavarría arribaron a la ciudad en una nueva demostración de fe
Al igual que ocurre todos los años, miles de creyentes viajaron a la ciudad para renovar su fe en esta tradicional y especial semana cristiana. Por lo general, la gran mayoría viaja en automóvil o en colectivo. Pero algunos, motivados por su fe en Dios, deciden hacerlo a caballo o a pie. Este fue el caso de las distintas agrupaciones, algunas de Azul y otras de Olavarría, que se hicieron presentes en la ciudad para revivir a Jesús en esta Semana Santa, tras largas horas de viaje, poco descanso y una gran fuerza espiritual.
De esta manera y en una mañana nublada que amenazaba con lluvia, una agrupación de hombres a caballo se acercaba a la cruz del Monte Calvario, conmovidos, pues estaban finalizando un viaje que habían emprendido hace dos días, desde Olavarría.
Subido a su flamante caballo y acompañado de otros 10 compañeros, Rodolfo Manuel Burnet, expresó emocionado que “somos una agrupación que se formó en Olavarría, ya éste es el séptimo año que hacemos esto. Somos un grupo de amigos, peregrinos a Luján y venimos todos los años”.
Según el olavarriense, salieron el día miércoles a las 7 de su ciudad y pararon a la altura del cruce de la Sexta Brigada Aérea, donde descansaron hasta el otro día. “Paramos en una estancia y hoy salimos de ahí”, dijo.
Con lágrimas en sus ojos, Burret explicó que vino con sus amigos a participar de la Semana Santa tandilense y a cumplir “una promesa que uno hace y me da mucha satisfacción poder cumplirla”.
Recordó, además, las peregrinaciones a Luján que, según admitió, “ya me cuestan porque son muchas horas”. Tras haber cumplido su misión, cargaron los caballos y emprendieron la vuelta, felices, satisfechos y con una sensación de paz que seguramente les servirá como motor para las próximas peregrinaciones que realicen.
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La iniciativa surgió a raíz de la experiencia que vivieron el año pasado en Luján. En esta ocasión, Duclós detalló que viajaron 26 personas y contó además que lo hicieron acompañados de un grupo de caminantes. “Y viene una chica en bicicleta”, dijo.
En diálogo con El Eco de Tandil, afirmó que “es una experiencia maravillosa de fe, muy fuerte y renovadora. Hemos venido con un grupo numeroso de hombres a caballo, amigos. Ya el año pasado fuimos a Luján desde Azul, y también viene un grupo de hombres del Regimiento de Caballería de Tanques 10, al frente del teniente coronel Montenegro”.
Según detalló, “es un grupo muy diverso, todas personas de fe, que nos gusta andar a caballo. Y es un esfuerzo físico que lo ofrendamos en esta fecha tan especial, con mucha alegría”.
En cuanto al viaje, aseguró que “no tuvimos ningún inconveniente, salimos de Azul ayer (por el jueves) a las 7, llegamos a las 17 a la Escuela Nro. 48 –cerca del arroyo de los Huesos- donde nos quedamos a dormir”. No obstante, aclaró que hicieron paradas cada 15 minutos para descansar.
“Nos acostamos muy temprano porque estábamos cansados y a las 2 ya salimos de nuevo. Es la primera vez que ando de noche a caballo”, admitió. A las horas, llegaron al pie del Monte Calvario, donde los estaba aguardando un sacerdote, quien recibió un cuaderno con las ofrendas que traían “con muchas plegarias, pedidos y agradecimientos” de la comunidad azuleña.
Tras haber cumplido el objetivo, aclaró que debido al esfuerzo que implicó realizar este viaje a caballo, “no participaremos de la procesión porque estamos muy cansados pero era la intención. Miguel Lunghi me había invitado pero le he dejado saludos, estamos casi sin dormir y con todo el esfuerzo físico”, por lo que cargaron los caballos y aguardaron a la combi para emprender el viaje de vuelta.
de Azul
“Salimos ayer (por el jueves) a la mañana y estaremos llegando, si Dios quiere, en una hora al Monte Calvario”, aseguró Gómez.
A cuestas, llevaban también un cuaderno escrito por mucha gente. “Este año hay chicos y chicas nuevas que han hecho un gran esfuerzo y gracias a Dios, hemos llegado”, manifestó el peregrino.
Tras su testimonio, continuaron la caminata hacia el Calvario. Llenos de luz y fuerzas, aunque el cansancio físico les pidiera a gritos un descanso. Lo importante es que ya habían llegado, pisaron suelo tandilense, a caballo o caminando, renovando así su fe y la satisfacción de haber concretado su promesa.*
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