Piden 20 años de prisión para el padre que abusó sexualmente de su hija
Ayer se reanudó la audiencia oral y pública en la que se ventila un aberrante caso de abuso sexual entre un padre y su hija, quien prestó declaración oportunamente en el debate, al igual que la psicóloga que la asistió y el propio acusado, que cerrando el juicio lloró y habló de su inocencia.
Era el turno de los alegatos, por lo que desde el Ministerio Público y la Defensa argumentaron su mirada de lo ocurrido en la Sala de Acuerdos como la prueba incorporada por lectura.
Para el fiscal Marcos Egusquiza, no quedaron dudas sobre la responsabilidad penal calificando los hechos como “Abuso sexual reiterados gravemente ultrajante agravado por resultar de ello un grave daño en la salud mental de la víctima, por ser cometido por un ascendiente y contra una menor de 18 años aprovechando la situación de convivencia preexistente con la misma”.
Ante el delito, el fiscal pidió 15 años de prisión o la unificación de la pena única (ya tiene una condena de ocho años) a 20 años de prisión.
El defensor Gustavo Ballent, en tanto, consideró que la acusación no alcanzó a probar el delito endilgado, cuestionando el valor del testimonio de la psicóloga interviniente como así también la versión de la testigo única, léase la víctima, pidiendo consecuentemente la absolución y, de ser considerado culpable, subsidiariamente la pena a 12 años de cárcel.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailSobre la fundamentación que alude a la autoría y responsabilidad, el fiscal basó su convencimiento en distintos elementos incriminantes, principalmente en el testimonio de la propia víctima y de la psicóloga que la entrevistó en oportunidades varias y conocía incluso el grupo familiar.
Cuidando detalles que hacen a los abusos sufridos y relatados por la joven, se puede señalar que la víctima recordó que los abusos comenzaron cuando tenía 11 años, cuando cursaba sexto y séptimo grado. Recordó también que al año siguiente tuvieron una charla de educación sexual en el colegio, cuando ella ya sufría de los abusos, que pensó en contarle a su maestra lo que padecía pero no pudo porque se quedaba sin aire. “se me cerraba la garganta”, expresó frente al Tribunal.
Entre sus recuerdos, reseñó que antes de comenzar los abusos su padre la llevaba en la camioneta y le propuso enseñarle a cuidarse, y le dijo algo así como “vos no sos ninguna caída del catre, querés que te enseñe a cuidarte de los hombres, solo les interesa una cosa, lo sexual”, a lo que ella interpretó que su papá le iba a explicar con las enciclopedias algo de educación sexual, pero dudó cuando posteriormente le pidió que “no le digas nada a mamá”.
Afirmó que los abusos se sucedieron casi todas las noches y durante el día también la acosaba. Pasaba por al lado y le decía cosas, que estaba muy linda y si le había gustado lo que le había hecho la noche anterior.
Dijo que fue tal el hostigamiento que ella vivía con miedo y se vestía con ropa bien grande para que no se vea su cuerpo. Además de andar a las corridas para evitar estar cerca de su padre.
Todo eso confundía mucho a la menor ya que decía una cosa cuando hablaba y luego hacía otra cosa totalmente distinta.
Sobre el último suceso sufrido, relató con precisión que fue el 6 de enero de 2005, cumpleaños de su madre, quien precisamente sorprendió a su esposo al lado de la cama de la niña tocándola. A partir de ese momento su padre no la volvió a atacar.
A propósito de la religión detalló que de regreso a su casa su mamá y papá le propusieron mentirle al jefe de la iglesia mormona donde su padre era presidente, para evitar que la sanción a su padre fuera menor, y ella respondió que no estaba de acuerdo. Posteriormente supo que al presidente le dijeron la verdad y que su padre fue excomulgado de la iglesia.
Al respecto, en su momento ella manifestó que no deseaba instar la acción penal porque tanto sus padres como la iglesia le insistían en que debía perdonar porque estaba enfermo, pero ahora se dio cuenta que eso no puede ser así, que “debe descubrir la verdad y en su caso –el padre- recibir la sanción que corresponda por todo el mal que provocó”.
Se puntualizó al respecto que ella por mucho tiempo no podía hablar, se angustiaba, le faltaba el aire, debió concurrir por años al psicólogo y recién hace poco tiempo comenzó a contar lo ocurrido.
Sigue tratándose con la psicóloga para superar lo vivido y no dejó de mencionar sobre las pesadillas que recurrentemente le vienen en los sueños, donde siempre aparece la imagen de su padre, vestido de mujer, atacándola.
Dice que no soporta que le hablen al oído y tiene muchas dificultades en su relación con otras personas. Tiene miedo a una relación sentimental y al contacto físico, coincidiendo con lo dicho en las pericias psicológicas que aluden a una pérdida de identidad sexual que ha tenido la víctima.
Cerrando, el fiscal anotó que en el testimonio de la joven se observó una situación de conmoción y angustia típicas de una persona abusada, siendo un relato “natural, sincero, sin otra intención más que la de expresar la verdad de lo sucedido”.
El testimonio de la víctima tuvo su corroboración, según Egusquiza, por otros testigos incorporados al expediente, como el de su propia madre, la psicóloga y docentes y su hermana menor, que también ya había padecido del abuso de su padre por lo que recibió la condena ya mencionada en un juicio anterior.
También refirió a su historia de vida, que era hijo adoptivo y que hace poco se enteró que su padre biológico resultó ser su tío, entre otras referencias a su compleja vida familiar.
De lo que consta en el expediente, los peritos definieron los rasgos de la personalidad del imputado, concluyendo en que presenta una estructura perversa de personalidad, con características de “omnipotencia, tendencia al control en sus vínculos interpersonales, utilizando el ocultamiento y enmascaramiento. Egocéntrico, escasa actividad autocrítica, con uso de mecanismos de negación y de tipo disociativos, y heteroagresividad encubiertas”.
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