Piden cinco años y dos meses de prisión para el acusado de intentar matar a un hombre en plena calle
El caso contiene sus particularidades: la víctima no denunció al victimario, de hecho la causa se inició de oficio ante la notificación del centro asistencial sobre la persona herida. Pasado el tiempo, si bien el agredido ratificó la agresión recibida, insistió en que el asunto ya había sido “arreglado”, bajo parámetros, códigos, que van más allá de lo que establece el propio Código Penal.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailBajo ese complejo escenario, el ministerio público igualmente debió afrontar el juicio a sabiendas de que los testigos de ayer y de hoy factiblemente prefirieran no referirse a un asunto que, al decir de víctima y victimario, se resolvió a sus modos.
Igualmente, el fiscal, Gustavo Morey, mantuvo la acusación con el atenuante de que ambos protagonistas dieron por saldada aquella violenta pelea, peticionando en su alegato la pena de cinco años y dos meses de prisión de cumplimiento efectivo.
La defensa, en tanto, a cargo de Gustavo Ballent, entendió que el dolo homicida no había podido ser acreditado, alegando consecuentemente que se considere el delito de lesiones, además de profundizar sobre aquella singular circunstancia, en la que los protagonistas dieron por terminado el entuerto por lo que la Justicia penal no debería ir más allá de lo que pretenden los afectados.
El caso
A más precisiones, el incidente se remonta al 17 de abril de 2012, cuando aproximadamente a las 14.50, en oportunidad en que Maximiliano Alejandro Velázquez se encontraba en la esquina de calles Vigil y Casacuberta, sentado sobre una losa junto a un grupo de amigos, fue que apareció a bordo de un ciclomotor Juan Ignacio Rodríguez, alias "Nacho" -haciéndolo como acompañante de Facundo Menchón- quien descendió del rodado y a medida que se acercó a la posición de Velázquez extrajo del interior de una mochila que llevaba en sus manos un arma de fuego de puño, tipo revólver, con la cual apuntó -según el fiscal- en dirección al tórax de Velázquez y desde una distancia estimada entre dos a tres metros, efectuó un disparo con el designio de ultimarlo, propósito que no logró consumar por razones ajenas a su voluntad, sin perjuicio de lo cual, ante la huida de Velázquez de lugar, Rodríguez continuó disparando -al menos otros tres- impactando uno de ellos en el muslo derecho de Velázquez.
Inmediatamente a ello, la víctima al concurrir a su domicilio y ser observado por su progenitor -Alejandro Luján Galavert-, fue que éste salió en la búsqueda de Rodríguez, a quien encontró en la puerta de su vivienda (calle Ameghino al 1700), ocasión en que Rodríguez munido del arma efectuó dos disparos con dicha arma hacia el automotor donde se movilizaba Galavert, no alcanzado a impactarlo.
Autoría y responsabilidad
De las constancias de la instrucción, Morey afirmó que surgió palmariamente la autoría y responsabilidad de Rodríguez en el ilícito de referencia, calificando el suceso como “Homicidio en grado de tentativa, agravado por la utilización de un arma de fuego, abuso de armas, y portación de arma de fuego de uso civil sin la debida autorización legal, todos en concurso real de acciones".
Añadiendo como argumentos a lo que consideró el dolo homicida, el fiscal enfatizó que el disparo fue realizado con intenciones claras y concretas de ultimar, y para ello tuvo presente “la alta ofensividad del medio utilizado”, como la “escasa distancia -cercana al metro- entre el cañón del arma y la víctima”, y la zona del cuerpo de la víctima “hacia el cual fue direccionado y finalmente en la que el proyectil ingresó”.
Sumó también la circunstancia de no auxiliar después y darse a la fuga en clara actitud de tener conciencia de lo realizado y no querer ser responsabilizado por ello.
La defensa
Al turno del alegato defensista, Ballent insistió en que el caso obligaba a tener una valoración distinta de lo ocurrido, además de subrayar que el testimonio de Velázquez había resultado de dudosa credibilidad, sin dejar de mencionar las contradicciones varias en las que a su entender había incurrido el testigo.
Para el letrado debía hablarse de un abuso de armas, pero no de un intento de homicidio, considerando que no quedó acreditado que su pupilo había apuntado al pecho.
No dejó de mencionar que su cliente había sido recurrentemente hostigado por Velázquez con mensajes de texto amenazantes, de hecho ya había sido golpeado en una pelea anterior por el mismo sujeto, por lo que tenía un temor razonable.
Añadió sobre el entendimiento que habían arribado las partes por fuera del proceso judicial, y que ninguno quiso llegar a esta instancia del juicio que no hacía otra cosa que estigmatizar a su defendido.
Aludió sobre las costumbres que acompañan la vida de los protagonistas, con sus códigos y valores que no se condicen con lo que otro sector de la sociedad pretende, sin dejar de hacer una valoración política e ideológica señalando que el mismo Estado que genera exclusión y marginalidad, que los deja desamparados, luego los castiga por no seguir los cánones que el propio Estado desatendió para con sus vidas.
Ballent pidió entonces al juez un criterio humanista para aplicar la pena, con fines concretos que ayuden a resocializar al acusado y no encerrarlo en un sistema carcelario que no cumple sus funciones.
Así, el abogado insistió en “perforar” el mínimo de la escala penal que reza en el código y, de resultar un veredicto condenatorio, que no supere los tres años de prisión en suspenso. Cabe consignar que hasta la audiencia, el imputado gozó de la libertad morigerada a partir justamente de las particularidades del caso ventilado.
Finalmente, el juez Guillermo Arecha fijó como día de sentencia el venidero viernes al mediodía, no sin antes escuchar al propio acusado que quiso contar su verdad. (ver recuadro).
Arrepentido
El joven acusado no dejó pasar la oportunidad para mostrar su arrepentimiento y pedirle al juez que no lo condene a prisión, ya que había aprendido del error que había cometido.
“Reconozco el error, no daba más por la presión y las amenazas que recibía a diario”, dijo Rodríguez dirigiéndose al magistrado, reseñando que nunca había tenido problemas con nadie, sin dejar de admitir otra vez que había cometido un error muy grande y que ya había aprendido del yerro. “Estuve unos meses en la cárcel y no quiero estar más ahí. Fue la única decisión mala que tomé en mi vida, pero ya aprendí mucho de lo mal que hice”, casi suplicó el joven en la audiencia.
Cerrando su relato sobre la agresión desplegada dijo que no quiso dispararle en el pecho “lo quería asustar y le tiré en los pies”, aclaró.
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